¿Vuelven los chicos a las aulas en lo que queda del año?

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Quedan 55 días de clase. O al menos eso es lo que resta de tiempo de acuerdo al calendario escolar 2020 para la finalización del ciclo lectivo con bandera de llegada el viernes 11 de diciembre.

Los chicos puntanos apenas tuvieron 15 días de clase en el sentido tradicional de ir a la escuela, socializar con sus compañeros y estar frente al profesor. Prácticamente nada.

¿Va a ensayar San Luis alguna opción concreta para permitir que los chicos cierren con la modalidad presencial este accidentado año lectivo?.

¿Podemos asegurar que los chicos puntanos en edad de incorporar los núcleos de aprendizaje prioritarios lo han logrado este año?

¿Hay algún mecanismo dispuesto para permitir ese retorno conforme lo recomiendan los académicos y especialistas?

¿Habrá alguna posibilidad de que así sea al menos para los chicos de las pequeñas localidades del sur provincial, o de tantos otros pueblos y parajes de toda la provincia con matrículas muy reducidas?

¿Será posible al menos en aquellas localidades en las que fue posible mirar los efectos del Covid-19 como un fenómeno extraño?

Es verdad que a través de distintas plataformas se intentaron algunos procesos pedagógicos cuyos resultados habrá que evaluar si es que alguien decide sacar alguna conclusión seria al final del camino.

Pero también es verdad que la precariedad del servicio de internet vía wifi gratuito que brinda el Estado -circunscripto a las cercanías de edificios públicos- como el servicio de los proveedores del sector privado ligados a la tevé por cable, han sido el primer escollo para que un proceso de estas características se desarrolle con fluidez.

Otro factor determinante en esta ecuación, visto desde una perspectiva general, ha sido el rol que han jugado en muchos casos los padres, tantas veces desbordados por la situación económica, o por la propia impericia para manejar herramientas tecnológicas mínimas.

Están las excepciones, como siempre, pero de eso se trata, apenas de excepciones en un terreno en donde la inequidad causa el mayor daño posible.

Aplica mejor que nunca esa vieja idea de la parábola de los talentos, o de San Mateo que, en educación se conoce como el Efecto Mateo: al que más tiene, más se le dará; y al que menos tiene, más se le quitará.

“Al igual que en otras esferas de la actividad social, esta pandemia ha puesto en evidencia los graves problemas que atraviesa nuestra educación. Sobre todo, las manifiestas diferencias que existen entre los distintos grupos de nuestra población según su nivel económico y cultural. Quienes más necesitan educación son quienes menos la reciben y esto ha quedado crudamente expuesto en estos meses. Lo que nos está sucediendo agravará esos problemas, entre ellos, la deserción, ya que será muy difícil recuperar a los niños y jóvenes que han quedado al margen de las actividades supletorias que se están realizando recurriendo a las tecnologías de la comunicación y la información. Estas requieren una infraestructura técnica a la que no todos tienen acceso», le dijo Jaim Etcheverry a esta página hace apenas un par de semanas atrás.

«Desconozco la situación de San Luis pero estimo que todo lo que se haga para favorecer el regreso de los chicos a las aulas es positivo» reflexionó el autor que acaba de publicar Educación: La tragedia continúa, 30 años y algunos meses después de su primer gran ensayo en el que retrató el dramático escenario de la educación. «La prueba y el error han sido habituales en el manejo de la pandemia”, dice dejando una puerta abierta a todas las posibilidades.

“La vuelta urge para reestablecer una comunidad basada en el conocimiento y reparar la exclusión, los déficits de aprendizaje y los daños emocionales de los chicos después de seis meses de encierro involuntario en condiciones familiares, habitacionales y sanitarias que distan mucho de ser ideales en un país con la mitad de los menores de 17 años en la pobreza” escribió esta semana el académico, docente, pedagogo e investigador argentino Mariano Narodowski en un diario porteño.

Si los académicos insisten en la necesidad de sostener el vínculo entre los chicos y la escuela, tal vez sea porque buena parte de esos pibes sienten que en este contexto excepcional ya dejaron de ser alumnos en el sentido tradicional de esa idea; con lo que corren el riesgo de engrosar las fatídicas estadísticas de la deserción escolar.

Ojalá el regreso de los directivos a las escuelas este lunes y la apertura de una instancia evaluadora –virtual o presencial- para chicos de los últimos años del nivel secundario y egresados con espacios curriculares pendientes de aprobación que dispuso el ministerio de Educación sean un primer paso en el camino de un pronto regreso, sino a todas, a algunas aulas de la provincia.

1999 / 2020. Las portadas de los libros de Etcheverry.