El Tribunal a Ramírez: «Deberá abstenerse de cometer nuevos delitos»

Las más de 120 mil visualizaciones en la página de Facebook @danielpoderperiodista —ver gráfico— del artículo sobre la declaración de Alberto Rodríguez Saá en la causa Cintia Ramírez son una demostración contundente del interés público que tomó, con el paso de los días, ese proceso judicial.

La ex secretaria de Deportes fue condenada por unanimidad a un año y medio de prisión en suspenso por los delitos de negociaciones incompatibles con la función pública y violación de los deberes del funcionario público en perjuicio de la administración pública provincial, y fue inhabilitada de por vida para ocupar cargos públicos.

Ramírez deberá abstenerse de cometer nuevos delitos y nunca más podrá ser funcionaria ni ocupar cargos electivos de ninguna naturaleza.

El Tribunal, integrado por los jueces Fernando de Viana, Adriana Alfonso Lucero y Eugenia Zabala Chacur, la absolvió “por el beneficio de la duda” en relación con el pago de un sobreprecio de 175 millones en la compra de un colectivo, lo que no supone necesariamente afirmar su inocencia.

Los jueces la absolvieron en esa acusación puntual porque no alcanzaron el grado de certeza necesario para condenarla. La prueba colectada no fue suficiente para demostrar su culpabilidad.

Sobre lo que no quedó dudas fue que se pagó un sobreprecio de 175 millones: la profesional que tasó el vehículo dijo ante los jueces que ese colectivo no costaba más de 114 millones; sin embargo, se terminaron pagando 290 millones de pesos a una empresa cuya actividad no era precisamente la venta de vehículos, al punto tal que la factura por la compraventa del colectivo llevaba el N° 0000001.

Un informe periodístico del colega Mauricio Conti, en el conurbano bonaerense y frente al domicilio acreditado como propiedad de la empresa vendedora, dejó en evidencia detalles opacos de una transacción que, más que un negocio, pareció esconder un negociado.

Lo cierto es que Rodríguez Saá se autoincriminó y ahora deberá enfrentar una denuncia penal por la compra de ese colectivo, de la que él se responsabilizó, involucrando al secretario general de la Gobernación, Miguel “Micky” Berardo, y al ex ministro de Gobierno, Fabián Filomena.

El acompañamiento a Rodríguez Saá en su paso por Tribunales deja otra interesante foto política para mirar con atención.

Pese a que uno de los abogados defensores de Ramírez, Ramiro Rubio —con vínculos familiares con el exgobernador—, dijo temprano en la mañana del jueves en los medios que Alberto Rodríguez Saá se presentaría a declarar, la presencia de dirigentes fue muy escasa.

Sólo se vio a los diputados Darío Neira y Silvia Sosa Araujo, al senador Hugo Olguín, al dirigente de Pedernera Orlando Grillo, y no mucho más, además de sus familiares. También estuvo cerca de Rodríguez Saá el concejal de Quines, Sergio “Peteco” Álvarez, quien a comienzos de año fue denunciado en una causa por violencia familiar en el Juzgado de Familia N° 5 y que está en trámite.

Rodríguez Saá se complicó por su propia declaración y ahora es denunciado por defraudación a la administración pública

La situación judicial del exgobernador Alberto Rodríguez Saá sumó un nuevo capítulo de alto impacto político y judicial. La Fiscalía de Estado avanzará con una denuncia por presunta “defraudación a la administración pública” luego de que el propio exmandatario se autoincriminara durante su declaración como testigo en el juicio que se sigue contra la ex secretaria de Deportes, Cintia Ramírez.

La confirmación fue realizada por el fiscal de Estado adjunto, Rafael Berruezo, tras una audiencia que, lejos de beneficiar a la defensa, terminó complicando aún más el escenario para el exgobernador y su entorno.

Rodríguez Saá llegó a Tribunales el miércoles por la mañana rodeado de familiares y de su círculo más íntimo, entre ellos excolaboradores y dirigentes que hoy también enfrentan procesos judiciales. La escena tuvo una fuerte carga simbólica: un liderazgo político que durante años concentró poder, ahora compareciendo en un contexto de creciente judicialización de su gestión por denuncias de corrupción.

Su testimonio se dio en el marco de la causa que investiga la triangulación de fondos públicos a través de 188 transferencias entre organismos que estaban bajo la órbita de Ramírez. El expediente también incluye el análisis de un presunto sobreprecio de 175 millones de pesos en la compra de un colectivo destinado al San Luis Fútbol Club, una entidad creada por el propio Estado provincial.

Sin embargo, el punto de quiebre llegó durante su declaración ante el tribunal integrado por Fernando de Viana, Eugenia Zabala Chacur y Adriana Lucero Alfonso. Allí, Rodríguez Saá admitió haber ordenado y ejecutado las decisiones bajo análisis.

Frente a esa situación, Berruezo solicitó la suspensión de la declaración para garantizar el debido proceso y abrir la posibilidad de imputarlo como coautor del delito investigado. El tribunal rechazó el planteo, y el exgobernador —visiblemente molesto— continuó declarando.

En ese tramo, profundizó aún más su exposición: además de asumir responsabilidades, involucró a exfuncionarios clave de su gestión. Se supone que la denuncia alcanzará al exministro de Gobierno Fabián Filomena, el exsecretario general Miguel “Micky” Berardo y el exministro de Hacienda Eloy Horcajo, algunos de ellos ya mencionados en la causa Ramírez.

Lejos de aliviar la situación de la ex secretaria de Deportes, la declaración del exgobernador consolidó la hipótesis de la fiscalía y abrió un nuevo frente judicial que ahora lo tiene como protagonista. La estrategia de presentarse como testigo terminó generando un efecto inverso: no sólo no logró desacoplar responsabilidades, sino que reconfiguró el mapa de imputaciones dentro del expediente. Y no exoneró a Ramírez que sigue en el centro de una de las causas.

El expediente, que ya tenía una dimensión relevante por el volumen de fondos investigados, adquiere ahora una escala política mayor. La eventual denuncia contra quien condujo la provincia durante años marca un punto de inflexión en la causa y proyecta sus consecuencias sobre todo la cima de su gestión que empieza a ser revisada en sede judicial.