Presentan un libro clave sobre el origen de San Luis, San Juan y Mendoza

Este jueves 9 de abril a las 16, el Microcine de la Universidad Nacional de San Luis será escenario de la presentación de La fragmentación de la Gobernación Intendencia de Cuyo y la organización de los espacios provinciales. San Juan, San Luis y Mendoza (1820-1828), una obra recientemente publicada por la Nueva Editorial Universitaria (NEU) que aporta una mirada renovada sobre los orígenes políticos de la región.

La actividad —de carácter híbrido— contará con la participación del historiador Roberto Schmit (CONICET-UBA), quien estará a cargo de la presentación del libro, coordinado por Guillermo Genini y realizado en conjunto con las investigadoras Eugenia Molina y Fabiana Puebla.

El encuentro no es un dato menor en la agenda académica local. El trabajo aborda uno de los momentos más decisivos de la historia regional: la desintegración de la Gobernación Intendencia de Cuyo en 1820 y el proceso posterior de conformación de San Luis, San Juan y Mendoza como provincias autónomas.

Desde un enfoque que combina dimensiones políticas, institucionales, territoriales y militares, la obra reconstruye cómo esos territorios, que hasta entonces funcionaban como una unidad administrativa —clave en la estrategia sanmartiniana—, comenzaron a definir sus propias estructuras de poder en un contexto atravesado por el avance del federalismo y el agotamiento del orden revolucionario iniciado en 1810.

La presentación de este jueves se plantea, en ese marco, como una instancia de circulación y debate de un trabajo que no solo revisa el pasado, sino que aporta herramientas para comprender la configuración histórica de una región central en la Argentina.

Con entrada abierta y modalidad híbrida, la actividad organizada por la UNSL y su editorial universitaria se inscribe en una política de difusión del conocimiento que busca acercar la producción académica al público general, en un formato accesible y de discusión directa con especialistas.

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San Luis reivindica su acta fundacional: a 206 años, ponen en valor el Día de la Independencia provincial

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San Luis vuelve a mirarse en uno de los momentos más decisivos —y durante años subestimados— de su historia institucional. Este jueves 26 de febrero, a las 19, la Casa de las Culturas será escenario de un conversatorio y exposición a cargo del historiador Guillermo Genini, centrado en lo que hoy la historiografía local comienza a reivindicar con mayor precisión: el Día de la Independencia de San Luis.

La fecha remite a la trascendental asamblea del 26 de febrero de 1820, cuando más de 280 vecinos de toda la jurisdicción puntana se reunieron en la entonces Plaza de Armas —actual Plaza Independencia— para definir el rumbo político de la provincia en medio de la crisis del orden colonial tardío y del poder central.

Aquel encuentro no fue menor ni meramente administrativo —explica Genini. Venidos desde distintos puntos del territorio —río Quinto, Desaguadero, San Francisco, Piedra Blanca, Saladillo y el Valle de Conlara— los representantes locales deliberaron y votaron que el gobierno debía ser asumido por el Cabildo Gobernador. La decisión implicó, en los hechos, dejar de depender de la capital intendencial de Cuyo, con sede en Mendoza, y marcar el inicio de una etapa de soberanía propia.

El movimiento había tenido un antecedente inmediato el 15 de febrero de 1820, con la deposición del teniente gobernador Vicente Dupuy, cuestionado por las “violencias” atribuidas a su gestión. Pero la legitimidad política del proceso se consolidó recién once días después, cuando la convocatoria abierta reunió a la representación territorial y dio forma institucional al nuevo rumbo.

Para Genini —uno de los principales impulsores de esta relectura histórica, junto a otros reconocidos investigadores como el profesor Néstor Menéndez—, durante décadas este episodio fue encasillado bajo la noción de “autonomía”, una categoría que hoy resulta insuficiente para describir la magnitud del paso dado por la dirigencia puntana de la época. La interpretación actual tiende a reconocer en aquel Cabildo Abierto el verdadero nacimiento de San Luis como Estado provincial soberano e independiente.

Un elemento central que se presentará en la conferencia es la recuperación del acta de aquella histórica reunión. El documento, localizado en el Archivo Histórico de Mendoza, fue gestionado y certificado digitalmente para su incorporación al patrimonio documental puntano. Aunque el original no se conserva en la provincia, la copia certificada permite reconstruir con precisión los puntos votados aquel día.

Según esa documentación, desde el 26 de febrero de 1820 San Luis se constituyó como un estado libre e independiente, condición que mantuvo hasta 1853, cuando la provincia se integró a la organización nacional argentina y pasó a ser —como hasta hoy— una provincia autónoma dentro de un Estado soberano mayor.

La actividad de este miércoles, gratuita y abierta al público- incluirá una exposición inicial y un conversatorio abierto. La convocatoria está dirigida a autoridades educativas y culturales, investigadores y vecinos interesados en revisar uno de los hitos fundacionales de la identidad puntana.

Histórico: la bandera de San Luis flamea por primera vez en Barranco Yaco

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Por primera vez en la historia, la bandera de la provincia de San Luis flamea junto a las de Córdoba, La Rioja y la enseña patria en Barranca Yaco, esa posta del norte cordobés, sobre el antiguo Camino Real al Norte, entre Sinsacate y Villa del Totoral, en donde el 16 de febrero de 1835 fue asesinado José Santos Ortiz (50), el primer gobernador de la provincia de San Luis entre 1820 y 1829.

Aquella emboscada encabezada por el capitán Santos Pérez por órdenes de los hermanos Reinafé, por entonces gobernantes de la provincia de Córdoba y en la que también murió Facundo Quiroga (46), truncó la vida del puntano nacido en Renca que pudo haber sido presidente de aquella nación entonces ensangrentada en luchas intestinas.

Este lunes 16 de febrero, en Barranca Yaco y bajo un aguacero intermitente, se realizó un acto organizado de manera conjunta por los municipios de Sinsacate, Villa del Totoral y Sarmiento, del que participaron el chozno de Ortiz, el exembajador Juan Eduardo Fleming, y, en representación del Gobierno de la provincia de San Luis, el escribano general de Gobierno, Juan José Laborda Ibarra.

Juan Eduardo Fleming, descendiente de Ortiz, homenajeado en Barranca Yaco.

“El asesinato de Barranca Yaco fue la primera masacre de la historia argentina. No solo mataron al caudillo federal sino a quien iba a ser el primer presidente de la confederación, Ortiz” le dijo Fleming al diario La Nación.

Y fue Laborda Ibarra quien habló de la “lección histórica” que ese hecho debería dejarle a los argentinos.

“Barranca Yaco, a casi dos siglos del 16 de febrero de 1835, ya no es solo un episodio trágico de la historia argentina: hoy representa memoria, leyenda e imaginación. A esa tríada quiso sumarle una dimensión más: la de la lección histórica que este hecho debería dejar a los argentinos” comenzó diciendo Laborra Ibarra.

En su reflexión, ubicó la tragedia dentro del largo proceso de organización nacional que se extendió entre 1820 y 1880, desde las guerras civiles hasta la federalización de Buenos Aires. Fue, dijo, un camino de debates y confrontación de ideas —propios de toda sociedad plural—, pero también atravesado por una violencia extrema. Barranca Yaco simboliza precisamente ese costado oscuro: la transformación del adversario en enemigo y la lógica cruel de que el mejor enemigo es el enemigo muerto.

Barranca Yaco como lección histórica, en las palabras de Laborda Ibarra.

Recordó que la historia argentina está marcada por episodios de brutalidad y evocó, con especial conmoción, el asesinato del niño José Luis Basualdo, degollado durante la emboscada. Ese grito final —“mamita”—, sostuvo, debería interpelar todavía hoy a la sociedad argentina. A partir de esa imagen, utilizó una metáfora: la de un “río subterráneo de violencia, odio e intolerancia” que atraviesa la historia nacional y que, cada tanto, emerge. Advirtió que las dirigencias políticas deben estar atentas para que esa semilla no vuelva a brotar.

La enseñanza, insistió, es clara: aprender de la historia para construir convivencia. Citó a Cervantes —“la historia es la escuela de la vida”— para subrayar que la democracia no elimina los conflictos, sino que los civiliza. Las disputas deben resolverse por vías pacíficas y electorales, nunca mediante la violencia.

En el tramo final evocó la noche previa al asesinato de Quiroga y Ortiz, cuando ambos fueron advertidos del peligro y, aun así, decidieron avanzar. Ese episodio fue inmortalizado por Jorge Luis Borges en El general Quiroga va en coche al muere, donde se retrata la obstinación del caudillo y la voz prudente de Ortiz, consciente de que el odio podía no tener límites.

El orador cerró retomando el preámbulo de la Constitución nacional y su llamado a “consolidar la paz interior” y “asegurar los beneficios de la libertad”. Si la tragedia de Barranca Yaco sirve para reafirmar ese camino de convivencia y respeto, concluyó, entonces la muerte de Quiroga, de José Santos Ortiz, de quienes los acompañaban y del niño Basualdo habrá tenido un sentido: contribuir a que los argentinos construyan un país mejor.

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Guillermo Genini revisita a José Santos Ortiz, el gran olvidado de Barranca Yaco

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La construcción de la memoria histórica depende de la disputa que sobre el pasado establecen distintas agencias e intereses de una sociedad. En ese conflictivo juego, la Historia profesional y científica es una parte del dificultoso proceso que determina qué recordar y qué olvidar del pasado común que nos brinda identidad. Este parece ser el caso de José Santos Ortiz, figura destacada de la historia de San Luis que encontró en Barranca Yaco, paraje ubicado al norte de la ciudad de Córdoba, un trágico final junto a Facundo Quiroga el 16 de febrero de 1835.

Por la trascendencia notable como caudillo federal de Quiroga, su muerte eclipsó a la de Ortiz desde el mismo momento de producido los asesinatos por parte de una partida comandada por el Capitán Santos Pérez quien tenía órdenes de los hermanos Reinafé, por entonces clan gobernante en la provincia de Córdoba, de no dejar testigos vivos del criminal atentado.

El contexto de este crimen era la recientemente conformada Confederación Argentina, organización laxa e inestable que se había formado tras la aceptación por parte de todas las provincias argentinas del Pacto Federal hacia fines de 1832.

En esta Confederación algunas atribuciones de las soberanías de los Estados provinciales argentinos, como la representación externa, fueron delegadas en el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, el cual las utilizaría con un criterio variable, según sus intereses.

Entre lo que se consideraba, no sin polémica, como una de las atribuciones delegadas por el Pacto Federal en Buenos Aires, era la intervención en los conflictos que estallaban entre los diferentes Estados argentinos o entre alguna provincia y un Estado extranjero.

Este fue el caso de la lucha que se produjo entre las provincias de Salta y Tucumán en 1834 donde se sospechaba de la influencia de emigrados unitarios y del General Andrés de Santa Cruz, Presidente de Bolivia, cuyo desenlace implicó la separación de la provincia de Jujuy del territorio salteño.

Para mediar entre ellas y poner fin a los enfrentamientos armados, el Gobernador de Buenos Aires Manuel Maza, haciendo uso de las facultades delegadas por los Estados confederados, organizó una Comitiva que debía llevar a cabo negociaciones entre los bandos enfrentados. Maza, bajo el influjo directo de Juan Manuel de Rosas, convocó para esta delicada misión a Facundo Quiroga, quien se encontraba residiendo en Buenos Aires desde fines de 1833.

A mediados de diciembre de 1834 Quiroga aceptó la delicada misión sólo con la anuencia directa y personal de Rosas. Por ello se concertó una reunión el 18 de diciembre en la quinta de Juan Nepomuceno Terrero en el pueblo de Flores a las afueras de Buenos Aires entre los principales implicados Quiroga, Rosas y Maza, más la presencia del influyente anfitrión, en donde se establecerían los objetivos y características de la misión.

En estas circunstancias hizo su aparición la figura José Santos Ortiz, convocado por Felipe Arana el Ministerio de Relaciones Exteriores de Buenos Aires, para formar parte de la Comisión. Es muy probable que el propio Quiroga haya sido quien sugirió su nombre para formar parte de la misma, habida cuenta de su reconocida capacidad política, diplomática y administrativa, y su vínculo cercano con el caudillo riojano.

Quiroga y Ortiz tenían una larga vinculación política y personal cimentada a lo largo de años de compartir campañas militares, afinidades partidarias y consejos gubernativos. Su relación comenzó en octubre de 1820 cuando ambos combatieron activamente a los últimos sublevados del Batallón de Cazadores de los Andes y su aliado Francisco Aldao en la zona limítrofe entre La Rioja y San Luis. Esta relación se profundizó cuando Ortiz, ya como Gobernador de San Luis, solicitó a Quiroga auxilio y apoyo para combatir las invasiones de José Miguel Carrera a territorio puntano en 1821.

Inclinados ambos a la causa federal durante los agitados años del Congreso General (1824-1827), su entendimiento se profundizó cuando Facundo se convirtió en la figura dominante de Cuyo tras invadir e imponer su dominio en San Juan y Mendoza, quedando San Luis alineado con la política del caudillo riojano y bajo su protección militar por medio de las gestiones de Ortiz.

Esta situación se prolongó por varios años, incluso cuando Ortiz renunció como Gobernador en abril de 1829. Esta relación política se manifestó en la participación de Ortiz con el grado Coronel en la Batalla de Oncativo bajo el mando de Quiroga el 25 de febrero de 1830. Producida la derrota del riojano, Ortiz quedó prisionero de las tropas unitarias del General José María Paz, quien lo liberó sin condicionamiento sufriendo algunas rigurosidades.

Tras haber acompañado a Quiroga en su breve y forzada residencia en Buenos Aires, Ortiz se radicó en la provincia de Mendoza en donde ejerció como Ministro de Guerra y Relaciones Exteriores de sus gobiernos federales entre 1831 y 1833.

Un aspecto poco conocido de esta relación, y que demuestra el grado de cercanía y aprecio que se tenían, es el hecho que Quiroga gestionó en 1831 ante el Gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, una beca para que Pedro Ortiz Vélez, hijo de José Santos Ortiz e Inés Vélez, pudiera estudiar medicina en la Universidad de Buenos Aires.

Según documentos publicados por Mario Visiconti en 1977 y citados por Cruz Ortiz, Rosas otorgó la beca teniendo en cuenta “los servicios que ha prestado a la Patria el distinguido ciudadano Dr. José Santos Ortiz y los notables perjuicios que le han causado los anarquistas, habiendo arruinado considerablemente su fortuna y deseando darle un testimonio del aprecio que han merecido” (Ortiz, 1977. Pág. 14).

Es más conocido que Quiroga lo tuvo como uno de sus consejeros más reconocidos, e incluso lo propuso como un posible candidato a Presidente de la Confederación en un eventual gobierno constitucional, tal como lo señala Adolfo Saldías, en las polémicas que se suscitaron en la infructuosa Comisión Representativa convocada en cumplimiento del Pacto Federal con el gobierno de Corrientes sobre la conveniencia o no de avanzar en la Organización Nacional.

Saldías afirmó que Quiroga en 1832 “se mostraba partidario entusiasta de la organización nacional, y se había adelantado hasta propiciarle sufragios en las provincias á su consejero el doctor José Santos Ortíz para la futura presidencia de la República” (Saldías, pág. 129, 1892). Juan W. Gez también sostiene lo mismo, resaltando que Quiroga consideraba a Ortiz “uno de los hombres de gobierno más ilustrados y experimentados del interior, cosa que miraba mal Rosas”, por lo que desistió de sostener su postulación (Gez, 1916, pág. 323).

Tras la radicación de Facundo en Buenos Aires a fines de 1833, según Carlos Barreiro Ortiz los caminos de ambos personajes se volvieron a cruzar no por casualidad. Este autor, además de afirmar que Ortiz dejó Mendoza para reclamar las deudas que contrajo por el envío de las tropas puntanas a la Guerra del Brasil en donde había gastado gran parte de su fortuna personal, sugiere que la llegada de Ortiz a Buenos Aires a comienzos de 1834 se debió a un llamado de Quiroga. Éste habría requerido de la presencia de Ortiz “por motivaciones políticas de índole reservada” (Barreiro Ortiz, 1971, pág. 130).

En este estado se encontraba la relación entre Quiroga y Ortiz cuando se conformó la Comisión para mediar entre Tucumán y Salta. Pese a la confusión que se ha suscitado entre historiadores posteriores, no hay duda que Ortiz fue convocado como Secretario de la Comisión conformada con carácter diplomático por el Gobierno de Buenos Aires en uso de las facultades delegadas por el Pacto Federal, y por lo tanto, no era secretario privado o personal de Facundo Quiroga cuando partió al actual norte argentino el 19 de diciembre de 1834.

La prueba documental de esta afirmación fundamental la aporta Barreiro Ortiz en su destacada obra “Dos gobernantes puntanos” de 1971. En ella se afirma que el decreto de designación fue firmado por el Gobernador Maza el 16 de diciembre de 1834, es decir, pocas horas de partir, lo que indica que se trataba de una acción ya coordinada entre Quiroga y Rosas con el conocimiento y anuencia del puntano. Ortiz respondió a su designación con la siguiente nota:

“San José de Flores, diciembre 18 de 1834,

Año 25 de la Libertad y 19 de la Independencia.

Al Señor Oficial Mayor de Secretaría del Exmo. Gobierno de la Prov. de Buenos Aires, en el Departamento de Relaciones Exteriores.

Son en poder del que firma los documentos que el Señor Oficial Mayor de Secretaría se sirve acompañarle a su nota del 16, por lo que S.E. el Señor Gobernador y Capitán General de la Provincia se ha servido nombrarle secretario, en la importante comisión encargada al Sr. Brigadier General D. Juan Facundo Quiroga, cerca de los Exmos. Gobernadores de Salta y Tucumán.

El que firma empleará todos sus esfuerzos para corresponder a la confianza con que S.E. a tenido la dignidad de honrarle.

Dios guarde al Sr. Oficial Mayor muchos años,

José Santos Ortiz”

Este importante documento ubicado por Barreiro Ortiz en el Archivo General de la Nación (A.G.N. sala X 16-6-6 1834-1837), permite precisar algunas circunstancias que han permanecido ignoradas (Barreiro Ortiz, 1971, pág. 132). Ortiz fue nombrado Secretario de la Comisión el mismo día, 16 de diciembre de 1834, y bajo los mismos instrumentos legales que el propio Quiroga, decreto del Gobernador Maza, y con la misma condición diplomática que le confería inmunidad, por ser parte de la misión encargada al “Comisionado Representante del Gobierno de Buenos Aires”.

La contestación de Ortiz se produjo en San José de Flores, al igual que la de Quiroga, lo que indica que José Santos Ortiz se encontraba presente en la trascendental reunión que tuvo lugar en la quinta de Terrero, y, por lo tanto, también se encontraba junto a Quiroga cuando éste se entrevistó al día siguiente con Rosas en la Hacienda de Figueroa en San Antonio de Areco, habiendo viajado en la misma diligencia.

Según este documento, sin duda que el rol de Ortiz fue de enorme importancia en la misión encargada por el gobierno de Buenos Aires, toda vez que la Comisión era portadora de la famosa “Carta de la Hacienda Figueroa”, en donde Rosas le detalló a Quiroga su pensamiento sobre la Organización Nacional, contrario a su implementación inmediata. Esta importancia también quedó de manifiesto en el tratado firmado en Santiago del Estero entre los gobiernos de Salta, Tucumán y Santiago del Estero el 6 de febrero de 1835 que establecía la paz entre esos estados provinciales.

Un día antes Quiroga, como Represente de Buenos Aires, y Ortiz, como Secretario, firmaron la comunicación ante esos gobiernos provinciales que daba cuenta del cumplimiento de su misión.

Pese a varias advertencias sobre el atentado contra su vida, Quiroga desestimó el ofrecimiento de custodia armada tanto en Buenos Aires como en Santiago del Estero.

El 16 de febrero de 1835 en el paraje Barranca Yaco antes de llegar a la posta de Sinsacate, fue asesinado junto a Ortiz y toda la comitiva que lo acompañaba. Si bien, el jefe de la partida atacante tenía la orden de no dejar testigos, dos acompañantes de Quiroga y Ortiz, el correo Agustín Marín y el ordenanza Santiago Funes, presenciaron los crímenes. Estos dos testigos fueron claves para que años después se juzgara y castigara a los culpables no en Córdoba, sino en Buenos Aires, argumentando que Quiroga y Ortiz eran representantes de ese gobierno.

Según los documentos publicados en 1837 del juicio que se llevó a cabo por el gobierno de Buenos Aires, queda claro que el marco de justificación se dio dentro de una interpretación aceptada por las provincias confederadas. Rosas logró de otros gobernadores federales ser reconocido como autoridad legítima para castigar estos crímenes. Por ejemplo, Felipe Ibarra de Santiago del Estero afirmó que «trabajará hasta descubrir a los verdaderos culpables y arrastrarlos a un tribunal nacional cuyo fallo no será impotente».

Según el historiador José María Rosas, tras desentrañar las maniobras dilatorias, Rosas exigió en junio de 1835 al gobierno de Córdoba la entrega de los cuatro hermanos Reinafé, de Santos Pérez y de los milicianos que participaron de la masacre en Barranca Yaco para ser juzgados «por el tribunal que designen las provincias confederadas”, es decir, según las disposiciones del Pacto Federal, por el gobierno de Buenos Aires (Rosa, 1972, pag. 218 y 234).

El argumento principal de la legitimidad del juicio en Buenos Aires lo constituía la condición de Quiroga y Ortiz como representantes de ese gobierno y que, por lo tanto, gozaban de protección diplomática. El uso de las facultades delegadas por el Pacto Federal para encargarse de las causas “nacionales” completó la argumentación. El elegido por Rosas para llevar a cabo los sumarios y proponer sentencia fue Manuel Maza, el mismo que había designado a Quiroga y Ortiz para la Comisión. En su respuesta ante los planteos de la defensa, sostuvo:

“¿Hay algun derecho, por el que pueda perseguirse, y castigarse el último de los crímenes cometido contra el derecho de las naciones en la persona de un Representante caracterizado? La contestacion no está sugeta á controversia. El Exmo. Sr. Brigadier General D. Juan Facundo Quiroga se merecia aquellos respetos, que se merece el Gobierno a quien iba representando: los que atentaron contra su vida, los que no respetaron su inmunidad asi personal como real, se hicieron reos de otros tantos delitos contra el derecho de gentes ; y se hicieron tambien reos, porque violaron el salvoconducto con que transitaba por la Provincia de Còrdoba, á fin de cimentar la primera ley que reconocen las naciones, la paz pública, desgraciadamente alterada en algunos de los Estados de la Confederacion Argentina. La persona, en suma, del Sr. General Quiroga, la de su Secretario, General Ortiz, y cuanto pertenecia á su comitiva, era sagrado.” (Causa criminal, 1837, pág. 122).

La portada de la publicación oficial de 1837 aludida, si bien con el consabido error de identificar a Ortiz como Secretario de Quiroga, demuestra que ambas figuras fueron consideradas como destacadas en esos momentos. Cabe esperar que la memoria histórica rescate a sendos personajes que en vida compartieron mucho más que el trágico final de Barranca Yaco.

 

Bibliografía:

BARREIRO ORTIZ, Carlos. Dos gobernantes puntanos. José Lucas Ortiz, José Santos Ortiz. Buenos Aires, Glaux, 1971.

BUENOS AIRES, Causa criminal seguida contra los autores y cómplices de los asesinatos perpetrados en Barranca Yaco. Buenos Aires, Imprenta del Estado, 1837.

GEZ, Juan W., Historia de San Luis, tomo 2. Buenos Aires, Weiss y Preusche, 1916.

ORTIZ, Cruz, José Santos Ortiz. Primer gobernador de San Luis. San Luis, Painé, 1997.

ROSA, José María, Historia Argentina, tomo 4. Buenos Aires, Oriente, 1972.

SALDÍAS, Adolfo, Historia de la Confederación Argentina, tomo 2. Bueno Aires, Felix Lajouane, 1892.

*Artículo publicado originalmente en la página de facebook del colectivo Historiadores de San Luis

La construcción del culto cívico a Pringles

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Grandes y pequeñas historias de San Luis (…): La construcción del culto cívico a Pringles.

“Mi gobierno ha mirado como una ingratitud indisculpable que en el lapso de tiempo de tantos años, nadie se haya acordado del Coronel Juan Pascual Pringles que se consagro desde su juventud a combatir por la sacrosanta causa de la Independencia (…) Llenar ese descuido se propuso mi gobierno… (Palabras del Gobernador de San Luis Juan Barbeito a la Legislatura Provincial al dejar su cargo en 1865).

 

I. Introducción:

Este miércoles 19 de Marzo su cumple un nuevo aniversario de la muerte del Coronel Juan Pascual Pringles, fallecido en el año 1831 durante las guerras civiles entre unitarios y federales.

Según cuentan la mayoría de los historiadores, alcanzado Pringles por una partida federal que lo perseguía desde la ciudad de Rio Cuarto a la altura del lugar denominado Chañaral de las Animas -distante hoy a 45 kilómetros hacia el este de la Ciudad de San Luis- al exigírsele la rendición y la entrega de su espada, el puntano se negó y recibió como respuesta un disparo a la altura de su vientre falleciendo desangrado horas después.-

Sepultado en un primer momento en el lugar de su muerte, al pie de un caldén, el destino de sus restos mortuorios tuvo con el tiempo un largo itinerario que, hasta el día de la fecha –según algunos-, no logra aun descansar en paz…

Desde entonces -1831- y hasta el día de hoy, el Coronel Juan Pascual Pringles ha tenido cinco sepulturas distintas y sucesivas y existe hoy pendiente de cumplimiento, en virtud de una nueva ley provincial un nuevo traslado, el sexto… (Al “Monumento al Pueblo Puntano de la Independencia”).

II.- La construcción del culto cívico de Pringles:

¿Por qué; desde cuándo, y como se comenzó en San Luis la construcción de su culto cívico?-

Responder esas tres preguntas, intentan estas líneas.

¿Por qué? No son pocos los historiadores argentinos que vinculan la construcción del culto a Pringles con la historiografía sanmartiniana de Mitre.

No solo coinciden los tiempos sino también las afinidades políticas e ideológicas de los gobiernos puntanos de esa época. En esos años, de 1860 a 1880, el ex presidente estaba escribiendo sus dos grandes biografías de Belgrano y de San Martin.- Sobre ambas figuras, los padres de la Patria, se construiría los cimientos de la identidad nacional. En ese marco ideológico, Pringles representaba la encarnación puntana de las guerras de la Independencia.- Otros granaderos puntanos también destacados por su valentía, como Juan Esteban Pedernera o José Cecilio Lucio Lucero, no habían tenido a esa época ni la actuación heroica de Pringles (episodio de Pescadores, Perú en 1820), ni tampoco habían fallecido, ni jóvenes ni en batallas.

Solo Pringles, entonces, reunía los requisitos para la construcción del héroe local sanmartiniano.-

¿Desde cuándo? Muerto Pringles en 1831, y sepultado, primero de manera provisoria en el lugar de su muerte, y días después en una tumba anónima del cementerio de la Iglesia Matriz de la Inmaculada Concepción (hoy esquina de calles 9 de Julio y Rivadavia de la Ciudad de San Luis), debieron transcurrir 34 años hasta que el gobernador de San Luis Juan Barbeito tomara la decisión de honrarlo públicamente, solicitando al único guardián del secreto de su sepultura –su amigo y también granadero Esteban Adaro-, para que lo exhumara y así darle una sepultura acorde a su rango militar.

A partir de entonces, y hasta el día de la fecha, se han sucedido innumerables actos oficiales y no oficiales, que incluyen traslados de su restos mortuorios (4 al día de la fecha); funerales públicos, poesías, himnos, cuentos, biografías, estatuas, denominación de calles, plazas, departamentos, ciudades, etc.

Primer biografía Gerónimo Espejo (1867/88)

¿Cómo? Para responder esta última pregunta intentaremos hacer una apretada síntesis cronológica de estos homenajes:

1865: Solicitud del Gobernador Juan Barbeito a Esteban Adaro para exhumar los restos de Pringles de una tumba anónima, la que se concreta el día 25 de Mayo de ese año; 1867: el compañero de armas y albaceas testamentario General Gerónimo Espejo escribe su primera biografía “Rasgos históricos del Cnel. Juan Pascual Pringles”, la que publica recién en 1888; 1869: el gobernador de San Luis Rufino Lucero y Sosa encarga al historiador Ángel Justiniano Carranza para que escribe su primera biografía, la que termina y publica Juan W. Gez en 1895 con el título “Apoteosis de Pringles”; 1877: el Gobernador Rafael Cortez recibe la solicitud de vecinos de crear una plaza céntrica en homenaje a Pringles, la que se concreta recién en 1878 en el gobierno de Toribio Mendoza mediante la expropiación del terreno denominado “Potrero de Reyramos”, después Plaza Pringles; 1881: Toribio Mendoza la encarga al señor José Urtubey un relevamiento de las calles de la ciudad y el cambio de los nombres de algunas de ellas: calle Ortiz Estrada se llamara calle Pringles; 1894: José Juan Biedma escribe una nueva biografía llamada “Boceto biográfico de Pringles”; 1894:  Se comienza la construcción de un nuevo mausoleo en el nuevo Cementerio de la Ciudad “San José” en vísperas de la celebración del primer centenario del nacimiento de Pringles (1795); 1895: Se publica el libro “Apoteosis de Pringles” que reúne entre otros documentos las memorias de quienes combatieron con él –“conmilitones”- tanto en las guerras de la independencia, con el Brasil y las guerras civiles; 1895: 19 de Mayo. Inauguración del nuevo Mausoleo en el Cementerio San José. 1905: Se inicia la construcción del basamento donde se colocara la futura estatua ecuestre en el centro de la Plaza Pringles;  1912: el 12 de Octubre. Se Inaugura la estatua ecuestre construida por el escultor italiano Rafael Radogna. Se realizan a tal efecto distintos actos públicos: fiestas florales, misa de campaña, procesión cívica militar; abanderamientos de edificios públicos y casas privadas, etc.; 1923: María Mitchell de Ramírez escribe el “Himno a Pringles”, canción oficial desde entonces “…Con su dulce caricia el sol de mayo, del guerrero inmortal beso la frente….”; 1931: El poeta Silvestre del Campo compone la obra “Romance del Cnel. Pringles y de Pancha Hernández”; 1947; Se publica la obra de Gilberto Sosa Loyola “Pringles. Retazos de vida y tiempo”. Interesante investigación sobre la vida familiar de Pringles; 1948: Se  dicta la Ley Provincial Nº2026 que ordena un nuevo traslado de los restos de Pringles del Cementerio San José a la Iglesia Catedral de San Luis; 1955: Se publica la obra “Antología Poética de Pringles” en el que se publican poesías de Rosario M. Simón; Reinaldo Pastor, Federico Tobal, Carlos Guido y Spano; Polo Godoy Rojo; María Delia Gatica de Montiveros; Leandro N. Alem, etc.; 1968: el historiador Urbano Núñez escriba “Pringles. Algunas noticias familiares”; 1968: 21 de Junio: por Decreto Provincial Nº1747 se materializa un nuevo traslado de los restos de Pringles a la Iglesia Catedral; 1973: Urbano J. Núñez escribe “Itinerario de Pringles”; 1974: Urbano J. Núñez publica el cuento “La espada Rota”, donde narra el episodio de la muerte del héroe puntano y al caer éste herido rompe su espada; 1976: el historiador y poeta Hipólito Saa escribe “Romance a la Muerte de Pringles”;  2021: Nueva Ley Provincial que dispone un nuevo traslado (el 5º) de los restos de Pringles al Monumento del Pueblo de la Independencia de Las Chacras, hasta el día de hoy no cumplido.-

Medallas recordatorias 1895 y 1912

III.- Una reflexión personal:

En su último traslado –del Cementerio San José a la Iglesia Catedral en 1968, el entonces depositario de sus restos –el Estado Provincial-, le expreso al nuevo y actual responsable de su custodia –La Iglesia Católica-: “en nombre de la Provincia os hago entrega de los restos del Coronel Juan Pascual Pringles para que –de hoy en adelante- los puntanos podamos exclamar ante su tumba: Coronel Pringles, descansa en paz…”

No más traslados…

Q.E.P.D.

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