La consanguinidad política que enlaza a las expresiones del kirchnerismo nacional y vernáculo, explicitada cuando el exgobernador Alberto Rodríguez Saá lanzó la consigna “Hay 2019” en el congreso de La Pedrera, en marzo de 2018— volvió a exhibir en los últimos días la solidez de ese vínculo.
Dirigentes nacionales y provinciales ya se muestran activos en los incipientes armados hacia la carrera electoral del 2027, con un mismo objetivo: la recuperación del poder para el kirchnerismo.
El gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof -tal vez quien tenga mayores posibilidades de competir por la presidencia-, disputa la discusión de esos armados con los nombres de Sergio Massa, Guillermo Moreno y Victoria Tolosa Paz, todas figuras clave en los gobiernos de Cristina Kirchner, en cuyo pequeño balcón domiciliario entra aún un enorme territorio político.
No se trata sólo de nombres, sino de acciones. La diputada Tolosa Paz, por ejemplo, es una de las figuras convocantes al encuentro político nacional en Parque Norte que se celebrará este viernes y en cuya mesa de promoción se sienta el diputado nacional, Ernesto “Pipi” Alí, según muestran imágenes de medios nacionales.
Esas fuentes señalan que este grupo de dirigentes viene trabajando desde hace meses en el armado y en un nuevo programa de gobierno. Si bien la idea es mostrarse como un sector “deskirchnerizado” esos referentes hablan de una confluencia que será inevitable en 2027 para recuperar el poder: todos dentro de un mismo y gran espacio.
En San Luis, ese proceso tiene su correlato. Los primeros movimientos vuelven a tantear la posibilidad del regreso de Alberto Rodríguez Saá, que precisamente esta semana se mostró activo compartiendo imágenes de encuentros con dirigentes locales.
Sin embargo, hay quienes ven algo más que un interés electoral en estos movimientos del ex gobernador que llegará con 78 años a la próxima elección.
La idea que abonan esos observadores es su necesidad de mandar señales de supervivencia a la costa judicial, en donde unas quince causas por hechos de corrupción tienen con el agua al cuello a unos veinte exfuncionarios de su gobierno.
Una idea peligrosa, y de consecuencias insospechadas, puede adueñarse de la mente de esos ex colaboradores si se sienten abandonados tras el naufragio.
Si se habilita esa hipótesis, vale pensar que la señal de supervivencia política también puede tener otros destinatarios: una parte de un sistema judicial parcialmente configurado durante sus años de gobierno, por donde hoy circulan esos expedientes.
En ese caso el mensaje, es tanto electoral como estratégico: una señal dirigida a la política y a los tribunales.