Salino y el apuro del gobierno por la reforma laboral: «Terrorismo legislativo es hacer 17 versiones de lo mismo, todas mal»

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En el plenario de las comisiones de Trabajo y Presupuesto del Senado, el senador nacional por San Luis, Fernando Salino (Convicción Federal) formuló un duro cuestionamiento al tratamiento del proyecto aprobado por Diputados y que regresó a la Cámara alta con modificaciones.

El debate estuvo atravesado por la controversia en torno al artículo 44, que proponía que en las licencias por enfermedad o accidentes no laborales los trabajadores percibieran el 50% o el 75% del salario —según el caso— en lugar del 100% vigente, punto que finalmente fue eliminado del texto.

Durante su intervención, Salino apuntó directamente contra la velocidad del trámite parlamentario y la calidad del proceso legislativo. Para graficarlo, recurrió a una comparación llamativa: “Hace unos años participé en la redacción del reglamento del campeonato regional de cestobol. Mucho más serio ese procedimiento que el de esta ley”.

El senador planteó que no se explicitó ningún motivo que justifique la urgencia oficial. “¿Qué carrera están corriendo? La verdad es que hay como un misterio político: ¿cuál es el apuro?”, se preguntó.

Y fue más allá al poner en duda la necesidad política en la premura del oficialismo: “En un país con semejante cantidad de problemas sin resolver, ¿qué diferencia sustantiva hay entre que el Presidente diga el 1° de marzo ‘tengo la ley’ o que diga ‘la tendré en diez días’?”.

Críticas al trámite exprés

Uno de los ejes centrales de su discurso fue la comparación con los tiempos legislativos habituales. Salino sostuvo que se produjo una aceleración injustificada del procedimiento.

“Lo que antes le llevaba una semana, ahora le llevó diez minutos. Fenómeno de republicanismo. Un lujo de democracia: cuando me conviene lo hago en diez minutos, cuando me conviene lo demoro una semana”, ironizó.

También cuestionó que hubiera inconsistencias entre el proyecto original y los dictámenes, al punto de que debieron rastrear en qué versión se había introducido lo que el oficialismo calificó como un error. “Única vez en la historia que un error es la médula del discurso del miembro informante…”, sostuvo.

Advertencia por la litigiosidad

El legislador advirtió que la forma en que se impulsó la norma puede derivar en conflictos judiciales, especialmente en materia laboral.

“¿Por qué alfombran el camino de la litigiosidad?”, preguntó, y señaló que las irregularidades del trámite podrían multiplicar las demandas en el fuero laboral.

En esa línea, aseguró que desde su bancada se advirtió reiteradamente sobre problemas técnicos en el capítulo de licencias. “Diecisiete veces le dijimos que lo que estaban poniendo en las licencias estaba mal”, afirmó.

Salino rechazó las críticas del oficialismo hacia la oposición. “No nos escuchan. Ustedes creen que nosotros no tenemos ningún aporte para hacer. Después nos retan porque no hacemos aportes”, dijo, antes de lanzar su definición más filosa: Dicen que “hacemos terrorismo legislativo. Terrorismo legislativo es hacer 17 versiones de lo mismo, todas mal”.

El senador remarcó que la objeción de su bloque no es meramente política sino técnica. “No mal porque no nos gusta lo que dice —cosa que ya expresaron mis compañeros y comparto absolutamente—, mal porque está mal”, enfatizó.

“No es el reglamento del cestobol”

En el tramo final, Salino buscó dimensionar el impacto de la norma en discusión y reclamó mayor rigurosidad parlamentaria.

“Estamos sancionando leyes de la Nación. Esto regula la vida laboral de millones de argentinos. Les cambia el ingreso, les cambia las licencias, les perjudica la salud”, advirtió.

Y reforzó la idea central de su crítica: “No es el reglamento del regional de cestobol. Es la ley laboral de la Nación”.

El cierre llegó con una ironía dirigida a la explicación oficial sobre los errores detectados en el proyecto. “Fueron a la televisión y dijeron: ‘210 artículos, se te pasa uno, ¿a quién no se le pasa uno?’. Muchachos, si le dictan los anteojos, fusilen al óptico, porque le está diciendo cualquier cosa”.

Cuando la historia estuvo a un paso de completarse

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Hasta donde permiten constatar las fuentes públicas disponibles, el Estado argentino estuvo a un paso de saldar una deuda histórica en 2013. No ocurrió. Pero el camino se abrió.

Ese intento tuvo nombre propio y origen federal. Aquel año, el entonces senador nacional por San Luis, Daniel Pérsico, llevó al Congreso de la Nación una iniciativa concreta para reparar una de las omisiones más persistentes de la historia oficial argentina: el reconocimiento al granadero puntano Juan Bautista Baigorria, el hombre que salvó la vida de José de San Martín en el combate de San Lorenzo.

La escena es fundacional y se repite en manuales, marchas y actos escolares, pero rara vez completa. En San Lorenzo, cuando San Martín quedó atrapado bajo su caballo, dos granaderos acudieron en su auxilio. Uno de ellos, Juan Bautista Cabral, murió y fue incorporado tempranamente al panteón nacional. El otro, Juan Bautista Baigorria, salvó la vida del Libertador y siguió en servicio, pero su nombre quedó relegado a los márgenes de la historia.

La omisión no fue casual ni menor. Durante décadas, la historia escolar fijó una versión abreviada del combate de San Lorenzo, centrada en un solo gesto heroico y en un solo nombre. Esa síntesis dejó afuera una acción simultánea y decisiva: la lanza de Baigorria atravesando al soldado realista que estaba a punto de matar a San Martín. Sin esa intervención, el auxilio posterior hubiera sido tardío o inútil. El propio Libertador conservó de aquel instante una cicatriz en la mejilla, marca física de un episodio en el que la suerte de la Revolución pendió de segundos.

A diferencia de lo que repitieron durante años algunos relatos históricos sin documentación verificable, Juan Bautista Baigorria no murió en San Lorenzo ni fue ascendido en ese momento. Sobrevivió al combate y continuó prestando servicio activo en las campañas por la Independencia. Integró el Regimiento de Granaderos a Caballo y luego el Cuerpo de Cazadores, participó de operaciones en el norte del actual territorio argentino y formó parte de la escolta de San Martín en etapas decisivas. Existen documentos administrativos del Ejército de los Andes —con visto bueno del propio San Martín— que mencionan a Baigorria y lo ubican en servicio activo en Buenos Aires en 1818, como integrante del Cuerpo de Cazadores a Caballo.

Detrás del proyecto parlamentario hubo una investigación amplia y rigurosa. La iniciativa de Daniel Pérsico no se apoyó en una lectura aislada ni en una tradición repetida sin contrastes, sino en un trabajo de reconstrucción histórica sustentado en numerosas fuentes.

En sus fundamentos dialogan la historiografía clásica —con referencias a Bartolomé Mitre, Ángel Carranza y Pastor Obligado—, testimonios documentales como la carta del oficial Manuel de Olazábal, y aportes contemporáneos de investigación crítica, entre ellos los trabajos de Roberto Colimodio, Julio Romay y Nora Costamagna. Incluso se consignan interpretaciones discutidas, como las de Urbano J. Núñez o Felipe Pigna, y se señala la falta de documentación respaldatoria.

El libro de Colimodio y Costamagna, una de las fuentes citadas en el proyecto legislativo.

Esa amplitud de fuentes ayudar a dimensionar la solidez del proyecto en su intento de desmontar definitivamente los errores y omisiones acumulados durante más de un siglo sobre la figura de Juan Bautista Baigorria.

Pese a la existencia de documentación y de una reconstrucción historiográfica sólida, ese recorrido no encontró traducción en el reconocimiento público. Mientras el nombre de Cabral fue incorporado tempranamente al relato nacional —con marchas, estatuas y menciones oficiales—, Baigorria quedó atrapado en una zona difusa: citado tardíamente por algunos historiadores, confundido por otros y directamente omitido en la mayoría de los relatos canónicos. Recién en la segunda mitad del siglo XIX comenzaron a aparecer referencias documentadas a su acción, aunque sin derivar en un reconocimiento institucional equivalente.

Fue esa asimetría la que, dos siglos después, el senador puntano decidió llevar al plano institucional. La iniciativa impulsada en 2013 no buscaba reescribir la historia ni disputar símbolos ya consolidados, sino completar una escena: reconocer que el episodio de San Lorenzo no tuvo un solo protagonista heroico y que el destino posterior de Baigorria —soldado del pueblo, puntano, persistente en el anonimato— también forma parte de la gesta fundacional.

El alcance del proyecto iba más allá de un reconocimiento simbólico. Proponía el ascenso post mortem de Juan Bautista Baigorria al grado de sargento, pero también que el Estado asumiera un rol activo en la transmisión de ese reconocimiento, incorporando su figura al sistema educativo y a los espacios de comunicación pública, y que se realizaran las previsiones presupuestarias necesarias para formalizar homenajes que inscribieran ese acto en la memoria colectiva. No se trataba de corregir un legajo militar ni de un gesto aislado, sino de una política de reparación histórica orientada a poner en valor a quienes actuaron sin esperar recompensa y cuya contribución fue decisiva, aunque silenciosa.

El proyecto no prosperó. No se convirtió en ley ni derivó en una decisión del Poder Ejecutivo. Pero dejó una constancia: el Estado argentino tuvo, al menos una vez, la oportunidad de revisar una deuda histórica concreta, con nombre, apellido y documentos. Y decidió no hacerlo.

El busto de Baigorria, figura principal de una plaza en la ciudad de San Luis.

La memoria y sus contradicciones

La persistencia de esa omisión también se expresa en el espacio público. En el centro de la ciudad de San Luis, frente al Cementerio San José, una plaza recuerda al granadero puntano Juan Bautista Baigorria. Allí se erige su busto, acompañado por cuatro placas colocadas a lo largo de distintas décadas. Tres de ellas lo homenajean de manera consistente como Granadero Juan Bautista Baigorria. La primera, fechada en 1950 —Año del Libertador General San Martín—, fue colocada por el Centro Puntano.

La segunda corresponde a un homenaje de la Intendencia Municipal y está fechada 31 de octubre de 1959.

La tercera, más reciente, destaca su figura como “quien cambió la historia sudamericana” y fue impulsada en 2001 por el Club Sanmartiniano “Cadete de Murcia” y el Centro Educativo N.º 1 “Juan P. Pringles”.

Sin embargo, una cuarta placa introduce una disonancia significativa: la de la puesta en valor del monumento, obra realizada en 2022 por el intendente Sergio Tamayo tal como consigna la imagen, que denomina al lugar como “Plaza Sargento Juan B. Baigorria”. El detalle no es menor. En un mismo monumento conviven dos jerarquías distintas para un mismo protagonista histórico, reflejando una ambigüedad que atraviesa tanto los homenajes como los registros oficiales. De hecho, también en medios oficiales provinciales y municipales se habla de ese espacio como Plaza o Plazoleta «Sargento Baigorria».

La memoria de Baigorria —reconocido por su acción decisiva en el combate de San Lorenzo— aparece así fragmentada incluso en los símbolos destinados a preservarla, confirmando que la deuda histórica no es sólo legislativa, sino también cultural e institucional.

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