El Banquete de los Desposeídos, por Fernando de Vargas

Gualicho del 2×4 y la Poética del Abrazo

En el revés de la ciudad, allí donde el tiempo se detiene a fumar un cigarrillo con la muerte – como en un poema de Pizarnik -, surge una invitación que es, en rigor, un conjuro. Este sábado 18 a las 20:30 hs, Atípica Cultural abre sus puertas para el Gualicho del 2×4, una ceremonia que no busca la complacencia, sino la colisión estética entre el rock de los Redondos y la metafísica del Tango.

Una puesta en juego de los cuerpos y la palabra, tal como alguna vez, Gilles Deleuze, habló de la intensidad de la piel. Esa noche la teoría se vuelve músculo y sudor. La escena será habitada por las bailarinas Julieta Lahiton y Grisel Rojos, junto al bailarín Rodrigo Gatica. En sus movimientos no hay mera coreografía, sino una cartografía del deseo; un despliegue de cuerpos que se buscan en la «misa milonguera» para romper la calma impuesta por la ideología de lo cotidiano.

Acompañando esta deriva de asfalto y firulete, la palabra recobra su peso ontológico. La actriz Sandra Galvalicio y el actor Marcelo Di Gennaro pondrán la voz y el cuerpo en escena, oficiando como maestros de ceremonia de este encuentro místico. No es solo teatro, es la encarnación del «Gualicho»: una descarga eléctrica que traduce la lírica del Indio Solari al idioma del fuelle y la herida.

En un mundo que, Derrida, describiría como una “eterna deconstrucción de sentidos”, esta propuesta nos devuelve a lo Real. Es un banquete para:

  • Los Vitalistas: Que buscan en el abrazo del 2×4 una reafirmación de la vida frente a la nada.
  • Los Amantes de lo Profano: Que entienden que el rock y el tango son, en esencia, la misma queja contra el destino.
  • Los Buscadores de Belleza: Que necesitan ver cómo las guitarras heridas encuentran en el bandoneón una nueva forma de redención.

«Hay gualichos que son necesarios». Esta es una invitación a la transgresión, una cita con el asfalto que late y con la poesía que, al decir de André Breton, debe ser hecha por todos.

Nos comenta, Fernando de Vargas hacedor de este Gualicho, que no se trata de ver un espectáculo; se trata de participar en un ritual donde la ciudad se desnuda. A la espera que el gualicho nos encuentre.

Ficha de la Ceremonia:

  • Cita: Sábado 18 || 20:30 hs.
  • Santuario: Atípica Cultural.
  • En Escena: Julieta Lahiton, Grisel Rojos, Rodrigo Gatica (Danza) | Sandra Galvalicio, Marcelo Di Gennaro (Palabra en escena).
  • Propuesta: Una fusión de la lírica de los Redondos con la mística del bandoneón.

Atípica Cultural presenta un recital de poesía con tres generaciones de escritoras

Con la llegada del otoño, cuando el aire comienza a espesarse de hojas y de tiempo, la poesía encuentra su temperatura justa. En ese clima íntimo y reflexivo, la ciudad de San Luis se prepara para una velada donde la palabra será refugio y encuentro: Tres mujeres, tres poetas, tres generaciones.

El sábado 28 de marzo a las 19:30 horas, la librería-café Atípica Cultural  —ubicada en San Martín 842— abrirá sus puertas para recibir a Vera Jereb, Julieta Calderone e Hilda Pedroza. Tres voces, tres recorridos vitales, tres formas de decir lo indecible. Jereb, mendocina; Calderone y Pedroza, foráneas que han hecho de San Luis su territorio afectivo y creativo. En las tres escritoras, la poesía no sólo se escribe: se habita.

El espacio no es un detalle menor. Atípica Cultural, recientemente reconocida como Tienda Creativa por la Dirección de Cultura de la Nación y la Municipalidad local, propone una experiencia donde los libros y el café no son fondo sino escena. Allí, entre estantes y tazas humeantes, la literatura se vuelve cuerpo, y la lectura, un acto compartido. Como si cada verso encontrara eco en el murmullo del café, en el roce de las páginas, en la respiración atenta de quienes escuchan.

La propuesta invita a pensar la poesía como un puente generacional, donde las diferencias no separan sino que amplifican. Tres mujeres que escriben desde distintos momentos de la vida, pero con una misma intensidad: la de nombrar el mundo desde una sensibilidad que, en este otoño, se vuelve especialmente fértil. Hay en esta reunión algo de ritual: una transmisión, un gesto de continuidad, una conversación silenciosa entre épocas.

El evento, de entrada libre y gratuita – aunque con cupos limitados -, se presenta como una oportunidad para detener el ritmo cotidiano y sumergirse en una experiencia estética y sensorial. Porque si el otoño trae consigo cierta melancolía, también ofrece la posibilidad de recogimiento, de escucha, de poesía.

En tiempos donde lo inmediato parece imponerse, encuentros como este reivindican la pausa. Y en esa pausa, la palabra – dicha por mujeres, atravesada por generaciones – vuelve a ser casa.

Habrá algo de doméstico y de ritual en estas lecturas. Como si cada texto encontrara su temperatura justa en el murmullo del café, en la respiración compartida del público. Como si la literatura dejara de ser objeto para volver a ser acto.

En tiempos de velocidad, este tipo de encuentros proponen otra lógica: la de la permanencia. Escuchar un poema completo. Sostener un silencio. Dejar que una imagen quede flotando.

Quizás por eso el otoño sea el momento adecuado. Porque invita a quedarse. Y porque, como la poesía, Atipica Cultural también trabaja con lo que cae… y con lo que permanece.

Una noche para escuchar, poesía entre libros y café.

Un libro para redescubrir a Alberdi y el debate sobre la Argentina próspera

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Las ideas de Alberdi, su estatura como uno de los padres fundadores de la Argentina y su personalidad multifacética —intelectual, músico, escritor, pensador político y económico, diplomático y abogado— estuvieron presentes en la exposición de Daniel S. Pereyra, autor del libro Alberdi. La indómita luz, presentado ante un nutrido auditorio en uno de los salones del Hotel Visit de la ciudad de San Luis, este viernes al mediodía.

La obra, que cuenta con prólogo del presidente Javier Milei, es “una invitación a redescubrir al padre de la Constitución de 1853 y a uno de los pensadores más lúcidos que tuvo la Argentina”. A lo largo de casi 300 páginas, propone un recorrido que sintetiza de manera clara la exuberante obra alberdiana: unas 8.531 páginas reunidas en 24 tomos.

Laborda Ibarra moderó la presentación y aportó datos para vincular a Alberdi con la provincia de San Luis.

La presentación fue moderada por el escribano Juan José Laborda Ibarra, quien destacó tres vínculos particulares de Alberdi con la historia de la provincia de San Luis.
El primero, su influencia sobre el texto constitucional puntano, por lo que lo definió como “el padre de la Constitución provincial”.
El segundo, la influencia que ejerció sobre Alberdi el filósofo Diego Alcorta, su profesor en el Colegio de Ciencias Morales, donde el tucumano estudió en 1824. Alcorta había sido alumno del puntano Juan Crisóstomo Lafinur.
El tercero, su vínculo con un puntano en Francia: durante su exilio en tiempos de Rosas —que se extendió por 41 años— Alberdi conoció al militar y exgobernador de San Luis Juan Saá, a quien elogiaba como el verdadero triunfador de la batalla de Pavón.

Pero ¿cómo se gestó la posibilidad de que el presidente Milei prologue su libro? fue la inquietud de DePolítica, y esta la respuesta de su autor.

Pereyra: —Este es un proyecto impulsado por diversas instituciones, encabezadas por la editorial Grupo Unión. Una de ellas acercó el borrador al Presidente y, a partir de allí, surgió su interés en participar con el prólogo.

Hubo, además, un motivo puntual que despertó su atención: la discusión pública generada cuando el presidente afirmó que la Argentina había sido, en algún momento, un país próspero. Muchos intelectuales, historiadores y periodistas cuestionaron esa afirmación sin aportar datos concretos. El libro aborda específicamente ese debate.

Pereyra: «Como dice el Presidente, el libro es una herramienta para entender de dónde venimos y una brújula para ver a dónde queremos ir».

Pereyra: —Uno de los capítulos se apoya en investigaciones de la Universidad de Groningen, en los Países Bajos, que desarrolló el Proyecto Maddison, un centro de estudios dedicado a medir la riqueza mundial desde el siglo XIX a partir del ingreso per cápita. En un estudio publicado en 2018 —referencia utilizada por organismos como Naciones Unidas y el Banco Mundial— se concluyó que hacia 1896 la Argentina había sido el país más rico del mundo. Posteriormente, con cambios metodológicos, el país pasó a ubicarse sexto, pero siempre dentro del grupo de economías más prósperas.

El libro -relata su autor- también recoge trabajos de historiadores como Ezequiel Gallo, Armando Riva y Vicente Vázquez Presedo, que documentan el crecimiento explosivo de la economía argentina. A ello se suma un estudio de la Academia Nacional de la Historia, encabezado por Roberto Cortés Conde y Gerardo della Paolera, que concluye que, en vísperas de la Primera Guerra Mundial, la Argentina no solo era el país más próspero del subcontinente, sino también el más industrializado, pese a no contar con una tradición manufacturera previa como México o Brasil.

La participación del Presidente -agrega Pereyra- se interpreta así como un reconocimiento al enfoque del libro: una obra pensada como herramienta para entender de dónde venimos y como brújula para pensar hacia dónde queremos ir. La propuesta no busca ser un ejercicio de nostalgia, sino un compromiso con el futuro: que las nuevas generaciones no tengan que irse del país por falta de oportunidades económicas o problemas de seguridad.

El libro fue recientemente presentado en Cuyo y pronto llegará a La Pampa, y a Brasil traducido al portugués.

Presentan en San Luis «Alberdi. La indómita luz», el libro de Daniel S. Pereyra

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La ciudad de San Luis será escenario este viernes 13 de febrero, a las 12, de la presentación del libro Alberdi. La indómita luz, del autor Daniel S. Pereyra. El encuentro se realizará en el Hotel Visit y forma parte de una serie de actividades que buscan poner en debate la vigencia del pensamiento de Juan Bautista Alberdi en el presente argentino.

Editado por Grupo Unión, el libro propone una nueva aproximación al legado del jurista y pensador tucumano, figura central en la construcción del andamiaje institucional del país y considerado el padre intelectual de la Constitución Nacional. La obra se inscribe en una tradición de revisión crítica de Alberdi, cuya influencia marcó de manera decisiva la organización política, económica y social de la Argentina del siglo XIX.

La presentación en San Luis se suma a un circuito regional de lanzamientos. En Mendoza, el libro es presentado como una invitación a repensar el ideario alberdiano en el contexto contemporáneo, subrayando la vigencia de conceptos como la libertad individual, la centralidad de la educación y el rol de las instituciones como base del progreso. En San Juan, la Legislatura provincial también difundió actividades vinculadas a la obra, consolidando un itinerario cuyano que busca ampliar la discusión sobre el pensamiento liberal argentino.

La figura de Alberdi continúa generando interés por la actualidad de muchas de sus ideas. Su concepción de la libertad como límite de la autoridad estatal, la noción de que el progreso se construye a partir de instituciones sólidas y la célebre máxima “gobernar es poblar” forman parte de un corpus intelectual que sigue atravesando el debate público.

La presentación en San Luis se plantea como un espacio de intercambio y reflexión sobre ese legado, en un momento en que las discusiones sobre el rol del Estado, el desarrollo y la libertad vuelven a ocupar un lugar central en la agenda nacional. El encuentro estará abierto al público y reunirá a lectores, interesados en la historia de las ideas y actores del ámbito cultural y académico.

Agüero íntimo: pobreza, política, cartas y un final solitario

En la semana del nacimiento de Antonio Esteban Agüero vale correrlo del altar donde algunos lo dejaron. Consagrado como el poeta más reconocido de San Luis, Agüero también fue el hombre que tuvo que pedir plata porque tenía hambre; el radical que festejó la muerte del general Aramburu; el agnóstico que escribió una de las plegarias más íntimas de la poesía argentina (Canción del Buscador de Dios); el merlino que apagó su vida entre bares y tragos; y el exministro que, meses antes de morir a los 53, escribió que quería irse de San Luis para siempre.

Estas son las cinco historias que la liturgia de los aniversarios suele esquivar.

1. El político incómodo

Agüero firmaba sus cartas como “El Poeta”, con mayúsculas iniciales. Pero durante años también fue un cuadro político influyente en San Luis: adherente de la Unión Cívica Radical, se alineó con la UCRI frondizista y ocupó cargos de peso en la provincia. Encabezó el Consejo Provincial de Educación entre 1955 y 1956, fue director de Cultura en 1957, ministro de Previsión Social y Educación ese mismo año y ministro de Gobierno entre 1958 y 1959, durante la gobernación de Alberto Domeniconi.

Un hecho raro lo había marcado temprano: en diciembre de 1952 terminó preso —lo estuvo durante tres meses— por una supuesta conspiración contra el gobierno de Juan Domingo Perón. La causa mezcló clima de complot y literatura: el origen habría sido un poema con pinceladas sarcásticas, “Yo, Presidente”, en el que fantaseaba con entrar a la Plaza de Mayo al frente de un ejército de jinetes espectrales “para ser Presidente y organizar la Patria”.

Después, con el peronismo barrido y proscripto en el ‘55, volvió a la vida pública. Con el radicalismo intransigente empujó una agenda laica, lejos del conservadurismo de comité. Llegó a ser convencional constituyente en la reforma provincial de 1962, una Constitución que quedó atrapada en la crisis política y la intervención federal de ese año.

Agüero iba a diario a la casa de su primo Miguel Ángel Flores para hablar de revoluciones, organizaciones armadas y noticias que llegaban desde Cuba. Distintos testimonios dicen que cuando Montoneros mató al general Pedro Eugenio Aramburu, fue a despertarlo de madrugada para acusarlo, en broma, de haber organizado el operativo sin invitarlo.

Sus ideas políticas eran incómodas: demasiado de izquierda para el radicalismo tradicional; demasiado tradicional para la izquierda; demasiado antiperonista para el movimiento nacional y popular.

El gobernador Alberto Domeniconi habla en la radio LV13 y Agüero, uno de sus ministros, vestido con traje blanco, lo acompaña. En la escena también están Leopoldo Nellar -al lado de Domeniconi- y de pie el locutor Eduardo Baigorria Díaz.

2. La discípula y el maestro

Entre las muchas relaciones que tejió, una resulta clave para entender su costado humano: su vínculo con la escritora puntana “Beba” Di Genaro.

A sugerencia de su padre —también radical—, “Beba” le mostró a Agüero su cuadernito de poemas cuando entraba en la adolescencia. El merlino leyó un texto sobre el viento Chorrillero y dio su dictamen: “Usted es poeta, siga”. Ella diría, muchos años más tarde, que esa frase le cambió la vida: “Ya nunca más dejé de escribir”.

Con el tiempo, la relación derivó en un intercambio intenso: ella le mandaba sus poemas y él devolvía consejos; él le ofrecía su casa de Merlo cuando ella atravesaba un divorcio; ella salía a defenderlo cuando lo atacaban por su pasado político. La amistad creció en un cruce permanente de cartas y las cartas se convirtieron en un archivo vivo del Agüero más íntimo.

Una de las pocas fotos públicas de la escritora Beba Di Genaro en su juventud.

3. El poeta y la pobreza

En sus últimos años, Agüero estuvo lejos de ser un clásico consagrado. “Beba” Di Genaro —fallecida en marzo de 2015 a los 77 años— siempre recordaba que luchó para la edición de Un hombre dice su pequeño país. Pero cuando consiguió el dinero, el autor le pidió que no mandara la plata a la editorial, sino a él, porque tenía hambre. Su marido, “Alfi” Menéndez, la empujó a hacerlo. “Gracias a esa plata, Agüero pudo comer y escribir los últimos años de su vida”, diría Beba muchos años después.

Ese contraste es doloroso: el hombre que había ganado premios nacionales con jurados presididos por Jorge Luis Borges, que había sido funcionario público, necesitaba el desvío de un fondo cultural para comprar carne y pan.

En esa misma correspondencia, que “Beba” reveló en un documental del ciclo De Puño y Letra, emitido hace años en Canal 13 de San Luis, aparece otro subrayado íntimo: en marzo de 1970, poco antes de morir, el poeta, cansado, confiesa que le gustaría irse de la provincia.

Frente a cámara, el testimonio de la escritora fue contundente:

—El Poeta se murió enojado con nosotros, sin querer quedarse en San Luis, dispuesto a irse porque su pobreza en ese tiempo era inmensa. Y hay una carta extraña que dice: “Si yo me voy no lo hago porque me echen, me voy porque tengo ganas. Ningún verso mío, ni en bronce, ni siquiera en papel de estraza, figura en ninguna plaza de mi provincia natal. Por eso me voy, por eso quiero irme, voy a quemar las naves…”.

4. El Che, la peña y la carta peligrosa

La política latinoamericana también se coló en esas cartas. Cuando asesinaron a Ernesto “Che” Guevara en Bolivia, “Beba” Di Genaro tenía una peña literaria en su casa. Esa noche, ella y su grupo escribieron un canto colectivo para el guerrillero que admiraban. El poeta, desde Merlo, respondió con un texto que la dictadura consideraría subversivo años más tarde:

“Así como ustedes allá en su peña, yo también canté un lamento para nuestro compatriota heroico el Che Guevara, que, como el inca Tupac Amaru, desde entonces sigue regando con su sangre la libertad de América”.

El fragmento integró Cartas para un aprendiz, una compilación que circuló como folleto y terminó destruida por los militares. Durante la última dictadura despidieron a “Beba” de su trabajo, la interrogaron y la pusieron bajo sospecha. No solo por el poema erótico “Tengo ganas de hacer el amor esta noche”, que incomodaba a la moral conservadora, sino por ese “Che” que aparecía en sus papeles.

Un trabajo de archivo de Santiago Rovera, estudioso de la historia local, recopila los boletines oficiales en los que aparecen decretos firmados por Domeniconi y Agüero.

5. Alcohol, nostalgia y un final abrupto

Los últimos años del poeta fueron en caída libre. Testimonios de amigos cercanos describen a un Agüero cada vez más atrapado por el alcohol, con una “tremenda nostalgia” que le borraba el brillo social y lo dejaba, a veces, en un descuido físico que chocaba con la imagen del escritor consagrado.

Pero el fallecido escultor merlino Juan Carlos Ortega, otro radical histórico de la villa turística, cuestionaba a quienes exageraban sus problemas con el alcohol:

— Muchos de los que habían sido sus amigos decían que era un alcohólico terminal, pero si hubiera sido un borracho sus neuronas no hubieran respondido y no hubiera escrito jamás Canción del buscador de Dios. Iba a los boliches, sí, pero ¿por qué? Agüero, cuando estaba en San Luis, era una persona importante, de buena posición económica y social. Pero cuando vuelve a Merlo se dedica solo a escribir y se queda sin ingresos. Todos los que habían sido sus amigos, los que llenaban su casa, esos amigos que eran amigos del poder, se empezaron a ir. Entonces, cuando escribía algo, como ya no iba nadie a su casa, buscaba la crítica en los bares, donde leía su poesía. Eso buscaba Agüero en los boliches. Son lugares donde la gente se refugia, encuentra un amigo. Esta es la imagen que yo tengo de Agüero.

En 1970 el poeta sufrió un accidente cerebrovascular en Merlo y lo trasladaron en una avioneta a San Luis, sin que pudieran salvarlo.

“Beba” Di Genaro recordó esos días con precisión literaria:

—Agüero cae una madrugada en Merlo con un infarto cerebral. Creo que estaba tomando unas copas en un bar, dice que se siente mal, intenta irse y luego cae. Lo traen en avioneta a San Luis y estuvo internado en el sanatorio Ramos Mejía. No me olvido más: el doctor Borra, con mi primo Augusto Di Genaro, lo asisten y le hacen la traqueotomía. Yo veía esa garganta abierta; era tan doloroso. “Yo no quiero morir, es imposible que yo pueda morir, mientras siga la vida en jilgueros y caballos”. Eso es lo que dice en Pregón. “Yo no puedo morir, es imposible”…

Parecía imposible. Pero murió el 18 de junio de 1970, sin fortuna, sin reconocimientos importantes y sin ocupar el lugar central que hoy tiene en la Villa de Merlo, donde su casa se convirtió en el museo más visitado por los turistas y donde Peteco Carabajal le puso música a Digo la Mazamorra.

De Merlo al Vaticano

Décadas después de su muerte, la Universidad Nacional de los Comechingones y la de San Luis editaron juntas Agüero. Poesía, naturaleza y universidad, un libro que reúne textos del poeta con fotografías de la región. El volumen nació como obsequio institucional al papa Francisco, en un encuentro de rectores latinoamericanos en 2023, antes de llegar a las manos del público puntano.

Al recibirlo, el Papa argentino dejó una certeza que, de otra forma, quizás nunca se hubiera revelado: al menos una vez en su vida tuvo en sus manos la poesía del puntano Antonio Esteban Agüero.

Las etapas de una voz

La obra de Agüero también cuenta su biografía. A grandes rasgos, puede leerse en capas:

  • El joven del paisaje: Poemas lugareños, Romancero aldeano, las primeras Pastorales. La voz que nombra arroyos, pájaros, labores rurales, pero ya sospecha que bajo la postal bucólica hay historia y conflicto.
  • El cantor de la infancia y el árbol: Romancero de niños, Las cantatas del árbol. Poesía para chicos que nunca subestima a los chicos, y un árbol, el Algarrobo Abuelo, que se vuelve sujeto político, testigo de la tierra y del trabajo.
  • El poeta cívico: Un hombre dice su pequeño país, la Tonada del viejo amor a la provincia, las piezas que ponen a la patria chica en diálogo con la historia nacional. Allí se mezcla la épica de la tierra con la crítica al poder central y a sus abusos.
  • El místico laico y el experimental: Canciones para la voz humana, poemas como “La visita de Beethoven”, “Un poeta llamado Jesús” o la propia Canción del buscador de Dios. Es el tramo final, más introspectivo, donde el paisaje se vuelve memoria, música, diálogo con la muerte.

Lo que permanece en todas esas etapas es una misma operación: tomar la velocidad y la luz del pueblo para convertirla en materia poética y elevar a categoría universal aquello que parece “chico”.

 

El hechizo nocturno del jazmín

—¿Podés tocar la primera nota? —dijo su mamá.

—Sí —respondió el niño

—¿Podés tocar la segunda?

—Sí —asintió de nuevo.

—Entonces podés tocar toda la pieza.

Así lo alentaba su madre cada vez que él sentía que no podía avanzar. De eso se trataba el juego al principio. Una nota a la vez. Vivir con paciencia la exploración que nacía de manos inseguras sobre el instrumento, educarse en los matices del silencio, en los significados del sonido y sus resonancias. Acostumbrarse a ir y venir sobre una misma línea hasta abrazarla, hasta envolverla de recuerdo y repetirla en sueños, hasta reconocerla en sus infinitos detalles, hasta verla florecer en el aire que es el lugar donde también perfuma la música.

Había comenzado a tocar a los tres años y a los siete ofrecía su primer concierto profesional. Primero habían sido los instrumentos de viento y después finalmente el piano. De adolescente ingresó con una beca al Berklee College of Music donde hermanó la música clásica con el jazz. Integró las bandas de dos leyendas del género: Charles Lloyd y Miles Davis. Pero no duró mucho, aunque – dice– aprendió una enormidad. De ahí se lanzó a construir su propio camino. Y decir “se lanzó” no es exagerado porque durante mucho tiempo se olvidó, o ignoró, todas las partituras que lo habían acompañado en su vida y aprendizaje, y empezó a improvisar como un demente suelto en los subsuelos de los bares de Manhattan.

Arrancaba los conciertos desconociendo la introducción y los terminaba sin punto final, como esas historias que nos abren una ventana de intensidad o emoción a la vida de alguien, pero no nos definen de quien se trata, ni nos estacan con su moraleja. Lo daba todo durante más de una hora sin pausa.

Cada concierto era confirmar asistencia a un exorcismo, al arrebato de una presencia sin programa previo, a la ceremonia de una catedral sin tiempo. Pero no era gratis, se exigía ser parte de la comunión. En un clima de absoluto silencio, verlo y escucharlo, eran una misma cosa. Mientras las melodías nacían y se perdían y renacían, su cuerpo se contorsionaba como una planta sacudida por la brisa y su voz crujía como una trompeta seca. Pequeños gemidos que rompían espontáneos con los sonidos que su paisaje interior le dictaba. Un paroxismo humano que oscilaba entre el resplandor de una tormenta eléctrica y el pájaro que llega a nuestra ventana a demorarse con su reflejo. Una rareza solo accesible para pocos y aun así grabó el disco más vendido de piano en solitario de la historia.

En 1975 llegó a la ciudad de Colonia en Alemania a brindar un concierto y el piano que subieron por error al escenario era el de segundo uso del teatro, el que se acostumbraba para pruebas y ensayos. Lo convencieron de no cancelar y en el registro medio de las teclas encontró que podía respirar contra los extremos desalmados del instrumento, contra lo imprevisto y contra sus propios demonios. El resultado, el álbum The Köln Concert. Un disco icónico con más de cuatro millones de unidades vendidas a lo largo de la historia y abrevadero inagotable de nuevos instrumentistas. A su lado obsesivo no lo termina nunca de convencer.

A lo largo de los años la fama lo persigue, crea formaciones propias a uno y otro lado del atlántico y descansa en parte de su monólogo obsesivo, demuestra su mal genio en diferentes presentaciones y el cansancio físico, que lo acucia durante décadas, lo alcanza y lo postra.

El mundo aguarda su vuelta impaciente por más de tres años y cuando en 2010 publica un disco de baladas de standards, de melodías que muchos reconocen y son accesibles al oído general, todo se vuelve una sugestiva caricia, un dulce reverso a la intemperie. Mientras lo registra en el pequeño estudio de su casa, junto a un viejo amigo que se encarga del contrabajo, el perfume que sube por la ventana de la sala le susurra que ese es el aroma del amor en el jazz y que ese es el nombre que el disco debe sellar en la portada: Jazmín.

A fines del siglo diecinueve New Orleans era Las Vegas del momento en los Estados Unidos. Y si bien nunca se acuñó la frase, “Lo que pasa en New Orleans se queda en New Orleans”, se sabía que esa era su tácita licencia. La ciudad era un paso de transito obligado donde confluían líneas férreas y marítimas desde todos los puntos cardinales lo que apiñó rápidamente a gente de todo tipo: comerciantes, trabajadores, músicos, prostitutas y aventureros.

Tal era el despliegue de oportunidades que se ofrecían, luego de que en 1863 se aboliera la esclavitud y en 1869 se legalizara el juego, que el centro del desarrollo del sur del país se convirtió también el centro del descontrol nacional. Alguien debía ordenarlo y ese fue el concejal del ayuntamiento Sidney Story. Fácil. Seleccionó unas treinta y ocho manzanas de superficie y lo declaró zona de prostitución tolerada.

De esta manera, en 1897 nació “El Distrito”, conocido a lo largo de los años como “Storyville”, un espacio donde llegaron a funcionar cerca de doscientas casas de placer que variaban entre los sórdidos cribs (casuchas de una sola habitación), los cabarets y las elegantes maisons ubicadas en la famosa Basin Street. Era tal el nivel de oferta que llegó a imprimirse el “Blue Book”, formalmente titulado “El Libro Azul: Un Sistema Uniforme de Citas”, el cual podía adquirirse por 25 centavos y en donde se especificaba y promocionaban las ofertas femeninas del momento y los lugares donde se brindaban los servicios.

En ese ambiente donde todo se mezclaba y convivía, –el fotógrafo E.J. Belloq lo retrató en un silencio que calló durante décadas–, se cocinaba una música que oscilaba, por un lado, entre la fanfarria de las bandas que desfilaban para celebrar el carnaval de Mardi Gras, y por otro, con el toque suave que se exigía a los pianistas para diferenciar a las casonas refinadas de las tabernas. Era una música nueva, distinta, contagiosa y la mayoría de las veces festiva, el telón de fondo ideal a ese ambiente viciado donde todos encontraban su lugar en noches excitantes e impredecibles y en donde el jazmín impregnaba las pasiones.

Relatan que en las calles de tierra por donde transitaban carruajes y animales, la mierda y el barro se mezclaban enviciando el aire de un olor pestilente, a lo que se le sumaba para volverlo a veces irrespirable, un improvisado e ineficiente sistema de alcantarillado. Diferenciarse de esas emanaciones se convirtió en una estrategia de seducción imprescindible, por ello para contrarrestarlo las meretrices escogían perfumarse con fragancia de jazmín (jasmine) para atraer a los potenciales clientes.

Llegó a imponerse de tal manera este aroma que los burdeles ofrecían a quienes acudieran a su local una jass-music acorde al lugar, y quien compartía los encantos con una jass-belle quedaba prendado distintivamente de su fragancia por lo que se bautizó al amante perfumado como alguien jassed, así naturalmente con el tiempo se le empezó a pedir a los músicos que tocarán de modo jassed también, es decir, sexy o lujurioso, para mantener un ambiente cautivador durante toda la noche. Algunos forzando lo inverosímil suponen que alguien quitó, en una humorada, a jass la j de algún letrero, lo que volvió imperioso rebautizar a esa “ass-music” (música del culo) de un modo único, así finalmente se alteraron las eses por zetas dando origen a lo que todos conocemos: jazz.

De todos los grandes maestros que vivieron por esos años y entregaron su música en grandes batallas de talento ninguno recuerda que esa música, que despertaba tanta fiebre y emociones, alguien la llamara jazz en esos días. Para todos era simplemente blues o ragtime, sin embargo, más allá de que esta etimología sea improbable, es innegable que en esas primeras noches donde se tejían las particularidades que lo convertirían en un género propio con el paso del tiempo, el perfume del jazmín convivía íntimamente con esa música ardiente y juntos embriagaban los salones de New Orleans mientras flotaban en el aire.

A comienzos del siglo XX, con la participación de EEUU en la primera guerra mundial, una ley nacional prohibía que a menos de cinco kilómetros de una base marítima de guerra existieran lugares de distracción o fiesta. Las peleas, robos, e incluso los homicidios en los cuales los marineros se veían implicados, determinaron la suerte de El Distrito. En 1.917, contra la oposición del gobierno local, Storyville fue demolido.

 

Prostituta en Storyville – Foto: E.J. Belloq

Keith Jarrett ha vivido tres años de fatiga crónica y apenas ha podido moverse. Lograr que asista a una entrevista es prácticamente imposible, pero la realización de un documental homenaje a la carrera de su viejo amigo Charlie Haden lo obliga a abrir su estudio.

El reencuentro entre los músicos despierta recuerdos y alegrías, por lo que a los pocos días una nueva reunión en casa de Jarrett, con la invitación a Haden y su esposa a cenar, es la excusa perfecta para sentarse al piano y dejarse acompañar por el contrabajo. Todo es tan natural que el resultado los sorprende de tal manera que en pocos días registran un puñado de canciones de amor con “las que era difícil no involucrarse de inmediato”.

En la pequeña sala de grabación de la casa de Jarrett las horas se suceden sin prisa mientras se dejan subyugar por la belleza de algunos clásicos del cancionero americano. Baladas de inicio del siglo XIX, o de mediados de los ochenta, se suceden una tras otra; no hay desmesuras, todo lo contrario, solo una linealidad paciente, sobria y profunda en donde las melodías originales son transmutadas por la improvisación respetuosa que autorizan la dedicación y compromiso de toda una vida enfocada al arte.

El entusiasmo alcanza el punto en que Jarrett decide incorporar en el interior del cd unas líneas acerca del trabajo: «El jazmín es una flor que florece por la noche y desprende una fragancia maravillosa. Espero que podáis apreciar lo que hay detrás de esto… Se trata de música espontánea, creada en el momento, sin ninguna preparación salvo la dedicación a lo largo de nuestras vidas a no aceptar ningún sustituto: o es auténtica o no es nada. O es la vida real, o es una caricatura…”. El sello ECM lo edita con un lanzamiento especial. Las review de las revistas de música del mundo llenan páginas de elogios a dos músicos que ya no tienen nada que demostrar salvo que el arte verdadero no tiene tiempo ni fronteras. En todos los rincones del mundo el reencuentro de estos grandes artistas después de treinta años se celebra como ellos mismos lo describen: “Son grandes canciones de amor interpretadas por músicos que, en su mayoría, intentan mantener intacto el mensaje. Espero que puedan escucharlas tal y como las escuchamos nosotros”.

¿Pero cómo la escuchan ellos? ¿Cómo tamizan cada canción aquellos que han tenido la dicha de encontrarse con este disco? Consciente de que no hay respuestas a la emoción de una melodía y mucho menos recetas para transferir lo que despierta en cada uno lo que dos hombres rendidos al hechizo de su arte pueden grabar acerca de canciones memorables, ­–“…porque con Charlie estamos obsesionados con la belleza –, es que arriesgo mis sensaciones para acercarme al perfume de esta música. Habitar la noche, la hora en que todas las cosas tienen su reverso —la calle vacía, el árbol con su silueta esquiva, el cielo entregado a sí mismo–, el jardín en penumbras, el agua demorada en la fuente con su reflejo de luna, la quietud de la memoria que amansa el instante como la oscuridad apaga el reencuentro con los cosas de todos los días, la indulgencia con uno mismo, la infancia en los días finales de cada octubre donde el jazmín rompe en flores con su perfume de lluvia, el cálido destello de la persona amada en nuestra conciencia.

 

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El paraíso fallido de Elisabeth

Los mapas.

Apenas unos años después de finalizada la guerra de la Triple Alianza, el coronel Francisco Wisner de Morgenstern – tomado prisionero en 1.868 en la batalla de Lomas Valentinas por los brasileños y liberado a causa de su origen extranjero- es designado en el cargo de Director de la Oficina de Inmigración de Paraguay. Sus amplias aptitudes, entre las que destacan, además de coronel, la de cartógrafo, historiador, arquitecto e ingeniero militar, -y algunos sospechan también pederasta-, le valieron la confianza de las juntas y presidentes que suceden a Solano López. Las cicatrices de las batallas, una esposa paraguaya de apellido Lugo y un hijo, lo han atado de por vida a una tierra que está diezmada. Paraguay ha sufrido una cruenta derrota. De sus habitantes, que se contabilizaban en un millón trescientos mil al inicio de la guerra, únicamente trescientos mil logran sobrevivir. De ese número sólo el 30% censan hombres. Pero el desenlace, además de devastador en el número de muertes y desequilibrio social, es conflictivo en el escenario regional. El Gran Chaco, conformado por Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay, continúa en permanente cambio lo que hace perentorio definir las nuevas fronteras. A esa tarea se encomienda febrilmente Morgensten. Durante más de un año atraviesa planicies pastosas, bosques espesos, humedales, esteros y la Cordillera del Ybytyruzú. Vuelve a contemplar que ese país dividido por el río que lo bautiza son dos tierras distintas. Húmedo al oriente y árido e indigenista al este. El resultado de la exploración le valen tanta admiración como la precisión y el detalle de sus dibujos. Los mapas se publican en Viena en 1.873 con el propósito de cautivar la atención de extranjeros dispuestos a repoblar el Paraguay. Una de esas impresiones llega a manos de Bernhard Förster, un apasionado profesor de secundaria alemán.

Mapa de Francisco Wisner de Morgenstern publicado en 1873.

El filósofo.

Nietszche despreciaba a Bernhard Förster, su cuñado. De hecho, cuando contrajo nupcias con su hermana Elisabeth, en 1885, declinó la invitación a la ceremonia. Lo separaba una profunda aversión al nacionalismo alemán y al antisemitismo del que Förster contrariamente se jactaba. Él, que era un espíritu libre, un apátrida, no toleraba ver a su hermana unida a un hombre que era cofundador de La Liga Popular Alemana y había firmado en 1.880 la “Petición Antisemita”, que llamaba a los judíos “parásitos del organismo alemán”. Una radicalización que le había válido perder su cargo en el Liceo. A Nietzsche la situación lo desasosegaba. A finales de 1885 le escribe a su madre: “Pero el asunto es peligroso, tenemos que tener cuidado; a mi parecer es imposible tratar con un agitador de esta índole”. La utopía de una raza aria pura había tomado fuerza en los escritos de varios pensadores de la época, entre ellos Richard Wagner, con quien Nietzsche había sostenido una amistad hasta la publicación por parte del compositor de “El judaísmo en la música”. Wagner, quien acusaba a los judíos de haber debilitado la música alemana, como a todas las otras áreas de la sociedad, alentaba a combatirlos abiertamente o fundar una nueva Alemania. La decisión dependía de un valiente. Los mapas de Morgenstern y la Atlántida rabiosa de Wagner sellaron el destino de Förster y su esposa. Entre 1881 y 1883 su cuñado había deambulado por el Paraguay recorriendo tierras estimulado por las licencias a extranjeros que ofrecía el país, por lo que no sorprendió a Nietzsche cuando al año siguiente el matrimonio junto a catorce familias zarpó con destino a erigir el paraíso soñado. Los pioneros arribaron a Paraguay en 1.886. Al año siguiente, a doscientos ochenta kilómetros al norte de Asunción, en una tierra virgen y hostil, Elisabeth era recibida a escopetazos, flores, pan y sal. Era el 23 de agosto de 1.887, a orillas del río Aguaraymi, nacía “Nueva Germania”.

Retrato de Bernhard Förster y de Bernhard Förster y Elizabeth Nietzsche.

El hotel.

Elisabeth siente hacer realidad el proyecto. Entusiasmada instala su piano, planta limoneros y palmeras e intenta convencer a su hermano de instalarse en la colonia. La profusa correspondencia entre ellos refleja que la distancia de principios con su cuñado no se reduce en la ausencia. En una carta fechada el 5 de junio de 1.887 Nietzsche escribe: “Dado que la empresa de Ustedes es una empresa antisemita –y ello me ha sido demostrado ad oculos- mi corazón no le tiene confianza. Ni siquiera tiene mi visto bueno, ni la acompañan mis mejores deseos. Si la obra de Dr. Förster resulta, me alegraré por ti y trataré de pensar lo menos posible en que eso significa el triunfo de un movimiento que menosprecio, pero si él no lo logra, entonces me alegraré de la derrota de un movimiento antisemita y tanto más lamentaré por ti que te hayas unido a semejante asunto por obligación y amor”. Las cartas se suceden hasta que a comienzos de 1.889 recibe un mensaje de su madre en el cual le comunica que su hermano ha sufrido un colapso mental. Nietzsche que había llegado a Turín en busca de buen clima para su frágil salud y sus migrañas constantes, una mañana al salir de la pensión presencia como un cochero maltrata un viejo caballo exhausto que ya no puede moverse. Se conmociona. El cuadro que relata el conserje de la pensión es el del filósofo abrazado al cuello del animal mientras llora y maldice perdido. Su amado “Fritz” atendido en un manicomio por médicos que no entienden que su enfermedad es producto del abuso de somníferos de hidrato de Cloral y no sífilis como diagnostican la angustia a la distancia. Además, se suman los reclamos en Nueva Germania. El presidente Bernardino Caballero había negociado con Förster que, si lograba atraer ciento cuarenta familias extranjeras, el gobierno de Paraguay cedería las vastas tierras del emplazamiento: doce leguas cuadradas. Confiado en su empresa, Förster estimuló por un precio mínimo la venta de parcelas a las familias que lo acompañaron y a quienes pretendieran arribar en el futuro. Las exigencias del matrimonio para quienes desearan sumarse eran propias de un imperio en potencia: “Refundar Alemania lejos de la contaminación judía, para la purificación y renacer de la raza aria, para la preservación de su cultura antisemita y para promover una alimentación basada en vegetales”. Pero al año y medio de la fundación el paraíso cruje. Las promesas de Förster a los colonos se llenan de excusas. El calor agobiante, la malaria, los insectos, el dinero mal administrado de las escasas cosechas que comercializa en exclusiva el matrimonio y la falta de documentos sobre la tierra pagada lo acorralan. Viaja a Asunción a solicitar una ayuda que no encuentra. Abatido después de las reuniones elige San Bernardino para descansar unos días y se hospeda en el edificio que lo alojó a su llegada. A cincuenta kilómetros de Asunción, edificado junto al lago Ypacaraí, el nuevo Hotel del Lago con su estilo barroco es el escenario perfecto para un ajuste de cuentas con su conciencia. Los colonos se han dejado seducir por las bellezas guaraníes que abundan, la dieta se ha diversificado a todo lo que pueda ser consumido y su apellido recorre Alemania (por el reclamo de los pioneros) asociado al de un vil estafador. Mezcla estricnina y morfina y el 3 de junio de 1.889 se suicida. Nunca se enterará de que el sueño protonazi alemán recién comienza y que años más tarde Hitler encomendará el envío de una lápida de granito y setenta kilos de tierra para volcar sobre su tumba en homenaje a un visionario.

Bernhard Förster junto a los primeros colonos en Nueva Germania.

El archivo.

“Debo pensar solamente en cómo salvar la obra y pagar las deudas”, escribe Elisabeth a su madre. Justifica a su esposo, -“la indignación y la preocupación acabaron con su vida, sus nervios se encontraban muy afectados por las permanentes preocupaciones”-, y se pone al frente de Nueva Germania. Su carácter enérgico le valen respeto y en un año resuelve lo que no pudo Förster. En Asunción negocia, consigue certificados y a finales de 1.890 viaja a Alemania. Traslada a Nietzsche junto a su madre en Weimar, pelea por su paraíso en el nuevo mundo y consigue dinero para la edificación de una capilla. Escribe un libro titulado “La enfermedad de Friedrich Nietzsche”, donde deja en claro su posición con respecto a la progresión de la enfermedad de su hermano con el objeto de limpiar su nombre. Siente profundamente que Nueva Germania continúa siendo su hogar y regresa, aunque el clima de recibimiento en la colonia ya no es el mismo. Sus habitantes tienen opiniones divididas acerca de su figura. Vende “Försterhof”, su amada casa, (en la que colgaba un letrero que decía “Sobre todos los obstáculos, mantén tu posición”) y antes de abandonar el Paraguay anuncia la que será su última tarea: “Otra gran causa ocupará desde ahora en adelante todo mi tiempo y todas mis fuerzas: el cuidado de mi único y amado hermano, el filósofo Nietzsche, el cuidado de su obra y la descripción de su vida y de sus pensamientos – por ello me veo obligada a despedirme de los asuntos de la colonia”. En 1.893 regresa definitivamente a Alemania. Su notable cualidad para la escritura la motivan a defender la imagen de su hermano públicamente y comienza una campaña de promoción de su figura y pensamiento. En su casa establece el Archivo Nietzsche. Se enorgullece de su rol de protectora,este cuidado es para mí la mejor obligación, la única felicidad de mi soledad”. Organiza tertulias donde selectos visitantes pueden pasear unos minutos por el comedor donde su hermano adormece en un sillón con la mirada absorta y eventualmente balbucea frases sin sentido hasta que en 1900 muere. Dedica todo su talento a una compilación caprichosa de textos inéditos y a una tergiversación de los escritos que resulta en la publicación del libro “La Voluntad de Poder”. Escribe tres volúmenes sobre la vida de su hermano en donde también cultiva una imagen apócrifa del filósofo: religioso, antisemita y patriota. Se afilia al nazismo en 1.930 y cuando Hitler llega al poder tres años después, con la filosofía de su hermano utilizada como herramienta de convalidación académica del movimiento, ella recibe un fuerte apoyo económico y reconocimiento público.

Elisabeth Förster-Nietzsche recibe a Adolf Hitler en el Archivo Nietzsche.

El presente.

Therese Elisabeth Alexandra Fórster-Nietzsche nunca perdió relación con Nueva Germania. En 1.901 festejó el redescubrimiento de la germinación artificial de la yerba mate. Cuando los jesuitas fueron expulsados en 1.767 se llevaron con ellos el secreto del cultivo en almácigos y sólo era posible la cosecha silvestre. Unos de los colonos, Federico Newmann, al observar que donde los pájaros se posaban y hacían sus necesidades crecía la yerba en mayor volumen prueba hacer germinar con éxito las semillas húmedas con ácido y carbón. La primera línea de yerba comercializada lleva su nombre y foto: “Yerba Maté Elisabeth Nietzsche”. A partir de ese momento la colonia vivirá una explosión de crecimiento hasta la década del veinte cuando el secreto de la producción industrial se multiplique a toda la región. Fallece en 1.935 orgullosa de su trabajo como albacea, y feliz porque la obra de Förster es reconocida temporalmente en Alemania y Paraguay donde el régimen nazi también ha penetrado. Hitler y su comitiva participan del funeral y le rinden honores. Hoy, a poco más de cien años, poco y nada queda de lo que imaginó. Del plagio y manipulación de los escritos e ideas de su hermano, los italianos Giorgio Colli y Mazzino Montinari, se encargaron de una revisión exhaustiva a partir de los manuscritos originales del filósofo poniendo orden en una nueva edición de sus obras completas. Nueva Germania lejos quedó de aquel imperio soñado al otro lado del mar. En la actualidad cuenta con alrededor de siete mil habitantes y sus pobladores que comparten por igual la cerveza y el tereré hablan tres idiomas en simultáneo: español, alemán y guaraní. Su figura y la de su marido todavía generan divisiones. El pasado 23 de agosto de 2.024, en otro aniversario de Nueva Germania, la intendenta decidió instalar, (entre una intensa resistencia y fuertes polémicas), una estatua del matrimonio en el ingreso a la localidad en reconocimiento a sus fundadores.

Nietzsche nunca defendió a los judíos porque no creía en Cristo y mucho menos pensaba que de ello pudiera desprenderse el concepto de “pueblo elegido”, pero tampoco simpatizaba con aquellos que en contrapartida se arrogaban el mismo derecho o destino. Su hermana formó parte siempre del segundo grupo. De su vieja casa en Nueva Germania no queda nada.

Monumento del matrimonio Förster- Nietzsche en el ingreso a Nueva Germania. Fotografía ABC Diario.

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Una amarga cosecha entre magnolias

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El 7 de agosto de 1930, en Marion, Indiana, dos jóvenes negros son arrestados por la presunta muerte de un obrero blanco, Claude Detter, y la violación de su novia, Mary Ball. La multitud indignada ingresa a la prisión y arrastra a los detenidos de la celda hasta la plaza del palacio de Justicia del condado para colgarlos. Los oficiales de policía forman parte del linchamiento. En el proceso uno de los arrestados intenta liberarse y forcejea con la soga al ser izado, en claro gesto de resistencia, lo que justifica que se lo baje nuevamente para terminar por romperle los dos brazos a mazazos. La furia se mezcla con la satisfacción. La noche perfumada con la sangre. En el árbol los cuerpos se sacuden por última vez y el flash del fotógrafo de estudio Lawrence Beitler congela a la masa para siempre. Muchos posan sonriendo, otros observan curiosamente a la muerte y en el medio de ese horror un dedo acusatorio señala con orgullo que el mensaje ha sido entregado. Los cuerpos sin vida son los de Thomas Shipp y Abram Smith.

«Los árboles del sur dan extraños frutos. /
Sangre en las hojas, y sangre en la raíz. /
Cuerpos negros balanceándose en la brisa sureña. /
Extraño fruto cuelga de los álamos. /

Nunca se sabrá que motivó a Beitler a registrar ese hecho que con los años se transformó en la foto más icónica sobre los linchamientos. Lo que sí sabemos es que actualmente su fotografía forma parte de la librería audiovisual de la Universidad de Yale y que en su momento vendió miles de copias que se distribuyeron rápidamente. Que una de esas imágenes llegó a manos del profesor judío y comunista Abel Meeropol, quien profundamente impactado garabateó en el reverso una primera línea y antes de llegar al borde ya había cerrado tres estrofas que primero tituló “Fruto Amargo” y luego modificó definitivamente con el de “Fruto Extraño”. Que su esposa entonó unas primeras versiones en reuniones de amigos y familiares, y luego fue presentada al público por la cantante Laura Duncan en el Madison Square Garden. Y que al año siguiente una joven ingresaba al estudio de grabación de Commodore Records, luego de que su sello Capitol se negara a publicar una canción sobre linchamientos, sin saber que estaba por grabar la primera canción de protesta de la industria discográfica. Era Billie Holiday.

Billie Holiday.

Escena pastoral del valiente sur. /
Los ojos saltones y la boca retorcida. /
El aroma de las magnolias, dulce y fresco. /
Y de pronto el olor a carne quemada. /

Nunca existieron evidencias del asesinato del obrero Claude Detter. Y su ex novia, Mary Ball, luego confesaría no haber sido abusada. Desde la abolición de la esclavitud en 1865 la reconstrucción social de los negros como simples ciudadanos fue, por utilizar un eufemismo, difícil. Se estima según evaluaciones conservadoras del Instituto Tuskegee que entre 1.889 y 1.940 más de 2.830 linchamientos sucedieron en EEUU. El 90% de los mismos en el sur del país y en su mayoría sobre afroamericanos. Ningún viejo amo blanco, ni ningún ciudadano común, quienes siempre se habían sentido con el derecho a disponer de alguien bajo la creencia de una supuesta superioridad racial, estaba decidido a perder los privilegios económicos y sociales que ello significaba. Rápidamente se instrumentaron nuevos métodos de subordinación. Entre los más destacados figuran la prisión de Parchman, en el corazón del delta del Misisipi, que fue la gran impulsora económica del estado por una mano de obra que incluía miles de condenados negros (incluso niños) por delitos inverosímiles como el de vagabundeo o mirada lujuriosa; el Klu Klux Klan, que con la tácita aprobación de la ley y la sociedad infundía terror mediante persecuciones y asesinatos; y la Corte Suprema de EEUU, quien hasta mediados de los cincuenta y finales de la década del sesenta no abolió las leyes de Jim Crowe, que reconocían el derecho de los blancos a mantener una vida paralela a la de los negros bajo el principio de “separados, pero iguales”.

Aquí está la fruta para que la arranquen los cuervos. /
Para que la lluvia la tome, para que el viento la aspire, /
para que el sol la pudra, para que los árboles la dejen caer. /
Esta es una extraña y amarga cosecha».

Es el año 1.939 y ella apenas carga con veintitrés años. El micrófono se enciende y una voz mínima y melancólica canta como si esa canción, que la acompañará para siempre como un sello indeleble, hubiese sido escrita especialmente para su registro. Como si todos los suplicios de una niña que a los dieciséis años ya vivió el abandono parental, el trabajo infantil, la deserción escolar, el abuso sexual, la segregación racial, el machismo, la prostitución, los estupefacientes y la prisión, hubiesen formado parte de una trágica enseñanza propiciatoria para que su interpretación pueda traducir el dolor de toda una raza. Conmovedora e inconfundible. Eterna. El impacto en el público es tal que cada vez que la canta los mozos dejan de servir y se paran al fondo del local en señal de respeto. La fama la alcanza y la obliga a que forme parte constante de su repertorio. A ella la enferma. Durante años se opone a cantarla por la forma en que la indispone emocional y físicamente y se reserva el derecho por contrato. El Servicio de Inteligencia de EEUU la persigue, la encierra y luego le prohíbe cantar en ningún club de New York por el efecto que produce en el auditorio. Se desgata. Sus últimos días son duros. Los estupefacientes y el alcohol que la han acompañado gran parte de su vida han transformado su aspecto en clara señal de abandono. Tiene 44 años y ha aprendido cómo nadie que la vida puede ser una amarga cosecha aunque se camine entre magnolias. Fallece por cirrosis hepática. Se cuenta que sobre el final alguien la reconoce en un callejón: “¿Qué estás haciendo con tu vida Lady Day?”, a lo que responde, “Bien, ¿sabes?, sigo siendo negra”.

 

La Camerata Vocal Da Capo presenta la «Sunrise Mass» junto a invitados especiales

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La Camerata Vocal Da Capo ofrecerá un concierto especial el próximo sábado 31 de mayo a las 21:00 en el Cine Teatro San Luis, donde interpretará la conmovedora Sunrise Mass, obra sinfónico coral del reconocido compositor noruego Ola Gjeilo, cuya música se caracteriza por una profunda espiritualidad y una sensibilidad contemporánea.

El evento, que cuenta con el apoyo de la Universidad de La Punta y el Ministerio de Turismo y Cultura de San Luis, incluirá también una cuidada selección de otras obras del repertorio coral, orquestal y sinfónico coral, pensadas para ofrecer una experiencia musical completa y emocionante.

Para esta ocasión, Da Capo contará con dos participaciones destacadas: por un lado, Aurea Orquesta, que aportará su excelencia instrumental; y por el otro, el Coro EVU, proveniente de la provincia de Mendoza, cuya incorporación promete enriquecer aún más la fuerza expresiva del concierto.

La propuesta invita a disfrutar de una noche de música de alto nivel artístico, en uno de los espacios culturales más emblemáticos de la provincia.

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Una muestra fotográfica que revela otras formas de belleza

DePolítica presenta para sus lectores, «Una Nube Besa el Suelo. Paisajes de niebla en San Luis», una nueva muestra del fotógrafo Gustavo Ortuvia.
En este caso se trata de un recorrido por los esquivos paisajes de niebla en los alrededores a la ciudad de San Luis retratados entre fines del año 2.023 y comienzos de 2.025. «Una Nube Besa el Suelo. Paisajes de niebla en San Luis», es una invitación a descubrir cómo los entornos habituales se ven alterados por otra forma de belleza.
Te recomendamos que pongas tu móvil en modo Horizontal para disfrutar mejor de las imágenes, y que no te pierdas la experiencia de verlas en tu PC de escritorio.
Hacé click en el enlace a la muestra: