Tinder. El amor en tiempos de match

7 de febrero de 2023

Creada hace ya una década, Tinder es una de las aplicaciones de citas más populares y el nombre de cambios más amplios en los guiones sexuales y amorosos. Heredera lejana de viejos anuncios de citas y producto de transformaciones en la vida privada durante las décadas de 1960 y 1970, la plataforma tiene, no obstante, un uso he- terogéneo y, pese a la sexualización de los encuentros, la búsqueda de pareja y el amor siguen teniendo un lugar importante.

 

Por Christophe Giraud

Sociólogo de la vida privada y de la familia y se desempeña como profesor en la Universidad Paris Cité. Es autor de L’amour réaliste (Colin, París, 2017).

 

Creada en 2012, la aplicación Tinder, con sus millones de usuarios en una gran variedad de países, parece emblemática de una transformación más amplia en los encuentros afectivos y sexuales. Gratuita (con la posibilidad de servicios premium), accesible y fácil de usar para seleccionar perfiles, la aplicación se presenta como un gran supermercado de citas. Ha sufrido críticas: primero, que los encuentros altamente sexualizados ahuyentarían a quienes dan importancia a los sentimientos o a la moral conyugal. Por ejemplo, la aplicación está prohibida en ciertos países como Irán, que rechazan un liberalismo sexual codificado como occidental. Segundo, que los encuentros estarían mediados por un algoritmo a menudo denunciado por supuestos sesgos sociales, sexistas o racistas1. Pese a simbolizar estas nuevas dinámicas, Tinder dista de ser el primer servicio de citas de la historia; acompaña más bien un conjunto de transformaciones de larga duración.

Servicios de búsqueda de pareja: una larga historia

Tinder forma parte de una larga tradición de servicios de búsqueda de pareja o relaciones sexuales. La app es heredera lejana de las «casamenteras» o «celestinas» del Renacimiento en Europa, que ponían en contacto a las familias que querían casar a sus hijos o a los propios amantes. La Celestina ficcionalizada por Fernando de Rojas (1499) o Frosine en El avaro de Molière son figuras mediadoras en las relaciones entre pretendientes que no pueden conocerse o hablarse directamente. Este teatro denunciaba la imposibilidad de que los jóvenes adultos pudieran reunirse sin un intermediario y el control de los padres sobre su destino matrimonial.

A principios del siglo xix surgieron en Francia empresas privadas de búsqueda de pareja con las primeras «agencias matrimoniales». Las agencias facilitaban el contacto entre hombres solteros con esperanzas de ascenso social mediante el matrimonio y mujeres con dote familiar. A menudo las familias registraban a las jóvenes sin avisarles2. A finales del siglo xix, los anuncios matrimoniales tomaron un verdadero impulso en los periódicos franceses3. Materializaron lo que puede describirse como un «mercado matrimonial». Poco costosos, estos anuncios constituyeron una herramienta para democratizar la búsqueda de pareja en un mundo urbano en rápida expansión, en el que los individuos se emancipan en parte de las colectividades barriales o de los espacios de sociabilidad de los pueblos.

Estos anuncios clasificados se han vinculado a nuevos tipos de proyectos matrimoniales y han seguido, en particular, tres grandes transformaciones de la vida privada en el siglo xx.

La primera es la mayor autonomía del individuo, con anuncios cada vez más personales. En 1930, por ejemplo, una de las revistas mensuales más leídas, Le Chasseur Français, publicaba el siguiente aviso: «Familia honorable, casaría a su hija de 26 años, activa, que sabe música y con dote, con funcionario, empleado de ferrocarril, otra situación (…)». Este tipo de publicidad, todavía posible aunque minoritaria en los años 30, será ya muy rara en la década de 1960. Las mujeres ya no son registradas por sus familias. A lo largo del siglo xx, los jóvenes adquirirán mayor autonomía y rechazarán los «matrimonios concertados» por sus familias. Tendrán ya la iniciativa de encontrar a sus propias parejas.

La segunda transformación es la del paso de matrimonios de interés (con la cuestión central de la dote que la joven aporta a la pareja) a matrimonios por amor, que presuponen una forma de cortejo previo. En Le Chasseur Français, la mención de la dote femenina o la situación económica de los hombres seguían siendo precisiones necesarias en los años 30. Ese año, por ejemplo, un anuncio señalaba: «Joven de 29 años, alta, guapa, seria, inteligente, sana, católica practicante, dote de 100.000, familia burguesa distinguida, desea casamiento sólido, cristiano, [con] joven católico, serio, de la misma extracción social, ingeniero, funcionario, de carrera liberal, propietario». En cambio, en 1970, ningún anuncio incluía referencias a la dote.

Con el paso de las décadas, la mención de los criterios económicos disminuyó drásticamente en los anuncios4. Los sentimientos y las afinidades electivas se presentan cada vez más como el tema central de las búsquedas: «Soltero, 36 años, 1,72 m, esbelto, moreno, situación de aceptable a buena, desea correspondiente, posible matrimonio, si los gustos y afinidades son semejantes» (anuncio de 1971).

Por último, la tercera transformación fue que la mención del matrimonio en los anuncios disminuyó significativamente a mediados de la década de 1960 en Francia5. Se pasó de los «anuncios matrimoniales» a los «anuncios de citas» sin perspectiva explícita de matrimonio.

El auge de las uniones de hecho, o de una sexualidad sin vínculos matrimoniales, reivindicada en los años 70, favoreció esos anuncios de citas. En el mensual Notre Temps, revista católica dirigida a personas mayores, la sección «matrimonio» se convirtió, en 1990, en la sección «citas», lo que confirma el declive del matrimonio como única perspectiva de la pareja. Se produce entonces una especialización entre las agencias matrimoniales y los anuncios clasificados para citas.

El inicio de la década de 1980 estuvo marcado por la modernización técnica y la aparición de servicios de citas de carácter sexual más explícito, conocidos como el Minitel rosa (con el famoso 3615 Ulla)6 o los servicios de contacto telefónico. Estos tenían una dudosa reputación por su proximidad al ámbito de la prostitución. Fue a mediados de la década de 1990 cuando aparecieron los primeros sitios de citas, como Match.com (creado en 1995) o Meetic.fr (creado en 2001), que suplantaron a los servicios telemáticos. La aparición de los primeros smartphones permitiría, luego, la aparición de «aplicaciones de citas» como Tinder.

El número de sitios de aplicaciones de citas ha crecido mucho en los últimos años: en 2020 bpi France contabilizó 8.000 sitios y aplicaciones de este tipo en el mundo. El número de usuarios es difícil de evaluar, ya que las cifras no siempre se hacen públicas, pero se calculan unos 73 millones solo en Europa. El mercado está segmentado con aplicaciones de citas basadas en afiliaciones comunitarias o religiosas, e incluso algunas se especializan en medios sociales acomodados (Attractive World)7. Este público, a su vez, está segmentado por edad y género.

¿Quién utiliza estas aplicaciones?

En Francia, los datos de la encuesta epic (estudios de trayectorias conyugales e individuales, ined, 2014) permiten medir la importancia de los usos de los sitios y aplicaciones de citas. Independientemente del grupo etario, más hombres que mujeres declaran haber conocido a una pareja sexual a través de internet. Ciertas edades son más propicias que otras para este tipo de encuentros electrónicos: a la inversa de un prejuicio común, en el caso de los muy jóvenes, a pesar de sus habilidades para usar las tecnologías de la información y la comunicación, responden haber conocido sus parejas por internet en menor proporción. En el caso de los muy mayores eso es más intuitivo y se corresponde con los datos. Sin embargo, los jóvenes y los adultos mayores presentan cifras de encuentros muy similares: 7% de las mujeres y 9% de los hombres de 18-19 años han conocido a una pareja sexual por internet, frente a 6% de las mujeres y 7% de los hombres de 50-59 años. Teniendo en cuenta el menor dominio de las plataformas digitales, esto demuestra un claro interés por esta herramienta por parte de las personas mayores. La proporción de citas por internet se dispara en el grupo de edad de 20 a 24 años, con 26% de hombres y 14% de mujeres, y especialmente en el grupo de 25 a 34 años, con 28% y 19% respectivamente. Esta proporción disminuye en los grupos de edad más avanzada. Por lo tanto, el uso de los sitios concierne más frecuentemente a un público de adultos estudiantes o jóvenes trabajadores8.

En cuanto a la formación de parejas, los datos de la encuesta epic muestran que entre quienes conocieron a su pareja entre 2005 y 2013, 8,5% de los encuestados afirma haber recurrido a un sitio de citas9. Sumando estos sitios y otros sitios web (salas de chat), 14,1% de las parejas se ha formado a través de la red. Encontrar pareja por internet es casi tan frecuente como encontrarla mediante salidas con amigos (segundo lugar de mayores encuentros, con un porcentaje de 14,6%), pero todavía está muy por detrás del lugar de trabajo o de estudio (24% de las parejas).

Arriesgando una predicción para los años venideros, es probable que las fuertes críticas de los movimientos de mujeres de los últimos años (#MeToo, o «Balance ton porc» [denuncia a tu cerdo] en Francia) ante las técnicas de seducción masculinas en los lugares de trabajo y en espacios públicos refuercen el uso de sitios de citas como lugares de seducción explícita.

Las apps y las transformaciones de la vida privada

De la misma manera que los anuncios clasificados de los siglos xix y xx, las aplicaciones revelan tendencias históricas y cambios más recientes en la vida privada.

La erosión de los enclaves sociales en las citas

Las aplicaciones de citas (y sus antecesoras) forman parte, en primer lugar, del mismo movimiento de desenclave social de las citas. Las citas estaban determinadas en gran medida por las relaciones sociales familiares en las que se insertaban los individuos, ya sea porque las familias organizaban las uniones directamente a través de matrimonios concertados, o porque en el contexto de los matrimonios por amor, los jóvenes adultos estaban limitados geográficamente en la búsqueda de un cónyuge en la misma localidad. Con el desarrollo de los transportes, la capacidad de los individuos para desplazarse permite no limitar los encuentros a un área reducida. Así, el mercado matrimonial se amplía. Se arman parejas más variadas y aparecen nuevas formas de selección. Es lo que describe Pierre Bourdieu en El baile de los solteros10, cuando muestra la dificultad de los campesinos de Bearne para acceder a ese espacio de encuentro que es la pista de baile, en un momento en el que los matrimonios ya no son concertados por las familias y en el que deben enfrentarse a la competencia social de hombres con un salario fijo y mejores posibilidades de acceso a esos lugares de diversión. Las aplicaciones de encuentros forman parte de esta transformación del mercado de las citas, que pasa de un universo cerrado a un espacio infinito. Este desplazamiento implica un cambio en la evaluación de las posiciones sociales de las parejas: una posición social envidiable en una sociedad muy local puede ser poco atractiva en un espacio social más amplio.

Las aplicaciones de citas se inscriben, por tanto, en esta transformación de las posiciones sociales y en las mutaciones de los criterios sociales de selección de la pareja. En este mercado más global, los criterios sociales tienen, empero, un fuerte impacto, incluso si el anonimato es inicialmente la regla. La ortografía, las fotografías y los intercambios iniciales son elementos concretos que delatan la posición social de los pretendientes y desempeñan un papel importante en la selección mutua de parejas11.

Nuevos guiones sexuales

Los anuncios, sitios y aplicaciones de citas también han contribuido a la diversificación de la vida privada desde los años 70. Los trabajos de Jean-Claude Kaufmann, por ejemplo, muestran la aparición desde esa década de una «sexualidad del ocio», consistente en encuentros sin perspectiva de formar un vínculo matrimonial e incluso sin dimensión sentimental12. Los sitios de citas o los foros de internet son herramientas muy importantes para esta forma de sexualidad, que todavía estaba reprimida antes de ese momento. Kaufmann muestra cómo en internet, a través de las experiencias de hombres y mujeres, se desarrolla una serie de reglas para esta nueva forma de sexualidad. Es notable la rapidez de la transición al contacto directo (por teléfono) y el rechazo de las conversaciones previas para conocer a la pareja. La relación debe ser lo más anónima posible, para evitar cualquier perspectiva de relación duradera. Por último, quedarse a dormir después del sexo se suele descartar porque se asocia demasiado con la imagen conyugal. La aplicación Tinder refuerza esta lógica de anonimato mostrando perfiles que a menudo no tienen historial ni afiliación social. Para contactar, es necesario que dos usuarios se den mutuamente like para crear un match.

Estas nuevas reglas funcionan como «guiones sexuales», es decir, escenarios en los que la sexualidad tiene sentido, pero una sexualidad desvinculada de las personas, sin deseo de una relación estable. Este es el guion de las «relaciones ligeras» entre individuos. Sin embargo, no todos aceptan esta nueva lógica relacional. Las normas de género sobre la privacidad pesan sobre la sexualidad de las mujeres y limitan una sexualidad demasiado desvinculada de cualquier perspectiva conyugal, o mejor dicho, demasiado «liberada»13.

Asimismo, este tipo de relación es más difícil de aceptar entre las jóvenes de clase trabajadora, apegadas a formas de relación marcadas por la conyugalidad14. Por lo tanto, la discrecionalidad de las aplicaciones de citas permite escapar parcialmente de los mandatos de género. Permite que mujeres de contextos sociales más controlados experimenten una sexualidad sin la perspectiva de una relación a largo plazo. Estas aplicaciones dan la posibilidad de una verdadera privatización de las relaciones íntimas (y de las prácticas sexuales), en el sentido de que pueden escapar a la regulación de la vida privada de mujeres y hombres15. Asimismo las aplicaciones permiten a las personas con sexualidades minoritarias (lgbti+) conocerse sin el control de los padres o amigos.

El desarrollo de la «sexualidad del ocio» genera debates animados y divisivos. Algunas opiniones enfatizan que la privatización de las prácticas permite a las mujeres emanciparse de las colectividades en las que están insertas. También puede permitir una ruptura con formas de vida privada demasiado marcadas por la conyugalidad, la exclusividad y los modelos heteronormativos y liberar así a los individuos de formas de vida privada demasiado patriarcales. Pero otros autores insisten más bien en la dimensión muy masculina de este tipo de sexualidad sin sentimiento y sin perspectiva de estabilidad. Las mujeres se enfrentarían en estas aplicaciones a una sexualidad en la que no encajan y no estarían en una posición de fuerza frente a las expectativas masculinas16. El anonimato de los encuentros también habilitaría diversas formas de transgresión, y son numerosos los relatos de mentiras y violencia sufridos por las mujeres en sus encuentros.

La multiplicidad de registros de citas

El uso de las aplicaciones de citas no se limita a la búsqueda de parejas sexuales ocasionales. Como hemos visto, muchas parejas se forman tras el encuentro en internet. Después de una larga relación que termina en separación o divorcio, muchos no necesariamente quieren comprometerse de inmediato. Las secuencias biográficas de encuentros ligeros, sin compromiso, son frecuentes, entonces, antes de una nueva búsqueda de pareja estable17. Pero otras muchas personas indican que están «buscando el amor» y «relaciones serias» en internet.

A la hora de buscar pareja estable, los usuarios de las aplicaciones tienen que alejarse del guion de las relaciones ligeras. Nuestra encuesta sobre las historias afectivas de mujeres jóvenes en la comunidad estudiantil18 muestra usos muy distintos de las reglas anteriormente descritas: el tiempo transcurrido entre el primer contacto en la app y el primer encuentro físico es muy largo, a diferencia del guion de las relaciones light. Los datos de la encuesta epic muestran que 69% de las personas que encontraron a su pareja por un sitio de citas esperaron una semana o más antes de tener su primer encuentro físico (32% esperaron dos meses o más después del primer contacto virtual)19. Las charlas a distancia antes del primer encuentro físico evitan o eufemizan el tema de la sexualidad. Una joven que encontró a su nuevo novio en internet admitió que no intercambiaron «más que tonterías», insistiendo en el humor compartido antes del encuentro. El primer encuentro físico tampoco va seguido, necesariamente, de una relación sexual, que a veces se pospone durante varias semanas. Estos comportamientos pretenden dejar claro que las parejas no están en un guion de citas ligeras, sino que se trata de dedicar tiempo a conocerse como personas.

Este es el caso de Caroline20, una estudiante de farmacia de 24 años que conoció a Jamie, un empresario informático de 27 años, en internet. Ambos libres y buscando pareja, comienzan a enviarse mensajes. La posibilidad de un encuentro físico parece remota porque Caroline está de vacaciones lejos de París cuando comienza la correspondencia con Jamie. Los intercambios continúan, más discontinuos que antes, pero se mantienen. Humor e ironía dominan en la conversación online. Hay poca información sobre lo que hacen los dos jóvenes y cómo son socialmente, pero Caroline pinta una imagen bastante positiva de Jamie basada en su personalidad juguetona. Surgen puntos comunes que son esencialmente cualidades personales, como el sentido del humor, las habilidades interactivas y personales, y no son características de la categoría social aunque deriven en parte de ella.

Pero sobre todo, ese tiempo de intercambio sin presión, sin la certeza de verse, expresa el placer de estar juntos y se opone a la urgencia del encuentro físico efímero. Jamie invita a Caroline a su casa. Ella acepta. Aun en este caso, pondrán distancia a cualquier dimensión sexual: «Todavía no salía con él, lo vi dos veces sin salir, y fui a su casa, pero no hicimos más que hablar y hablamos tonterías hasta las nueve de la mañana, realmente no vi pasar el tiempo». Mientras que Caroline ha practicado durante mucho tiempo una sexualidad muy libre con parejas ocasionales, desarrolla una relación con este hombre en la que la dimensión sexual se borra explícitamente.

¿Un dispositivo de racionalización implacable?

La lógica de las aplicaciones de citas es favorecer las imágenes llamativas de personas que saben «lucirse», y buscar por criterios que homogeneizan a todos los individuos. Algunos autores lo consideran una «racionalización» del amor21. Sin embargo, estudios recientes muestran la importancia del «feeling» experimentado durante los primeros contactos con la pareja, ese sentimiento particular y sintético de correspondencia entre dos individuos22. La joven que habló del sentido del humor de su compañero durante los primeros contactos sintió que ese chico era especial, singular, diferente de los demás. Esta sensación debe confirmarse durante el encuentro físico. La «sensación» atestigua el trabajo particular que se realiza en las plataformas de citas y en otras.

Los individuos usan las aplicaciones de citas de manera muy heterogénea. El dispositivo técnico está lejos de determinar la forma en que se comportan sus usuarios. Las aplicaciones pueden utilizarse para encuentros efímeros, y en este caso la búsqueda por criterios es eficaz porque estos corresponden a los guiones de la sexualidad-ocio. También pueden utilizarse para entablar relaciones estables. El reto es tener entonces un buen feeling con un partenaire. El dispositivo técnico no determina los usos que se hacen de él, como tampoco las modalidades del encuentro determinan la continuación de las historias desarrolladas a partir de un momento ya «fuera de línea».

Como parte de una larga historia de la vida privada, las aplicaciones de citas reflejan transformaciones visibles a lo largo del siglo xx, que se aceleraron en la década de 1960 y luego en la de 2000. Permiten una búsqueda de pareja más amplia que las redes de sociabilidad de cada individuo, una búsqueda más discreta, con parejas más anónimas, y lo que es nuevo, una búsqueda que abre un abanico más amplio de tipos de relaciones. La búsqueda del amor no se ve sustituida por la búsqueda de encuentros altamente sexualizados, sino que ambas forman parte de una diversificación, a lo largo de la vida, de las relaciones íntimas.

Nota: traducción del francés de Pablo Stefanoni.

 

  • 1. Judith Duportail: L’amour sous algorithme, Le Livre de Poche, París, 2020.
  • 2. Claire-Lise Gaillard: «Dans les coulisses d’une agence matrimoniale (Paris, 1842-1847)» en Revue d’Histoire Moderne et Contemporaine vol. 67 No 4, 2020.
  • 3. C.-L. Gaillard y Hannah Frydman: «Écrire l’histoire des petites annonces» en Histoire, Économie & Société vol. 39 No 3, 2020.
  • 4. Quentin Lippman: «From Material to Non-Material Needs? The Evolution of Mate Preferences through the Twentieth Century in France» en The Journal of Economic History vol. 81 No 3, 2021.
  • 5. Ibíd.
  • 6. Servicio de videotex accesible a través de la línea telefónica; es considerado uno de los más exitosos predecesores de la web y fue lanzado en Francia en 1982.
  • 7. Marie Bergström: Les nouvelles lois de l’amour, La Découverte, París, 2019.
  • 8. Ibíd., p. 82.
  • 9. Ibíd., pp. 94-95.
  • 10. Anagrama, Barcelona, 2006.
  • 11. M. Bergström: ob. cit.
  • 12. J.-C. Kaufmann: Sex@mour, Le Livre de Poche, París, 2010.
  • 13. Michel Bozon: «L’entrée dans la sexualité adulte: le premier rapport et ses suites. Du calendrier aux attitudes» en Population vol. 48 No 5, 1993; Isabelle Clair: Les jeunes et l’amour dans les cités, Colin, París, 2008.
  • 14. Elizabeth A. Armstrong et al.: «‘Good Girls’: Gender, Social Class, and Slut Discourse on Campus» en Social Psychology Quarterly vol. 77 No 2, 2014.
  • 15. M. Bergström: ob. cit.
  • 16. Eva Illouz: Por qué duele el amor. Una explicación sociológica, Katz / Capital Intelectual, Buenos Aires, 2012.
  • 17. C. Giraud: L’amour réaliste, Colin, París, 2017.
  • 18. Ibíd.
  • 19. M. Bergström: ob. cit., p. 128.
  • 20. Los nombres fueron cambiados para mantener el anonimato.
  • 21. E. Illouz: ob. cit.
  • 22. Apolline Régeard: «Sociologie des premiers rendez-vous. Les rencontres en ligne des femmes hétérosexuelles à 20 et 50 ans», tesis de maestría, Université Paris Cité, 2022.
Este artículo es copia fiel del publicado en la revista Nueva Sociedad 302, Noviembre – Diciembre 2022, ISSN: 0251-3552

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