Eterno recordatorio de San Luis a San Martín por la victoria en la Batalla de Chacabuco

15 de febrero de 2024
Monseñor Gabriel Barba, a cargo del oficio religioso.

El proceso revolucionario que comenzó en mayo de 1810 en el Virreinato del Río de la Plata produjo una profunda crisis en la Iglesia que debió debatirse entre la lealtad a la autoridad monárquica y el apoyo a las nuevas realidades políticas y territoriales emancipadas. Frente a este desafío, los miembros de la Iglesia no se pronunciaron en un sentido único puesto que el clero se dividió según sus tendencias políticas y sociales ante un nuevo orden que cuestionaba su legitimidad.

En Cuyo, la mayoría de los clérigos y frailes brindaron su apoyo decidido a las nuevas autoridades revolucionarias y prestaron su inestimable ayuda en la gesta de la independencia. Sin embargo, dentro de sus miembros fueron notables los casos de resistencia y desconfianza que fueron tildados de conductas “realistas” y que debieron ser sancionados por sus pares dentro del fuero eclesiástico. Tal como señalan Fray Reginaldo Saldaña Retamar y Juan W. Gez, en San Luis se vivieron las dos situaciones. El aporte material y el apoyo político a la causa de la independencia por parte de frailes y sacerdotes de toda la jurisdicción puntana, y el servir sus conventos e iglesias como sitio de confinamiento de miembros del clero, principalmente cuyanos y chilenos, sospechosos de ser realistas.

Más allá de estas contribuciones materiales y políticas a la causa de la independencia, las autoridades revolucionarias puntanas valoraron el apoyo simbólico y espiritual que significó contar con la protección religiosa de la Iglesia. Ello se vio reflejado en numerosas actas del Cabildo de San Luis entre las que destacaremos dos.

El profesor Genini, el ministro de Turismo y Cultura, Juan Manuel Rigau y el profesor Néstor Menéndez.

Con motivo de la partida del Ejército de los Andes, el Teniente Gobernador Vicente Dupuy y Cabildo de San Luis solicitó el 5 de enero de 1817 la realización de una misa pidiendo por su “felicidad y buen éxito”:

“En la ciudad de San Luis en cinco días del mes de Enero de mil ochocientos diez y siete: El Cabildo Justicia y Regimiento de ella, en asocio de su Presidente el Señor Teniente Gobernador. Acordó que con motivo de ponerse en marcha el Ejército de los Andes, a la reconquista de Chile se [testado: abriese una subvención] pidiese una limosna por uno de los miembros del Cabildo entre los vecinos para hacer una misa de gracias con Novenario correspondiente con el objeto de pedir y rogar al Dios de los Ejércitos por la felicidad y buen éxito de la expedición contra el enemigo de Chile; y habiéndose recolectado treinta y siete pesos cuatro reales de este virtuoso vecindario mandamos que desde mañana se dé principio a la Misa de Gracias con Novenario de ellas que serán cantadas con la asistencia de la Música y toda la decencia correspondiente: Y para su constancia lo firmamos en dicho día mes y año de que damos fe. Entre renglones: pidiese una limosna: por uno de los miembros del Cabildo. Vale

Vizente Duypuy [rubricado] Matheo Gomes [rubricado] Pedro Pablo Fernandes [rubricado] Pedro Nolasco Pedernera [rubricado] Agustin Sosa [rubricado] Visente Carreño [rubricado]” (Actas del Cabildo de San Luis, folios 1.350 y 1.351]

Tras la partida de las tropas sanmartiniana y transcurridos los tensos días de febrero de 1817, en San Luis se esperaban con ansiedad las noticias sobre la suerte de armas que habría corrido el Ejército de los Andes que, al mando del Teniente General José de San Martín, había iniciado el cruce de la cordillera para enfrentar a los realistas en Chile.

San Luis había contribuido en alto grado a la conformación de ese ejército desde 1814, pero fue en los meses previos a su partida cuando las exigencias de San Martín se volvieron más frecuentes y amplias. El Teniente Gobernador Dupuy, y el Cabildo local debieron hacer frente a estos pedidos, que ya parecían reclamos ineludibles. Ganado, mulas, tasajo, esclavos, mantas, dinero, baqueanos, rastreadores, soldados y auxiliares puntanos partieron hacia Mendoza, donde San Martín organizaba una expedición depositaria del futuro de la Revolución que había nacido en 1810.

Desde su partida a mediados de enero de 1817, San Luis aguardaba saber que había pasado con la expedición que podía fracasar en su intento de cruzar la impresionante Cordillera de los Andes o ser derrotada antes de que pudiera reunir sus diversas divisiones como estaba planificado. Una derrota significaba no sólo la pérdida de los enormes y valiosos aportes que los puntanos habían realizado, sino además una segura invasión realista de la que Cuyo sería el frente principal.

Sin embargo, esta tensa espera se transformó en un incontenible júbilo cuando comenzaron a llegar las noticias transmitidas por San Martín que el cruce se había realizado con éxito y que la Campaña de los Andes había sido coronada con el triunfo sobre los realistas en la Cuesta de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817.

El 18 de febrero los chasquis que trajeron desde Mendoza los partes oficiales que confirmaron el triunfo en la Batalla de Chacabuco. Desde ese día se sucedieron festejos y euforia sin igual en San Luis. Finalmente, y pasado los momentos de más desahogo, el Cabildo de San Luis, en representación del pueblo puntano, ordenó un solemne homenaje al General San Martín y a todos los que habían participado de la victoriosa campaña. Así, el 26 de febrero de 1817 se acordó en el Acta de ese día crear un eterno recordatorio, que por el valor de su contenido reproducimos por completo en su versión original:

“En la ciudad de San Luis en veinte y seis de Febrero de mil ochocientos diez y siete, congregado el Cabildo Justicia y Regimiento de ella en su sala capitular, con asistencia del Síndico Procurador de Ciudad a efecto de consultar y acordar, el modo de eternizar y trasmitir a la posteridad, el nombre glorioso del héroe que acaba de arrancar de las manos del tirano el amenísimo y vasto Reino de Chile: considerando el estado (en sí de mendicidad) de este Pueblo, cuyos virtuosos habitantes han erogado pródigamente sus haberes, a el alto fin de nuestra regeneración; y juzgando al mismo tiempo un deber el más sagrado dejar para lo sucesivo, un monumento auténtico que acredite su gratitud, y recuerde siempre la memoria de nuestro libertador: Ha resuelto establecer y decretar, que todos los años el día doce del presente mes se celebre una misa con la mayor solemnidad que fuese posible en acción de gracias al Dios de los Ejércitos por la distinguidas victorias que en este feliz día se ha dignado concedernos sobre nuestros enemigos, mediante la imponderable energía e infatigables desvelos del valiente General del Ejército de los Andes el Excelentísimo Señor Don José de San Martín procurando igualmente impetrar de la divina clemencia, la conservación de este hombre singular en cuyas manos visiblemente ha depositado el Ser Supremo la felicidad de nuestra suerte y la libertad de la Madre Patria: comunicándose en copia esta determinación al Excelentísimo Señor Capitán General, al Señor Gobernador Intendente de la Provincia y al Señor Teniente Gobernador de esta Ciudad para su satisfacción, y lo firmamos.

Francisco de Paula Lusero, Luis de Videla, Maximino Gatica, Agustin Palma, Marcos Rovere, Manuel Antonio Zalasar” (Actas del Cabildo de San Luis, folio 1.354)

Esta sencilla Acta del Cabildo de San Luis contiene todos los elementos que caracterizan los rituales revolucionarios de las Provincias Unidas. Se destaca sobre todo la temprana identificación de San Martín como héroe de la Guerra por la Independencia, pues ya se lo nombraba como “nuestro libertador”. Además se apelaba a un generalizado sentimiento religioso del pueblo de San Luis donde la Iglesia jugaba un papel central. Así, la celebración de una solemne misa en recordación de la victoria alcanzada en Chacabuco cada 12 de febrero, fundamental para la historia de la independencia de América, demostraba que todo el espectro social de San Luis (autoridades, religiosos, propietarios, clases populares) consideraba que en gran medida ese triunfo recompensaba el esfuerzo realizado.

Pese al tiempo trascurrido, cada 12 de febrero es posible reencontrarnos con este compromiso que unió a San Luis con la figura de San Martín y con la gloria de la Independencia americana en la realización de una conmemoración eterna.

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Fuentes y bibliografía

ARCHIVO HISTÓRICO DE SAN LUIS, Actas del Cabildo de San Luis, año 1817.

GEZ, Juan W., Historia de San Luis, tomo 1. Buenos Aires, Weiss y Preusche, 1916.

LYNCH, John, La Iglesia y la independencia hispanoamericana en BORGES, Pedro (Dir.), Historia de la Iglesia en Hispanoamérica y Filipinas (siglos XV-XIX). Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1992.

SALDAÑA RETAMAR, Reginaldo, Los dominicos en la independencia argentina. Monografía documentada. Buenos Aires, Imprenta Ceppi, 1920.

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