Alberto Rodríguez Saá, en cuenta regresiva.

El silencio del gobernador derrotado

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El siguiente artículo forma parte de una serie de opiniones de dirigentes de San Luis a los que DePolítica accedió publicarles para enriquecer la lectura poselectoral.

En aquellos casos en que se solicitó reserva de identidad se respetó ese pedido. Como toda columna de opinión puede coincidir o no con la línea editorial de esta web.

Al pie de este artículo se encontrarán otros de igual tratamiento.

El silencio del gobernador derrotado

¿Se mira Alberto Rodríguez Saá en el espejo del resultado de estas elecciones?

¿Qué ve?

¿Un hombre vencido?

¿La excusa de la contradicción que le permite limpiar su conciencia al afirmar: yo no soy mi lema?

¿El remordimiento por el desempeño de los candidatos elegidos por su dedo?

¿La ineficiencia de sus funcionarios millonarios?

¿O como dice el tango: “que en un fósforo ha visto la tormenta crecida”, fue testigo de la traición del fuego amigo?

¿Qué le devuelve su mirada?

¿El desconsuelo de que el pueblo a veces se equivoca?

¿De qué su legado no merece continuidad?

¿El fastidio de que en todo caso la continuidad de algo grandioso debe ser algo más que el simple enojo por la derrota de sus voceros?

¿La duda perenne de si fue un error implementar la Ley de Lemas?

¿La debilidad de asumir que cambiar las reglas electorales era significar de antemano una derrota anunciada?

¿La incógnita de la confusión y el bochorno por la impresión de semejante cantidad de boletas para sufragar?

¿El reproche por si fueron suficientes las dádivas entregadas bajo el subterfugio de préstamos?

¿La cantidad de colchones y chapas tan meritorios en otros tiempos?

¿La mueca aviesa del blend oscuro de promesas y amenazas a los trabajadores del Plan de Inclusión Social?

¿La tibieza a la hora de meter miedo?

¿La inconstancia en repetir que “lo peor está por venir”?

¿Qué ve Alberto Rodríguez Saá en el espejo del resultado de estas elecciones?

¿El olvido de que toda persona, por humilde que sea, tiene un umbral mínimo de dignidad que debe ser respetado?

¿La desmesura de su lucha ciega y absurda contra el virus en pandemia?

¿Los fantasmas de los casi 1600 muertos que en silencio se fueron?

¿La autocomplacencia al negarse a brindar al menos UNA entrevista abierta a un medio que no esté bronceado al calor de sus ideas?

¿Tan difícil es responder inquietudes de la gente?

¿Tan fácil es caer en la engañosa comodidad de creer que, si de algo “no se habla, no existe”? (donde está la pobreza, donde la inseguridad, donde Guadalupe, donde la educación…)

¿Faltó hablar?

¿Falto escuchar?

¿Cómo se puede equivocar así la gente?

¿Dónde guardamos ahora el puntanómetro de la discriminación solapada?

¿Qué ve Alberto Rodríguez Saá en el dato concluyente de que, por primera vez desde la llegada de la democracia, un oficialismo pierda la elección a gobernador?

¿Y qué ve de un resultado que además hace más de 100 años no se repetía?

¿Está es la “leyenda” que imaginaba para sí en la historia de sus desvelos?

¿Todavía le importa lo que viene?

¿Qué ve?

¿Entiende que todavía puede escribir alguna página digna con una transición ordenada del gobierno?

¿Está?

¿Se mira Alberto Rodríguez Saá en el espejo del resultado de estas elecciones?

¿Lo que ve no le gusta y por eso calla?

¿O como Narciso sólo quiere preservar el reflejo de su engaño?

 

***

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