8 de diciembre de 2023

Un cambio cultural

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La imagen que ilustra este artículo y que parodia los memes que se viralizaron esta semana, utiliza los nombres del gobernante que llega y el del que se va, no en el sentido de celebrar la derrota política de uno o festejar el triunfo del otro, sino como símbolo de dos etapas de San Luis: la que comienza y la que terminó.

Es que los resultados electorales del 2023 pidieron ventilar, al fin, el edificio del poder institucional provincial.

Como una casa en la que se abren las ventanas después de muchos años cerradas.

Entrará una bocanada de aire fresco, que ayudará a entender lo viciado que se respiraba allí adentro.

Es que de tanto estar a veces cuesta darse cuenta que ya era irrespirable.

Era la hora de ventilar. Llegó la hora de ventilar.

De aceptar que lo viejo murió y que nace algo nuevo, algo a lo que hay que darle forma.

¿Qué murió? Una forma de ejercer el poder y de entender las relaciones en la sociedad.

¿Qué nació? La oportunidad de concretar un cambio cultural.

La dolorosa transformación de la Universidad de La Punta, cuyas políticas primigenias fueron muy innovadoras, hasta convertirla en este desarmadero político de los últimos días parece sintetizar la decadencia y decrepitud del gobierno que se va.

También sirve como metáfora de un tiempo que, mientras más rápido se deje atrás, mejor será para todos.

Este proceso de descomposición final tiene una particularidad: se sirve mayoritariamente de menores de 40 años que se prestan a hacer un papel patético.

No hay mayor demostración de la intemperie en la que los deja su jefe político cuando los expone al repudio social, al punto que ya ni los protegen de los descalificantes e insultantes mensajes que reciben en las redes sociales de su diario familiar.

Hay una cosa algo sádica aquí, sino, cuesta entender. Sádico es cuando alguien disfruta de la humillación y el dolor de otra persona.

No hay manera de entender sino esta escena de la que somos testigos.

Saadismo puro piden escribir las letras de este teclado.

Con qué necesidad su jefe político les ordena esta inmolación pública, si ya los vio incapaces de construir poder y ganar una elección estando en el poder mismo.

En todo caso, con su obstinación, lo que hará es darle otro mazazo a las ruinas políticas de un partido Justicialista que debe aprovechar esta derrota para empezar de cero.

Y si hacía falta otro golpe habrá que agradecérselo a la presidenta del partido, María Angélica Torrontegui que esta semana logró ser nombrada en otro cargo en el Senado provincial luego de perder la elección.

Sorda al mensaje de las urnas irritó a numerosos dirigentes de su propio espacio que creyeron ser parte de un proyecto colectivo, o que por motivos “teológicos” sólo le permiten este tipo de excesos al jefe político.

Que el cambio cultural también alcance al partido que supo gobernar cuarenta años la provincia de San Luis. También allí es hora de un cambio, y de una reconstrucción total. Que así sea.

Claro que un cambio cultural significa mucho más que un cambio de nombres en la conducción de ambos espacios, el Estado y el Partido Justicialista.

¿Entonces está bien reducir la descripción de ese cambio tan ambicioso a estos espacios? No, pero resulta tentador hacerlo porque -en particular en estos últimos ochos años- el Estado y el partido Justicialista de San Luis, con su manejo soviet, modelaron buena parte de la manera de relacionarse que tiene hoy la sociedad de San Luis.

Sólo así puede entenderse ya no los abusos de los medios oficiales al servicio de un gobernante, sino hasta el temor de funcionarios de primera, segunda, tercera y cuarta línea, que evitaron fotos sociales con amigos de toda la vida por temor a perder el trabajo. Vaya si no era irrespirable.

Tendrá el nuevo gobernador, Claudio Poggi la oportunidad de colaborar para que entre aire fresco, para que la casa se ventile.

El cambio cultural es posible.

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