Los mapas.
Apenas unos años después de finalizada la guerra de la Triple Alianza, el coronel Francisco Wisner de Morgenstern – tomado prisionero en 1.868 en la batalla de Lomas Valentinas por los brasileños y liberado a causa de su origen extranjero- es designado en el cargo de Director de la Oficina de Inmigración de Paraguay. Sus amplias aptitudes, entre las que destacan, además de coronel, la de cartógrafo, historiador, arquitecto e ingeniero militar, -y algunos sospechan también pederasta-, le valieron la confianza de las juntas y presidentes que suceden a Solano López. Las cicatrices de las batallas, una esposa paraguaya de apellido Lugo y un hijo, lo han atado de por vida a una tierra que está diezmada. Paraguay ha sufrido una cruenta derrota. De sus habitantes, que se contabilizaban en un millón trescientos mil al inicio de la guerra, únicamente trescientos mil logran sobrevivir. De ese número sólo el 30% censan hombres. Pero el desenlace, además de devastador en el número de muertes y desequilibrio social, es conflictivo en el escenario regional. El Gran Chaco, conformado por Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay, continúa en permanente cambio lo que hace perentorio definir las nuevas fronteras. A esa tarea se encomienda febrilmente Morgensten. Durante más de un año atraviesa planicies pastosas, bosques espesos, humedales, esteros y la Cordillera del Ybytyruzú. Vuelve a contemplar que ese país dividido por el río que lo bautiza son dos tierras distintas. Húmedo al oriente y árido e indigenista al este. El resultado de la exploración le valen tanta admiración como la precisión y el detalle de sus dibujos. Los mapas se publican en Viena en 1.873 con el propósito de cautivar la atención de extranjeros dispuestos a repoblar el Paraguay. Una de esas impresiones llega a manos de Bernhard Förster, un apasionado profesor de secundaria alemán.

El filósofo.
Nietszche despreciaba a Bernhard Förster, su cuñado. De hecho, cuando contrajo nupcias con su hermana Elisabeth, en 1885, declinó la invitación a la ceremonia. Lo separaba una profunda aversión al nacionalismo alemán y al antisemitismo del que Förster contrariamente se jactaba. Él, que era un espíritu libre, un apátrida, no toleraba ver a su hermana unida a un hombre que era cofundador de La Liga Popular Alemana y había firmado en 1.880 la “Petición Antisemita”, que llamaba a los judíos “parásitos del organismo alemán”. Una radicalización que le había válido perder su cargo en el Liceo. A Nietzsche la situación lo desasosegaba. A finales de 1885 le escribe a su madre: “Pero el asunto es peligroso, tenemos que tener cuidado; a mi parecer es imposible tratar con un agitador de esta índole”. La utopía de una raza aria pura había tomado fuerza en los escritos de varios pensadores de la época, entre ellos Richard Wagner, con quien Nietzsche había sostenido una amistad hasta la publicación por parte del compositor de “El judaísmo en la música”. Wagner, quien acusaba a los judíos de haber debilitado la música alemana, como a todas las otras áreas de la sociedad, alentaba a combatirlos abiertamente o fundar una nueva Alemania. La decisión dependía de un valiente. Los mapas de Morgenstern y la Atlántida rabiosa de Wagner sellaron el destino de Förster y su esposa. Entre 1881 y 1883 su cuñado había deambulado por el Paraguay recorriendo tierras estimulado por las licencias a extranjeros que ofrecía el país, por lo que no sorprendió a Nietzsche cuando al año siguiente el matrimonio junto a catorce familias zarpó con destino a erigir el paraíso soñado. Los pioneros arribaron a Paraguay en 1.886. Al año siguiente, a doscientos ochenta kilómetros al norte de Asunción, en una tierra virgen y hostil, Elisabeth era recibida a escopetazos, flores, pan y sal. Era el 23 de agosto de 1.887, a orillas del río Aguaraymi, nacía “Nueva Germania”.

El hotel.
Elisabeth siente hacer realidad el proyecto. Entusiasmada instala su piano, planta limoneros y palmeras e intenta convencer a su hermano de instalarse en la colonia. La profusa correspondencia entre ellos refleja que la distancia de principios con su cuñado no se reduce en la ausencia. En una carta fechada el 5 de junio de 1.887 Nietzsche escribe: “Dado que la empresa de Ustedes es una empresa antisemita –y ello me ha sido demostrado ad oculos- mi corazón no le tiene confianza. Ni siquiera tiene mi visto bueno, ni la acompañan mis mejores deseos. Si la obra de Dr. Förster resulta, me alegraré por ti y trataré de pensar lo menos posible en que eso significa el triunfo de un movimiento que menosprecio, pero si él no lo logra, entonces me alegraré de la derrota de un movimiento antisemita y tanto más lamentaré por ti que te hayas unido a semejante asunto por obligación y amor”. Las cartas se suceden hasta que a comienzos de 1.889 recibe un mensaje de su madre en el cual le comunica que su hermano ha sufrido un colapso mental. Nietzsche que había llegado a Turín en busca de buen clima para su frágil salud y sus migrañas constantes, una mañana al salir de la pensión presencia como un cochero maltrata un viejo caballo exhausto que ya no puede moverse. Se conmociona. El cuadro que relata el conserje de la pensión es el del filósofo abrazado al cuello del animal mientras llora y maldice perdido. Su amado “Fritz” atendido en un manicomio por médicos que no entienden que su enfermedad es producto del abuso de somníferos de hidrato de Cloral y no sífilis como diagnostican la angustia a la distancia. Además, se suman los reclamos en Nueva Germania. El presidente Bernardino Caballero había negociado con Förster que, si lograba atraer ciento cuarenta familias extranjeras, el gobierno de Paraguay cedería las vastas tierras del emplazamiento: doce leguas cuadradas. Confiado en su empresa, Förster estimuló por un precio mínimo la venta de parcelas a las familias que lo acompañaron y a quienes pretendieran arribar en el futuro. Las exigencias del matrimonio para quienes desearan sumarse eran propias de un imperio en potencia: “Refundar Alemania lejos de la contaminación judía, para la purificación y renacer de la raza aria, para la preservación de su cultura antisemita y para promover una alimentación basada en vegetales”. Pero al año y medio de la fundación el paraíso cruje. Las promesas de Förster a los colonos se llenan de excusas. El calor agobiante, la malaria, los insectos, el dinero mal administrado de las escasas cosechas que comercializa en exclusiva el matrimonio y la falta de documentos sobre la tierra pagada lo acorralan. Viaja a Asunción a solicitar una ayuda que no encuentra. Abatido después de las reuniones elige San Bernardino para descansar unos días y se hospeda en el edificio que lo alojó a su llegada. A cincuenta kilómetros de Asunción, edificado junto al lago Ypacaraí, el nuevo Hotel del Lago con su estilo barroco es el escenario perfecto para un ajuste de cuentas con su conciencia. Los colonos se han dejado seducir por las bellezas guaraníes que abundan, la dieta se ha diversificado a todo lo que pueda ser consumido y su apellido recorre Alemania (por el reclamo de los pioneros) asociado al de un vil estafador. Mezcla estricnina y morfina y el 3 de junio de 1.889 se suicida. Nunca se enterará de que el sueño protonazi alemán recién comienza y que años más tarde Hitler encomendará el envío de una lápida de granito y setenta kilos de tierra para volcar sobre su tumba en homenaje a un visionario.

El archivo.
“Debo pensar solamente en cómo salvar la obra y pagar las deudas”, escribe Elisabeth a su madre. Justifica a su esposo, -“la indignación y la preocupación acabaron con su vida, sus nervios se encontraban muy afectados por las permanentes preocupaciones”-, y se pone al frente de Nueva Germania. Su carácter enérgico le valen respeto y en un año resuelve lo que no pudo Förster. En Asunción negocia, consigue certificados y a finales de 1.890 viaja a Alemania. Traslada a Nietzsche junto a su madre en Weimar, pelea por su paraíso en el nuevo mundo y consigue dinero para la edificación de una capilla. Escribe un libro titulado “La enfermedad de Friedrich Nietzsche”, donde deja en claro su posición con respecto a la progresión de la enfermedad de su hermano con el objeto de limpiar su nombre. Siente profundamente que Nueva Germania continúa siendo su hogar y regresa, aunque el clima de recibimiento en la colonia ya no es el mismo. Sus habitantes tienen opiniones divididas acerca de su figura. Vende “Försterhof”, su amada casa, (en la que colgaba un letrero que decía “Sobre todos los obstáculos, mantén tu posición”) y antes de abandonar el Paraguay anuncia la que será su última tarea: “Otra gran causa ocupará desde ahora en adelante todo mi tiempo y todas mis fuerzas: el cuidado de mi único y amado hermano, el filósofo Nietzsche, el cuidado de su obra y la descripción de su vida y de sus pensamientos – por ello me veo obligada a despedirme de los asuntos de la colonia”. En 1.893 regresa definitivamente a Alemania. Su notable cualidad para la escritura la motivan a defender la imagen de su hermano públicamente y comienza una campaña de promoción de su figura y pensamiento. En su casa establece el Archivo Nietzsche. Se enorgullece de su rol de protectora, “este cuidado es para mí la mejor obligación, la única felicidad de mi soledad”. Organiza tertulias donde selectos visitantes pueden pasear unos minutos por el comedor donde su hermano adormece en un sillón con la mirada absorta y eventualmente balbucea frases sin sentido hasta que en 1900 muere. Dedica todo su talento a una compilación caprichosa de textos inéditos y a una tergiversación de los escritos que resulta en la publicación del libro “La Voluntad de Poder”. Escribe tres volúmenes sobre la vida de su hermano en donde también cultiva una imagen apócrifa del filósofo: religioso, antisemita y patriota. Se afilia al nazismo en 1.930 y cuando Hitler llega al poder tres años después, con la filosofía de su hermano utilizada como herramienta de convalidación académica del movimiento, ella recibe un fuerte apoyo económico y reconocimiento público.

El presente.
Therese Elisabeth Alexandra Fórster-Nietzsche nunca perdió relación con Nueva Germania. En 1.901 festejó el redescubrimiento de la germinación artificial de la yerba mate. Cuando los jesuitas fueron expulsados en 1.767 se llevaron con ellos el secreto del cultivo en almácigos y sólo era posible la cosecha silvestre. Unos de los colonos, Federico Newmann, al observar que donde los pájaros se posaban y hacían sus necesidades crecía la yerba en mayor volumen prueba hacer germinar con éxito las semillas húmedas con ácido y carbón. La primera línea de yerba comercializada lleva su nombre y foto: “Yerba Maté Elisabeth Nietzsche”. A partir de ese momento la colonia vivirá una explosión de crecimiento hasta la década del veinte cuando el secreto de la producción industrial se multiplique a toda la región. Fallece en 1.935 orgullosa de su trabajo como albacea, y feliz porque la obra de Förster es reconocida temporalmente en Alemania y Paraguay donde el régimen nazi también ha penetrado. Hitler y su comitiva participan del funeral y le rinden honores. Hoy, a poco más de cien años, poco y nada queda de lo que imaginó. Del plagio y manipulación de los escritos e ideas de su hermano, los italianos Giorgio Colli y Mazzino Montinari, se encargaron de una revisión exhaustiva a partir de los manuscritos originales del filósofo poniendo orden en una nueva edición de sus obras completas. Nueva Germania lejos quedó de aquel imperio soñado al otro lado del mar. En la actualidad cuenta con alrededor de siete mil habitantes y sus pobladores que comparten por igual la cerveza y el tereré hablan tres idiomas en simultáneo: español, alemán y guaraní. Su figura y la de su marido todavía generan divisiones. El pasado 23 de agosto de 2.024, en otro aniversario de Nueva Germania, la intendenta decidió instalar, (entre una intensa resistencia y fuertes polémicas), una estatua del matrimonio en el ingreso a la localidad en reconocimiento a sus fundadores.
Nietzsche nunca defendió a los judíos porque no creía en Cristo y mucho menos pensaba que de ello pudiera desprenderse el concepto de “pueblo elegido”, pero tampoco simpatizaba con aquellos que en contrapartida se arrogaban el mismo derecho o destino. Su hermana formó parte siempre del segundo grupo. De su vieja casa en Nueva Germania no queda nada.

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