La semana en que Alberto y Adolfo se volvieron a hablar

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Catorce meses después de la batalla electoral de junio 2019, los hermanos Rodríguez Saá se volvieron a hablar.
Los hombres que pensaron y construyeron buena parte de lo que material y simbólicamente hay en San Luis -para bien y para mal-, volvieron a dirigirse la palabra de una manera muy curiosa, no ya personalmente cara a cara como tantas veces debe haber sucedido y uno los imagina en el pasado, sino a través de pantallas.
Pero como de lecturas políticas se trata esto, allá vamos.


Alberto.
Primer dato curioso en relación a los que sabemos de él y a lo que dijo.
Pese a ser un apasionado por las vanguardias, por la disrupción que impone la tecnología, Alberto eligió para hablarle a su hermano, la tercera pantalla, la de menor voltaje, la que día a día pierde minutos de encendido contra la de los teléfonos y la de la computadora en cualquier hogar. Eligió la pantalla de la televisión del canal provincial. Paradójico.

Adolfo.
Primer dato curioso en relación a los que sabemos de él y a lo que dijo.
Pese a ser un dirigente que siempre tuvo la virtud de la palabra, quien como nadie ha sabido transmitir cualquier emoción de la que hablemos, por ejemplo insuflar entusiasmo en sus discursos, en cualquier circunstancia y en cualquier escenario, sorprendió leyendo sus palabras pese al contenido emocional que había en ellas. Paradójico.

Qué dijo Alberto de Adolfo.
“Adolfo ha sido cinco veces gobernador de San Luis y ha sido el mejor gobernador del siglo XX. Epa!. Del siglo XX, del XXI me deja a mí… Un personaje para la provincia, extraordinario. Ha sido presidente de la Nación, Senador nacional, etc. Tiene un ADN en donde la política figura en todos… no descarto que (eso) pueda pasar (ayudar en la gestión provincial), pero él es un personaje muy del mundo de la política, entonces sabe lo que hace, sabe porqué lo hace. El sabrá, casi que la pregunta hay que hacérsela a él. Yo sé que él es un animal político, en el sentido filosófico de la palabra”.

Qué dijo Adolfo de Alberto.
“Alberto… Nuestro distanciamiento para que no queden dudas tiene que ver con nuestras grandes diferencias políticas, y de lealtad, que nada tiene que ver con lo que vos estás haciendo. Yo soñé y sueño, construí y construyo con mucho esfuerzo un San Luis próspero, donde las fábricas se instalaban, se creaba empleo, donde construíamos autopistas y caminos y donde pudimos pensar en el siglo XX la Autopista de la Información y la construimos y la llevamos adelante, donde cada familia logró tener su vivienda propia y digna. Soy un constructor de sueños, no un destructor, siempre me preocupé y me ocupé en el trabajo y en el progreso. Hoy con estas diferencias y falta de respeto, lejos estamos de un diálogo. Invito a todos y a todas, mujeres y hombres de San Luis y jóvenes a que construyamos de nuevo el San Luis de los sueños, del trabajo y del progreso a través de nuestro espacio político “Todos Unidos”.

Algunas líneas argumentales que quedan abiertas.
El desafío político que desvela a Alberto, el de la transferencia o recambio generacional en el poder después de 40 años, el de pasar a la historia como el hombre que cerró exitosamente el ciclo político más exitoso en Argentina desde el retorno de la democracia, requiere de una amplitud enorme, de cuanto voto sea posible captar; o bien, de una diversidad opositora que licúe cualquier intento por arrebatarle el mando. O/y, las dos variables juntas, mejor.
Algunos dirigentes creen que no bastará con lo que hay hoy en el oficialismo.
Las cuentas electorales del 2019 para oficialismo cerraron con el rechazo del 58 por ciento de los puntanos. El viejo diario del lunes tiene dos lecturas aún abiertas en los cafés políticos: 1. El triunfo de Alberto con el 42 por ciento fue posible sólo gracias a la alternativa opositora; 2. Ese traspaso de votos opositor tampoco es tan lineal, con lo cual lo mismo hubiese cosechado la victoria.
Y ahí es donde cotiza el porcentual de votos que retenga Adolfo en los próximos desafíos electorales. Esos puntos pueden ser clave para otorgar un triunfo o para negarlo. También es verdad que si fueron 22 los puntos de su cosecha como candidato a gobernador, naturalmente serían menos para un hombre de su espacio en una candidatura menor en 2021 con el consiguiente deterioro por el paso del tiempo y las expectativas. Nadie de su espacio podría llegar a emular siquiera su peor performance. Ese resultado en 2021 podría ser decisivo de cara a la construcción de 2023.
Ese es –visto desde Terrazas- el argumento que alimenta la necesidad de un Adolfismo fuerte, tanto si acompañara al espacio oficialista, como si eligiera profundizar el camino de la tercera vía con el consiguiente “daño colateral” que eso conlleva, el debilitamiento del caudal de votos opositor necesario para ganar. No parece haber lugar para las terceras vías en la política argentina.
Es verdad que las palabras de Adolfo tienen como objetivo mostrar diferencias con su hermano, que indudablemente existen. De hecho contrasta los resultados de sus gestiones de gobierno, y hasta habla de deslealtades, pero queda la sensación de que su condición de “animal político” –como lo definió su hermano- le impide romper todos los puentes. Suena como el hermano siempre dispuesto a perdonar esa deslealtad que acusa dolorosamente.

Adolfo termina convocando a la construcción de nuevos frentes desde un lugar difícil. Vengan todos a “Todos Unidos” queda como una mera expresión de buena voluntad. A veces todos, es nadie. A esa convocatoria a un gran frente opositor le urge tener nombres y apellidos concretos si es que realmente tienen ambición y quiere consolidarse como alternativa de poder.


Mientras, otro actor baila al ritmo parsimonioso de esa cuenta regresiva. Se llama Claudio Poggi.
Mira de reojo hasta donde llega la artillería y los artificios entre Adolfo y Alberto. Como intentando convencerse de si esa pelea es definitiva.

Cómo dialogar con alguien que podría volver a trabajar junto a su hermano, se pregunta. Al fin de cuentas, sabe que esto es política y las muestras sobran: basta con revisar el pasado y el presente de Alberto Fernández y Cristina Kirchner para comprender que todo es posible.
Por eso su apuesta es la desvalorización de “Todos Unidos” a la luz de una carrera cuyo final -para la tropa de Adolfo- se ve lejano en el tiempo.
El blanco de sus apariciones públicas son ambos Rodríguez Saá. Concibe el triunfo total, sobre ambos, juntos. Aunque no le desagrada la apuesta de un Adolfo prescindente. Forzar un mano a mano, para ganar y encarnar la verdadera transferencia generacional de poder sin que Alberto logre saltear su generación, la de los tipos de 50.
Por ahora se mueve sin pausa, genera pequeños y más grandes escenarios de disputa, -desde reuniones con dos o tres militantes en el interior provincial hasta la nacionalización del juicio Spinuzza/Masci- y sus mensajes, más allá de algunas sobreactuaciones en las redes, son directos, apuntan contra los dos, como si nunca hubiese terminado de creer en la pelea de los hombres que iniciaron este ciclo político, y que esta semana se volvieron a hablar.