Dos hipótesis nos pueden ayudar a comprender qué hay detrás del orgiástico despilfarro de dinero que hizo el Gobierno provincial el fin de semana pasado en La Pedrera.
O bien se trata del repetido intento de Alberto Rodríguez Saá por dotar a su gobierno de una épica que nunca tuvo. O bien, responde a un plan sistemático pensado para vaciar las arcas provinciales de cara a una, cada vez más temida, derrota electoral y cambio de gobierno de signo contrario al suyo.
Es cierto que pueden ser las dos, incluso colarse la idea de que también se trate de una puesta en escena capitalizable para mejorar las chances de sus candidatos en un departamento como Pedernera, y particularmente en una ciudad como Villa Mercedes, en donde el oficialismo perdió las últimas dos elecciones por 20 y por 12 puntos, y en donde las derrotan se amontonan al por mayor desde 2017.
Los datos que sustentan la primera hipótesis son reconocidos en la riña permanente del gobernador con la realidad por ver qué lugar le deparará la historia. Presente versus futuro.
Como si le interesa más la imagen que se proyecta hacia fuera de San Luis que por la realidad cotidiana de los puntanos. La palabra como constructora de una irrealidad. Paréntesis: tal vez en ese sentido se entendía la postulación de la cancha La Pedrera como una de las sedes del Mundial Sub 20, que la FIFA desestimó.
Rodríguez Saá dice que quiere ser recordado como el gobernador de los pobres y la realidad se empecina, paradojalmente, en multiplicar los pobres.
Dice que Villa Mercedes se parece cada vez más a París, Madrid, o el Central Park -sus lugares predilectos para pasear- mientras los vecinos repiten temores, mucho más cercanos y domésticos como si fueran vecinos de Rosario.
Anuncia vuelos internacionales en un contexto en el que la mayoría de los puntanos les cuenta los alambres a las ruedas de su auto. “Viajemos a Chile en avión a traer ruedas para el auto” fue la frase que circuló como un meme simultáneo a ese anuncio.
Todo se anuncia grande, todo majestuoso, y si la historia se repite dos veces -como farsa y tragedia-, esta es la versión en clave de farsa de esa suerte de búsqueda de una “dimensión wagneriana” que el arquitecto Albert Speer supo imprimirle con sus puestas escenográficas al desquiciado régimen alemán de los años 40.
El Teatro Club Social San Luis, el Autódromo de Potrero de los Funes -incluyó los nunca concretados Hospital para Quemados, luego Hospital para intervenciones del colectivo LGBTI+ y luego hospital comunitario (en ese lugar finalmente hubo en el verano una calesita)-, los estudios del set de Cine, el Estadio Juan Gilberto Funes de La Punta -no lo quieren ni el Juve ni el Verde para hacer de locales-, un tercer autódromo en La Pedrera -curiosamente bautizado con el nombre de un piloto puntano, no villamercedino- y el propio Estadio La Pedrera, en el mejor de los casos nunca dotado de la infraestructura integral necesaria.
La arquitectura del relato.
Entremos ahora a desmenuzar la segunda hipótesis, la del plan sistemático pensado para vaciar las arcas provinciales por si se pierden las elecciones. Tierra arrasada.
Un plan de obras públicas que sería irrealizable en términos de tiempo y volumen de aquí al 10 de diciembre, sino imposible de cumplir en términos de su financiación. Son las nunca enumeradas 260 obras. En las últimas horas Rodríguez Saá anunció algunas más que exceden su mandato: un dique en Quines, un acueducto del Este, la autopista San Luis – La Rioja, la ruta 8 hasta el límite de San Juan…
¿Cuántas cláusulas de reajuste presupuestario sería necesario ejecutar con un dólar que subió casi 160 pesos en cuatro meses: pasó de 343 pesos el 1° de enero a casi 500 pesos este 25 de abril?.
¿Quién podría asegurar a cuánto cotizará el dólar en un año?.
¿Con qué valores se puede calcular una obra que se comienza antes del 10 de diciembre y que terminaría en un año de realización?.
¿Qué empresario y en qué condiciones está dispuesto a tomar una obra de estas características?.
¿No es cuanto menos irresponsable comprometer el presupuesto del próximo gobierno?.
¿Qué tan condicionada quedará la próxima gestión?
Son preguntas que orientan a una única respuesta, en el sentido de la hipótesis inicial. Tierra arrasada.
Mientras, los escritorios de Terrazas abren la boca.
Susurran, porque el despilfarro de fondos pica en las manos por las que pasan esos expedientes. Le da cosita hasta algunos empleados con responsabilidades.
Denuncian por lo bajo, porque nadie quiere quedar salpicado por expedientes que se mueven a la velocidad de la luz.
Esas versiones dan cuenta de un entramado alrededor de la Secretaría de Comunicación que monopoliza prestaciones de servicios con contrataciones directas y a sola firma.
Para la llamada feria industrial en La Pedrera, el mayor volumen de expedientes circuló alrededor de esa oficina mientras en el ministerio de Industria “la vieron pasar”.
No habría escapado, ni va a escapar de esa oficina y de aquí a diciembre, ninguna contratación artística que haga el Gobierno. Ferias, peñas, shows, congresos… Esos espectáculos son un gran negocio para un puñado de personas claramente identificadas y que pueden llegar a tener que dar explicaciones cuando amanezca. Será como la resaca, impensada en medio del jolgorio actual.
Espectáculos y anticipos de obra pública son las dos grandes columnas del Excel gubernamental por las que sale a raudales el dinero de los puntanos.
Lo sintetizó muy bien Valeria Lange, que disputa la intendencia de Villa Mercedes, para reflejar las prioridades de unos y otros: “Con lo que se gasta en un fin de semana de fiestas podríamos hacer 400 viviendas en Villa Mercedes”.
Tiene razón. Cuatrocientas casas, miles de puestos de trabajo, reactivación del comercio, desarrollo, crecimiento, tranquilidad para miles de puntanos y nuevos hogares, todo quemado en cuatro días.