Cuando migrar es sobrevivir: la doble vulnerabilidad de las mujeres venezolanas

Por Claudia Vargas.

Es licenciada en Sociología por la Universidad Central de Venezuela (UCV) y magíster en Ciencia Política por la Universidad Simón Bolívar (USB), donde se desempeña como profesora e investigadora. Es especialista en migración y derechos humanos.

 

Las imágenes de miles de venezolanos cruzando a pie los puentes internacionales entre San Antonio del Táchira y Cúcuta, cargando bolsos, niños y lo poco que podían llevar, se volvieron, entre 2015 y 2016, el símbolo más visible de una crisis que llevaba años gestándose. Aquellas escenas de fronteras desbordadas, filas interminables y pasos improvisados por el río Táchira transformaron en rostro humano lo que hasta entonces era un dato económico o político: el éxodo venezolano. Lo que comenzó como una migración gradual se convirtió, en apenas unos meses, en un desplazamiento forzado bajo condiciones de extrema vulnerabilidad, uno de los más grandes y complejos de la historia reciente de América Latina.

Hoy, cerca de ocho millones de venezolanos y venezolanas viven fuera de su país. Esa cifra, equivalente a 23% de la población, ilustra la magnitud de una diáspora que, por su escala y velocidad, no tiene precedentes en la región. La mayoría de quienes partieron se encuentra en edad productiva y 85% de ellos reside en América Latina y el Caribe; 56,8% ha logrado regularizar su situación migratoria. Los principales destinos son Colombia, Perú, Brasil, Estados Unidos y Chile. Las razones que impulsaron la salida fueron variando con el tiempo, pero comparten un mismo trasfondo: la crisis económica, social y política que hizo imposible sostener una vida cotidiana digna dentro del país.

Entre esos ocho millones de venezolanos y venezolanas hay un dato que cambia el modo de mirar el éxodo: más de la mitad son mujeres. Pero no se trata solo de un número; la migración tiene rostro de mujer y con él se exacerban las desigualdades que la crisis ha profundizado. En la ruta migratoria, la falta de protección institucional y la irregularidad del estatus colocan a las mujeres en una situación de riesgo permanente. La violencia sexual, la explotación, la discriminación o la invisibilidad se entrelazan en un mismo hilo: una vulnerabilidad sistémica que atraviesa fronteras y acompaña cada etapa del viaje.

El costo del género: entre la crisis y la restricción migratoria

En pocos años, las carreteras del continente se llenaron de familias venezolanas caminando con mochilas al hombro. Entre 2016 y 2018, más de 2,7 millones de personas dejaron el país y aquella escena pronto se convirtió en una prueba de resistencia para toda la región. Los países de América Latina y el Caribe respondieron inicialmente de manera hospitalaria, pero esto fue cambiando a medida que el flujo se intensificaba. Lo que empezó como un gesto solidario terminó derivando en políticas de control crecientes: las fronteras se endurecieron y los trámites se multiplicaron.

Visas, permisos y requisitos imposibles de cumplir se convirtieron en la nueva norma para una población que huía sin tiempo ni recursos. Las políticas transitorias, diseñadas para atender la emergencia, fracasaron en garantizar la regularidad migratoria y la integración a largo plazo, lo que dejó a cientos de miles de personas atrapadas en un limbo jurídico que aún persiste.

Hoy, los principales países receptores aplican dos modelos de respuesta. El primero es el enfoque securitario, visible en la militarización de las fronteras y en el discurso que presenta la migración como una amenaza a la seguridad del Estado y sus ciudadanos. Ese lenguaje de sospecha, reproducido por actores oficiales y medios de comunicación, ha contribuido a criminalizar a los inmigrantes. El segundo modelo, el de la externalización y la restricción, traslada los procesos de protección fuera del territorio nacional y delega en otros Estados la contención de los flujos. En esta lógica se inscriben decisiones como la cancelación del Estatuto Temporal de Protección (TPS, por sus siglas en inglés) para la población venezolana en Estados Unidos o las restricciones de entrada por motivos de «seguridad nacional» que anunció Washington el 4 de junio de este año, en las que también se incluye a Venezuela.

Estas políticas no solo cerraron fronteras: cerraron caminos de vida. Al bloquear las vías legales, empujaron a miles de personas hacia rutas irregulares donde los riesgos se multiplican. Para las mujeres más de la mitad del éxodo, como ya se ha mencionado, este endurecimiento no es solo un obstáculo burocrático, sino una amenaza directa. Cada frontera sellada y cada permiso negado amplifican la exposición a la violencia, la explotación y el abuso, y refuerzan una desigualdad que se arrastra desde el origen y se profundiza en cada tramo del camino.

El resultado de estas políticas es una violación sistemática de derechos que empuja a miles de personas hacia la irregularidad. Al cerrarse las vías legales, no queda más opción que internarse por rutas clandestinas, donde los peligros se multiplican: la trata y el tráfico de personas, la negación del derecho a solicitar asilo o refugio, el limbo jurídico que impide acceder a servicios básicos y la discriminación cotidiana que acompaña la irregularidad. Lo que para los Estados se presenta como un mecanismo de control termina produciendo una red de exclusión y riesgo.

En ese entramado, las mujeres cargan con una vulnerabilidad mayor. No solo están inmersas en la misma espiral de desprotección que el resto de la población migrante: para ellas, todos esos riesgos se multiplican. Lo sabemos por las historias que circulan las mujeres violentadas al cruzar el Tapón del Darién, coberturas de medios de comunicación plagadas de prejuicios o redes sociales atravesadas por discursos xenófobos, pero pocas veces nos detenemos a pensar en la dimensión estructural de esa doble amenaza. ¿Qué hay detrás de ese riesgo permanente? ¿Qué mecanismos sociales, económicos y culturales sostienen esta desigualdad que persigue a las mujeres migrantes desde el origen hasta el destino?

El origen del éxodo, la crisis socioeconómica y la autonomía femenina

El viaje de una mujer migrante no empieza en la frontera, sino mucho antes, el día en que decide partir. Lo que desde fuera puede parecer una elección personal es, en realidad, un entramado de dilemas que condicionan cada paso: el destino posible, la fecha de salida, la existencia o no de documentos válidos, las redes de apoyo en el camino. Pero también pesan las preguntas íntimas, aquellas que la sociedad ha impuesto sobre sus hombros: ¿qué pasará con sus hijos?, ¿quién cuidará del hogar?, ¿cómo se juzgará su partida?

En el caso venezolano, este conflicto se amplifica en el marco de una cultura matricentrada en la que la mujer sigue siendo el eje de la crianza y la vida doméstica. Antes de cruzar una frontera, debe calcular el vacío que dejará en la familia, la culpa de ausentarse, la ruptura del rol que se espera de ella. Y mientras sopesa esas decisiones, las condiciones de vida se vuelven insostenibles: la falta de ingresos, el deterioro de los servicios, la incertidumbre política. Así, la migración no se elige: se impone como el último recurso para sobrevivir y sostener, desde la distancia, la vida de los suyos.

La principal razón que impulsa la salida sigue siendo la búsqueda de una vida digna frente a una emergencia social persistente. En Venezuela, la inflación, la informalidad laboral y los ingresos insuficientes definen el día a día. El promedio mensual de ingresos se ubica entre 115 y 228 dólares para los empleados formales, muy por debajo de los 503,73 dólares necesarios para adquirir la canasta básica familiar.

Esta precariedad golpea con más fuerza a las mujeres, que encabezan más de 50% de los hogares venezolanos. A pesar de ello, su tasa de ocupación apenas alcanza el 36,8%, y el desempleo abarca a 57% en los hogares más pobres. Los indicadores revelan una tendencia clara: muchas mujeres han abandonado la fuerza laboral para asumir tareas de cuidado, lo que erosiona su autonomía y las deja atrapadas en una red de dependencia económica y vulnerabilidad.

La crisis de los servicios básicos agrava aún más la situación: 69,2% de la población enfrenta problemas en el acceso al agua potable y 69,3% no ha tenido atención médica. Las consecuencias son inmediatas: enfermedades, malnutrición y un impacto directo sobre la niñez y las mujeres embarazadas, quienes, además de sostener el hogar, son las principales responsables de los cuidados.

A la precariedad material se suma un clima de creciente restricción de libertades, en cuyo marco las mujeres han sido tanto protagonistas como víctimas. En 2024, en 96% de las 5.226 manifestaciones registradas había mujeres, cuyas principales demandas son derechos civiles, políticos y sociales. Pero la respuesta del Estado fue la represión: la violación de la libertad personal aumentó un 1.347,8 %  respecto de 2023. A finales de octubre de 2025, el Foro Penal registraba 882 presos políticos, de los cuales 116 eran mujeres.

La combinación de emergencia social y represión política ha creado un clima de incertidumbre que empuja a miles de mujeres a migrar. La desigualdad, que ya pesa sobre ellas en su vida cotidiana, se convierte así en el punto de partida de su doble vulnerabilidad: la que las marca antes incluso de cruzar la frontera.

El desafío de la ruta: una espiral de vulnerabilidad

El viaje de una mujer migrante venezolana no comienza con el cruce de una frontera, sino con una espiral de vulnerabilidad que arrastra desde el origen y que se intensifica a lo largo del camino. En cada etapa, la falta de información, la precariedad institucional y la ausencia de protección amplifican los riesgos. Todo depende de las condiciones del trayecto: si es terrestre, aéreo o marítimo, si atraviesa trochas o pasos irregulares, si la mujer viaja sola o acompañada, si tiene documentos válidos o debe improvisar con lo que queda de una cédula vencida o un pasaporte que no siempre es reconocido en los países de destino, o que simplemente no tiene porque no lo puede pagar. Cada variable puede marcar la diferencia entre el resguardo y la indefensión.

Las mujeres que salen en situación de urgencia, como la mayoría de las venezolanas, lo hacen sin información suficiente. No conocen los requisitos migratorios, ignoran los mecanismos de protección y, con frecuencia, desconocen sus propios derechos. El estudio regional «Nuestro derecho a la seguridad» revela que más de 60% de las mujeres encuestadas en su mayoría, venezolanas no sabe cuáles son sus derechos, y que 55 % desconoce los servicios de asistencia disponibles. Esa desinformación las deja expuestas a abusos, extorsiones y violencias que rara vez se denuncian. La impunidad se alimenta, precisamente, de ese silencio forzado.

A ello se suma una profunda vulnerabilidad sanitaria. En las rutas migratorias, la insalubridad y la falta de privacidad no solo dificultan las necesidades básicas, sino que incluso comprometen directamente la salud sexual y reproductiva. El Mixed Migration Centre advertía en su informe de agosto de 2025 que la ausencia de condiciones adecuadas afecta desde lo más elemental como poder asearse o alimentarse hasta aspectos críticos como la menstruación, el embarazo o la lactancia. Aunque existen iniciativas humanitarias que intentan mitigar estas carencias, el propio informe concluye que la respuesta sigue siendo insuficiente frente a la magnitud del problema.

Violencia basada en género en el camino

Desde el inicio del éxodo masivo, las rutas migratorias se convirtieron en territorios de riesgo. Las rutas informales las llamadas trochas en la frontera colombo-venezolana, las embarcaciones precarias que cruzan el Caribe, o el desierto de Atacama, donde el calor y la deshidratación se cobran vidas, son escenarios donde la vulnerabilidad es constante. Los hombres suelen reportar robos o extorsiones, pero para las mujeres el peligro adopta una forma más brutal: la violencia sexual, en cualquiera de sus manifestaciones. Lo más alarmante es que los agresores no siempre son desconocidos, pueden ser otros migrantes, habitantes de comunidades locales o incluso miembros de grupos de seguridad y del crimen organizado que operan a lo largo de las rutas.

Desde 2022, la migración forzada a través del Tapón del Darién ha revelado la forma más extrema de esta violencia. En 2023, Médicos Sin Fronteras (MSF) reportó que cada tres horas una mujer era víctima de violación en ese trayecto. En 2024, la cifra se mantuvo: una de cada cinco mujeres dijo haber sufrido violencia sexual durante la ruta. Tras esos números hay historias como la de «María», una mujer venezolana que fue abusada por siete hombres y que presenció cómo otras menores eran violentadas ante sus ojos. Casos como el suyo muestran que el daño físico y psicológico de estas experiencias es devastador, especialmente entre mujeres y niñas.

Esa vulnerabilidad también es aprovechada por las redes criminales de trata de personas, la segunda economía ilícita más lucrativa del mundo. Los datos son contundentes: en América del Sur, las mujeres representan 45% de las víctimas de trata y las niñas, 17%. En Centroamérica, una de las rutas de mayor tránsito, la proporción de niñas asciende a 52%. Aunque medir la trazabilidad de estos crímenes es complicado, organizaciones como Mulier-Venezuela reportaron el rescate de 1.390 venezolanas de redes de trata a fines de 2022. Autoridades de países como Ecuador, Estados Unidos, México y España confirman que las mujeres venezolanas encabezan las cifras de víctimas rescatadas en el último año, sobre todo jóvenes de entre 20 y 27 años. Una investigación periodística publicada en abril de 2023 puso rostro a esas estadísticas con testimonios y grabaciones de sobrevivientes de explotación sexual, mostrando la brutalidad de un negocio que se nutre del engaño y la desesperación.

La violencia adopta también formas extremas, reflejadas en trabajos como el documental El portal (2024), centrado en los asesinatos de cinco mujeres tres de ellas venezolanas víctimas de una red de trata con fines de explotación sexual en México. La serie reconstruye cómo la búsqueda desesperada de oportunidades, a menudo impulsada por la necesidad o por ofertas laborales falsas, puede terminar en un ciclo de explotación y violencia que, en los casos más trágicos, culmina con la muerte.

La ausencia de gobernanza migratoria en los países de tránsito y destino agrava la situación. Sin políticas de protección ni capacitación con enfoque de género, los funcionarios migratorios y de seguridad no logran responder ante la magnitud de los abusos. La Relatoría Especial sobre los Derechos Humanos de los Migrantes advirtió hace pocos meses que en puntos críticos como el Tapón del Darién no existen unidades de atención a víctimas, lo que impide a las mujeres denunciar por miedo a ser deportadas o retenidas. En este contexto de emergencia humanitaria compleja (EHC), la falta de proyección y de protección estatal condena a las mujeres venezolanas y a todas las que migran en condiciones similares a convertirse en víctimas recurrentes de múltiples violencias, muchas de ellas impunes.

Y cuando el camino termina, los peligros no desaparecen. En los países de destino, la violencia muta: deja atrás las selvas y los pasos fronterizos, pero persiste bajo otras formas. Los informes coinciden en que las mujeres venezolanas enfrentan un patrón sistemático de discriminación y exclusión, que se manifiesta en los ámbitos cultural, legal, laboral y social, y configura un nuevo tipo de frontera: la del rechazo.

El estigma como arma

El primer gran obstáculo que enfrentan muchas mujeres venezolanas al llegar a su destino no es legal ni económico: es cultural. La imagen de la mujer venezolana, moldeada durante décadas por el éxito en los concursos de belleza y difundida por los medios, se exportó al resto de la región con una carga de estereotipos que hoy funciona como una trampa.

En los países de acogida, una de las formas más persistentes de violencia es la de las narrativas hipersexualizadas. Bajo esa mirada, el cuerpo femenino se convierte en medida y destino, y todo lo demás la formación, el trabajo, la voz se vuelve invisible. El valor de la mujer se reduce a su apariencia física, y desde el prejuicio se le niega cualquier posibilidad de integración o aporte a la comunidad. En Venezuela, esta representación tiene raíces profundas: los estudios de Luisa Elena Kislinger y Rosa y Zoila Amaya muestran cómo la cultura nacional ha encuadrado históricamente a las mujeres en estereotipos de apariencia física extrema, sensualidad o roles domésticos, incluso contraponiendo la figura de la «buena» a la de la «mala madre» o la «prostituta».

El estigma se vuelve entonces una forma de violencia simbólica y cotidiana. En redes sociales, en los barrios o en los lugares de trabajo, la mujer venezolana es asociada de manera directa con el trabajo sexual, y sobre ella se descargan insultos que combinan misoginia y xenofobia: «veneca»«prostituta»«quita maridos». Estas palabras, que circulan sin pudor, son el arma más visible de una discriminación que atraviesa fronteras y clases sociales. En países como Colombia y Perú, que concentran la mayor cantidad de migrantes venezolanas más de 50% del total, esas expresiones se han vuelto parte del paisaje cotidiano. Los periódicos y la música también las reproducen. El diario español El Mundo tituló un artículo «La invasión de las venecas», mientras que en Perú se volvió popular una canción titulada «Las venecas», que reproduce estos estereotipos. En el barrio Kennedy de Bogotá llegaron incluso a aparecer carteles en la vía pública con la consigna: «¡Despierta! Estas venecas nos están matando. No des limosnas, comida ni ropa. No [les] arriendes ni [les] des trabajo. No seas cómplice de sus crímenes».

Estas etiquetas dejan una marca profunda en las mujeres migrantes. La humillación se convierte en desconfianza; la desconfianza, en aislamiento. Así, el estigma no solo hiere: rompe los lazos posibles, impide la integración comunitaria y condena a muchas a vivir en los márgenes de las sociedades que las reciben.

La precariedad laboral y la barrera de la irregularidad

La búsqueda de oportunidades choca de frente con la precariedad y la exclusión del mercado formal, lo que limita la autonomía y el proyecto de vida de las mujeres migrantes. La primera barrera es la falta de documentación: pasaportes, visas, permisos que abran las puertas al empleo y a la estabilidad. Obtener un pasaporte en Venezuela no está al alcance de la mayoría. Su costo, que oscila entre 200 y 350 dólares, supera con creces el ingreso mensual promedio muy por debajo de esa cifra, y aun menor en el caso de las mujeres. Esa sola dificultad empuja a miles hacia la irregularidad y el uso de vías informales, lo que reduce sus posibilidades desde el inicio del viaje.

A escala regional, el panorama es desigual. 60% de las mujeres en edad productiva que declaran responsabilidades en el hogar (cuidado de personas/niñez) no trabaja, a pesar de contar con mejor nivel educativo y de calificación. En su lugar, la mayoría se dedica al trabajo de cuidados, una carga invisible que sostiene hogares pero las margina del desarrollo económico. Entre las mujeres migrantes, esta dinámica se agrava: 40% está sobrecalificada para los empleos que desempeña y 74% se concentra en sectores vinculados al cuidado.

El informe «Nuestro derecho a la seguridad» refuerza ese diagnóstico. De las mujeres encuestadas 62% venezolanas, 47% estaban empleadas, pero 92% trabajaba en el sector informal. Las cargas familiares y las limitaciones de horario las mantienen atrapadas en empleos precarios, con bajos salarios y alto riesgo de explotación laboral.

A los desafíos migratorios se suma la doble carga del cuidado. Muchas crían solas a sus hijos e hijas, sin redes de apoyo y con enormes dificultades para incorporarlos al sistema educativo por falta de documentos o estatus regular. En países como Colombia, la imposibilidad de convalidar títulos o regularizar la residencia las mantiene en un círculo de empleos temporales, sin seguridad social ni derechos laborales. La necesidad de sobrevivir las ata a los trabajos más desprotegidos, y esa rutina de subsistencia agudiza aún más su exclusión personal, económica y social.

Rechazo a la maternidad migrante, dificultades de acceso al sistema de salud

La discriminación contra las mujeres migrantes embarazadas se sostiene en una narrativa que las presenta como oportunistas, como si buscaran obtener un beneficio legal o social a través del nacimiento de sus hijos en el extranjero. En países como Colombia, que es el país que alberga la mayor población venezolana, de la cual 51,8% son mujeres, y donde la nacionalidad no se adquiere automáticamente por nacimiento, esa percepción se refuerza con un discurso que las muestra como una carga para el Estado receptor.

Uno de los ejemplos más notorios de esta estigmatización fue la columna de opinión publicada en 2018 por la periodista Claudia Palacios, titulada «Paren de parir». En ese texto, Palacios no solo cuestionaba que las mujeres venezolanas acudieran a hospitales colombianos, sino que las calificaba de «reproductoras irresponsables». Sostenía que debían «dejar de tener hijos», justificando su argumento en la supuesta incapacidad del Estado colombiano para asumir los costos de sus embarazos.

Este tipo de narrativa periodística alimenta la estigmatización de la maternidad migrante y refuerza la idea de que la población venezolana es una carga para los Estados de acogida. Al hacerlo, legitima la exclusión y erosiona el derecho fundamental a la salud, lo que perpetúa una forma de violencia institucional que recae directamente sobre las madres migrantes.

La irregularidad migratoria convierte el acceso a la salud sexual y reproductiva (SSR) en un riesgo sistémico. Aleja a las mujeres de los controles y seguimientos esenciales, y transforma lo que debería ser un espacio de protección en una posible fuente de violencia institucional. La serie Valientes del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) lo muestra con precisión: en el video «La espera», el miedo de las mujeres a ser excluidas del sistema o reportadas por su condición migratoria vuelve el derecho a la salud reproductiva un privilegio condicionado, un derecho que se ejerce con temor.

En algunos casos, ese temor se paga con la vida. El caso de Diana Alemán, una mujer venezolana que murió en un hospital de Lima, es el ejemplo más trágico. Intentó huir tras ser amenazada con una denuncia por presentar un aborto incompleto y cayó desde una altura mortal. Su muerte evidenció que la atención médica, en lugar de amparar, puede convertirse en castigo: una mezcla de violencia obstétrica y criminalización del estatus migratorio.

Así, la falta de acceso legal a la salud no solo afecta la salud sexual y reproductiva: pone en riesgo la vida misma. En el tránsito o en el destino, ser mujer y ser migrante irregular significa vivir bajo una doble condena, e incluso la búsqueda de atención médica puede acabar en una nueva forma de violencia.

El flujo inverso y nuevas rutas de riesgo: el Darién de ida y vuelta

Las políticas restrictivas aplicadas en los últimos años por Panamá con el cierre de estaciones de recepción migratoria y por Estados Unidos con los vetos migratorios redujeron drásticamente el flujo hacia el norte. El paso por el Tapón del Darién cayó 98%, según datos del ACNUR. Pero el descenso no trajo alivio: dio origen a un nuevo fenómeno conocido como «flujo inverso», un movimiento de retorno forzado desde el norte hacia el sur, en el que Colombia se ha convertido en uno de los principales destinos.

Durante el primer semestre de 2025, Migración Colombia, organismo del Ministerio de Relaciones Exteriores de ese país, registró 12.347 extranjeros en este flujo irregular por vía marítima. 99% eran de nacionalidad venezolana, 25,4% mujeres y 18,1% niños, niñas y adolescentes. Las rutas más utilizadas son dos: la del Caribe, que conecta Colón (Panamá) con Capurganá (Colombia), y la del Pacífico Norte, que va de Panamá a Juradó o Bahía Solano (Colombia), una travesía especialmente peligrosa por el fuerte oleaje y la ausencia de vías terrestres.

El informe conjunto de la Defensoría del Pueblo de Colombia, Panamá y Costa Rica advierte sobre el desgaste extremo de esta población migrante. 86,8% de quienes regresan afirma haber cruzado previamente el Darién rumbo a Estados Unidos. En el retorno, la vulnerabilidad se profundiza: las mujeres enfrentan nuevas formas de violencia, desde viajes en embarcaciones no aptas y sobrecargadas hasta abusos físicos, extorsiones y desapariciones forzadas, perpetradas tanto por grupos criminales como por organismos migratorios. A todo ello se suma la ausencia institucional de los Estados de tránsito, cuya falta de presencia y de respuesta condena a las mujeres a revivir el ciclo de desprotección e impunidad del que intentaron escapar.

El dilema del desgaste y el retorno incierto

Para muchos migrantes, el retorno no significa un final, sino una pausa incierta. Algunos intentan reinstalarse en ciudades intermedias, como Medellín; otros regresan a Venezuela con la esperanza de «estabilizarse» y volver a emigrar más adelante, pero lo que encuentran al volver es un país que sigue sumido en una emergencia compleja, con un espacio cívico reducido y redes de apoyo debilitadas ONG, organizaciones feministas, familiares y comunidades con muy pocas capacidades.

Para las mujeres, esta movilidad forzada implica una doble carga y una espiral de riesgo. Muchas lo hacen en condición irregular y siendo las únicas responsables de hijos o personas a su cuidado. Cada decisión quedarse, volver o continuar el viaje repercute sobre los suyos. Esa presión las obliga, con frecuencia, a aceptar condiciones de precariedad extrema, poniendo en riesgo su seguridad y su vida.

A los peligros del retorno se suman los de los países de tránsito. En México, las rutas entre Nuevo México y Texas están consideradas entre las más peligrosas del mundo: registran el mayor número de muertes y desapariciones. En Colombia, las migrantes enfrentan además las consecuencias de la crisis de desplazamientos internos, marcada por la violencia armada y, en algunos casos, agravada por el cambio climático.

El impacto del recorte de ayuda humanitaria

A la crisis del desplazamiento se suma un nuevo golpe: el debilitamiento de la atención humanitaria debido al recorte del apoyo financiero internacional. La Orden Ejecutiva de Reevaluación y Reorientación de la Ayuda Exterior de Estados Unidos, emitida a comienzos de 2025 por el gobierno de Trump, aunque no se enfocaba de manera directa en la política migratoria, tuvo un impacto inmediato sobre las ayudas destinadas a la atención en fronteras y a los programas de protección para mujeres en riesgo de violencia basada en género.

Investigaciones de organizaciones como la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA, por sus siglas en inglés) y el Consejo Internacional de Agencias Voluntarias (ICVA, por sus siglas en inglés) revelan un deterioro estructural de la capacidad de respuesta humanitaria en la región. Los recortes provocaron la suspensión de programas, la reducción de personal y la pérdida de cobertura en numerosas organizaciones, especialmente entre aquellas de alcance nacional y local, que eran las más cercanas a las comunidades desplazadas.

El balance del primer semestre del año, según estas fuentes, es preocupante. Programas esenciales para la atención de la población venezolana como la Operación Acogida en Brasil, la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, los centros Intégrate en Colombia y las oficinas de movilidad segura han visto suspendidas sus actividades o enfrentan incertidumbre sobre su continuidad. Esta parálisis afecta directamente la capacidad de asistencia a las personas más vulnerables, en un momento en que la región, marcada por las nuevas restricciones migratorias de Estados Unidos y por la inestabilidad sociopolítica interna, vive un escenario inédito: los países que antes eran solo receptores de migrantes se han convertido, al mismo tiempo, en emisores, receptores y territorios de tránsito. 

¿Qué tenemos hasta el momento?

El balance es claro: las mujeres migrantes venezolanas enfrentan un alto riesgo y una vulnerabilidad estructural en todas las etapas de su desplazamiento. El éxodo masivo, visible desde 2015-2016, se produce en un contexto de emergencia humanitaria compleja, y más de la mitad de quienes lo protagonizan son mujeres. La mayoría viaja con responsabilidades familiares, incluso cuando lo hacen solas. Son, en muchos casos, jefas de hogares monoparentales, y esa doble carga sostener a sus familias y reconstruir una vida en el extranjero las empuja hacia empleos precarios, mal remunerados y altamente expuestos a la explotación laboral o sexual.

Las violencias que las atraviesan no pueden entenderse de manera aislada. Son violencias interconectadas que se manifiestan en distintas formas y momentos del recorrido migratorio. En la ruta, la violencia directa adopta rostros múltiples: agresiones sexuales, acoso, robos, extorsión y otras formas de abuso que se repiten con frecuencia alarmante. En los países de destino, la violencia silenciosa y simbólica se expresa en la xenofobia, la humillación y la discriminación cotidiana, que erosionan su salud mental y refuerzan el aislamiento.

A todo ello se suma la trata de personas, una amenaza constante que persigue a mujeres y niñas venezolanas desde el origen hasta los principales destinos migratorios. Las redes criminales se alimentan de la precariedad y del desconocimiento, aprovechando la falta de información y la ausencia de mecanismos de protección eficaces.

Buena parte de estas violencias permanece invisibilizada y normalizada, tanto por la emergencia misma como por la falta de capacitación del personal de atención migratoria. Así, los abusos se diluyen entre las estadísticas, y el impacto real sobre una población con necesidades específicas sigue sin ser plenamente reconocido.

En la mayoría de los países receptores, la respuesta a la migración venezolana se ha ido cerrando poco a poco, hasta volverse un laberinto de restricciones. Lo que comenzó como una política de acogida derivó, con el paso de los años y los cambios de gobierno, en trabas burocráticas, permisos imposibles y políticas temporales que dejan a millones en el limbo. En Colombia, el país que alberga más migrantes venezolanos, no hay visas ni controles formales de ingreso, pero sí un retroceso silencioso: miles de personas más de la mitad, mujeres viven hoy al borde de la deportación o la irregularidad migratoria, atrapadas entre la falta de respuestas institucionales y la ausencia de políticas sostenibles.

Mientras los Estados afinan sus estrategias para limitar el flujo migratorio, poco se discute sobre el costo humano de esas decisiones. La irregularidad que producen sus propias medidas se convierte en el verdadero problema de seguridad. A la falta de articulación regional se suman el abandono de las zonas fronterizas y el avance de redes criminales que hacen de esa desprotección su negocio.

La situación se complica con las tensiones políticas y sociales que atraviesan países como Colombia, Perú y Ecuador, y con las nuevas restricciones impuestas en Centroamérica y Estados Unidos. El resultado es una migración que se reconfigura: rutas que antes apuntaban al norte giran hacia el sur, hacia Brasil, o se extienden hasta Europa, especialmente España. Cada cierre de frontera empuja a miles a buscar un atajo, y cada atajo más las expone.

Necesidad de respuestas con enfoque de género y cooperación

Frente a esta espiral, urge un cambio de enfoque. La respuesta regional debe ir más allá de la contención o el diagnóstico: necesita una visión de cooperación y de género que reconozca que más de la mitad de las personas en movimiento son mujeres. Su presencia no es marginal, es estructural; y sus necesidades de protección, salud, trabajo y autonomía no pueden seguir tratándose como excepciones.

Las articulaciones entre la sociedad civil, los Estados y las organizaciones internacionales deben transformarse en un compromiso político real. La ayuda humanitaria tiene que llegar donde más se necesita, con presencia territorial, recursos sostenidos y políticas pensadas para las mujeres.

También es urgente que los países de destino abran las puertas de la inclusión laboral y educativa. Reconocer títulos, validar competencias, garantizar derechos: cada paso en ese sentido no solo mejora la vida de las migrantes, sino también la de sus familias en los países de origen. Y los controles fronterizos, en lugar de castigar la movilidad, deberían servir para desmantelar las redes criminales que trafican con ella. Fortalecer la presencia estatal en los municipios más empobrecidos en Colombia, Panamá o México no significa cerrar fronteras, sino abrir caminos seguros.

Porque detrás de cada cifra, de cada ruta y de cada frontera, hay una historia de resiliencia y resistencia. Mujeres que migran con lo que pueden, sosteniendo hogares enteros y desafiando un sistema que las empuja a la invisibilidad. Reconocerlas no es solo una cuestión de justicia: es la condición mínima para que ese éxodo deje de ser, por fin, un éxodo invisible.

El final de una época: Rodríguez Saá liquida los últimos activos de El Diario de la República 

Alberto Rodríguez Saá decidió desprenderse de las últimas bobinas de papel que aún permanecían sin uso en el edificio en donde se imprimía El Diario de la República, el histórico matutino que durante décadas amplificó su relato político.

Las bobinas partieron en los últimos días rumbo a San Juan, cargadas en más de un camión cuyo destino final sería el Diario de Cuyo, según pudo reconstruir DePolítica a partir de fuentes del sector.

La decisión no es menor ni aislada. A ese desprendimiento se suma ahora una idea que empieza a tomar forma con mayor nitidez: la venta del edificio ubicado en la intersección de avenida Lafinur y Pedernera, donde el diario se imprimió durante sus últimas dos décadas. Fuentes consultadas por esta página aseguran que el inmueble ya estaría ofrecido en el mercado, pero no pueden precisar el precio.

La escena es elocuente. Y revela, en el contexto de un fin de época, las capacidades propias y ajenas.

El contraste con otros medios regionales resulta inevitable. Tanto el Diario de Cuyo como Los Andes atravesaron procesos de venta y reconversión, pero bajo una lógica empresarial que priorizó la preservación de la marca, la continuidad del producto papel y su adaptación a un ecosistema mediático en crisis. En esos casos, hubo planificación, capital y una estrategia de largo plazo.

Nada de eso ocurrió en San Luis. El Diario de la República no fue reconvertido: fue vaciado. Sin una conducción profesional que pensara su sostenibilidad, sin inversión real y sin un proyecto editorial que trascendiera la coyuntura política, el diario quedó reducido hoy a una página web sin peso específico, sin influencia y sin el rol central que alguna vez tuvo.

Pero la venta de las bobinas y la eventual enajenación del edificio exponen una cuestión más profunda: el abandono explícito de Rodríguez Saá a la idea de imponer un relato mediático propio. Más allá de la web —insuficiente para cumplir ese rol— el ex gobernador parece haber renunciado a disputar sentido en el espacio público a través de un medio estructurado, profesional y con llegada masiva.

Ese repliegue no es neutro. Entre dirigentes, militantes y cuadros políticos que lo acompañaron durante años, la sensación que predomina es la de desprotección. Esos dirigentes entendían a El Diario de la República no sólo como un medio: fue un escudo, una trinchera y una herramienta de legitimación interna. Su desaparición física, y ahora la liquidación de sus activos, deja a muchos sin referencia, sin respaldo y sin voz.

La venta del papel y la posible venta del edificio no son, entonces, simples operaciones inmobiliarias o comerciales. Son el síntoma de una retirada más amplia que no sólo dice adiós, sino que desarma cualquier hipótesis de regreso. Sin medio, sin estructura y sin soporte material, el repliegue deja de ser táctico para convertirse en definitivo.

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La Justicia citó a dos ex ministros del gobierno de Alberto Rodríguez Saá

La Justicia provincial fijó fecha para una audiencia de formulación de cargos en una causa que involucra a tres ex funcionarios del gobierno de Alberto Rodríguez Saá. El avance judicial se produce en un contexto de múltiples investigaciones penales que alcanzan a alrededor de una docena de ex integrantes de aquella gestión.

A pedido del Ministerio Público Fiscal, el juez Marcos Flores Leyes dispuso que la audiencia prevista en el artículo 110 del Código Procesal Penal se realice el miércoles 11 de febrero de 2026, a las 10:00. Deberán comparecer los ex ministros Miguel Sebastián Anzulovich y Luis Marcelo Amitrano, y el ex comisario Marcelo Enrique Balbo.

El expediente tiene origen en una denuncia de la Fiscalía de Estado por la desaparición de vehículos oficiales y gastos en combustible por más de $41 millones.

En la audiencia de formulación, el fiscal deberá exponer con precisión los hechos investigados, individualizar responsabilidades y establecer el encuadre legal preliminar de la acusación.

Si bien esta etapa no implica una condena ni define culpabilidades, sí constituye el inicio formal de la imputación penal, con pleno ejercicio del derecho de defensa por parte de los citados. A partir de allí, la causa adquiere una mayor densidad procesal y un seguimiento judicial más visible.

La citación de estos tres ex funcionarios se suma a un escenario más amplio: una docena de ex integrantes del gobierno de Rodríguez Saá se encuentran actualmente investigados por distintas causas vinculadas a presuntos hechos de corrupción, algunas de ellas con condenas y otras en expedientes en etapa de instrucción.

 

Lucía Cardon será la directora normalizadora de la Escuela de Medicina de la UNViMe

La doctora Lucía Mabel Cardon fue designada directora normalizadora de la recientemente creada Escuela de Medicina de la Universidad Nacional de Villa Mercedes, una decisión que materializa el proceso de jerarquización institucional de la carrera que el rector Marcelo Sosa había anticipado semanas atrás en diálogo con DePolítica.

Docente de la UNViMe desde 2016, Cardon es Profesora Ordinaria de la carrera de Medicina y también se ha desempeñado en Bioingeniería y en la Licenciatura en Obstetricia. Su designación tiene como finalidad conducir el proceso de normalización de la nueva unidad académica, que adquirió entidad propia tras separarse de la Escuela de Ciencias de la Salud.

Esta semana, el rector Sosa y el vicerrector Santiago Farenga recibieron a la profesional en el edificio de Rectorado. Durante el encuentro se trazaron las primeras líneas de acción de una gestión que deberá consolidar la estructura académica, administrativa y de cogobierno de la Escuela de Medicina.

Al momento de celebrarse la creación de la Escuela, Sosa había subrayado que el objetivo es “seguir trabajando para fortalecer a la carrera de Medicina, respetando el proyecto institucional de la Universidad y preservando el patrimonio y el buen gobierno de la institución”. Esa definición política encuentra ahora su correlato en la designación de una autoridad específica para la carrera.

El pasado 13 de diciembre, en una entrevista concedida a DePolítica, el rector explicó que la aprobación de la Escuela de Medicina por parte del Consejo Superior implicaba, de manera inmediata, la designación de una dirección propia. Allí sostuvo que la carrera —a la que definió como “columna vertebral de la UNViMe”— requería una conducción específica, acorde a su complejidad y a la elevada inversión que demanda en términos de docentes, personal no docente, recursos didácticos, bibliográficos y tecnológicos.

“Me encontré con una carrera apagada y ahora la estamos poniendo de relieve con decisiones políticas que se van a transformar en aspectos académicos”, afirmó Sosa en esa oportunidad, al remarcar que la creación de la Escuela colocaba a Medicina en igualdad de condiciones institucionales con el resto de las unidades académicas. Con este paso, se convirtió en la quinta escuela de la Universidad.

En esa misma entrevista, el rector había anticipado que la persona designada tendría a su cargo la normalización de la Escuela hasta las elecciones previstas para 2027, momento en el que deberá incorporarse plenamente al cogobierno universitario, con autoridades electas y un Consejo de Escuela que también integrará el Consejo Superior. La designación de Cardon responde exactamente a ese esquema.

Graduada en la Universidad Nacional de Córdoba, la doctora Cardon cuenta con una extensa trayectoria profesional. En el ámbito público se desempeñó en el Policlínico Regional, en el servicio de pediatría, tanto en internado como en guardia. En la actualidad trabaja en el Sanatorio Privado La Merced, donde ejerce como médica pediatra en consultorio externo, guardias e internación.

Su nombramiento marca un nuevo hito en la estrategia de fortalecimiento institucional de la UNViMe y en el proceso de consolidación de la carrera de Medicina como uno de los ejes centrales del proyecto universitario.

Las “renuncias anticipadas” llegaron al PJ

La reciente modificación de la Carta Orgánica del Partido Justicialista de San Luis, homologada por la Justicia Electoral el 19 de diciembre, introdujo una cláusula que no pasa inadvertida en el escenario político provincial.

El nuevo artículo 51 bis obliga a los candidatos del PJ —o de frentes que lo integren, si los hubiese— a firmar una declaración jurada mediante la cual se comprometen a ajustar su mandato, de manera “inquebrantable”, a los lineamientos partidarios, bajo apercibimiento de restituir el cargo en caso de incumplimiento.

Formalmente, se trata de una decisión interna de un partido político. Políticamente, el alcance es mucho mayor. La norma instala la idea de un mandato condicionado, subordinado no solo a la Constitución y al voto popular, sino a la conducción partidaria de turno. Y en San Luis, ese concepto no es novedoso.

Durante los años de hegemonía del justicialismo provincial conducido por Alberto Rodríguez Saá, el poder político avanzó reiteradamente sobre la autonomía de otros poderes del Estado.

El caso más extremo —y judicialmente probado— fue el mecanismo por el cual jueces provinciales fueron obligados a firmar renuncias anticipadas, que quedaban en poder del Ejecutivo como herramienta de disciplinamiento.

Ese accionar tuvo un ejecutor central: Sergio Freixes, entonces ministro de la Legalidad, hoy condenado y detenido por haber forzado esas firmas, en una práctica que la Justicia calificó como ilícita y violatoria de la independencia judicial.

La analogía es inevitable. Aquella vez, se pretendió condicionar el ejercicio de la función judicial mediante un documento firmado bajo presión. Hoy, se busca condicionar el ejercicio de cargos electivos mediante una declaración jurada previa, incorporada como norma partidaria. Cambia el ámbito, pero persiste la lógica: el cargo no pertenece a quien lo ejerce por mandato constitucional, sino a la estructura de poder que lo habilita.

El nuevo artículo 51 bis no habla de disidencias políticas, ni de debates internos. Habla de “incumplimientos flagrantes” y de la obligación de devolver el cargo. No define quién juzga ese incumplimiento ni mediante qué procedimiento. En esa ambigüedad reside su verdadera potencia disciplinadora.

La reforma ya fue homologada. Está vigente. Y fue publicada hoy 29 de diciembre en el Boletín Oficial nacional.

 

Las imágenes en la era del calor

Por Hito Steyerl

Realizadora cinematográfica, artista visual y autora en el campo del ensayo y documental. Sus principales temas de interés son los medios, la tecnología y la circulación global de imágenes.

 

En 2023, la gente subió a YouTube 500 minutos de video por segundo: 30.000 veces más que la cantidad real de tiempo transcurrido1. Unos tres siglos de contenido de YouTube durarían todo lo que dura la existencia del Homo sapiens. El tiempo de la plataforma se convierte así en un laborioso asunto en cámara superlenta, inmediatamente desbordado por la escala de su propia datificación: un pantano interminable y estancado del pasado próximo, un pool de datos rancios2.

¿Podría ser esta la razón por la cual «la cultura ha llegado a un punto muerto», como afirma el crítico de arte Jason Farago en un ensayo en el New York Times3? El autor Kurt Andersen respalda este análisis: «La cultura popular se ha quedado ‘atascada en la repetición, consumiendo el pasado en lugar de crear algo nuevo’»4. La periodista Reena Devi opina que se está produciendo en las artes una «inercia casi total» que tendrá consecuencias indelebles5. «La era del promedio», un influyente artículo del estratega de marcas Alex Murrell, plantea un argumento similar6. Murrell recopiló ejemplos de cientos de sitios web para concluir que la mayoría de las imágenes dentro del marketing digital lucen prácticamente iguales. Ya se trate de autos o de ciudades, productos de cualquier tipo o incluso personas, ninguna imagen escapa a la «convención y el cliché». Las pruebas de focus group y la aversión al riesgo crean millones de imágenes casi idénticas en las que variaciones genéricas de plantillas convencionales se agrupan en torno de curvas de distribución normal imaginarias.

Una explicación de la estasis y la homogeneidad culturales es la simple inercia de la masa de datos al por mayor7. Las grandes colecciones de datos incentivan recombinaciones estadísticas populares y no controvertidas de estilos anteriores populares y no controvertidos. Las culturas digitales convergen hacia esta media: orbitando alrededor de estilos, nociones e imágenes promedio, crean una restrictiva corriente dominante. El resultado: una especie de «consenso» automatizado con un fuerte sesgo hacia las formas más insípidas de comerciabilidad. Esto ya vale para las imágenes digitales anteriores a la inteligencia artificial (ia). Sin embargo, la generación de imágenes basada en el aprendizaje automático está optimizada para crear ese tipo de bazofia visual estática, como demuestra Tim O’Neill, conocedor de la industria, en una entrada de blog titulada «La era del promedio y la ia»8. Allí simplemente reproduce muchas de las fotos de productos que aparecen en el texto de Murrell utilizando el generador de prompts Midjourney. Los resultados de ia se ven sorprendentemente similares a los originales.

Los motivos de este bloqueo están por demás claros, como sostiene Devi: «Las razones de este fenómeno de homogeneización de la cultura son múltiples y ampliamente discutidas (desde el flujo de riqueza y poder hacia unos pocos elegidos de la sociedad hasta los algoritmos y las redes sociales, pasando por la accesibilidad desenfrenada de las tendencias y las señales visuales a través de internet)»9. Esta parálisis cultural, no obstante, es sorpresiva en una época de crisis generalizada. Regiones enteras del mundo se ven afectadas por la guerra, el autoritarismo, las epidemias, el cambio climático y las penurias económicas. ¿Por qué, entonces, la cultura parece tan inerte?

Poder10

Hay una capa que subyace a esta inercia cultural. Esta puede parecer inanimada, pero de hecho genera mucha actividad en otros lugares. Para que la cultura converja en torno de una media, tienen que ejecutarse muchos procedimientos con un consumo intensivo de energía. Todos estos datos se trituran y aplanan utilizando energía o –literalmente– poder. En 2011, Barath Raghavan y Justin Ma, de la Universidad de California, en Berkeley, emprendieron la tarea de estimar la cantidad de electricidad que requiere internet. Incluyeron la energía que utilizamos para crear la propia internet, esto es, la electricidad que se necesita para construir computadoras, conexiones de red, torres de telefonía móvil y otros soportes físicos. Llamaron a esto energía incorporada, o «emergía».

Si torciéramos el término «emergía» de Raghavan y Ma para aplicarlo a las imágenes, podríamos llamar a la medida equivalente de poder «imergía», o poder de la imagen. La imergía sirve como indicador tanto de la cantidad estimada de recursos destinados a la producción y diseminación de imágenes digitales como de su interacción más general con otros sistemas. Es un término traslativo que vincula energías físicas y sociales, metáfora y materia, el mundo y su imagen.

Se requiere energía para producir, exhibir, hacer circular, almacenar y procesar datos y, por extensión, imágenes. Esto también vale para las representaciones analógicas (pensemos en el transporte y la conservación de obras de arte en entornos con un clima controlado): están relacionadas con la energía, independientemente de lo que representen o de si en efecto representan algo en absoluto inteligible.

Aglomeración

Desde alrededor de 2022, sin embargo, la computación relacionada con el aprendizaje automático ha acelerado drásticamente el consumo de energía por parte de las tecnologías digitales. Incluso las consultas más sencillas por internet, por no hablar de la generación de imágenes, dependen ahora en gran medida de un entrenamiento y una computación que consumen mucha energía: según un informe publicado en el New Yorker, «se calcula que Chatgpt responde algo así como 200 millones de solicitudes por día y que, al hacerlo, consume más de medio millón de kilovatios por hora de electricidad»11. El periodista ambiental Brian Calvert escribió:

El poder computacional necesario para sostener el ascenso de la ia se duplica cada 100 días aproximadamente. Para lograr una mejora de diez veces en la eficiencia de los modelos de ia, la demanda de poder computacional podría aumentar hasta 10.000 veces. La energía necesaria para ejecutar tareas de ia ya se está acelerando a una tasa de crecimiento anual de entre 26% y 36%. Esto significa que, para 2028, la ia podría estar consumiendo más energía que la que toda Islandia consumió en 2021.

En Reino Unido, se prevé que la demanda de energía aumente 500%. Para 2034, se espera que la energía total consumida por los centros de datos alcance el consumo energético de la India12. Todas estas cifras están cambiando rápidamente. Incluso dentro de unos meses, los números no serán los mismos, como tampoco las estimaciones. Los nuevos procedimientos de optimización podrían reducir eventualmente el consumo de energía, pero también podrían servir para ampliar el mercado en general. A medida que las tecnologías de aprendizaje automático se integran en la búsqueda, el gasto de energía aumenta hasta 30 o 40 veces la cantidad original (por ahora). Microsoft llegó a anunciar que planeaba construir una central nuclear exclusiva para uno de sus mayores centros de ia, desarrollada en conjunto con Openai13. Según un informe de Bloomberg de 2024, la introducción de servicios basados en ia produjo un incremento casi inmediato de la demanda de energía, que superó la oferta en muchas partes del mundo y generó listas de espera de un año:

El aumento drástico de la demanda de energía debido al enfoque de crecimiento a toda costa con el que Silicon Valley encara la ia también amenaza con echar por tierra los planes de transición energética de naciones enteras y los objetivos de energía limpia de empresas multimillonarias de tecnología. En algunos países, como Arabia Saudita, Irlanda y Malasia, la energía necesaria para hacer funcionar en plena capacidad todos los centros de datos que planean construir excede la oferta disponible de energías renovables.

¿La fuente de toda esta energía? El fracking –gas natural estadounidense– u otras fuentes de combustible fósil son presentados como soluciones sin alternativa15. Según Leopold Aschenbrenner, la carrera por la ia crea su propia lógica. Dado que esta producirá por defecto lo que el autor llama «superinteligencia», hay que ganarla, por todos los medios necesarios, incluso quemando energía fósil. En un pasaje particularmente escalofriante, «Situational Awareness» [Conciencia situacional], Aschenbrenner presenta esta carrera como parte esencial de una nueva carrera armamentística. Esta dinámica conduciría a una economía de guerra masiva dirigida por la seguridad nacional, comparable al Proyecto Manhattan, para crear y proteger la «superinteligencia».

Aschenbrenner concluye que se requeriría un enorme esfuerzo para suministrar todo el equipamiento y la energía necesarios para… ¿para qué, exactamente16? ¿Para automatizar la subida de videos a YouTube y TikTok y así mantener la inercia cultural en torno de las remezclas de bazofia promediada? ¿Para crear cientos de sitios web estandarizados de diseño de interiores que muestran Airbnb anodinos y casi idénticos? ¿Para añadir más de lo mismo a una distribución normal de puntos de datos culturales esterilizados? ¿Para agregar más tiempo muerto a las plataformas, con videos que nadie ve y que en su mayoría lucen iguales? Parece que se necesita una versión de Silicon Valley de un capitalismo monopolista de Estado leninista para mantener estática a una cultura.

Imágenes de poder

Esta situación también arroja nueva luz sobre uno de mis escritos anteriores. Hace unos 15 años escribí un texto titulado «En defensa de la imagen pobre», que trataba sobre la resolución y la circulación de imágenes online.

Las principales premisas: plataformas como YouTube permitieron la circulación en baja resolución de muchas obras que antes no estaban disponibles. Sin embargo, esta circulación era un fenómeno ambivalente, ya que posibilitaba vínculos entre las personas bajo las condiciones del capitalismo comunicativo. Desde ese momento, muchas de estas condiciones han cambiado (otras no tanto). Los estilos de baja resolución se han integrado completamente en todos los aspectos del capitalismo digital, desde los 8 bits de Balenciaga18 hasta los memes de derecha. Técnicamente hablando, la imagen pobre en su forma de 2007 casi ha desaparecido. El nuevo estándar de alta definición industrial es 4k. Aunque ha habido un aumento en el número de píxeles, la división impuesta industrialmente entre los consumidores y los supuestos profesionales sigue existiendo, incólume.

Pero el principal cambio es que la circulación se complementa ahora con la aglomeración y la minería de datos. La acumulación y extracción de datos se ven fuertemente aceleradas por las demandas de las industrias de ia, que requieren grandes cantidades de datos, por ejemplo, para entrenar nuevos modelos. Uno de los principales factores que han cambiado desde la época de la imagen pobre es el creciente énfasis en el acopio, la extracción y el cercamiento de datos. Las imágenes, pobres o no, son desviadas de internet, reducidas a características en un espacio vectorial y luego recombinadas de forma optimizada para que resulten populistas, incontrovertibles e insípidas. La fase de «mercado» de la circulación con al menos cierto grado de «intercambio» o circulación de datos está siendo suplantada por una era de cuasimonopolios en la que se asume que los datos se acumulan casi exclusivamente dentro de silos corporativos y propietarios específicos.

En esta modalidad, el foco ya no está puesto principalmente en la circulación y la participación del usuario, aunque ambos aspectos sigan siendo importantes, sino más bien en la recolección, apropiación y extracción de datos. Esto no es para nada nuevo. Una vez conocí a un cineasta en Sarajevo que había perdido los negativos de su película durante el asedio llevado adelante por la República Srpska y las fuerzas del Ejército Popular Yugoslavo en los años 90, cuando una banda armada entró a robarle en su casa. A los ladrones no les importaba el contenido del film, solo les importaba el valor material del negativo. Al fin y al cabo, dos horas de película negativa en blanco y negro de 35mm contienen alrededor de 141 gramos de plata. Al igual que un rollo de película, los datos tienen un valor adicional.

Así pues, las imágenes son parte de un continuo que se extiende a la naturaleza: la generación y circulación de imágenes provoca una huella de carbono, contaminación, desechos y minería de recursos. Esto exacerba el cambio climático y, por extensión, tiene impactos en la seguridad alimentaria e hídrica, la probabilidad de epidemias, los patrones de migración, los conflictos, etc. Aunque las culturas basadas en datos estén estancadas, siguen moviendo todo lo demás a su alrededor. Calientan las atmósferas, desplazan a las personas y queman recursos.

Brecha metabólica digital

En las consecuencias ambientales de la producción de imágenes digitales resuena el concepto de metabolismo social de Karl Marx19. Antes de la segunda revolución agrícola en el siglo xix, los desechos humanos se utilizaban para fertilizar los campos y cultivar alimentos que daban de comer a los humanos. Marx describió esta economía circular preindustrial como un «metabolismo social», que se vio interrumpido por las largas rutas de transporte para los productos agrícolas y la agricultura industrial20. Tras el cese de su circulación, los desechos empezaron a amontonarse en las ciudades, donde provocaban epidemias y contaminación.

El sociólogo John Bellamy Foster ha descrito la imposibilidad de que los desechos humanos vuelvan a los campos como una «brecha metabólica», adaptando «el uso [de Marx] del concepto de brecha metabólica para dar cuenta de la enajenación material de los seres humanos en la sociedad capitalista respecto de las condiciones naturales de su existencia»21. La idea de un metabolismo social muestra las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza, la ciudad y el campo, la agricultura y la industria. Sostiene que características como la «fertilidad» estaban codeterminadas por las relaciones sociales.

Aplicar la noción de la brecha metabólica a la producción de imágenes supone poner el énfasis en sus infraestructuras materiales, como lo han hecho Boaz Levin y otros expertos en medioambiente22. También hay otra razón para plantear la existencia de una brecha metabólica digital.

Según Foster, una brecha metabólica se abre cuando los humanos se enajenan materialmente de sus «condiciones materiales». ¿Cómo aplicar esto a los datos? Los datos, por supuesto, no forman parte de las «condiciones naturales» de los humanos; forman parte de una «segunda» naturaleza, artificial, que surge de la esfera de la circulación. Como afirma el economista marxista Alfred Sohn-Rethel, la esfera de la segunda naturaleza es el intercambio, o «el tiempo y el espacio abstractos del capital»24. Dentro de esta esfera, los datos se intercambian y pasan a formar parte de una naturaleza artificial. También se enajenan de sus productores, ya que las plataformas actúan como guardianes que separan a las personas de sus propios datos.

El trabajo de los datos está devaluado, se lo trata casi como un recurso natural disponible gratuitamente. Aunque los datos formen parte de la «segunda naturaleza», se los trata como a muchas externalidades que pertenecen al reino de la primera naturaleza.

Las plataformas (y muchos Estados) lograron recuperar en gran medida el control sobre la circulación de datos, imponiendo la propiedad intelectual, la curaduría masiva de la visibilidad y la censura. El libre intercambio entre plataformas es criminalizado, excepto si se realiza en forma de saqueos de datos a gran escala por parte de las propias plataformas. El control sobre los medios de circulación y extracción ha complementado el control sobre los medios de producción.

Asimismo, más de 30 años después del lanzamiento de internet, la realidad presenta una actualización más bien irónica de los ejemplos de Marx. Las heces fertilizantes a las que se refería Marx eran guano, el excremento de pájaro y abono25. Es inevitable sentir que, hoy en día, los desechos de datos humanos (o seudohumanos generados por máquinas) constituyen una gran parte del tráfico de internet, en algún lugar del espectro entre la caca y la mierda, por así decirlo. El acaparamiento de los desechos digitales intoxica los climas físicos, pero también los intelectuales y los políticos y, al no poder ofrecer ninguna vía para que esas atmósferas se recuperen, conduce también al agotamiento, el deterioro y la extenuación generalizada.

Este escenario se asemeja a una versión virtual de las crisis sanitarias del siglo xix en las grandes ciudades europeas. Las enfermedades se propagaban porque el suministro de agua estaba infestado de desechos. Se necesitaron enormes proyectos e inversiones en saneamiento público para remediar la situación y depurar las aguas residuales para que volvieran a circular26. Estos proyectos fueron en muchos casos masivamente obstruidos por intereses privados y empresas que se beneficiaban de un manejo inadecuado del agua en ciudades como Londres y Berlín27.

Lamentablemente, en este punto sería más realista esperar que la agencia pública retorne en la forma de una enorme economía de guerra centrada en la ia, antes que en la de un proyecto de construcción de servicios públicos de tecnologías de la información con el espíritu de los proyectos de saneamiento a gran escala del siglo xix.

Populismo genérico

Esto me lleva de regreso al principio, a la cuestión de la estasis cultural. ¿Por qué todo luce igual? ¿Qué es lo que las imágenes generadas por ia pretenden optimizar? ¿Cuáles son sus ventajas? ¿Automatizar el flujo de videos a TikTok (cuyo algoritmo funciona más favorablemente cuando un usuario sube de uno a tres videos al día, lo cual hace que añadir más de lo mismo a un pool rancio de uniformidad ya existente sea un trabajo a tiempo completo)? ¿O contribuir al pool infinito de videos que se acumulan en YouTube?

En su iluminador texto «Will the Art World’s ‘Age of Average’ Cost Us?» [¿Nos costará cara la «era del promedio» del mundo del arte?], Reena Devi menciona un anuncio reciente de Apple en el cual una serie de herramientas relacionadas con la producción cultural (una batería, parlantes, cámaras de cine) son aplanadas por una enorme prensa hidráulica hasta ser convertidas en un iPad muy delgado. Los contornos y trazos irregulares de la producción cultural son violentamente aplastados para que formen algo parecido a un plano, lo cual conduce a una consolidación estética que a su vez produce aún más polarización:

Cuando una está intrínsecamente acostumbrada a la homogeneidad cultural, incluso en las escenas artísticas que parecen ser más progresistas, cualquier cosa que sea diferente puede convertirse en un conflicto inmediato y dolorosamente disonante de procesar que, sin quererlo, vuelve ineficaz toda comunicación abierta y honesta. Esto puede conducir a encuentros sociales y a una cultura laboral tóxicos o, llevado a su extremo, a la fragmentación social y al colapso del discurso sobre las grandes crisis y tragedias, ya sean guerras, pandemias, desastres climáticos, etc.28

La regla de los promedios conlleva una toxicidad y un conflicto interminables, tanto en el clima social como en el físico. El poder y la extracción por la fuerza bruta se ven reforzados por una brecha digital cada vez mayor. Para que las culturas estancadas se mantengan iguales, todo lo que las rodea debe cambiar.

Nota: este texto es un fragmento de «La brecha digital: de las imágenes pobres a las imágenes de poder», capítulo 6 de Medios calientes. Las imágenes en la era del calor (Caja Negra, Buenos Aires, 2025). Traducción: Maximiliano Gonnet.

  • 1. Ver «How Much Content Is Uploaded to the Internet per Second?» en Spectralplex, disponible en spectralplex.com
  • 2. Un pool de datos es un repositorio centralizado donde se almacenan, comparten y gestionan datos de diferentes fuentes. Se utiliza para facilitar la colaboración, el intercambio de información y el análisis de datos entre diferentes entidades, como proveedores, minoristas o distribuidores, especialmente en la gestión de cadenas de suministro, marketing y análisis de negocios [N. del T.].
  • 3. J. Farago: «Why Culture Has Come to a Standstill» en The New York Times Magazine, 10/10/2023.
  • 4. K. Andersen: «You Say You Want a Devolution?» en Vanity Fair, 7/12/2011.
  • 5. R. Devi: «Will the Art World’s ‘Age of Average’ Cost Us?» en Art Industry Insights, 10/5/2024.
  • 6. A. Murrell: «The Age of Average» en alexmurrell.co.uk, 20/3/2023.
  • 7. Orit Halpern y otros: «Surplus Data: An Introduction» en Critical Inquiry vol. 48 No 2, 2023
  • 8. T. O’Neill: «AI and the Age of Average» en Time under Tension, 24/3/2023, disponible en timeundertension.ai
  • 9. R. Devi: ob. cit.
  • 10. La autora juega en todo este capítulo con los distintos niveles de significación del vocablo «power», desde el poder político hasta el poder computacional, pasando por el poder en el sentido de la energía, la electricidad y la luz [N. del T.].
  • 11. Elizabeth Kolbert: «The Obscene Energy Demands of ai» en The New Yorker, 9/3/2024.
  • 12. B. Calvert: «AI Already Uses as Much Energy as a Small Country. It’s Only the Beginning» en Vox, 28/3/2024.
  • 13. Mehul Reuben Das: «Microsoft, Already One of the Biggest Polluters Because of AI, Saw Its 2023 Emissions Grow 30% from 2020» en Firstpost, 17/5/2024.
  • 15. L. Aschenbrenner: «Situational Awareness», 6/2024, disponible en https://situational-awareness.ai/
  • 16. También sostiene que los casos de uso actuales se restringen a la generación de imágenes y el procesamiento de información, así como al marketing automatizado; v. Tej Parikh: «The Bear Case for AI» en Financial Times, 18/7/2024.
  • 18. La autora se refiere al videojuego de la casa de moda española Balenciaga creado en colaboración con el artista BFRND, musicalizador de todos sus desfiles [N. del T.].
  • 19. Boaz Levin ha planteado esto para el caso de la fotografía en su excelente texto «The Pencil of Cheap Nature: Towards an Environmental History of Photography» en Philosophy of Photography vol. 14 No 1, 1/2024.
  • 20. Kohei Saito: La naturaleza contra el capital. El ecosocialismo de Karl Marx, Bellaterra, Manresa, 2022.
  • 21. J. Bellamy Foster: «Marx’s Theory of Metabolic Rift: Classical Foundations for Environmental Sociology» en American Journal of Sociology vol. 105 No 2, 9/1999, p. 380.
  • 22. B. Levin: ob. cit.
  • 24. Ibíd.
  • 25. K. Marx: Teorías sobre la plusvalía II, vol. iv de El capital, FCE, Ciudad de México, 1980, p. 15
  • 26 Como explica Esme Buden, las empresas de agua, por ejemplo, seguían vendiendo agua, pero se negaban a drenar las aguas residuales, lo cual provocó brotes de enfermedades infecciosas. E. Buden: «Das Milljöh im Milieu, Soziale Wohnungshygiene am Beispiel der Berliner Cholera- und Tuberkulosebekämpfung. Beitrag zum Geschichtswettbewerb des Bundespräsidenten ‘Mehr als ein Dach über dem Kopf. Wohnen hat Geschichte’», 2022-2023, inédito.
  • 27 Ibíd.
  • 28. R. Devi: ob. cit.

Agustina Rodríguez Saá y el desafío de liderar una universidad de ciencia aplicada al territorio

A punto de transitar el último tramo de su gestión al frente de la Universidad Nacional de los Comechingones, Agustina Rodríguez Saá repasa logros y tensiones de una institución joven, en expansión y con foco ambiental.

En una conversación extensa, la rectora reivindica la ciencia aplicada al territorio, cuenta historias de graduación que “desbordan” de emoción, advierte por el impacto del ajuste y se mete de lleno en debates clave: microcredenciales, créditos académicos, ética de la inteligencia artificial, y el rol de la universidad pública como motor de desarrollo.

 

¿Cómo está la Universidad de los Comechingones?

—La verdad es que me gustaría contar dos historias para reflejar un poco lo que ha sido el año, y cómo está la Universidad.

En mayo firmamos un convenio con la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. En el marco de la Convención de Cambio Climático de las Naciones Unidas, la FAO está aplicando en la Argentina fondos destinados a la preservación del bosque nativo y, a partir del cumplimiento de determinada normativa y de los avances logrados en su cuidado, San Luis fue elegida para ese financiamiento.

Y se requiere hacer un plan de prevención de incendios forestales, que es un estudio técnico. La FAO eligió a nuestra universidad para hacer ese trabajo técnico profundo, largo, que nos va a llevar 18 meses; y nos eligió por el prestigio de nuestros docentes investigadores y nuestra carrera.

Nosotros tenemos una tecnicatura en gestión de incendios forestales en la que tenemos estudiantes de todo el país, sobre todo porque estamos involucrados en el Plan Nacional de Manejo del Fuego. Entonces es impresionante que el prestigio de ese cuerpo docente hiciera que la FAO nos eligiera para trabajar en la provincia.

Así que firmamos un convenio con FAO, y participó, por supuesto, el Gobierno de la provincia de San Luis. Esto es un financiamiento internacional y de gran relevancia. A nosotros nos puso muy, muy felices haber hecho esa apuesta por esta tecnicatura, por este tema de estudios que se está haciendo en la Universidad, que es vinculado con los riesgos ambientales y los incendios forestales.

Y la segunda historia, también para reflejar el año, tiene que ver con la graduación del 12 de diciembre. Ese día entregamos una nueva tanda de títulos. Ya habíamos completado la primera fila de estudiantes y estaba por comenzar la segunda. Yo tenía a los graduados y graduadas de frente y, justo antes de continuar, miré a quienes ya habían recibido su título: estaban todos profundamente emocionados, muchos de ellos hasta las lágrimas.

Pero uno de los chicos estaba absolutamente conmovido. La compañera al lado lo abrazaba —no eran compañeros, eran graduados de la universidad—, lo abrazaba, lo contenía. Fue una emoción desbordante. Las autoridades que estábamos de este lado también nos emocionábamos.

Cuando mirás todo el auditorio emocionado por recibir títulos, porque un título universitario es mucho más… cuenta historias de vida. Al chico que estaba absolutamente emocionado le había sido absolutamente difícil cursar y lo logró, y recibía su título después de enormes dificultades personales.

Teníamos un padre… teníamos un padre y un hijo recibiendo juntos también títulos. Sí, hermoso, hermoso, con toda su familia. Muchas chicas que son madres. La primera licenciada en paleontología de la provincia, de nuestra universidad, en donde tenemos esta carrera tan especial. Fue absolutamente conmovedor.

Y con estas dos historias un poco lo que te quiero contar, por un lado, es el resultado de estos nueve años que llevamos, y siete nada más desde que nos dieron la puesta en marcha de la Universidad, que es cuando empieza la actividad académica. O sea, el resultado de estos siete años, si querés, de ciencia aplicada al territorio.

La ley de creación de esta universidad dice que prioritariamente nos tenemos que dedicar a las ciencias ambientales. Entonces, ciencias ambientales pensadas en el contexto del cambio climático, de que América Latina necesita adaptarse al cambio climático. Un cambio climático que es una consecuencia de nuestros gases de efecto invernadero; no somos países desarrollados, pero a América Latina nos pega fuerte.

Ciencias pensadas para nuestro territorio, para San Luis, con incendios forestales, con el cuidado del agua, que para nosotros es fundamental. Muchos estudios vinculados con la crecida de los arroyos, el riesgo que eso implica para la población. Además también ciencias pensadas para el beneficio de las personas. Eso en cuanto a FAO.

Y en cuanto a los estudiantes graduados que te cuento, es también para reflejar eso: que nosotros somos una universidad que le está dando oportunidades a chicos y chicas, a jóvenes de la provincia de San Luis y de todo el país. Porque con esta tecnicatura en gestión de incendios forestales, nos desplegamos por todo el país. Nosotros llevamos cuatro graduaciones. En siete años, cuatro graduaciones. Súper bien.

¿Cuál es el total de graduados?

—Ya estaremos llegando a 60 graduados recibiendo títulos de técnicos o licenciados. Las primeras licenciaturas salieron este año. Pensá que una licenciatura más o menos dura cinco años. Si empezamos hace siete, ya estamos cerrando los primeros ciclos de las carreras.

Hay carreras como ingeniería que todavía estamos abriendo el cuarto año. Por eso, abro paréntesis: por eso nos golpea fuerte la crisis del financiamiento cuando nosotros estamos creciendo.

Pero vuelvo a la primera idea para completar la primera pregunta. En una encuesta entre graduados observamos que entre los primeros graduados que tuvimos, con resultados este año —la primera y segunda camada—, la mayoría, el 70%, trabaja y estudia. Como la mayoría de las universidades públicas, nuestros estudiantes trabajan y estudian, lo cual implica un esfuerzo enorme. Implica que no puedan llevar la trayectoria perfectamente al día. Hay algunos que sí, pero no todos.

De esos graduados, más del 76% son de la provincia de San Luis, tenemos de todo el territorio de la provincia de San Luis, y claro que principalmente del Valle de Conlara.

La oferta académica que tenemos es muy particular, se distingue digamos, del resto de las universidades que tenemos en San Luis. Y después, un dato importante: más del 56% de los graduados son primera generación de graduados en sus familias.

Otro dato, que ya eso se va transformando: de esos primeros graduados muchos son mayores de 35 años. Y con eso nosotros lo que hemos reflejado es que, cuando pensamos la universidad —yo tuve la oportunidad de trabajar en el proyecto antes de que se abriera— veíamos una demanda insatisfecha. Entonces, con estos graduados mayores de 35, no son los jóvenes que empezamos a tener ahora, recién salidos de la escuela secundaria, vemos que la universidad verdaderamente vino a satisfacer esta necesidad, esta demanda de jóvenes, no tan jóvenes, que no habían podido acceder a educación superior.

Así que bueno, te reflejo un poquito esas dos grandes conclusiones de este 2025, que además reflejan el trabajo de estos años: ciencia para el territorio, posibilidades, igualdad de oportunidades.

¿Sentís que hay una buena vinculación entre lo que se estudia en la universidad y tu territorio?

—Nosotros pensamos esta Universidad para eso. Son temas particulares, está vinculado con las ciencias ambientales. Son carreras que se llaman de vacancia, porque áreas de vacancia son aquellas que no tienen tanta oferta.

Por ejemplo, nosotros hicimos dos ingenierías: la Ingeniería Ambiental y la Ingeniería de Recursos Hídricos, que son ofertas relativamente nuevas y que no son tan demandadas. Hay estudios del sistema universitario, del CONFEDI -Consejo Federal de Decanos y Decanas de Ingeniería de Argentina-, que dicen que nosotros necesitaríamos 4.000 graduados en ingeniería por año y en Argentina no se llega a eso. Y es importante que haya ingenieros e ingenieras.

Entonces, cuando nosotros pensamos en la universidad pensamos en meteorología, en paleontología. Todas estas carreras las pensamos justamente porque tienen que ver con el territorio, resuelven problemas que se vinculan con lo cotidiano y con lo productivo. Por ejemplo, cuidado del agua: nosotros sabemos que el agua es una limitante para el crecimiento de San Luis.

Rodríguez Saá ha tenido el desafío de guiar la consolidación de la universidad en sus primeros años.

¿Tiene algún valor simbólico que la universidad se llame como el pueblo originario de la provincia de San Luis?

—Tiene valor simbólico vinculado con nuestra historia y con el pueblo originario que habitó la región. Pero también tiene que ver con la identidad. Lo pensamos mucho con la identidad geográfica y del territorio.

Porque nosotros pensamos en una universidad vinculada con toda la zona de Traslasierra de Córdoba, que es una micro-región. En la pandemia fue impresionante cómo se notó la interacción permanente. Ibas a comprar algo y no había porque están detrás de la sierra. Cosas cotidianas, que ahí dimensionamos esa territorialidad muy fuerte.

Entonces tiene que ver con la identidad de la Costa de los Comechingones, de las sierras. Es una mirada integral: no sólo el reconocimiento de la historia, que es fundamental, sino también esta identidad territorial. Que tiene una oportunidad inmensa. Esto de la FAO nos abrió posibilidades inmensas. Nosotros también, a través de la RUC, la red de universidades que presido, -Red de Universitaria para el Cuidado de la Casa Común- trabajamos mucho con el Papa Francisco. Ahí está el vínculo con cambio climático, con la convención de cambio climático.

Y hay una política inmensa: América Latina reclama fondos para la adaptación climática. Creo que ahí la universidad se puede posicionar enormemente para tratar eso: internacionalizada, pero para nuestro territorio.

Eso yo me lo imagino, si logramos superar esta crisis —que un día se va a superar, confío en eso—, porque la educación superior es un derecho humano. En Argentina está reconocida como un derecho humano incluso en la Constitución, y es una característica del país frente a otros países de América Latina.

En 2018 se hizo la conferencia regional de educación superior. Cada continente hace la suya y después se juntan en la cumbre mundial. América Latina, en su declaración siempre ratifica que la educación superior es un derecho humano universal, una estrategia de desarrollo de los pueblos y un bien público y social.

Son definiciones inmensas. Para nosotros, conseguir una educación superior como derecho humano significa que es una inversión. Si es una inversión, no es un gasto. Y si no es un gasto, nos salimos del debate de la mercantilización.

Por eso digo que esta crisis la vamos a superar. Con la esperanza que nos transmite el Papa Francisco, se va a superar. Y ahí creo que Comechingones tiene la oportunidad de afianzar fuertemente la investigación, el conocimiento, de salir de la región de Traslasierra, de pensar todo el oeste argentino con sus características propias, la desertificación, cómo nos preparamos para seguir creciendo, para tener desarrollo productivo. Me imagino a Comechingones bien arriba, bien posicionada.

¿Qué ha significado el recorte que ha planteado el Gobierno nacional para el funcionamiento de la Universidad de Comechingones?

—Para nosotros fue muy duro, muy duro, porque somos una universidad que está creciendo, estamos recién en las primeras etapas. Entonces, si a nosotros nos quedó congelado el presupuesto en 2023, por decirlo de una manera, dado que fue la última Ley de Presupuesto, hoy nos van llegando los incrementos salariales que el Gobierno nacional aplica para aumentar los sueldos, que es toda una problemática, pero no nos llega para cargos docentes nuevos.

Y nosotros cada cuatrimestre abrimos materias nuevas, porque vamos a pasar al segundo, al tercer año de ingeniería, cuarto año… todo eso a nosotros nos implicó un fuerte impacto, que lo podemos sortear gracias al esfuerzo que hacen los docentes actuales, que han relegado investigación por mayor dedicación a la docencia.

Entonces logramos sortear y salir adelante, pero están los docentes agotadísimos, cansados, y dejando otra función que interactúa permanentemente: la docencia y la investigación. La investigación nutre a la docencia, la docencia nutre a la investigación. Y eso es un impacto que, a largo plazo, se puede ver reflejado en la calidad, que nosotros estamos buscando cuidar para que no impacte en la calidad educativa.

Recién, cuando contabas lo del financiamiento externo, decías que uno de los parámetros para elegirlos era el nivel de la plantilla docente.

—Exactamente, exactamente. Para la acreditación de las carreras de ingeniería en CONEAU nosotros asumimos compromisos de que los docentes cumplan determinadas condiciones.

¿Cómo los seleccionan? ¿Es por concurso?

—Sí, el docente se ingresa por concurso de antecedentes y oposición, por supuesto. Pero hay una primera etapa donde uno va conformando el cuerpo docente, una trayectoria hasta que se van consolidando esos concursos. Concurso de antecedentes y oposición es la forma de ingresar formalmente a la carrera.

Mientras tanto, uno lo va conformando con docentes de manera interina. Y uno se va vinculando. Las temáticas son tan específicas que hay poco docente, por ejemplo, meteorología para cambio climático: no son muchos los climatólogos en Argentina. Pero el sistema funciona muy bien y, generalmente, uno se vincula con otras universidades, se va generando una interacción, y los propios docentes van recomendando colegas y se incorporan a la planta.

Nosotros, además, este año tuvimos una experiencia muy linda, que fue el primer ingreso de docentes por concurso. Cada siete años tienen que revalidar sus cargos. Así que tuvimos todo el proceso de revalidar a los primeros docentes.

Eso va consolidando la carrera docente, el prestigio, el vínculo. Sirvió para quienes revalidaron y para el resto de los docentes, que pusieron su mirada sobre ese trabajo tan, en algún punto, comprometido, de los docentes de nuestra casa de estudios.

¿Qué cantidad de docentes hay?

—Estaremos en ciento sesenta, más o menos.

¿Todos tienen que hacer investigación?

—No es una obligación, porque depende de la dedicación. Hay dedicación simple, que son docentes que están diez horas; después, a mayor dedicación, uno puede también investigar. Para cualquier docente con vocación docente es bueno investigar, porque esto te nutre.

¿Y la temática de investigación la definen ellos o también la conducción de la universidad?

—Nosotros tenemos líneas estratégicas que orientan esa investigación. Y ellos, por supuesto, pueden generar propuestas.

Lo que pasa es que justo cuando nosotros empezábamos a levantar cabeza y a empezar a fomentar la investigación, nos pegó duro lo del financiamiento. Pero, igualmente, apostamos.

¿Qué hicimos cuando cambió el gobierno? Somos una universidad muy pequeña y con un manejo de recursos siempre muy cuidadoso. Hicimos un plan de contingencia. Por ejemplo, replegarnos: teníamos algunas oficinas alquiladas, replegamos todo al edificio, que por suerte pudimos construir, nuestro primer edificio propio, y fue muy importante contar con casa propia.

Hicimos ese repliegue, pudimos reorganizarnos y con recursos propios empezamos a generar, en este último tramo del año, un fortalecimiento en líneas de investigación. Estamos orientando esos recursos propios para fortalecer estas funciones, sobre todo investigación, que a mí me parece fundamental en esta etapa en la que empecemos a crecer, porque es lo que nos nutre, es lo que nos prestigia, es lo que nos permite después que un organismo internacional como FAO nos seleccione.

¿Qué te da el parámetro para decir “somos una universidad pequeña”? ¿El presupuesto, los alumnos, los años?

—Según las estadísticas. Hay un anuario estadístico de la secretaría o subsecretaría de políticas universitarias, que fija el parámetro por cantidad de alumnos.

Por eso, cuando pensamos la universidad y por la temática que elegíamos, pensamos que íbamos a ser una universidad pequeña. Ahora esto empieza a cambiar porque, con la virtualización y carreras a distancia, se empezó a reconfigurar todo, y a tenemos una cantidad de alumnos inesperada, que nos alegra muchísimo. Creo que tal vez en otro momento dejemos de ser una universidad pequeña.

Originalmente estaba pensada como una universidad pequeña por el área de influencia y por las temáticas, por las carreras que tenemos. Ingeniería en Recursos Hídricos, en Argentina, estudian 200 chicos, no 30.000. Entonces es un indicador en Argentina, no solo en Comechingones porque esté en Merlo. No solamente tiene que ver por eso, sino por las propias carreras: hay que estimular vocaciones científicas.

Nosotros ahí tenemos una mirada muy fuerte de lo que pensamos que es la ciencia argentina. Pero hay un dato: con todos los gobiernos que nos han tocado interactuar, todos nos han remarcado que la oferta académica de nuestra universidad es destacada y buena para el crecimiento productivo de Argentina.

Qué bueno para un país que demanda mayor cantidad de estudios de ciencias duras.

—Exactamente. Y vinculada, lo digo, con el desarrollo productivo.

Comechingones también discute esta cuestión de las micro-credenciales académicas.

—Exactamente. ¿Te acordás cuando vino Hugo Juri, a quien le hiciste una entrevista? Juri, que es el ex rector de la Universidad Nacional de Córdoba, vino al plenario de la Red de Universidades y de Institutos que hicimos en Comechingones. Eso fue en mayo del 21. Veníamos saliendo de la pandemia, o no de la pandemia, sino de todo el tema de los aislamientos, y veníamos como reacomodándonos.

En ese plenario estuvo Hugo Juri y estuvo Óscar Alpa, que actualmente es rector de la Universidad Nacional de La Pampa y fue secretario de Políticas Universitarias. Inmediatamente después de que se fue de Merlo, a los pocos días, lo convocaron para ser secretario de Políticas Universitarias.

¿Por qué traigo esta anécdota? Porque en ese plenario, a ellos dos, nosotros —con Víctor Moriñigo, entonces rector de la Universidad Nacional de San Luis— les pedimos que nos dijeran los desafíos y que nos plantearan la agenda del futuro. Y ellos plantearon una agenda que en diciembre del 21 terminó plasmada en la Declaración de San Martín.

La Declaración de San Martín se llama así porque fue firmada en la Universidad Nacional de San Martín y nosotros, coloquialmente en el sistema universitario, le llamamos “los siete puntos”. Siete puntos que son siete puntos estratégicos que planteamos.

La pandemia nos vino a zarandear fuerte el sistema universitario. Y en ese plenario Óscar Alpa era el presidente de la Comisión de Asuntos Académicos del CIN. Entonces venía trabajando desde 2020 con todos los secretarios y secretarias académicos de nuestras universidades en cómo abordar la pandemia y la virtualización.

Entonces ahí hubo una semillita en Comechingones, que además Óscar y Hugo siempre, públicamente, cuando están en encuentros, rememoran ese día. El último fue ahora, en diciembre: hicimos un plenario extraordinario en el CIN porque cumplió 40 años. Y ellos, que hicieron la conferencia de cierre, en su intercambio de opiniones recordaron el plenario de Comechingones como la semillita de estos siete puntos.

Los siete puntos son esta propuesta que hicimos desde el CIN de cómo actualizar el sistema universitario de acuerdo a este cambio de época impresionante que vivimos. Y somos muy conscientes en el CIN de que hay que cambiar, actualizar y profundizar en la modernización del sistema. Ahí vienen las microcredenciales, entre otras.

De estos siete puntos hay un núcleo duro vinculado con lo académico que tiene que ver, primero, con las modalidades de enseñanza-aprendizaje: virtualización, clases híbridas, educación a distancia, cómo incorporamos la tecnología al día a día de la enseñanza y el aprendizaje.

Después tenemos un planteo fuerte: sincerar la duración teórica frente a la duración real de las carreras. Nosotros tenemos nuestra licenciatura en Meteorología, en su plan de estudio dice que dura cinco años, pero la carga real es de 4.000 horas en total. Eso implicaría que el estudiante esté ocho horas diarias dedicado, por lo menos, al estudio: los cinco días de la semana, ocho horas diarias. Y según nuestra encuesta de graduados y graduadas, los estudiantes trabajan y estudian.

Entonces hay que sincerar eso. Se hizo toda una propuesta: plantearnos seriamente, por ejemplo, contenidos que se repiten en distintos espacios curriculares. Si uno los sincera, los trabaja seriamente, los aborda, lograremos tal vez acortar sin perder calidad. Porque lo importante es no perder calidad. En ese acortamiento de carreras hay mucho prejuicio: “vas a bajar la calidad”. No, no; es trabajarlo seriamente y sinceramente.

Ahí es donde vienen los créditos académicos. El crédito académico permite esta mirada centrada en el estudiante: ver cuánto le lleva al estudiante estudiar un espacio curricular y así toda la carrera. Y cómo, por esto, tenés tantos créditos académicos. Entendemos que permite abordar esto y modernizar.

Y después estaba también el reconocimiento de trayectos formativos. Cuando nosotros empezábamos a pensar, en 2016, que abríamos las puertas, pero que estábamos preparando el proyecto que nos tenía que aprobar el Ministerio de Educación, el debate interno entre académicos y académicas era fuerte. Empezamos a hablar de tecnicaturas y hubo un sector de la mesa que se puso muy incómodo. Ese día no hubo consenso. Nos fuimos todos enojados. Dije: bueno, esperamos una semanita, dos, nos volvemos a juntar, y costó mucho introducir las tecnicaturas.

Porque para el sistema universitario, hace nueve años, no tenían prestigio. Hoy la mayoría de nuestros estudiantes elige carreras cortas. Y eso es también actualizarnos a las demandas.

Entonces, si vos al chico le proponés la tecnicatura, le das el título y le decís: “Mirá, si seguís un poquito más, sos licenciado o licenciada”, se súper enganchan. Es otra mirada. Hay que mirar la realidad de los jóvenes:

¿Eso es el mercado que se mete en la academia?

—No, en este caso nosotros no estamos pensando en una mirada… No, porque puede ser visto como mercantilista. Nosotros lo miramos desde la mirada de cómo es ahora.

Y si hacemos una mirada más profunda, este cambio acelerado y este cambio de época nos muestra que sí: el capitalismo está siendo más profundo, se están acentuando rasgos negativos desde mi punto de vista, como el individualismo, la mercantilización. En algún punto sí podemos decir que hay una influencia.

Entonces, ¿cómo abordarlo para que eso no acontezca? Para que la mirada sea integral, para que haya pensamiento crítico. Cada vez más, para los jóvenes que llegan, el humanismo, los valores…

Creo que vos conocés que nosotros tuvimos la experiencia, 200 Universidades de América Latina, de habernos reunido con el Papa Francisco.

Te iba a preguntar sobre eso, porque tenés en tu estado una foto del Papa Francisco. ¿Qué significó ese encuentro para vos, en lo personal o en términos de tu rol como rectora?

—Mi rol como rectora, la verdad es que te tengo que contar… porque además lo tengo en mi estado: yo presido la Red de Universidades para el Cuidado de la Casa Común, de toda América, que fue la red organizadora de ese encuentro con el Papa Francisco.

En el momento de esa foto yo le estoy entregando al Papa una declaración que firmamos los rectores que estábamos ahí presentes, de compromiso con la ética para la inteligencia artificial, que promovía el Papa Francisco, y los rectores nos comprometimos. Entonces tuve la oportunidad de estar con él.

La rectora le entrega al Papa Francisco la declaración de un compromiso ético en el uso de la inteligencia artificial.

¿Y qué los llevó al Papa Francisco?

—Sobre todo esta red, estos 200 rectores que fuimos. Somos universidades muy heterogéneas: universidades públicas laicas, laicas como Comechingones y como todas las argentinas que fuimos, y muchas más. Hay universidades privadas, privadas confesionales, otras que no. Hay del judaísmo, del catolicismo. Es muy heterogéneo.

Pero el Papa Francisco, ¿por qué nos convocó? Porque él escribe la encíclica Laudato Si, en 2015. Es la encíclica de la doctrina social de la Iglesia. Pero cuando inicia la encíclica dice: “Esta encíclica es para los fieles católicos”, como empiezan todas. Inmediatamente dice: “Pero quiero invitar a todas las personas que adhieran a estos pensamientos a que reflexionemos juntos”.

Es una invitación global.

—Con una invitación global independientemente de la religión. Y ahí es donde nos sentimos convocadas las universidades laicas.

Él hace una reflexión de las consecuencias del actual modelo de desarrollo, cómo están impactando en las personas. Desde cuestiones ambientales —que fueron las que a mí me llevaron, del cambio climático—, pero él profundiza enormemente en temas laborales, en la cultura del descarte, pero no desde lo ambiental: la cultura de las personas descartadas.

Él habla de los adultos mayores. Fue impresionante. Fue muy conmovedor el diálogo que tuvimos con él. En la encíclica, al final escribe un capítulo dedicado a la educación. Dice: “Para salir de esto el camino es el educativo”. Y tiene que estar la ciencia pensando el cambio frente a este paradigma, porque él no dice la solución.

Y él, a quien muchas veces lo tachaban injustamente de anticapitalista, dice: Yo no estoy diciendo que soy anticapitalista. Estoy diciendo que el modelo actual, vigente como está, tiene estas consecuencias. Puede ser un capitalismo mejorado, puede ser otro modelo, no sé, hay que pensar. Y eso es lo que invitó él, hasta ahí llegó.

Eso es lo que llamó pacto educativo global, donde tenía siete puntos y uno era el cuidado de la casa común. Y eso es lo que convocó a nuestras universidades.

Tuvimos ese encuentro, que en lo personal me dejó profundamente marcada. Asumir este compromiso por repensar el modelo. En el encuentro nos decía la importancia de las universidades arraigadas en el territorio, la territorialidad, porque son las que conocen.

Por eso para mí lo de la FAO —te llevo al principio— expresa todo eso. Porque nuestras universidades, conociendo nuestro territorio, FAO dijo: “Háganlo ustedes. Ustedes conocen a la gente. Saben la parte del proceso participativo de la ciudadanía”. Nos pidió esto. Mucho juego con la territorialidad.

Una universidad abierta en la vinculación, no cientificista cerrada, decía el Papa Francisco: abierta en diálogo, abierta a otros saberes. No solamente los científicos, también los populares, las ciencias ciudadanas.

Tengo la sensación de que sobre inteligencia artificial se habla mucho, pero son pocas las personas que saben realmente. ¿Qué hace la Universidad de los Comechingones con la inteligencia artificial? ¿Qué mirada tiene?

—Nosotros en febrero siempre hacemos una reunión con todos los docentes de la universidad. Nos juntamos porque es un día de reflexión, de balance, de proyectarnos para el año. En la reunión de febrero del 2023 empezamos a hablar de inteligencia artificial.

El planteo fue: en realidad la inteligencia artificial se nos estaba colando a través de los estudiantes, porque el estudiante ya empezaba a usar el ChatGPT, ya empezaba a contestar. Hay docentes, en su individualidad, que lo venían trabajando, pero no teníamos una cuestión pensada institucionalmente.

Entonces, bueno, no nos gustó. Había mucha resistencia, por miedo. Te viene a desafiar enormemente tu día a día de dar clases. Entonces planteamos abordar el tema. “Bueno, ahí está, hay que trabajar”.

Nos empezamos a vincular con personas que venían trabajando el tema desde la pedagogía o desde la ciencia de datos, y fuimos haciendo un plan de capacitación primero para nuestros docentes.

En ese contexto, 2023, en septiembre, tenemos el encuentro con el Papa Francisco y nos plantea como gran preocupación…

¿Esto fue en el año 2023?

—Sí. Febrero del 2023 empezábamos con los docentes, la agenda y cómo abordarla. Porque veníamos de toda la virtualización de las tecnologías, veníamos hablando de temas muy tecnológicos que desafiaban la práctica docente del día a día. Y la inteligencia artificial acelera enormemente todo eso.

En septiembre tenemos el encuentro con el Papa. El Papa nos habla del abordaje desde la mirada ética del uso de la inteligencia artificial, tal vez otra mirada, no tanto con el día a día.

Y cuando volvimos, tuve un acuerdo con el ministro de Ciencia de la provincia de San Luis, un planteo en la provincia, y digo: “Miren, ¿qué les parece si hacemos un congreso, un encuentro, un trabajo para empezar a debatir los temas de inteligencia artificial?”. Así que hicimos el primer encuentro de inteligencia artificial a finales del 24.

Y hasta llegar a finales del 24, nosotros fuimos con un eje fuerte vinculado con la inteligencia artificial en la educación superior, porque es lo que nos importaba a la universidad. Pero con el ministro, en su momento, y con la participación del Gobernador, abordamos también el eje de seguridad, de salud, etcétera, de otras áreas de políticas públicas que se ven impactadas.

Para nosotros la inteligencia artificial es una herramienta. La tenemos que abordar, utilizar y aprovechar. Es muy desafiante, pero son los tiempos actuales, es este cambio de época.

Tengo colegas rectores que han participado en encuentros en distintos lugares, algunos han ido a China, encuentros en educación superior, y dicen que es impresionante todo lo que está pasando. Creo que nosotros en la Argentina nos debemos trabajar fuertemente con eso. Estamos como atrás de la gente.

Pero los docentes lo están abordando…

—Nuestros docentes lo están abordando fuertemente. Tuvimos una capacitación hace muy poquito con un destacadísimo investigador puntano —no vive en San Luis actualmente, pero como es puntano se vincula mucho con nuestra universidad—, el doctor Ezequiel Álvarez.

Él vino a dar una capacitación sobre herramientas en el uso de la inteligencia artificial y los datos: cómo podemos trabajar con nuestros estudiantes y nosotros mismos trabajar con el chat, con ChatGPT y con cualquier otro.

La mirada era: “Mirá, vos pensás el trabajo práctico y en algún punto le escondés datos; si utiliza bien las herramientas de inteligencia artificial los va a poder detectar”. Tiene que ver mucho con la ciencia de datos, trabaja mucho con el procesamiento.

¿Le sugieren, en algún sentido, reglar la utilización de inteligencia artificial o no?

—Hay una tendencia en los Estados de reglar. Los que seguimos al Papa Francisco, que habla de la ética, vemos un cuestionamiento: cuestiones éticas, de principios…

Nosotros, en particular, internamente en la universidad todavía no me lo he planteado como una necesidad. Uno puede tener lineamientos. Tal vez sean debates que haya que darse también a nivel Estado, eso sí, por supuesto.

La rectora le obsequia al Papa una obra de Antonio Esteban Agüero, la voz más profunda de las letras de Merlo y símbolo cultural de la provincia de San Luis

Una reflexión final: pese a este escenario de crisis, la universidad sigue siendo una de las instituciones con mayor credibilidad y prestigio ante la sociedad. ¿Por qué?

—Sí, totalmente. Volvamos a la primera reflexión: si nuestros graduados y graduadas empiezan a ser la primera generación en su familia, implica progreso, posibilidades de inclusión, ciencia en el territorio. Y eso el ciudadano común lo vive, lo percibe.

Una universidad impacta en el medio mucho más que contarnos por cantidad de alumnos. Porque ese alumno transitó por la universidad. Porque en la universidad hay todos los días un no docente que va y abre las puertas y tiene un trabajo digno. Todos los días un docente que se prepara, estudia, investiga, da clases. Y todo eso, en favor de la Argentina.

Y creo que además hay una conciencia muy grande en Argentina de lo destacada que es la universidad pública. Nos debemos debates de modernización, de actualización, totalmente. No nos puede confundir la mercantilización que decías. Eso no nos puede confundir.

Nosotros tenemos este núcleo de garantizar el derecho humano, un derecho humano que además se debe a un territorio, a toda la Argentina. Toda la ciencia tiene que ser pensada en favor de la Argentina. Por eso se habla de la pertinencia, de que sean adecuados.

Creo que por eso es prestigiosa. Y aparte porque las universidades, en el mundo, en la historia de la humanidad, son instituciones de las primeras de la historia de la civilización.

***

 

Un juez ordenó aplicar la ley de financiamiento universitario y dejó sin efecto un decreto del Gobierno

El Juzgado Contencioso Administrativo Federal N.º 11 hizo lugar a una medida cautelar y ordenó al Poder Ejecutivo cumplir de manera inmediata con la Ley de Financiamiento de la Educación Universitaria y Recomposición del Salario Docente (ley 27.795), dejando sin efecto —de manera provisoria— el decreto presidencial que había suspendido su aplicación.

La decisión fue adoptada por el juez federal Martín Cormick en el marco de un amparo colectivo promovido por el Consejo Interuniversitario Nacional y otras entidades contra el Estado Nacional. En la resolución, el magistrado consideró que el Decreto 759/2025 presenta, en esta etapa inicial del proceso, rasgos de “arbitrariedad e ilegalidad manifiesta”, al haber condicionado la vigencia de una ley que ya había sido ratificada por el Congreso.

El decreto cuestionado había suspendido la ejecución de la ley bajo el argumento de que no estaban definidas las fuentes de financiamiento, pese a que el Parlamento había insistido con su sanción tras el veto presidencial, conforme al procedimiento previsto en el artículo 83 de la Constitución Nacional.

La clave del fallo: la insistencia del Congreso

Al analizar el caso, el juez puso especial énfasis en el proceso legislativo. Recordó que la ley fue vetada por el Poder Ejecutivo, pero luego ratificada por ambas cámaras del Congreso con la mayoría requerida, lo que —según señaló— impone su aplicación inmediata.

En ese sentido, sostuvo que, al menos en este análisis preliminar propio de una medida cautelar, la insistencia legislativa no admite una suspensión administrativa posterior, ya que la Constitución establece que, una vez insistida, la norma “es ley y pasa al Poder Ejecutivo para su promulgación”, sin prever una variante suspensiva.

Salarios, becas y daño en la demora

La cautelar ordena al Estado nacional actualizar las partidas destinadas al pago de salarios docentes y no docentes, y las becas estudiantiles, tal como lo disponen los artículos 5° y 6° de la ley 27.795. El juez consideró acreditado el peligro en la demora, al advertir que la pérdida del poder adquisitivo del sector universitario continúa produciendo un daño concreto y actual.

Según la resolución, ese deterioro no sólo afecta a los trabajadores del sistema universitario, sino que también puede impactar en el derecho constitucional a enseñar y aprender, protegido por el artículo 14 de la Constitución Nacional y por tratados internacionales de derechos humanos.

En contraposición, el fallo relativiza el argumento fiscal esgrimido por el Ejecutivo y señala que el costo de aplicar la ley tendría un impacto poco significativo en el presupuesto general, estimado en alrededor del 0,23% del PBI, de acuerdo con cálculos de la Oficina de Presupuesto del Congreso.

Un mensaje institucional

En uno de los tramos más relevantes de la resolución, el magistrado advierte que la decisión del Ejecutivo de suspender la ley mediante un decreto podría afectar el principio de división de poderes, al interferir en una atribución propia del Congreso ejercida conforme a la Constitución.

Finalmente, el juez resolvió declarar inaplicable el Decreto 759/2025 para el caso concreto, ordenar el cumplimiento inmediato de la ley y establecer que la cautelar se mantendrá vigente hasta el dictado de la sentencia definitiva. La medida fue concedida bajo caución juratoria, una garantía habitual en este tipo de procesos.

El fallo no resuelve aún la cuestión de fondo, pero marca un límite institucional al intento del Poder Ejecutivo de condicionar por vía administrativa una ley vigente, y refuerza el rol del Congreso en la definición de la política pública universitaria.

Hissa: “El orden y la previsibilidad, claves para recuperar la confianza del vecino en el Municipio”

En la mitad de su mandato, el intendente de la ciudad de San Luis, Gastón Hissa, trazó un balance de los primeros dos años de gestión y definió las prioridades que marcarán la segunda mitad de su gobierno. Orden financiero, previsibilidad, cercanía con los vecinos y articulación con la Provincia fueron los conceptos centrales de una administración que, según sostuvo, logró estabilizar el municipio y avanzar en políticas públicas sostenibles, con una agenda puesta en el agua, el transporte y la modernización del Estado local.

Intendente Gastón Hissa, muchas gracias por estos minutos.
—Muchas gracias por esta entrevista. Un año más, otra entrevista.

Está en la mitad de su mandato. ¿Cuál es el balance de la gestión municipal?
—Bueno, primero, muy contento de estar trabajando en lo que me gusta y para lo que me eligió el vecino de la ciudad de San Luis. A la hora de hacer un balance de estos primeros veinticuatro meses, o dos años de gestión, se me vienen a la cabeza dos palabras: orden y previsibilidad. Creo que son los dos conceptos que hemos logrado de manera sólida.

Cuando hablo de orden, me refiero al saneamiento de las finanzas y de las cuentas municipales. Comenzamos con un panorama muy complejo y, para poder implementar políticas públicas, restablecer los servicios, sostener los salarios de la familia municipal y otorgar los aumentos correspondientes, era necesario ordenar primero las cuentas. Por eso saneamos el municipio desde el punto de vista presupuestario, financiero y administrativo, y eso nos permitió avanzar en previsibilidad: en políticas públicas claras, concretas y sostenibles en el tiempo.

Un ejemplo es el beneficio que el municipio otorga a nuestros jubilados, que pueden viajar gratis en la empresa municipal Transpuntano. Es una inversión que se sostiene en el tiempo porque las finanzas están ordenadas. Lo mismo ocurre con programas como Mejorando tu Cuadra, Volvé a tu Plaza, el programa ambiental sostenible y el programa La Muni Más Cerca. Son políticas públicas que se pueden sostener porque las cuentas del municipio están saneadas.

Si lo sintetizamos en dos palabras, entonces, orden y previsibilidad han sido la base para ejecutar la gestión. En ese marco, ¿cuáles son los logros que usted destaca de estos dos años?
—Los logros son muchos. Uno de los principales es que el vecino ha recuperado la confianza en el municipio. Eso me permitió profundizar la cercanía con la comunidad, que creo que ha sido uno de los grandes aciertos de esta gestión.

Había un descreimiento muy grande respecto del accionar municipal y del trabajo del Estado local. Recuperar esa confianza, a través de la prestación de servicios y de la escucha activa, ha sido fundamental. Todas las semanas recorremos barrios con parte de mi equipo y escuchamos durante horas a vecinos comprometidos, con reclamos, sugerencias y sueños. De esa escucha surgieron políticas concretas, como el plan Volvé a tu Plaza, que nació del pedido de vecinos que querían recuperar el espacio público para sus hijos y nietos.

La cercanía ha sido clave porque me permitió tener una hoja de ruta clara, basada en las necesidades reales del vecino, y no en lo que uno cree que necesita. El orden de prioridades lo fija quien vive en el barrio. Además, que el vecino sepa que cuando el intendente se compromete con un tema, ese compromiso se cumple, refuerza esa relación de confianza. Ese ida y vuelta es muy importante para nuestra gestión.

Comienza una nueva etapa de su mandato. ¿Qué pueden esperar los vecinos en los próximos dos años?
—Lo primero que pueden esperar es tranquilidad. Tienen un intendente que trabaja día y noche, dedicado al cien por ciento a la función pública. Si todavía no hemos llegado a algún barrio, vamos a llegar en 2026 con nuestros programas y políticas públicas. El programa La Muni Más Cerca está recorriendo todos los barrios, y vamos a seguir haciéndolo.

En estos dos años que restan vamos a trabajar fuertemente en tres ejes. El primero es el tema hídrico: la falta de agua en distintos sectores de la ciudad. Vamos a ampliar las plantas potabilizadoras. El segundo eje es el transporte urbano: vamos a invertir para mejorar un servicio muy valorado por los vecinos. Ya estamos entregando cinco unidades cero kilómetro y en los próximos años vamos a capitalizar la empresa con más colectivos para mejorar la frecuencia y la comodidad.

El tercer eje es la incorporación de tecnología, para facilitar los trámites al vecino y al comercio. Vamos a trabajar en plataformas digitales que acerquen el municipio al ciudadano y le hagan más simple su vínculo con el Estado.

Todo esto sin descuidar los programas que ya están en marcha. Con Mejorando tu Cuadra ya repavimentamos más de doscientas cuadras y realizamos más de cuatro mil intervenciones viales. Sabemos que el noventa por ciento de las calles está pavimentado, pero también que muchas presentan un deterioro importante. Por eso el trabajo es progresivo y planificado. En 2026 vamos a llegar a más barrios, los vamos a escuchar y vamos a trabajar juntos en las mejoras que cada comunidad necesita.

¿Qué tan importante es el acompañamiento del Gobierno provincial para la ejecución de políticas municipales?
—Creo que el electorado eligió en 2023 el trabajo conjunto y coordinado. Eso es lo que venimos haciendo con el gobernador Claudio Poggi desde el primer día. Al principio estuvimos abocados a ordenar el municipio y, a partir del sexto mes, comenzamos a lanzar programas y políticas públicas, siempre con acompañamiento del Gobierno provincial.

El convenio Construyendo con tu Pueblo es un claro ejemplo: fondos aportados en partes iguales por el municipio y la Provincia para ejecutar obras y programas. Mejorando tu Cuadra y Iluminando tu Barrio se realizaron en ese marco. Estamos finalizando el recambio total de luminarias de sodio por LED, algo que también fue posible gracias a ese trabajo conjunto.

En un contexto económico complejo, donde los recursos son escasos, aunar esfuerzos y presupuestos es clave para mejorar la calidad de vida de los vecinos. Para eso nos eligieron.

Usted habló alguna vez de dar respuestas a demandas históricas de barrios históricos. ¿Qué pasa con los nuevos barrios de la ciudad?
—La ciudad de San Luis creció durante muchos años de manera desplanificada. Hoy sabemos que el crecimiento se da principalmente hacia el sur y es fundamental acompañarlo con servicios.

El gobernador tiene una política habitacional muy fuerte y el municipio acompaña, porque sabemos que el acceso a la vivienda es una demanda histórica. En la zona sur ya se han entregado viviendas y el municipio acompaña con servicios, como la línea 110 de transporte urbano. Vamos a seguir acompañando todo el crecimiento poblacional con servicios municipales, como corresponde.

Muchas gracias.
—Gracias a ustedes. Aprovecho para desearles felices fiestas a todos los vecinos de la ciudad de San Luis, una feliz Navidad, un próspero Año Nuevo y que el 2026 los encuentre con salud y felicidad.

 

Las claves de cómo se hará el sorteo de viviendas del plan ‘Tenemos Futuro’

El Gobierno provincial realizará entre el 26 y el 30 de diciembre el primer sorteo de 1.246 soluciones habitacionales. El proceso incluirá controles estrictos, validación territorial y una preadjudicación posterior para garantizar que las viviendas lleguen exclusivamente a quienes cumplen con los requisitos que establece la ley.

El Programa Habitacional ‘Tenemos Futuro’ dará inicio formal con el primer sorteo de viviendas y módulos de autoconstrucción asistida, que se desarrollará los días 26, 29 y 30 de diciembre. En esta etapa inicial se sortearán 882 viviendas de barrio y 364 módulos de autoconstrucción, totalizando 1.246 soluciones habitacionales, casi la mitad de las previstas en el presupuesto provincial 2026.

Los detalles del procedimiento fueron presentados por los ministros de Gobierno y Desarrollo Humano, junto a las autoridades del área habitacional y financiera, quienes ratificaron el criterio central del programa: no se entregará ninguna vivienda a quien no cumpla estrictamente con los requisitos legales.

Las claves del sorteo

1. Quiénes participan
Entre abril y julio se inscribieron 66.504 familias. De ese total, 53.614 respondieron el requerimiento de información y son las únicas que revisten condición de sorteables en esta instancia.

2. Requisitos obligatorios
Para acceder a una vivienda o a la autoconstrucción asistida, los postulantes deben:

  • Acreditar 10 años de residencia en la provincia de San Luis.

  • No poseer vivienda propia.

  • Constituir un grupo familiar, conforme a lo establecido por la ley.

3. Modalidad del sorteo
El sorteo se realizará mediante bolillero. Al salir cada número se dará a conocer:

  • DNI y nombre completo del beneficiario.

  • Modalidad adjudicada: vivienda de barrio o autoconstrucción asistida.

Finalizado el sorteo, la nómina oficial será publicada en la Agencia de Noticias San Luis.

4. Validación posterior y preadjudicación
Ser sorteado no implica una adjudicación automática.
Durante los 60 días posteriores, cada caso será sometido a:

  • Revisión exhaustiva de la documentación presentada.

  • Visitas territoriales para corroborar la información declarada.

Solo quienes superen esta etapa accederán a la preadjudicación de la vivienda o módulo.

5. Qué pasa si alguien queda fuera
Las viviendas o módulos correspondientes a personas que, tras el control, sean dadas de baja, se incorporarán automáticamente al sorteo siguiente.

6. Sorteos periódicos
El esquema prevé cuatro sorteos por año, que se realizarán en los últimos tres días hábiles de:

  • Diciembre

  • Marzo

  • Junio

  • Septiembre

El próximo sorteo está previsto, a modo de referencia, para los días 27, 30 y 31 de marzo de 2026.

7. Alcance territorial
En esta etapa participan 47 localidades de toda la provincia.
Las localidades que no fueron incluidas en diciembre serán incorporadas progresivamente, a medida que se disponga de terrenos aptos para la construcción.

8. Programa de largo plazo
Con este primer sorteo comienza formalmente el Programa Habitacional ‘Tenemos Futuro’, concebido como una política de Estado con continuidad durante la próxima década, orientada a garantizar el acceso a la vivienda conforme a la ley.

Viviendas y módulos a sortear por localidad

  • Alto Pencoso: 4 autoconstrucción y 4 viviendas de barrio

  • Anchorena: 6 autoconstrucción y 6 viviendas de barrio

  • Bagual: 4 autoconstrucción y 4 viviendas de barrio

  • Balde: 6 autoconstrucción y 6 viviendas de barrio

  • Batavia: 4 autoconstrucción

  • Beazley: 10 autoconstrucción

  • Candelaria: 16 autoconstrucción

  • Carpintería: 16 autoconstrucción

  • Concarán: 20 autoconstrucción y 20 viviendas de barrio

  • Cortaderas: 16 autoconstrucción

  • Desaguadero: 4 autoconstrucción

  • Fortuna: 6 autoconstrucción y 6 viviendas de barrio

  • Fraga: 10 autoconstrucción y 10 viviendas de barrio

  • Justo Daract: 20 viviendas de barrio

  • La Calera: 6 autoconstrucción y 6 viviendas de barrio

  • La Carolina: 6 autoconstrucción

  • La Punilla: 4 autoconstrucción y 4 viviendas de barrio

  • La Toma: 20 viviendas de barrio

  • La Vertiente: 4 autoconstrucción y 4 viviendas de barrio

  • Lafinur: 10 autoconstrucción

  • Las Chacras: 6 autoconstrucción

  • Leandro N. Alem: 6 autoconstrucción y 6 viviendas de barrio

  • Los Manantiales: 4 autoconstrucción y 4 viviendas de barrio

  • Los Molles: 10 autoconstrucción y 10 viviendas de barrio

  • Luján: 16 autoconstrucción y 16 viviendas de barrio

  • Naschel: 16 autoconstrucción y 16 viviendas de barrio

  • Navia: 4 autoconstrucción y 4 viviendas de barrio

  • Nogolí: 10 autoconstrucción

  • Papagayos: 6 autoconstrucción y 6 viviendas de barrio

  • Paso Grande: 6 autoconstrucción

  • Potrero de los Funes: 16 autoconstrucción

  • Quines: 20 viviendas de barrio

  • Renca: 6 autoconstrucción y 10 viviendas de barrio

  • Saladillo: 4 viviendas de barrio

  • San Francisco del Monte de Oro: 20 autoconstrucción

  • San Gerónimo: 6 autoconstrucción y 6 viviendas de barrio

  • San José del Morro: 4 autoconstrucción

  • Ciudad de San Luis: 314 viviendas de barrio

  • San Pablo: 4 autoconstrucción

  • Santa Rosa del Conlara: 20 autoconstrucción y 20 viviendas de barrio

  • Talita: 4 autoconstrucción y 4 viviendas de barrio

  • Unión: 16 autoconstrucción y 16 viviendas de barrio

  • Villa de la Quebrada: 10 autoconstrucción

  • Villa del Carmen: 6 autoconstrucción y 6 viviendas de barrio

  • Villa Larca: 10 autoconstrucción y 10 viviendas de barrio

  • Villa Mercedes: 294 viviendas de barrio

  • Zanjitas: 6 autoconstrucción y 6 viviendas de barrio

Ni la fiesta se salvó

Un mes después de que Alberto Rodríguez Saá perdiera las elecciones en junio de 2023, precisamente a las 2:34 de la madrugada del miércoles 19 de julio, Sergio Freixes registró a su nombre la marca Festival del Caldén, y se adueñó del nombre del festival que durante 20 años se realizó gracias a los millonarios aportes del Estado provincial

¿Qué hizo esa madrugada el dirigente político de mayor confianza de Rodríguez Saá y hoy preso por obligar a jueces a firmar su renuncia anticipada? Ni más ni menos que apropiarse del nombre del tradicional festival registrándolo como suyo en el Registro Nacional de Marcas.

Así consta en la web de ese organismo, en donde se informa que la marca Festival del Caldén -, fue registrada –Número 3582231- en un 100% a nombre de Sergio Freixes para la organización de: eventos con fines culturales, organización de eventos culturales locales, organización de eventos culturales y artísticos, organización de eventos musicales, producción de eventos recreativos en directo, realización de eventos deportivos; trámite con domicilio real en San Martín sin número, localidad de Nueva Galia.

Captura de pantalla del buscador que muestra la información del Registro Nacional de Marcas.

La fiesta del sur puntano que durante años fue presentada como una celebración popular y de identidad colectiva, y que acaparó los recursos del Estado Provincial en detrimento de otras fiestas populares en distintas localidades de la provincia, fue apropiada por Freixes luego de la derrota electoral de su jefe político.

Es decir, una fiesta que se construyó con recursos públicos, participación comunitaria y un fuerte arraigo en el sur provincial quedó jurídicamente apropiada por Freixes.

De fiesta popular a marca registrada

Durante años, la Fiesta del Caldén fue presentada como un evento identitario de Nueva Galia y de toda la región sur de San Luis. Artistas internacionales, nacionales y locales, familias, instituciones y vecinos participaron de su crecimiento, siempre bajo la idea de una celebración abierta, popular y colectiva.

Sin embargo, el registro marcario cambió de raíz esa lógica. Al quedar bajo titularidad privada, el festival pasó a ser un activo comercial: puede venderse, licenciarse, explotarse económicamente o incluso impedir su uso a terceros.

De hecho, la promoción de un nuevo Festival del Caldén del 20 a 22 de febrero próximo aparece promovida por una productora privada llamada “Parábolas Producciones”.

Curiosamente -o no- la cuenta oficial de esa productora en Instagram tiene sólo 3 publicaciones, apenas 33 seguidores, entre los cuales se destacan varios familiares del propio Freixes, y sigue a otros usuarios 7 usuarios, entre ellos a la propia hija de Freixes, Diamela.

Una decisión política con consecuencias culturales

La pregunta de fondo es política y cultural: ¿Puede un dirigente apropiarse legalmente de una fiesta construida por una comunidad?. ¿Quién protege el carácter público de los eventos populares cuando dejan el poder quienes los administraban?.

Lo ocurrido con la Fiesta del Caldén revela una práctica preocupante: la privatización silenciosa de bienes culturales colectivos, convertidos en marcas registradas y luego comercializadas como si fueran propiedad personal.

En Nueva Galia y en el sur provincial, la sensación es clara: lo que fue una fiesta del pueblo hoy es un negocio privado. Y esa transformación no pasó por ningún debate público, ordenanza, ni decisión colectiva, sino por un trámite administrativo realizado en soledad, después de una derrota electoral.

Una imagen del Festival del Caldén irrepetible.

El caso Anabela Lucero

Lo misma metodología que Freixes utilizó la ex diputada Anabela Lucero, que se apropió de la marca «Rock en la Casa» y lo patentó a su nombre, incluso utilizando el logo característico de ese festival que fue organizado y financiado con aportes del Estado Provincial.

Ese registro se hizo dos meses después de que Rodríguez Saá perdiera las elecciones y mientras ganaba fuerza una revelación: el exgobernador le ordenaba a sus dirigentes el «exterminio» del Estado provincial vaciándolo de recursos materiales, también «simbólicos y digitales».

Anabela Lucero junto a Rodríguez Saá.

Reforma laboral: advertencias técnicas ante una flexibilización sin anclaje productivo

La reforma laboral impulsada por el Poder Ejecutivo Nacional constituye una de las discusiones más relevantes que atraviesa hoy el Congreso, no solo por la magnitud de los cambios propuestos, sino por el enfoque conceptual que los sustenta.

Lejos de una actualización integral del sistema de relaciones laborales, el proyecto se apoya casi exclusivamente en la reducción de costos y en la flexibilización normativa como supuestos motores de creación de empleo, sin articular dichos cambios con una estrategia de desarrollo productivo de mediano y largo plazo.

Desde el diagnóstico, el Gobierno parte de datos objetivos: según el INDEC, la informalidad laboral se ubica en torno al 45% de la población ocupada, mientras que el empleo privado formal se mantiene prácticamente estancado desde hace más de una década.

Asimismo, el desempleo ronda el 7–8%, lo que revela un mercado laboral que no destruye empleo masivamente, pero sí lo degrada en calidad. Sin embargo, atribuir estas distorsiones de manera casi excluyente al régimen indemnizatorio o a la rigidez de la legislación laboral constituye una simplificación analítica que no resiste un examen técnico riguroso.

La evidencia económica comparada es clara: no existe una relación causal directa entre flexibilización laboral y creación de empleo formal. Estudios de la OIT y de organismos multilaterales muestran que las reformas laborales solo generan efectos positivos cuando se implementan en contextos de crecimiento económico, inversión sostenida y estabilidad macroeconómica.

En ausencia de estas condiciones, la flexibilización tiende a traducirse en mayor rotación, precarización contractual y transferencia del riesgo económico hacia el trabajador, sin impacto significativo en los niveles de formalización.

Desde el punto de vista legislativo, preocupa especialmente que la reforma avance sobre mecanismos de protección sin prever instrumentos compensatorios adecuados. Argentina destina menos del 0,5% del PBI a políticas activas de empleo, muy por debajo del promedio de países de la OCDE, y cuenta con un sistema de seguro de desempleo de cobertura limitada y montos claramente insuficientes.

En este contexto, debilitar las garantías laborales sin fortalecer previamente estos dispositivos implica una regresión en términos de protección social.

Otro aspecto crítico es el impacto generacional. Según datos oficiales, cerca del 60% de los jóvenes menores de 29 años se desempeñan en condiciones de informalidad. Cualquier reforma que no priorice la creación de empleo formal juvenil, la capacitación laboral y la inserción productiva corre el riesgo de consolidar un mercado de trabajo dual: flexible para algunos, pero estructuralmente precario para la mayoría.

El Congreso tiene aquí una responsabilidad central. La modernización del derecho laboral es un debate legítimo y necesario, pero no puede abordarse de manera fragmentaria ni subordinada exclusivamente a objetivos fiscales o de corto plazo.

Una reforma técnicamente sólida debe integrarse a un proyecto de desarrollo que contemple productividad, inversión, educación y protección social. De lo contrario, la flexibilización legislada corre el riesgo de convertirse en un ajuste encubierto sobre el trabajo, con consecuencias económicas y sociales difíciles de revertir.

Entrevista al rector de la UNSL: 16 mil estudiantes, 83 carreras y una agenda de cambios urgentes

El rector de la Universidad Nacional de San Luis, Raúl Gil asumió en un momento incómodo: recortes, salarios docentes deteriorados, gastos de funcionamiento al límite y un sistema científico que, según describe, pasó “de un esquema de financiamiento a no financiamiento” en forma abrupta. En esta entrevista, repasa sus primeros meses de gestión, explica cómo impacta el ajuste en la vida cotidiana de la universidad y plantea una agenda inmediata que combina defensa de la investigación pública, modernización pedagógica frente a la inteligencia artificial y reformas académicas para acortar la distancia entre la duración teórica y la duración real de las carreras, con una idea rectora: sostener la institución abierta y en marcha poniendo a los estudiantes en el centro.

 

—Me gustaría empezar con una primera impresión suya, un primer balance de estos tres meses de gestión. ¿Qué ha significado estar en el sillón del rector de la Universidad Nacional de San Luis?

—Bueno, yo soy hijo de esta universidad. Mi papá y mi mamá son egresados de la Universidad Nacional de San Luis, así que mi primera impresión es que estoy unido a esta institución prácticamente desde el nacimiento. Me gradué aquí como químico, hice mi posgrado, y a lo largo de mi trabajo académico tuve la oportunidad de conocer otras universidades. Siempre estuve muy ligado a los espacios de toma de decisión, a través de las personas con las que me tocó trabajar.

Tuve la suerte de compartir mucho tiempo con figuras muy importantes, como el ex vicerrector Roberto Olsina, y eso también marcó mi recorrido. Entonces, cuando uno quiere tanto un espacio, una institución, lo primero que siente es un orgullo muy grande y una enorme alegría por tener la posibilidad de ocupar el lugar del rector, que de alguna manera es la cara visible de la universidad en muchos contextos y que contribuye a la toma de decisiones, tanto desde el Consejo Superior como desde el rol individual del rector y del equipo de gestión.

Ese orgullo viene acompañado, naturalmente, de una gran responsabilidad. Porque entiendo que la universidad no es un rector ni una sola mirada política: la universidad es una comunidad muy amplia y diversa, con bases sólidas en la investigación científica, en la pedagogía, en la psicología, en múltiples campos del conocimiento.

Dicho esto, debo decir que, si hubiese podido elegir el contexto, probablemente habría soñado otro momento. La universidad necesita transformaciones profundas e inmediatas, que tienen que ver con cómo nos vinculamos docentes y estudiantes, con cómo repensamos nuestras carreras y nuestros espacios formativos. Ese tipo de cambios requieren tiempo, recursos, consenso y diálogo.

Sin embargo, hoy las universidades estamos atravesadas por un contexto político externo que condiciona fuertemente la gestión y a todas las comunidades universitarias del país. Esto es conocido en relación con el desfinanciamiento del sistema universitario nacional, no sólo en lo que respecta a los salarios del personal docente y no docente, sino también en lo que hace al cambio de paradigma en el financiamiento de la investigación científica en la Argentina.

—¿Cuál ha sido ese cambio?

—Hoy ya no hay disponibilidad de recursos públicos ni convocatorias permanentes para la investigación científica. Esto ha generado una enorme barrera para que las universidades podamos cumplir una de nuestras funciones más importantes, que no es sólo tener aulas con estudiantes, sino también producir conocimiento a través de la investigación.

Se está planteando un nuevo esquema en el que la financiación de la investigación debería provenir mayormente del ámbito privado y no del público. En el caso de la Universidad Nacional de San Luis, por la conformación del entramado socioeconómico regional, esa no es una alternativa fácilmente accesible ni realista.

Nuestra universidad depende en gran medida del financiamiento público para desarrollar investigación. Mucha de la producción científica que se realiza en la Universidad Nacional de San Luis —y que nos permitió crecer y posicionarnos mejor en distintos rankings e indicadores de calidad académica— provino históricamente de fondos públicos: CONICET, INTA, INTI, el propio Ministerio de Educación o la entonces Secretaría de Políticas Universitarias, que contaban con distintos programas de financiamiento que hoy ya no existen.

Yo creo que el Estado nacional debe sostener y apoyar la investigación científica. O, en todo caso, si se pretende avanzar hacia un cambio de esquema, ese proceso debería ser mucho más gradual. Pasamos de un sistema de financiamiento a uno prácticamente sin financiamiento de manera muy abrupta, y eso tiene consecuencias concretas y profundas para el sistema universitario.

—En ese primer balance introductorio de su gestión señalaba que le ha tocado gobernar la universidad en un contexto complicado, con un escenario económico muy difícil. En concreto, ¿cómo impacta la política de recortes que lleva adelante el Gobierno nacional en el funcionamiento cotidiano de la universidad?

—Yo creo que la cuestión presupuestaria tiene dos aspectos que es muy difícil analizar por separado. El principal tiene que ver con los salarios. Hoy tenemos las primeras categorías docentes por debajo de la línea de pobreza. Estamos hablando de profesionales que no alcanzan a cubrir el costo de vida con un cargo docente inicial, como el de auxiliar de primera.

—¿Eso cuánto representa en términos concretos de salario?

—Depende de la dedicación. Si tomamos como ejemplo una dedicación semiexclusiva de 20 horas semanales, el salario no supera los 700.000 pesos y en muchos casos está más cerca de los 600.000 o incluso de los 500.000 pesos.

—¿Hay muchos docentes en esa situación?

—Sí, hay muchos. Por supuesto, la estructura es piramidal, pero lo cierto es que se trata de personas con título universitario, profesionales, que en cualquier otro ámbito laboral podrían percibir ingresos mucho más altos. Esto genera un efecto claro: un envejecimiento de la planta docente. Permanecen los docentes de mayor jerarquía y antigüedad, mientras que los más jóvenes buscan otras alternativas.

Creo que hoy esa consecuencia todavía no se percibe en toda su dimensión, pero dentro de algunos años, cuando los docentes más antiguos comiencen a jubilarse, vamos a encontrarnos con que por debajo hay menos recambio. Algo similar ocurrió en los años noventa: muchos docentes jóvenes se fueron de la universidad y quedaron los más antiguos sosteniendo el sistema.

El otro aspecto crítico es el funcionamiento. La universidad no recibe recursos únicamente para el mantenimiento de sus edificios. El presupuesto de funcionamiento también está destinado a cumplir compromisos fiscales, pero además a sostener programas: programas de promoción de la educación superior, políticas académicas, políticas institucionales, trabajos de campo de los estudiantes, provisión de espacios áulicos, incorporación de tecnología, actualización de software, infraestructura de red.

La universidad tiene una radio, presencia en redes sociales, un camping, un comedor, residencias universitarias. Todo eso requiere recursos para funcionar adecuadamente o, al menos, para su mantenimiento básico. Y ese financiamiento cada vez se resiente más. Los gastos de funcionamiento se actualizan incluso por debajo de las paritarias docentes y no docentes, que a su vez también vienen perdiendo frente a la inflación. Eso genera un deterioro acumulativo muy fuerte.

A esto se suma una cuestión adicional: la investigación científica. Históricamente, la investigación nunca fue financiada al cien por ciento por las universidades. Siempre existieron fuentes externas de financiamiento: el Gobierno nacional, la Secretaría o el Ministerio de Ciencia y Tecnología según la etapa, el CONICET, el INTA, el INTI y otros organismos. Hoy, muchas de esas fuentes directamente dejaron de financiar.

En consecuencia, la investigación científica queda sostenida casi exclusivamente con fondos propios de la universidad, que son claramente insuficientes para cumplir esa función.

—¿Esos fondos se gestionaban desde cada universidad o eran partidas asignadas directamente desde Nación?

—Los proyectos de investigación se gestionaban de manera directa por los grupos docentes. La universidad aportaba una contraparte, en un esquema de cofinanciamiento entre el presupuesto universitario y los fondos nacionales. Ese esquema hoy no existe. En la mayoría de los casos, el financiamiento es casi exclusivamente universitario.

El resultado es un resentimiento muy fuerte, muy marcado, en la producción de conocimiento a través de la investigación científica. Muchos grupos de investigación están prácticamente paralizados.

—¿Eso ya está ocurriendo en la Universidad Nacional de San Luis?

—Sí, eso ya está ocurriendo. Y detrás de eso aparece otro problema serio: el impacto en la formación de recursos humanos calificados. ¿Con qué estímulo invitamos a un estudiante a sumarse como becario a un proyecto si no hay recursos para investigar? Las becas se discontinuaron o directamente dejaron de existir. Entonces empieza a aparecer una carencia fuerte en la formación de recursos humanos jóvenes. Los proyectos quedan sostenidos por docentes de mayor jerarquía y antigüedad, casi en soledad. Es una situación que, aun cuando el contexto cambie, nos va a llevar mucho tiempo revertir.

—Si tuviera que explicarle a un lector qué se investiga hoy en la universidad, y elegir cinco proyectos entre todos los que están en desarrollo, ¿cuáles mencionaría? Ya sea por su impacto, por su interés social o por que le parezca relevante.

—La Universidad Nacional de San Luis abarca prácticamente todas las áreas del conocimiento, con algunas excepciones puntuales como Medicina o Arquitectura. Eso hace que cualquier selección sea necesariamente incompleta. Además, yo tengo un sesgo inevitable: soy químico y conozco en mayor profundidad algunas áreas más que otras.

Dicho eso, hay proyectos que son particularmente ilustrativos del impacto que puede tener la investigación universitaria.

Uno de ellos es el grupo de estudios ambientales que conduce Esteban Jobbágy. Es un equipo que ha realizado aportes muy relevantes sobre el agua subterránea, los cultivos de cereales y granos, y sobre cómo la dinámica de las lluvias y la actividad antrópica —especialmente la agrícola— afectan la calidad de los suelos.

Ese grupo fue clave, por ejemplo, en la investigación sobre la regeneración del Río Nuevo, entre San Luis y Córdoba, y sobre la cuenca del Morro. Allí se logró describir científicamente un fenómeno de enorme impacto ambiental: un río que antes era subterráneo y que emergió a la superficie, modificando la geografía, cortando campos y generando problemas ecológicos serios. Esa investigación salió del laboratorio y llegó a los organismos ambientales, tanto públicos como privados, alertando y aportando información clave para la toma de decisiones. Es un caso muy claro de cómo la investigación científica tiene impacto concreto en la sociedad.

Otro ejemplo importante está en Matemática. Hay un grupo con muchos años de trayectoria que trabaja en teoría de juegos, reconocido a nivel internacional, que ha aportado soluciones a problemas matemáticos complejos y también a aplicaciones en el sector productivo.

De ese núcleo surge, además, una de las carreras más exitosas que hoy tiene la universidad: la licenciatura vinculada al tratamiento de datos, que este año cuenta con alrededor de 2.800 inscriptos y se dicta de manera totalmente virtual. Es una carrera que nos permitió ingresar de lleno en una temática estratégica, con aplicaciones en finanzas, software, análisis de grandes volúmenes de datos y toma de decisiones empresariales. Allí hay un grupo muy sólido de investigadores, en su mayoría matemáticos, que son referencia no sólo a nivel nacional, sino también internacional.

—¿Y el sector privado no se interesa en financiar ese tipo de investigaciones?

—Hay algunos casos de financiamiento privado, aunque no en la magnitud que sería deseable. Por ejemplo, en el Instituto de Tecnología Química existen desarrollos de catalizadores y nanopartículas que se han aplicado al tratamiento de efluentes industriales, tanto para empresas como para municipios, y que sí han recibido financiamiento privado.

También hay grupos de biología molecular que desarrollaron test serológicos y que recibieron financiamiento público y privado para esos trabajos. Es decir, hay experiencias concretas.

Ahora bien, históricamente esta universidad nació muy ligada a la investigación básica, que tradicionalmente fue financiada por el sector público. Mientras ese esquema funcionó, tal vez no hubo una necesidad tan clara de salir a buscar activamente financiamiento privado. En parte, uno hace lo que sabe hacer, y no siempre desarrolla lo que todavía no sabe hacer.

Creo que hay mucho margen para fortalecer la vinculación con el sector privado, pero eso requiere un acompañamiento institucional más fuerte. Y también hay que decirlo: San Luis no tiene una actividad productiva dominante que demande investigación de manera sistemática, como ocurre con la minería en San Juan o la vitivinicultura en Mendoza. Aquí los vínculos existen, pero son más esporádicos y puntuales. Eso hace que el financiamiento privado esté presente, pero que no sea significativo en relación con las necesidades reales del sistema científico.

Otro campo muy relevante es el de la bioquímica y la biología. Hay grupos con muchos años de trayectoria que trabajan en cronobiología, estudiando cómo el reloj biológico se relaciona con enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer. Se trata de investigaciones tanto teóricas como experimentales, con un impacto potencial enorme.

Hoy la expectativa de vida ha aumentado gracias a los avances tecnológicos y en salud, y las enfermedades neurodegenerativas son cada vez más frecuentes. Todo lo que contribuya a un diagnóstico más temprano, a mejorar los tratamientos o incluso a pensar en estrategias de prevención o cura tiene un impacto social enorme.

En ese sentido, el Instituto de Investigaciones en Biología Molecular y Bioquímica de San Luis (IMIBIO-SL) viene desarrollando trabajos de alto nivel científico. Son investigaciones de mucha actualidad, que además abren la puerta a una vinculación más fuerte con el sistema de salud local.

Estamos trabajando para que esa investigación pueda articularse con el sistema sanitario, por ejemplo a través del Hospital Ramón Carrillo y su área de investigación, y avanzar hacia aplicaciones concretas en pacientes. Es un camino que recién empieza, pero que apunta a un modelo de investigación aplicada en salud que nos atraviesa como sociedad y que va a ser cada vez más relevante en el futuro.

Gil asegura que el desfinanciamiento ha resentido gravemente la producción de conocimiento. Foto: Facundo Andrada.

—¿Cuántos alumnos tiene actualmente la universidad y en cuántas carreras se distribuyen?

—La cantidad de estudiantes varía según la época del año. A comienzos del ciclo lectivo, con el ingreso, hay un pico importante, pero si tomamos un promedio anual, la Universidad Nacional de San Luis tiene alrededor de dieciséis mil estudiantes.

Esos estudiantes están distribuidos en ochenta y tres carreras que se dictan en ocho facultades y en el Instituto Politécnico Artístico Universitario Mauricio López, el ITAU, donde se ofrecen principalmente carreras cortas.

—Además de la Casa Central, la universidad tiene sedes en Villa Mercedes y en Merlo.

—Exactamente. De las ocho facultades, cinco están ubicadas en el Centro Universitario de San Luis, dos en el Centro Universitario de Villa Mercedes y una en el Centro Universitario de la Villa de Merlo. Esto nos da una penetración territorial bastante interesante como institución educativa.

Además, hay otros centros universitarios que vienen trabajando de manera sostenida, como Tilisarao y, más recientemente, Concarán. En esos casos, a través de la Facultad de Ciencias Humanas, por ejemplo, se dictan algunas carreras específicas, como Educación Especial o Educación Inicial.

—¿Cuáles son las carreras con mayor cantidad de alumnos o de egresados?

—Las carreras más convocantes, las que concentran mayor cantidad de estudiantes tanto en el área de la salud como en la región, son Psicología, Enfermería y Kinesiología.

—¿De dónde provienen los estudiantes?

—En los últimos años se observa una tendencia clara: cada vez hay más estudiantes de San Luis. El número total de estudiantes viene creciendo en el tiempo —el año pasado tuvo una leve baja—, pero la tendencia general es al aumento. Y dentro de ese crecimiento, cada vez son más los jóvenes de la provincia y del interior provincial, lo cual es una muy buena noticia para San Luis.

Por supuesto, también recibimos estudiantes de la zona de influencia regional: del este mendocino, de San Juan, del oeste y sur de Córdoba, de La Pampa y, en general, de lo que podríamos llamar el centro de Cuyo, más la región pampeana cercana, incluido el oeste de la provincia de Buenos Aires.

Además, en algunas carreras como Farmacia o Bioquímica, es común encontrar trayectorias familiares: padres o madres que estudiaron en la universidad y cuyos hijos eligen venir, incluso viviendo en provincias más alejadas como Entre Ríos. Hay allí un vínculo afectivo con la institución que sigue pesando.

Hoy, aproximadamente entre el sesenta y cinco y el setenta por ciento de nuestros estudiantes son de la provincia de San Luis, y dentro de ese número hay una presencia creciente de jóvenes del interior rural. Eso habla claramente del rol que cumple la universidad en la provincia y también de un cambio en la conformación social de nuestra comunidad universitaria, que nos impulsa a fortalecer la articulación con los colegios secundarios y otros niveles del sistema educativo.

—¿Cómo está conformado el órgano que conduce la universidad?.

—La universidad tiene como principal órgano de gobierno al Consejo Superior. Ese cuerpo es presidido por el rector —en este caso, por mí— y está integrado por los decanos de las ocho facultades.

Además, forman parte del Consejo Superior dos docentes por cada facultad, un estudiante por facultad, cuatro representantes del claustro no docente, tres graduados y una docente del nivel preuniversitario. En total, el Consejo Superior está compuesto por cuarenta y un integrantes.

El Consejo Superior es un ámbito muy rico y constituye una de las esencias de la universidad, que es el cogobierno. Para explicarlo de manera sencilla, el cogobierno implica que las decisiones más trascendentes de la universidad —tanto económicas como académicas— se toman en un espacio colegiado.

Ese espacio no está integrado únicamente por docentes, sino también por no docentes, estudiantes y graduados, lo que le da una mirada integral al proceso de toma de decisiones. Por supuesto, el peso de los claustros no es idéntico —hay una mayor representación docente—, pero las resoluciones se discuten y se construyen a partir del consenso entre los cuatro claustros que conforman la comunidad universitaria.

—¿Con qué periodicidad se reúne el Consejo Superior?

—El Consejo Superior se reúne cada quince días, entre los meses de marzo y noviembre. Además, pueden convocarse sesiones extraordinarias, por ejemplo para tratar el presupuesto u otros temas específicos que lo requieran. En la práctica, se trata de un órgano con un funcionamiento regular y sostenido, con reuniones quincenales a lo largo del año académico.

—¿De cuánto es el presupuesto universitario? ¿Qué porcentaje se destina a salarios y cuánto al funcionamiento?

—Primero es importante recordar que venimos de dos años sin presupuesto aprobado. En ese contexto, los incrementos que se otorgaron estuvieron dirigidos casi exclusivamente a salarios y no a gastos de funcionamiento, como los que mencionábamos recién. Eso nos fue alejando de lo que debería ser una estructura presupuestaria equilibrada.

—¿Que no haya presupuesto significa que reciben nominalmente el mismo monto que el año anterior?

—Exactamente. En términos nominales, recibimos prácticamente lo mismo. Para dar una cifra concreta, la Universidad Nacional de San Luis va a terminar ejecutando alrededor de 80 mil millones de pesos entre enero y diciembre de 2025.

Los lineamientos generales indican que las universidades deberían destinar aproximadamente el 90% de su presupuesto a salarios y un 10% al funcionamiento. Hoy nosotros estamos cada vez más cerca de un esquema del 95% para salarios y apenas un 5% para funcionamiento.

Ese 90/10 no es un número caprichoso. Responde a una relación considerada óptima entre la cantidad de docentes y estudiantes, y a la necesidad de contar con recursos suficientes para que esa estructura funcione: aulas abiertas, movilidad institucional, servicios básicos, tecnología, infraestructura, mantenimiento de los distintos espacios universitarios.

Lo que está ocurriendo es que ese margen de funcionamiento prácticamente desapareció y no hay señales de que eso vaya a revertirse con el presupuesto que actualmente se está discutiendo.

—¿Cree que esta postura del Gobierno nacional responde más a una decisión política sobre el rol de la universidad que a un planteo técnico administrativo?

—Sí, estoy convencido de eso. Incluso tuve la oportunidad de conversarlo directamente con funcionarios del Gobierno nacional, sin ánimo de confrontar. La diferencia es conceptual, es una diferencia de visión sobre el rol de las universidades.

Desde el Gobierno nacional se plantea —y me lo han dicho explícitamente— que el único indicador válido para evaluar a una universidad es cuántos graduados produce en relación con la cantidad de ingresantes. Esa es su vara de medición.

—¿Ese modelo existe en otros lugares?

—Puede existir en universidades de gestión privada, pero en América Latina no es un modelo extendido. En nuestra región, la universidad cumple un rol de ascenso y movilidad social que es innegable.

Las personas acceden, a través de su paso por la universidad, a una formación que amplía su comprensión de la realidad y que mejora sus posibilidades laborales, incluso cuando no llegan a finalizar la carrera. Esto no es una percepción personal: está demostrado empíricamente que quienes transitan por la universidad acceden a trabajos de mejor calidad.

Por supuesto que queremos que los estudiantes se reciban. Pero esa no siempre es la realidad, especialmente en el interior del país y, más aún, en el interior del interior. Muchos de nuestros estudiantes provienen de la ruralidad y son primera generación de universitarios. Tienen enormes dificultades para sostener trayectorias en carreras que, además, son largas y muy exigentes.

Ahí aparece una discusión que creo que es inevitable para las universidades: la duración real de las carreras, la diferencia entre lo teórico y lo efectivo, y la certificación de competencias intermedias.

¿Qué ocurre, por ejemplo, con un estudiante que no se recibió de abogado, pero aprobó hasta tercer año? ¿Ese trayecto no le sirvió para nada? En realidad, esa persona adquirió conocimientos y competencias que le permiten acceder a trabajos más calificados que alguien que nunca pasó por la universidad. Sin embargo, hoy la universidad no certifica adecuadamente esos saberes.

Por eso estamos trabajando en lo que se conoce como microcredenciales o microcréditos académicos: certificar los conocimientos que el estudiante va adquiriendo a lo largo de su trayectoria formativa. Y, además, en cómo esos trayectos pueden compararse entre distintas universidades, a través de un sistema de créditos académicos. Ese es uno de los objetivos que tenemos planteados para 2026.

—¿Eso es lo que estuvieron discutiendo en los últimos días aquí en San Luis?

—Sí. Contamos con el acompañamiento de Mónica Marquina, docente de la UBA, que nos está asesorando en este cambio de mirada sobre cómo pensamos los planes de estudio.

Hoy los planes están organizados en función de horas de aula: por ejemplo, Matemática I tiene 60 o 65 horas frente al docente. Pero la realidad es que, para aprobarla, el estudiante dedica muchas más horas: estudio autónomo, ejercicios, lectura de bibliografía, preparación de exámenes. Probablemente el doble de lo que figura en el programa.

El sistema de créditos introduce otro enfoque. Cada crédito equivale aproximadamente a 25 horas de dedicación total del estudiante, ya sea con docentes o de manera autónoma. Para completar un trayecto formativo, el estudiante debe acumular una determinada cantidad de créditos en áreas específicas.

Esto nos permite incorporar, por primera vez de manera explícita, la perspectiva del estudiante sobre el tiempo real que demanda estudiar una carrera. Sabemos que no podemos exigir más de ocho horas diarias de estudio. Si pensamos una semana de 40 horas durante 16 semanas, eso nos da una base concreta para estructurar los créditos y controlar la duración real de las carreras.

—¿Eso implica acortar las carreras?

—No se trata de acortarlas en términos formales. Las carreras van a seguir teniendo la misma duración teórica: tres, cinco o seis años, según el caso. Lo que se busca es evitar la dilatación excesiva.

Por ejemplo, Psicología dura cinco años. La idea no es que se termine en tres, sino que efectivamente se termine en cinco y no en siete u ocho, como ocurre hoy. Para eso habrá que hacer un trabajo muy fino con los docentes, revisando qué contenidos deben ser estrictamente presenciales y cuáles pueden abordarse de manera autónoma o a través de otras modalidades.

El problema actual es que muchas veces se sobrecargan los programas. Eso genera una formación muy sólida, pero también hace prácticamente imposible que un estudiante promedio termine en el tiempo previsto, salvo que pueda dedicar doce horas diarias al estudio, algo que no es viable para la mayoría.

Carreras como Bioquímica, Psicología o Ingeniería Agronómica terminan extendiéndose a seis, siete u ocho años. Y eso coloca a nuestros graduados en desventaja cuando se comparan con otros países, como Brasil, Chile o Europa, donde el título de grado se obtiene en cuatro años.

Nosotros estamos formando profesionales que egresan con más edad, con trayectorias más largas, y eso tiene impacto cuando buscan trabajo o aplican a posgrados. Son discusiones complejas, pero absolutamente necesarias para el futuro de la universidad.

—Ese sistema ¿se va a aplicar en todo el país o cada universidad tiene autonomía para enfocarlo a su manera?

—Las universidades somos autónomas, por supuesto. Pero, al mismo tiempo, hemos alcanzado acuerdos comunes. Todas las universidades nacionales, a través del Consejo Interuniversitario Nacional, coincidimos en la necesidad de migrar hacia un sistema de créditos académicos.

Hay una voluntad política clara dentro del sistema universitario de pensarnos bajo este esquema, de ofrecer esta nueva perspectiva y de acompañar a los estudiantes en un proceso pedagógico con otra mirada, que creemos muy necesaria. Además, no podemos desconocer que en este aspecto estamos quedando rezagados: en gran parte del mundo, este sistema ya funciona desde hace años.

—En un contexto generalizado de descrédito de muchas instituciones, ¿por qué cree que la universidad conserva una imagen tan positiva ante la sociedad?

—Esta es una mirada personal. No pretendo hacer un análisis sociológico ni político sobre lo que piensa la sociedad. Pero creo que hay experiencias muy concretas que explican esa confianza.

Cuando una persona va al médico y se encuentra con un profesional formado en una universidad pública, deposita en él toda su confianza y su esperanza. Hay allí una actitud, tal vez inconsciente, de reconocer que detrás de ese título hay calidad. Existe un intangible asociado a la calidad académica y a la excelencia que la sociedad sigue vinculando fuertemente con la universidad.

Ese reconocimiento no siempre se traslada con la misma intensidad a otras instituciones, como la justicia, la salud o los distintos poderes del Estado. En cambio, la universidad aparece como el lugar del que salen el bioquímico, el médico, el ingeniero, el abogado, el escribano, el arquitecto: profesionales que resuelven problemas concretos y reales de la vida cotidiana.

Creo que de allí surge esa confianza social. De la idea de que la universidad cuida especialmente la calidad de la formación. Por supuesto, no somos infalibles. En la universidad trabajamos personas, dirigimos personas, y como en cualquier organización hay errores y todo es perfectible.

Pero sí creo que existe una mirada benevolente de la sociedad hacia la universidad, en el sentido de que es una institución que persigue estándares altos de calidad académica. Y eso se traduce, finalmente, en profesionales que no son simplemente ciudadanos comunes, sino personas con herramientas específicas para resolver problemas complejos en distintos ámbitos de la vida social.

—El Gobierno nacional abona una idea que también circula en parte de la sociedad: que la universidad está llena de estudiantes crónicos que pasan diez o quince años haciendo política en las aulas. ¿Cree que la universidad está comunicando bien hacia la sociedad lo que realmente hace?

—Las universidades, a diferencia de otros espacios —como el Poder Ejecutivo nacional u otras organizaciones públicas o privadas—, tienen dificultades estructurales para centralizar o unificar la comunicación. Y, sinceramente, creo que está bien que así sea.

La autonomía universitaria y el cogobierno implican que todos los integrantes de la comunidad universitaria compartimos una porción de la responsabilidad institucional. Eso genera, naturalmente, una dinámica profundamente democrática, en la que se comunican distintas miradas y perspectivas desde múltiples espacios.

Entonces, por más que el rector o quien preside una universidad haga un esfuerzo grande por rebatir una desinformación o un concepto instalado desde un ámbito gubernamental u otro actor, ese mensaje muchas veces pierde fuerza. No existe —ni debería existir— una monopolización de la comunicación del sistema universitario, ni siquiera dentro de una misma universidad.

En la propia universidad conviven múltiples espacios de comunicación que no necesariamente dialogan entre sí bajo una única bajada editorial. Es habitual encontrar, sobre un mismo tema, miradas críticas y miradas favorables, y eso es parte constitutiva de la universidad. No sólo es natural que así sea, sino que sería impensable que fuera de otro modo.

Cuando el debate se da exclusivamente en el plano comunicacional, especialmente en los medios y en las redes sociales, las universidades entramos en desventaja. Nunca habíamos estado tan directamente cuestionadas en ese terreno. Y es cierto que esta diversidad interna, que es una fortaleza institucional, en ese contexto puede hacernos perder potencia discursiva.

Pero no hay alternativa posible: así funcionan las universidades. El rector no es el dueño de la universidad, el Consejo Superior no es la única voz, y no existe una autoridad única que concentre el discurso institucional. Hay múltiples voces y múltiples ámbitos de expresión, y eso es parte de nuestra lógica democrática.

Dicho esto, sí creo que quienes gestionamos tenemos una responsabilidad indelegable. No podemos perder de vista que el rol central de la universidad es trabajar para los estudiantes y, a través de ellos, para la sociedad en su conjunto. Brindar información objetiva, clara y transparente es una obligación de la gestión. Es una carga que asumimos conscientemente.

Eso no implica, de ningún modo, eliminar la diversidad de voces dentro de la universidad. Implica asumir que, aun en ese marco plural, tenemos el deber de explicar qué hacemos, por qué lo hacemos y cuál es el sentido social profundo de la universidad pública.

—En lo personal también tiene un desafío importante. La gestión que le precedió, la de Víctor Moriñigo, tuvo una gran apertura hacia otras instituciones de la sociedad. Al menos en términos mediáticos, se conoció mucha actividad de vinculación de la universidad que antes no tenía tanta visibilidad.

—Yo creo que ese camino no empieza solamente con Víctor. A mí me gusta decir que es un proceso más largo, porque tanto Víctor como yo formamos parte del equipo de gestión de Félix Nieto. En la parte final de su segunda gestión —y creo que coincidió también con la primera gobernación de Claudio Poggi— empezó a instalarse una mirada compartida: la necesidad de que la universidad se vinculara más activamente con el Estado y con la sociedad.

Eso, por supuesto, no ocurre de un día para el otro. Es una construcción, un recorrido. Víctor fue muy claro en profundizar esa línea, sobre todo en el contexto de la pandemia, que fue una situación excepcional. Allí quedó muy definido cuál era el lugar que la universidad debía ocupar y cuál era el camino que debía recorrer.

En su momento me tocó acompañarlo, y hoy creo que, más que haber dejado la vara alta, dejó el piso alto. Eso facilita mucho el trabajo. No me toca empezar de cero, sino darle continuidad a un proceso que ya está en marcha, y eso me parece algo natural y saludable para la institución.

Creo también que mi actitud como rector habilita a los proyectos de investigación, de extensión, a las facultades, a seguir avanzando en esa dirección. He asumido un compromiso tanto con el gobernador como con los gobiernos locales —especialmente con las intendencias con las que tenemos más vínculo— y, progresivamente, con el resto de las instituciones públicas y privadas.

La idea es estar presentes, estar atentos, buscar puntos de contacto y sumar a la universidad a la búsqueda de soluciones: tanto para el sector productivo como para el acompañamiento en el diseño e implementación de políticas públicas. Ese es, creo, el rol que nos toca.

Recién estamos empezando, pero la intención no es sólo manifestarlo en el discurso, sino hacerlo efectivo con presencia y trabajo concreto. Vamos a hacer todo el esfuerzo necesario para que esa vinculación sea una realidad sostenida en el tiempo.

Gil, 44 años recién cumplidos: «Soy hijo de esta universidad. Mi padres son egresados de la UNSL como yo».

—Más allá de esta coyuntura económica, a la que le hemos dado bastante centralidad por su impacto en el funcionamiento de la universidad, ¿qué otros desafíos siente como prioritarios en lo inmediato de tu gestión?

—Los desafíos son varios. Por un lado, retomar algo que ya mencionamos: la necesidad de una comunicación clara, transparente y objetiva sobre lo que hace la universidad. La sociedad lo merece, porque es la sociedad la que, a través de sus impuestos, sostiene el funcionamiento de la universidad pública.

Pero esa comunicación también es clave para los jóvenes y para las futuras generaciones. Necesitamos que conozcan la universidad, que sepan que el ingreso es libre, gratuito e irrestricto, y que aquí pueden acceder a una formación académica de calidad. Esa es una obligación institucional que no podemos eludir.

Por otro lado, está el gran desafío de repensar las propuestas académicas en un contexto profundamente cambiante. Hoy los jóvenes que llegan a la universidad no necesariamente buscan el esquema tradicional de un aula, un pizarrón, un docente y una carrera de cinco años. Se vinculan con la realidad de otra manera, a través de la tecnología, y eso interpela directamente a la universidad.

La universidad tiene que repensar cómo se da hoy el acto educativo, cómo se construye el vínculo entre docentes y estudiantes. Es indispensable modernizar las herramientas pedagógicas para que ese diálogo sea más actual, más acorde a lo que nos depara el futuro inmediato: la inteligencia artificial, las redes sociales, nuevas formas de acceso a la información.

Hoy los estudiantes no tienen dificultades para acceder a información. Antes, quien no llegaba a tiempo a la biblioteca o no conseguía un libro, directamente no accedía al conocimiento. Hoy un libro está en el teléfono. La inteligencia artificial no es un problema en sí misma: es parte del escenario en el que se forman nuestros estudiantes.

Los estudiantes siguen yendo a la biblioteca, pero ya no van a buscar libros; van a estudiar. Eso nos plantea un desafío enorme como institución. La pandemia nos obligó a empezar a hablar de estos temas. No es que los estuviéramos pensando de antemano: la pandemia nos forzó a discutir algo que veníamos postergando.

Hoy ya no tenemos excusas. Es una discusión urgente. Porque si la universidad no se repiensa, los estudiantes van a empezar a buscar otras alternativas para formarse. Y ese es un desafío central para el presente y el futuro de la universidad pública.

—¿Qué es lo que desafían las herramientas de inteligencia artificial en términos del conocimiento universitario? ¿Qué puede ofrecer hoy una universidad en ese contexto?

—El desafío central es preguntarnos qué capacidades necesitan hoy los estudiantes, qué nuevas habilidades deben desarrollar, en un escenario donde la información está disponible de manera casi inmediata.

—Porque el razonamiento de un joven puede ser: “¿Para qué voy a ir a la universidad si acá tengo toda la información?”

—Ahí la respuesta no pasa por la información en sí, sino por el qué hacer y el cómo hacer. El desarrollo de competencias —blandas y duras—, capacidades de análisis, de cálculo, de creatividad, de resolución de problemas, es un proceso que sigue siendo acompañado por los docentes universitarios.

Hasta hace un tiempo, ese proceso implicaba trabajar contenidos teóricos, formular preguntas, proponer actividades y evaluaciones. Hoy, evidentemente, ese esquema tiene otras aristas. En algunos casos puede seguir funcionando, pero en muchos otros necesitamos repensarlo profundamente.

Creo que el desafío está en que docentes y estudiantes, junto con la tecnología y la inteligencia artificial, empiecen a transitar las fronteras del conocimiento. No sólo reproducir saberes, sino explorar hasta dónde un estudiante es capaz de resolver situaciones concretas dentro de un campo disciplinar: la abogacía, la ingeniería, la bioquímica, la kinesiología, la enfermería, por mencionar algunos.

Nuestras aulas ya no pueden pensarse únicamente bajo el esquema tradicional de banco, escritorio y pizarrón. Tienen que incorporar otras lógicas: laboratorios con realidad aumentada, acceso a herramientas de inteligencia artificial para docentes y estudiantes, simulaciones, nuevas formas de experimentación. Incluso debemos preguntarnos si algunas experiencias prácticas que hoy realizamos de manera presencial pueden ser complementadas o, en ciertos casos, reemplazadas por experiencias mediadas por tecnología.

Hay mucho por trabajar, y claramente no es lo mismo en todas las disciplinas. No es igual pensar estos cambios en educación inicial —donde formamos maestras para jardines de infantes— que en educación especial, bioquímica, física, matemática, agronomía o abogacía. Cada área del conocimiento tiene sus particularidades.

Pero lo que no podemos hacer es mirar esto desde atrás. La universidad tiene que estar un paso adelante, no esperar a ver qué pasa para decidir si incorpora o no estas herramientas. Ese es uno de los grandes desafíos de gestión.

Desde nuestro lugar, tenemos la responsabilidad de habilitar espacios de actualización para los docentes, de acompañar a los equipos docentes en la modernización de sus competencias pedagógicas. La idea es que ese proceso no fracase en el contacto con los estudiantes, sino que se convierta en una experiencia positiva, que potencie sus habilidades y los prepare mejor para el mundo del trabajo.

A esto se suma lo que hablábamos recién del sistema de créditos académicos, que cambia la perspectiva: nos obliga a pensar cómo ser más eficientes en el tiempo que los estudiantes pasan en la universidad, para que puedan certificar sus conocimientos más rápidamente, insertarse laboralmente y también tener movilidad académica, no sólo dentro de la Argentina, sino en el exterior, como ocurre en gran parte del mundo.

Creo que ahí se juega una parte central del futuro de la universidad.

—Cuando personas influyentes, como Andrés Oppenheimer, plantean que determinadas carreras van a desaparecer en diez o quince años, o figuras mediáticas como Mario Pergolini dicen directamente “no estudien Ingeniería en Sistemas”, ¿qué le genera ese tipo de afirmaciones? Pensando en un horizonte de diez años, ¿qué siente frente a eso?

—Yo creo que algo de eso hay. No se puede negar. De hecho, a las universidades ya nos ha pasado. Hay carreras que dejaron de tener estudiantes y que, sencillamente, desaparecieron. Otras cambiaron por completo sus planes de estudio e incluso sus nombres.

Por ejemplo, recuerdo la tecnicatura en microprocesadores, que existía cuando yo empecé en la universidad y hoy ya no existe. Entonces, es cierto que el mundo del trabajo va a demandar nuevas formaciones. Ahora bien, no creo que esos cambios sean de un día para el otro ni que ocurran de manera abrupta.

Lo que sí creo es que las universidades tenemos que ser lo suficientemente flexibles y dinámicas para que esos cambios no nos pasen por arriba. Tenemos que anticiparlos, acompañarlos y, en la medida de lo posible, planificarlos.

Hay una tendencia clara que observo, y es que cada vez va a ser más difícil establecer un punto de corte rígido en los trayectos formativos. Es decir, una persona empieza a estudiar Matemática, Informática o Química, y a los dos años adquiere una competencia, a los tres otra, a los cuatro otra, a los seis otra, a los ocho otra. El proceso de formación no se detiene de manera tan clara como antes.

La frontera entre el grado y el posgrado va a volverse mucho más difusa. El posgrado, tal como lo conocemos, va a resignificarse. Las personas van a empezar a construir sus trayectorias formativas a partir de distintos proyectos educativos, acumulando competencias a lo largo del tiempo. Creo que ese es, en buena medida, el futuro de las universidades.

En Informática esto se ve con muchísima claridad. Hay estudiantes que ingresan a Ingeniería Informática y eligen qué materias cursar. No necesariamente buscan recibirse. Quieren aprender determinados contenidos, llevarse ese conocimiento y aplicarlo. Y tienen todo el derecho del mundo a hacerlo.

—¿Y con esos certificados alcanza para conseguir trabajo?

—Sí, muchas veces alcanza. Pensemos en una empresa como Mercado Libre: preguntan si sabés programar en determinado lenguaje, te piden que lo demuestres y, si lo sabés, empezás a trabajar. Tal vez esa persona no cursó Cálculo General o Análisis Matemático, pero para ese puesto específico no era necesario.

Después podemos discutir cuánto se complementan esos saberes y por qué los planes de estudio tradicionales son tan extensos y exigentes, con múltiples materias que exceden un trayecto puntual. Pero lo cierto es que hay una tendencia que no podemos desconocer.

Muchos jóvenes se forman por fuera de la universidad, a través de Internet, especialmente en áreas como programación y software, o eligen formaciones “a la carta”: aprenden exactamente lo que les interesa y nada más. Frente a eso, las universidades tenemos que preguntarnos cómo respondemos.

Creo que el sistema de microcredenciales y de créditos académicos nos va a ayudar mucho a habilitar ese tipo de trayectorias. No es algo que vaya a resolverse mañana ni la semana que viene, pero sí creo que en el futuro vamos a hablar cada vez más de estos casos.

Las universidades no pueden negar esta realidad. Tenemos que aceptarla y pensar cómo gestionarla para garantizar la mejor calidad posible, de modo que los estudiantes sigan eligiendo formarse dentro de la universidad y no únicamente de manera autodirigida o por fuera del ámbito universitario.

Ese, sin dudas, es uno de los grandes desafíos que tenemos por delante.

—Con este escenario económico tan complicado, ¿qué universidad te imaginás hacia el final de su mandato?

—Yo parto de una convicción muy clara: no es función del rector elegir el escenario. El escenario es el que es, y nuestra responsabilidad es, con ese contexto, hacer lo mejor posible.

Si tengo que definir un norte personal, espero ser un rector que, en cada decisión que le toque tomar, ponga siempre a los estudiantes por delante. Pensar en los estudiantes es pensar en el sentido mismo de la universidad.

La Universidad Nacional de San Luis tiene, además, una complejidad enorme. No sólo hablamos de dieciséis mil estudiantes de grado distribuidos en las facultades, sino también de todo el sistema preuniversitario: la escuela de primera infancia, con salas de uno, dos y tres años; el nivel inicial de la Escuela Normal, con salas de cuatro y cinco; la primaria y la secundaria, con todas sus orientaciones. Es decir, acompañamos trayectorias educativas desde el primer año de vida hasta el posgrado.

Frente a esa realidad, la responsabilidad es muy grande, especialmente con los estudiantes más pequeños, pero también con todos los estudiantes de grado. Todo lo que hagamos tiene que estar pensado para ellos.

Sabemos que vamos a contar con pocos recursos para funcionar. Sabemos también que los salarios docentes y no docentes no van a poder competir con otros ámbitos laborales, y que muchos trabajadores de la universidad hoy necesitan recurrir a segundas fuentes de ingreso. Vamos a seguir poniendo nuestra voz donde sea necesario para que eso se revierta, aunque sabemos que no es algo que vaya a resolverse rápidamente.

Mientras tanto, nuestra tarea es sostener el funcionamiento pleno de la universidad: que todas las carreras sigan dictándose, que las aulas estén abiertas, que los laboratorios funcionen, que los estudiantes quieran y puedan seguir viniendo a estudiar. También que la obra social universitaria funcione, que los comedores universitarios estén abiertos y que se mantengan las condiciones mínimas indispensables para la vida universitaria.

La universidad va a seguir abierta. Va a seguir funcionando con las condiciones básicas necesarias, tomando decisiones responsables y siempre con una mirada puesta en los estudiantes, que depositan en la universidad pública una enorme expectativa y una enorme esperanza de futuro.

***

El lunes se anunciará el primer sorteo del plan ‘Tenemos Futuro’

El Gobierno de San Luis anunciará el próximo lunes, a las 10:30, la fecha del primer sorteo del plan habitacional ‘Tenemos Futuro’, que marcará el inicio formal de la adjudicación de viviendas para los nuevos inscriptos. El sorteo se concretará durante el mes de diciembre y estará acompañado por la difusión pública del reglamento y del esquema de convocatorias previsto para el año.

En la antesala de ese anuncio, este viernes se publicó en el Boletín Oficial el listado de localidades y de postulantes que quedaron habilitados para participar de esta primera instancia. La nómina incluye exclusivamente a vecinos de las ciudades y pueblos donde las obras de viviendas ya comenzaron o están próximas a comenzar.

Ese listado se puede consultar en el siguiente link: https://boletinoficial.sanluis.gov.ar/Boletins/Numero/16030-ANEXO

Para integrar el padrón definitivo, los aspirantes debieron haberse inscripto entre abril y julio y haber cumplido, además, con el proceso de validación de datos requerido en octubre. Aquellos que no respondieron a esa actualización quedaron fuera de los listados oficiales.

Desde el Ejecutivo provincial informaron que durante la conferencia de prensa del lunes también se detallarán los mecanismos de control y validación posteriores al sorteo, así como las sanciones previstas para quienes hayan falseado información o no reúnan los requisitos exigidos por la normativa vigente.

Por último, se aclaró que las localidades que no forman parte del sorteo de diciembre serán incorporadas de manera progresiva en las próximas convocatorias, a medida que se vayan identificando terrenos aptos y se avance con los proyectos de construcción en cada punto de la provincia.

Beazley, Renca y Potrero: más “tierra arrasada” por el Albertismo

El mapa municipal que comenzó a recorrer el gobernador Claudio Poggi después del recambio de autoridades del 10 de diciembre expone un patrón difícil de disimular.

En distintos puntos de la provincia, los nuevos intendentes encontraron municipios en estado crítico: deudas acumuladas, servicios básicos deteriorados, maquinaria inutilizable y edificios públicos abandonados. Beazley, Renca y Potrero de los Funes son hoy tres ejemplos concretos de esa realidad.

Más allá de las particularidades de cada localidad, hay un denominador común: quienes dejaron esas administraciones fueron dirigentes identificados con el albertismo, el mismo espacio político que gobernó la provincia hasta 2023 y que, tras la derrota electoral de Alberto Rodríguez Saá, dejó una herencia marcada por la descontrol administrativo y el vaciamiento del Estado.

Poggi junto a Díaz, el flamante intendente de Beazley. Su asunción en el Municipio se hizo con energía eléctrica prestada por una vecina.

Beazley: el colapso como punto de partida

El caso de Beazley se volvió emblemático. Cuando Javier Díaz asumió la intendencia, tras derrotar al albertista Nelson González el 11 de mayo —en la primera derrota del Partido Justicialista en la localidad desde el retorno de la democracia—, el municipio estaba literalmente paralizado.

Para realizar el acto de asunción, debieron tomar energía eléctrica de la casa de un vecino: el edificio municipal tenía el servicio cortado por falta de pago y acumulaba una deuda con Edesal cercana a los 29 millones de pesos.

Días antes, otra imagen había sintetizado el abandono: vacas pastando en la plaza principal del pueblo. Una postal que no fue una anécdota aislada, sino la expresión visible de años de desorden y falta de gestión.

Poggi junto a Luis Altamirano, intendente de Renca, y funcionarios del Gabinete provincial.

Renca: abandono estructural y servicios en crisis

Una situación similar encontró Poggi en Renca, donde gobierna ahora Luis Altamirano, tras dos períodos consecutivos de la rodriguezsaaista Romina Peralta. En su visita a la histórica localidad, el Gobernador mantuvo una reunión de diagnóstico con el nuevo intendente y recorrió instalaciones municipales que exhiben un deterioro profundo.

El parque automotor está prácticamente inutilizado, la maquinaria no funciona y el mantenimiento urbano es deficiente, lo que impide garantizar servicios básicos a los vecinos. “No pensábamos que el municipio tenía este estado de abandono”, reconoció Altamirano tras la recorrida. Ante ese escenario, Poggi comprometió asistencia directa de las áreas de Gobierno e Infraestructura y ordenó la puesta en marcha de un plan de contingencia para evitar la parálisis total del municipio.

La agenda conjunta incluye, además, la recuperación del patrimonio histórico y religioso de Renca, con el objetivo de potenciar el turismo y reactivar la economía local, hoy seriamente resentida.

Poggi junto a parte de su equipo de gobierno y el intendente Olagaray.

Potrero de los Funes: cuentas en rojo y urgencias varias

En Potrero de los Funes, el intendente Ignacio Olagaray enfrenta un desafío distinto, pero no menos complejo. La localidad turística recibió una administración con severos problemas financieros y de equipamiento, en un contexto particularmente sensible: el inicio de la temporada alta.

Durante la reunión de trabajo con Poggi, Olagaray expuso el estado de situación que heredó y que ya comenzó a explicar públicamente a vecinos y comerciantes. La Provincia se comprometió a colaborar para mejorar los servicios, embellecer la ciudad y acompañar el inicio de la temporada turística. Además, se avanzará en la firma del convenio “Construyendo con Tu Pueblo”, que permitirá ejecutar obras municipales y generar empleo.

La agenda incluye también la entrega de viviendas del plan de terminalidad “Progreso” y “Sueños”, la evaluación de terrenos para nuevas políticas habitacionales y la organización de eventos que sostengan la actividad turística durante los próximos meses.

Un patrón que se repite

Beazley, Renca y Potrero de los Funes no son casos aislados. Funcionan como una muestra concentrada de un modelo de gestión que, bajo el albertismo, dejó municipios sin planificación, sin previsión financiera y sin capacidad operativa. La “tierra arrasada” que marcó el final del gobierno provincial de Alberto Rodríguez Saá encuentra su correlato en estas administraciones locales.

Hannah Arendt, una pensadora sin barandas

Por Claudia Hilb.

Claudia Hilb es doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires y obtuvo un diploma de estudios avanzados en Estudios sobre América Latina (opción Ciencias Políticas) en la Universidad de París III. Es investigadora independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) de Argentina.

En 1972, en una conferencia alrededor de su obra organizada en Toronto, Hannah Arendt respondía así a su amigo Hans Morgenthau, quien le pedía que aclarara si era conservadora, liberal, o cuál era en definitiva su postura: «No sé, realmente no lo sé y nunca lo supe. Y supongo que nunca tuve una postura propiamente dicha. Como saben, la izquierda considera que soy conservadora y los conservadores a veces piensan que soy de izquierda, o inconformista o solo Dios sabe qué. Y debo decir que me tiene totalmente sin cuidado». En esa misma conferencia, Arendt apeló a la metáfora de «pensar sin barandas». «Cuando subimos y bajamos las escaleras», aclaraba, «siempre podemos tomarnos de las barandas para no caernos. Pero hemos perdido estas barandas. Eso es lo que me digo, y es ciertamente lo que intento hacer [pensar sin ellas]».

En las últimas décadas, el interés en la obra de Arendt ha crecido exponencialmente dentro y fuera de los círculos especializados en el pensamiento político. Probablemente la imposibilidad de encasillar a la autora no sea totalmente ajena a ese fenómeno, y aunque ello mismo pueda dar lugar a apropiaciones muchas veces superficiales, o a la utilización de citas sueltas con fines banalmente estetizantes, ha permitido al mismo tiempo enriquecer de manera notable la reflexión política tanto sobre los acontecimientos del siglo XX como sobre nuestras miradas hacia el mundo contemporáneo.

Es posible identificar, en la obra arendtiana, elementos que la atraviesan desde sus inicios así como distintos momentos que pueden asociarse a acontecimientos que marcan su biografía. Así, desde su tesis sobre el amor en San Agustín (1929) hasta La vida del espíritu, publicada póstumamente en 1978 tras su muerte ocurrida en 1975, es posible detectar una preocupación permanente por situar la experiencia en el espacio, tal como lo había aprendido de uno de sus grandes maestros, Karl Jaspers, y en el tiempo, en la senda de su otro gran maestro, Martin Heidegger. 

No parece abusivo decir que uno de los modos en que podríamos recorrer cada uno de sus textos o cada uno de los momentos de su obra podría consistir en fijar la atención en el modo en que estas dimensiones atraviesan su reflexión. Ello, nuevamente, sin dejar de atender al modo en que esta se ve impactada por los acontecimientos que la provocan, recordando que para Arendt -tal como lo señala en el prólogo de Entre pasado y futuro-, «el pensamiento surge de los acontecimientos de la experiencia vivida y debe permanecer vinculado a ellos, como únicos puntos de referencia por los que orientarse».

Así, sería posible trazar un primer arco que llevaría desde sus estudios sobre la vida de la escritora alemana Rahel Varnhagen (1771-1833) a principios de la década de 1930 a los textos que preceden a su gran libro Los orígenes del totalitarismo (1951). A través de la vida de Varnhagen se perfila la reflexión acerca del destino de aquellos judíos que, al calor de la emancipación política en Alemania a fines del siglo XVIII, buscaron asimilarse a la sociedad en que habitaban. Ello supuso, en términos generales, el esfuerzo individual por insertarse en un espacio de pertenencia, renunciando al legado de la propia tradición. Pero, a ojos de Arendt, la asimilación como proyecto individual intenta soslayar -y a la vez pone en evidencia- el hecho de que, si bien los judíos habían logrado la emancipación política, seguían siendo, como grupo, socialmente marginados. 

El advenimiento del nazismo clausura de manera brutal aquellos sueños individuales de asimilación, arrojando a todos los judíos por igual a la condición de «parias». En diversos textos de esos años, y de manera señalada en La tradición oculta (1944), Arendt elabora la posibilidad de otra tradición, la tradición del paria consciente, hilando en un relato los retratos de autores y actores -Heinrich Heine, Franz Kafka, Charles Chaplin, Bernard Lazare- que en su acción o su obra se han diferenciado tanto de la búsqueda individual de asimilación del advenedizo, como de la aceptación resignada de la marginación del paria. 

En 1933, Arendt, nacida en 1906 en un hogar judío laico de Königsberg, huye de Alemania hacia Francia, de donde logrará huir nuevamente, esta vez hacia Estados Unidos, en 1941. Entre 1945 y 1949 se abocará a la elaboración de la que probablemente sea su obra más resonante, Los orígenes del totalitarismo, una parte de la cual surge de la reelaboración de textos producidos en los años precedentes y no publicados por entonces«aún en total desconsuelo y tristeza, pero ya saliendo de la indignación muda y el horror impotente». Había llegado el momento de intentar comprender cómo pudo acaecer lo inimaginable. «¿Qué sucedió, por qué sucedió, cómo pudo suceder?», son las preguntas con las que intentaba lidiar, advierte Arendt en el prólogo de 1966 a la reedición de esta obra. 

Como nadie antes que ella, Arendt insistirá en que el totalitarismo no puede deducirse simplemente de sus antecedentes ni comprenderse en los términos de los regímenes ya conocidos: dictaduras, despotismos. Sus antecedentes -analizados en profundidad en sus dos primeras partes, «Antisemitismo» e «Imperialismo»- permiten ir percibiendo cómo se desarrollan los distintos elementos que cristalizarán de manera catastrófica en un régimen de nuevo tipo, el régimen totalitario, objeto de la tercera parte del volumen. 

El totalitarismo es un régimen inédito, en tanto innova de manera radical en la comprensión de la ley, sustituyendo la ley positiva y el ordenamiento legal por la voz del Führer como enunciadora de una supuesta ley de la naturaleza o de la historia a la que todos han de plegarse. En los términos clásicos heredados de Montesquieu, se trata de un régimen cuya naturaleza es el gobierno del terror, sostenido y reproducido en el principio de acción que le provee la ideología en tanto subordinación de la acción a la lógica implacable de una idea, como anulación del pensar reflexivo; de un régimen que anula la pluralidad, la diferencia y elimina toda distancia, esto es, toda libertad, entre los seres humanos, a los que a la vez aísla y amontona. 

Podemos trazar un segundo arco que nos lleva desde comienzos de la década de 1950 hasta la crónica del juicio de Eichmann, en 1963, e identificar un hilo que liga tres libros fundamentales de la obra arendtiana, La condición humana (1958), Entre el pasado y el futuro (1961) y Sobre la revolución (1963), en torno de la reflexión sobre la acción política como acción libre en un espacio compartido y de su destino en la modernidad. 

La condición humana es, junto con el póstumo La vida del espíritu, uno de los libros más propiamente filosóficos de Arendt; propone una indagación de las distintas esferas del actuar humano: la labor en tanto reproducción vital, el trabajo como producción de un mundo de objetos duraderos, la acción propiamente dicha como capacidad de iniciar lo nuevo, de aparición del «quien» de cada cual en una escena compartida, que solo existe en tanto actuamos y que se desvanece cuando dejamos de hacerlo. Pero es, simultáneamente, un diagnóstico del ocaso de la acción en la modernidad: la sustitución del poder (que se ejerce en la escena pública mediante actos y palabras) por la administración; y la disolución del actor singular, que se revela en su aparecer en un espacio compartido, en la masa impersonal.

Los textos incluidos en Entre el pasado y el futuro reponen a su manera las preguntas con que cierra La condición humana, pero reconectan al mismo tiempo con la preocupación arendtiana, presente en La tradición oculta, sobre la dificultad de actuar y pensar libremente cuando hemos perdido el suelo seguro que nos brindaba una tradición -estamos una vez más ante el desafío de pensar sin barandas o, en la frase de René Char que abre su prólogo, el de hacer frente a una herencia sin testamento-. Así, en la interrogación sobre la libertad se pone en evidencia que la asociación entre libertad y política, o la comprensión de la libertad ante todo como libertad mundana, pública, antes que como un atributo del individuo aislado, ya no va de suyo en el mundo contemporáneo. 

En la indagación sobre la autoridad -¿qué es, o tal vez sea mejor decir qué ha sido la autoridad?, se pregunta Arendt- se enfoca en la forma en que el quiebre de la autoridad de la tradición, y con ella de la tradición de la autoridad, nos enfrenta a la dificultad de tener que asentar cada vez nuestras acciones y nuestras convicciones en la acción misma, en nuestra capacidad de juzgar, sin poder contar con el suelo seguro de aquello que es transmitido como acervo común de significaciones y sentidos, de generación en generación. Ciertamente, dirá Arendt, es posible que recién ahora, en esta brecha entre el pasado y el futuro en que nos hallamos ante el quiebre del hilo de la tradición, pueda aparecerse ante nosotros el presente en toda su novedad. Pero existe el riesgo, y no es un riesgo menor, de que ese quiebre nos deje sumidos en un presente sin espesor, o que convoque a la adhesión a cualquier contenido que llene ese vacío de sentido en que nos encontramos. 

Por fin, en Sobre la revolución Arendt se enfrenta a las revoluciones modernas, la francesa y la estadounidense, para hallar en esta última un momento de fundación de la libertad, esto es, de un poder surgido de la acción de los seres humanos entre sí y asentado en las promesas -es decir, que emana de la única fuente efectiva del poder, a ojos de Arendt-. Pero también aquí el diagnóstico final es poco esperanzador: no solo que la revolución moderna ha quedado asociada a la experiencia francesa de apropiación de los resortes de mando por una minoría, y no por la experiencia fundacional estadounidense, sino que también esta última ha derivado, en última instancia, en una forma de gobierno en la que la administración de la prosperidad se ha impuesto por encima de la búsqueda de la felicidad pública.

Tracemos, por fin, un tercer arco que conduce de Eichmann en Jerusalén (1963) hasta su libro póstumo, el inconcluso La vida del espíritu. El juicio de Eichmann, al que Arendt asistió a su pedido como cronista para el New Yorker, marcaría la reflexión de Arendt en los años siguientes; su apreciación de la incapacidad del jerarca nazi por pensar por sí mismo, por fuera de clichés y frases hechas, la llevaría a ahondar en la interrogación acerca de la actividad del pensar y del juicio, y de la relación de estas actividades con el mal. La noción de la banalidad del mal, tan ligeramente rechazada por sus detractores, lejos de exculpar a los criminales o, por así decir de banalizarlos, nos ponía, entendía Arendt, frente a un horror más difícil de concebir aún que la maldad diabólica, y contradecía el modo en que la tradición había concebido el mal. 

Los textos de sus clases de 1965 y 1966, reunidos en Responsabilidad y juicio, vuelven desde diversos ángulos sobre el impacto que esa constatación produjo en ella. En ellos, Arendt indaga en la relación del mal con la ausencia de pensar y la incapacidad de juzgar -la ausencia del diálogo de cada quien consigo mismo, del dos en uno de la conciencia, la incapacidad de relacionarse con el mundo y con los demás a través del juicio-. En esa incapacidad de pensar en diálogo con uno mismo, de rememorar las acciones como propias y de juzgar de manera ampliada -concluirá en «Algunas cuestiones de filosofía moral»- «radica el horror y al mismo tiempo, la banalidad del mal». 

La vida del espíritu debía constar de tres partes, «El pensar», «La voluntad» y «El juicio». Arendt no llegó a escribir la tercera y decía sentirse incómoda con la segunda. Señalemos someramente que la primera retoma y profundiza las meditaciones de esos años sobre el diálogo del dos en uno de la conciencia y explicita el modo en que esta capacidad, que opera con invisibles (conceptos, ideas, significados, diálogo silencioso con uno mismo), prepara la capacidad de juzgar, que opera con casos particulares. 

De las elaboraciones de la sección del pensar, pero también de los numerosos textos de Arendt de aquellos años, podemos concluir que en la sección sobre el juzgar habría de tomar forma más elaborada su apropiación de esta capacidad como capacidad reflexiva. Esto es, una capacidad, una actividad, que lejos de subsumir bajo una máxima ya dada los juicios que formulamos, nos invita a elevar nuestro juicio a partir de un caso particular, con una pretensión de validez universal que no se sostiene en una verdad exterior, sino en nuestra búsqueda por juzgar aquello que acontece a través de una mirada ampliada que -partiendo de nuestra posición- pueda imaginar otras miradas, otras posiciones, en una escena compartida. Que pueda elevar un juicio, entonces, carente de barandas, sean estas las de la tradición o las de una autoridad, que no ceda a la tentación de someterse a alguna nueva verdad de cualquier tipo que haría innecesario el ejercicio, el esfuerzo, de pensar y juzgar ante esta, nuestra herencia sin testamento.

La transformación académica e institucional de la UNViMe. Entrevista al rector Marcelo Sosa

La Universidad Nacional de Villa Mercedes está en pleno reposicionamiento. A pocos meses de cumplirse la mitad de su mandato como rector, Marcelo Sosa destaca un balance que combina decisiones políticas, reordenamiento institucional y ampliación académica. La creación de la nueva Escuela de Medicina —que se independiza de Ciencias de la Salud— marca un hito para la UNViMe y representa, según afirma, el cumplimiento del espíritu original con el que fue creada la institución.

En diálogo con DePolítica, Sosa repasa logros, tensiones, deudas heredadas, desafíos de financiamiento y el papel de las universidades en un escenario nacional que redefine su relación con el conocimiento y la investigación pública.

A continuación, la entrevista completa.

— ¿Qué balance hace de este año en la Universidad Nacional de Villa Mercedes?
— Muy positivo porque acabamos de salir del Consejo Superior donde se aprobó la creación de la Escuela de Medicina, la Facultad de Medicina ya con una entidad propia que se separa de la Escuela de Ciencias de la Salud. De este modo le estamos dando envergadura institucional y va a tener esa carrera, que es columna vertebral de la UNViMe, una autoridad propia que se encargue de las dificultades, de las ventajas que tiene esta carrera, que requiere una inversión elevada en términos de personal, de docentes, de no docentes, de recursos didácticos, bibliográficos, tecnológicos.
Entonces, en este sentido, estamos felices porque estamos siendo fieles al proyecto institucional por el cual se creó la Universidad Nacional de Villa Mercedes y este paso para nosotros es de mucha esperanza porque se está fortaleciendo en Medicina.
Yo, como rector, me encontré con otro escenario: era una carrera apagada y ahora la estamos poniendo de relieve con estas decisiones que son decisiones políticas que se van a trasladar o se van a transformar en un aspecto académico. De esta manera la carrera de Medicina adquiere un volumen en igualdad de condiciones que el resto de las escuelas de la universidad. Esta sería la quinta escuela de la UNViMe.

— ¿Qué significa esta nueva envergadura institucional para esta carrera?
— Implica que vamos a designar en los próximos días a la nueva dirección, en este caso hemos pensado en una directora que es profesora de la universidad para que lleve adelante este proceso de normalización y para que en las elecciones de 2027 ya se incorpore con el cogobierno de la universidad, es decir, que sea electa.
En este caso se ha autorizado al rector a hacer la designación de esta persona que va a conducir a la escuela de manera normalizadora hasta que pueda elegirse no solo la dirección sino el Consejo de Escuela que acompaña o que forma parte del cogobierno de la Escuela de Medicina, y que a su vez va a integrar el Consejo Superior de la universidad.
Es decir, en este tiempo debemos trabajar para que en esas elecciones se garantice el cogobierno, que los cuerpos colegiados que ayudan a los órganos unipersonales y que también los controlan, como el rector, como el director de escuela o director de departamento, que también esté en plena institucionalidad. Es una quinta escuela.

— ¿Cuáles son las otras cuatro?
— Las cuatro escuelas que existían hasta las 11 de la mañana de hoy —miércoles— son la Escuela de Ciencias de la Salud, la Escuela de Economía y Gestión de Empresas, la Escuela de Ciencias Sociales y de Educación y la Escuela de Ingeniería y Ciencias Ambientales.

La carrera de Medicina estaba dentro de la Escuela de Ciencias de la Salud. Ahora se separa, se desmembra, se saca, crece esta carrera de Medicina con una escuela.
En casi todas las universidades, la Medicina, por la complejidad, por el volumen de inversión que tiene, por la cantidad de personas que tiene, porque es una carrera que requiere ciertos requisitos, casi siempre es una facultad, una escuela independiente. Es como que adquirió la mayoría de edad la carrera y por lo tanto hoy es esa escuela.

— Esta aprobación de la creación de la Facultad de Medicina, ¿es el hecho noticioso destacado de este último tramo del año?
— Así es. Dentro de la estructura se denominan escuelas. Otras son facultades. Es una facultad que le da la universidad a cierta área de estudio para que otorgue diplomas, certificaciones. Esa facultad es lo que genera la Facultad con mayúscula en la institución. Es un permiso que le da la universidad para que haya en este caso una escuela o Facultad de Medicina.

— Más allá de este hecho coyuntural, volvamos sobre ese balance de la marcha de la universidad en general.
— Bueno, otro hecho muy relevante que recién hicimos conocer al Consejo Superior es el pago de una deuda que recibimos cuando iniciamos la gestión. Una deuda previsional por la falta del pago de los aportes patronales. Corríamos el riesgo de que en ese momento la AFIP embargara los sueldos porque tiene la potestad de hacerlo. Una decisión que costó tomarla, la de adherir a un plan de pago porque implicaba asumir la obligación de pagar en el futuro. Hicimos con la Secretaría de Hacienda y Administración una gran tarea de austeridad, de control del gasto público, del no uso de los autos oficiales, por ejemplo. No hay gastos superfluos a nombre de la universidad. Con eso pudimos pagar este plan. Y eso nos hace sentir orgullosos porque hoy la universidad no tiene ninguna deuda pendiente. Y, sobre todo, deudas con los trabajadores. Porque habíamos tenido algunos problemas con algunos docentes que se querían jubilar y no tenían los aportes al día. Esto ya está claro. Y la contadora recién nos mostraba una pantalla de la AFIP que dice “sin deudas”.

El pasado 11 de noviembre la UNViMe cumplió 16 años.

— ¿Cuántos trabajadores tiene la universidad y cuántos alumnos?
— En personal no docente, aproximadamente 100. Docentes, cerca de 500. Estudiantes, tenemos 4.000. Y aproximadamente 800 estudiantes de posgrados. Nosotros estamos dictando una Maestría en Docencia Universitaria, que la financia la FEDUN, la Federación de Docentes de las Universidades, que antes tenía la UBA y ahora tiene la UNViMe. Ese es el prestigio que tenemos.

— Desde que ha comenzado su gestión como rector ha tenido que convivir con una herencia que más de una vez definió como muy complicada en términos económicos. A la vez ha tenido que enfocarse en la gestión diaria y en los planes a futuro de universidad. ¿Cuánto le queda todavía de ese lastre de la gestión anterior para resolver?
— Yo desde el primer momento me enfoqué en el futuro de la universidad. Por supuesto, atendiendo también a cancelar las obligaciones pendientes, que son muchísimas y creo que ya se ha dicho suficiente al respecto. Me encaminé, me enfoqué en el futuro de la universidad. Por eso creamos la Editorial UNViMe, que no existía. Creamos la Secretaría de Posgrado, que no existía, el régimen de los Doctorados Honoris Causa, una maestría para la formación de los docentes, una especialización. Nos extendimos en el territorio provincial. Estamos en Naschel, en Tilisarao, en Unión, en San Francisco del Monte de Oro, con carreras que la universidad ya tenía.
Hoy, hace un momento, aprobamos una nueva carrera de Ciencias Sociales, que es una Tecnicatura en Gobierno Local. Con lo cual esperamos que eso sea un aporte al gobierno del municipio. Es muy interesante porque va a ser a distancia. Y la novedad es que va a ser con el sistema de créditos, que es una disposición que se ha tomado a nivel nacional, y esa es la primera carrera que toma un modelo que ya está en Europa funcionando hace mucho tiempo. Es un esquema distinto al que conocemos en la universidad.

— ¿Qué tiene de novedad?
— Por ejemplo, hoy solamente valen las clases que se toman frente al profesor. Bueno, con este nuevo sistema también va a valer, por ejemplo, un estudio de campo, una salida, o un curso que haga por fuera de la universidad. Por ejemplo, yo estoy estudiando en Villa Mercedes y quiero ir a La Plata, tiene la misma validez. Hay como un respeto a la trayectoria del estudiante.
Otra cuestión para mí relevante es que, gracias a la generosidad del gobernador de la provincia —Claudio Poggi—, se está disfrutando de un edificio que es propio, más allá de que esté en carácter de préstamo, que es el de Los Poetas, donde cursa la mitad de las carreras de la universidad. Más de 1.300 estudiantes, que tienen ahí un bufete, tienen un comedor, tienen aulas dignas. Es decir, ahí se está viviendo la universidad propiamente dicha.
Nos enfocamos en el futuro, en comprar libros que hace siete u ocho años no se compraban, en entregar libretas que hace muchos años no se entregaban, lo cual marca la trayectoria del estudiante, la registra. O, por ejemplo, que nos desplacemos a 250 kilómetros al sur para dejar la universidad cerca. O, por ejemplo, el apoyo, la cooperación que hemos tenido con el Gobierno de la provincia, con el Ministerio de Educación o con el Ministerio de Salud, capacitando y formando a los futuros directores de escuela o a los enfermeros rurales. O la colaboración que estamos teniendo con la intendencia municipal, y que es recíproca.
Creo que uno de los logros que yo observo es la cooperación institucional, el diálogo respetuoso y que siempre, de parte, en el caso del Gobierno de la provincia, es superior lo que nosotros damos.
Porque nosotros no teníamos un edificio y el gobernador nos facilitó un techo y yo decía: de ese techo hicimos un hogar. O, por ejemplo, el reconocimiento al gobernador como Profesor Docente Extraordinario Honorario, que es el primero en la historia de las universidades de San Luis.
Yo creo que, si nos vamos al buen gobierno, a la gobernanza o a la buena administración, debemos decir que no tenemos deuda y que eso es un hecho histórico para la universidad.
Yo creo que es una parte de ese balance positivo. Claro, y tenemos un factor delicado, que está latente, que está pendiente: es poder terminar el edificio del módulo 1 de Aulas, que está en la zona norte de la ciudad, que por desidia, por abandono, por dejación, hoy quedó abandonado, quedó inconcluso. Pero no nos hemos quedado de brazos cruzados, sino que hemos hecho todo lo necesario para que se pueda reactivar, para que podamos tener un nuevo llamado.
Hemos hecho todas las gestiones con el Gobierno nacional, le hemos pedido colaboración al gobernador de la provincia, lo propio con el intendente municipal; de hecho, hemos firmado los tres una nota que ya está en posesión del Ministerio de Economía de la Nación para pedirle esto y, bueno, creemos que nos va a ir bien.

— La UNViMe tiene su rectorado en el centro de la ciudad, en Balcarce 314. ¿De qué otros espacios dispone?
— Tenemos aulas en Villa Mercedes, dos núcleos grandes, en el barrio Los Poetas, en la zona oeste de la ciudad, al frente de la Maternidad Provincial doctor Luco, ahí funcionan dos escuelas; y en la ex Escuela Normal de Villa Mercedes, General Paz 555, funciona la Escuela de Ciencias de la Salud y ahora va a funcionar la Escuela de Medicina.
Después tenemos laboratorios: un laboratorio de simulación clínica, que es donde los estudiantes trabajan con muñecos que simulan personas, niños, adultos, mujeres, etcétera. Y tenemos el laboratorio central de campus en la zona norte, donde va a estar el futuro complejo de aulas.
En la ciudad de Justo Daract también tenemos la sede de la Escuela de Ciencias Sociales y Educación, donde yo soy profesor: todos los lunes doy clase ahí.
Esos serían los tres grandes núcleos de aulas: Los Poetas, Escuela Normal y Justo Daract.

— ¿En qué otras localidades hay extensiones universitarias?
— Estamos, además de Justo Daract, en otras cuatro localidades. Tilisarao fue la primera, después fue Unión, Naschel y San Francisco. Ahí dictamos diversas carreras.

— ¿Y los alumnos de dónde vienen?
— La mayoría proviene de nuestra ciudad, de Villa Mercedes. Tenemos algunos estudiantes de la ciudad de San Luis. Tenemos muchas influencias, como históricamente ha sido, del Valle del Conlara y del sur de la provincia.

— Le está resolviendo el tema educativo a muchos estudiantes de la provincia que antes se tenían que ir a estudiar a otras ciudades.
— Sí, nosotros pensamos, por ejemplo, que en Medicina, en 350 kilómetros a la redonda, no tenemos esa carrera en una universidad pública. Si bien está en la ciudad de San Luis, pero es privada. Nosotros, en Ciencias de la Salud, tenemos una oferta muy grande, porque históricamente ha sido la columna vertebral de la universidad. Tenemos Kinesiología y Fisiatría, Enfermería, Obstetricia, Preparación Física, y se le ha sumado una extensión áulica en la ciudad de San Luis, de esta licenciatura que es la de los últimos dos años. Tenemos Economía, tenemos Diseño de la Comunicación, por ejemplo, aquí en Villa Mercedes. En Justo Daract tenemos los profesorados, y también los dos profesorados en Unión y en Tilisarao.
El proyecto institucional de creación de la UNViMe trata de dar respuesta a la demanda de educación superior de la región. Villa Mercedes, que es una de las grandes ciudades al sur del país, donde acá se inicia la Pampa Húmeda, da esa respuesta y viene a suceder la formación que históricamente, por ejemplo, brindaba algunos años atrás la Escuela Normal de Villa Mercedes y el Colegio Nacional.
Históricamente, si uno piensa en muchas de las personalidades del sur de la provincia y del norte, se formaron aquí en Villa Mercedes. Bueno, hoy eso ha crecido y es la universidad. Nosotros compartimos territorio también con la Universidad Nacional de San Luis en las facultades que ellos tienen aquí, pero lo hacemos en colaboración, sin disputarnos estudiantes, sino que colaborando con los profesores, porque tenemos muchos que trabajan en ambas instituciones. Pero, principalmente, nosotros damos respuesta a la necesidad educativa de la ciudad de Villa Mercedes y su zona de influencia.

— ¿Es decir que hay unos 4.000 alumnos que, de no ser por la UNViMe, tendrían que estar estudiando —si pudieran— fuera de la provincia?
— Claro, sobre todo en este momento donde se ha notado un incremento de alumnos que antes estaban en otras universidades y han pedido el pase o equivalencia. Las equivalencias se han incrementado más o menos en casi un 30%. Es una ciudad mediana, una ciudad donde tenemos el boleto gratuito, el boleto del colectivo gratuito. Todo se puede hacer caminando o en bicicleta. Es una ciudad tranquila, es una ciudad que apuesta a la educación. El intendente —Maximiliano Frontera— tiene como objetivo muy claro que sea una ciudad universitaria.

— De hecho, Villa Mercedes debe ser la ciudad con mayor oferta universitaria de la provincia.
— Claro, porque esto hace que tengamos condiciones competitivas cuando los chicos se vienen porque, aparte, hay una cuestión económica que es muy difícil y, bueno, evidentemente es mucho mejor. Porque, aparte, por ejemplo, te doy un dato: la UNViMe ganó las Olimpíadas de Medicina y el primer premio lo compartió con la UBA, en ese nivel de calidad educativa. Entonces, tiene tanto prestigio como una universidad que ya tiene una trayectoria o ya está consolidada. Nuestro desafío es que nos elijan por calidad educativa. Así que, bueno, en eso estamos.

— ¿Y en esa búsqueda de la excelencia académica cómo se integra o qué rol juega el docente?
— Todo ingreso a la universidad pública se hace por concurso de méritos y oposición. Es decir, yo rendí un concurso y, bueno, lo gané. Lo que nosotros observamos con la llegada de nuestra gestión es que no estaba profesionalizado o faltaba profesionalización y no estaba conformada lo que se llama la estructura piramidal. Es decir, tenés arriba un profesor titular, después asociados, y es como que tiene que ser una base amplia.
La universidad se prestigia en su cuerpo docente, más allá de la titulación, por dos razones. Primero, por la dedicación. Si tenés un profesor simple, de 10 horas, solamente va a dar clase una semana, pero a medida que se le aumenta la dedicación puede hacer investigación, extensión, pueden ser otras tareas. Y segundo es el carácter de ese docente, ya sea titular, asociado, es decir, la jerarquía. Bueno, estas dos cuestiones no estaban; nosotros las estamos construyendo porque teníamos muchísimos profesores simples que se les suele llamar en la jerga “profesores taxi”, que dan un ratito en lo que no podés pedir más que dé clase y tome exámenes.
Nosotros hemos dado mayores dedicaciones. Además hay una cuestión económica muy fuerte y nosotros tenemos que, dentro de lo posible, contribuir a esa mejora, pero también reconstruir, o mejor dicho, construir la pirámide jerárquica, porque nosotros necesitamos un profesor que conduzca el dictado de la materia y que esté asistido por profesores y también por estudiantes.
Como dato definitivo, estamos haciendo concursos para que aquellos estudiantes que quieran iniciarse en la docencia también lo puedan hacer. Y eso es algo que hace mucho tiempo que no se hacía.

Una entrega de certificados a estudiantes avanzados como Tutores de pares. Son actividades vocacionales, no remuneradas que lleva adelante la UNViMe.

— El escenario económico de los últimos años es muy crítico y se habló mucho del tema del financiamiento universitario. ¿Qué se ha resuelto en términos de la relación entre la UNViMe y el Gobierno nacional?
— Como todas las universidades, nosotros estamos en un gran problema por la falta de financiamiento. Nosotros, a nivel salarial, somos los peores pagos de Latinoamérica. Nuestros sueldos están depreciados en 50%. Es decir, si nosotros miramos la evolución de la inflación y los aumentos de sueldo, estamos casi en 50% por abajo. Para llegar a tener los valores de noviembre de 2023, el aumento tendría que ser del 80%. Pero solamente para alcanzar ese nivel. No quiere decir que con eso pasemos a ocupar los mejores lugares de Latinoamérica.
Yo creo que hay un plan de empobrecimiento del profesorado de la universidad en general, en la universidad argentina…

— ¿Con qué fin?
— Que seamos un país de economía primaria. Eso es. Como ha sido en otro tiempo. Es difícil la educación, hay que seguir invirtiendo, por supuesto. Ahora, ningún país del mundo ha cerrado la investigación. Aquí, en Argentina, tomaron una decisión de desfinanciar un montón de proyectos que ya venían siendo aprobados. Ahora, esto va en desmedro del verdadero progreso de cualquier sociedad porque, ¿cuál sería el objetivo para no tener más médicos, más ingenieros, más docentes, más licenciados en Economía, en Comunicación, en Arte inclusive?
Bueno, yo creo que el plan es que seamos una economía donde solamente se produzcan materias primas.
Creo que el país lo han dividido en dos o tres partes: aguas dulces arriba, el acuífero Guaraní; un poco, si vemos las cordilleras y las sierras centrales, inclusive las sierras de San Luis, con el litio; el alimento en la zona de la Pampa Húmeda; y el agua de los glaciares y, por supuesto, en el sur del país, la energía y eso. Creo que el plan es ese: primarizar la economía, quitar a la educación que forma recursos y, bueno, se llevan el litio y nos venden las computadoras y los teléfonos.
El plan es muy sencillo, es muy simple como siempre. Cada tanto es cíclico y lo vienen haciendo. Ahora, creo que las universidades en este escenario, al cual hemos sido obligadas, debemos enfocarnos en lo propio: hacer mejor lo que hacemos, lo que nos merece el mayor respeto del pueblo argentino, porque la institución más valorada es la universidad pública.
Al mismo tiempo, creo que el desafío es hacer mejor lo que sabemos, lo que hicimos siempre. Pero el nuevo desafío es sumarle transparencia a la universidad. Esto nos falta: tenemos que rendir cuentas, tenemos que ser conscientes de que la autonomía y la autarquía no son razones para no mostrar lo que se hace.
Yo hace un momento decía en la nota que, si los mecanismos de control hubieran funcionado, no podría haberse endeudado esta universidad. Porque si el Estado nacional envía fondos para pagar sueldos y aportes, hay que pagar sueldos y aportes. Si alguien no pagó los aportes —porque los sueldos no pueden dejar de pagarse, porque si no, no se abre la universidad—, entonces, ¿qué pasó con los controles?
Bueno, más allá de que las universidades tenemos auditorías internas, somos auditadas de modo externo también, pero creo que es un paso que tenemos que dar, un paso que tienen que dar en general las instituciones de nuestro país. Y creo que ahí es donde la universidad se va a fortalecer. Y creo que ese, me parece, es el camino que necesita la universidad.
Debemos profundizar lo que hacemos, que lo hacemos bien, por eso los chicos nos eligen, los estudiantes, pero transparentar, mostrar, rendir cuentas: lo que le llaman los anglosajones la accountability. Es decir, no una rendición contable, sino una rendición de cuentas de la gestión, que es mucho más profunda.

— Es interesante que en este escenario sean las universidades las instituciones con mayor prestigio o credibilidad por parte de la sociedad. Hay un mensaje de defensa a la educación, mientras los sindicatos, los poderes institucionales, el Poder Judicial y los medios de comunicación están muy desprestigiados.
— Yo creo que sí, también porque lo que hacemos es bueno. Si quieren ver qué hacemos, yo invito: de hecho, cualquiera puede participar en cualquier clase, porque son públicas. Pero ¿qué hacemos nosotros? Damos clases, enseñamos a otros a ejercer la medicina, la docencia o la economía; investigamos; hacemos extensión. Está a la luz. Por eso creo que el prestigio está dado, y además porque nos eligen.
La educación primaria es obligatoria porque hay una ley que dice que los chicos de tal edad tienen que ir a la escuela. A nosotros nos eligen, porque ya nosotros trabajamos con ciudadanos, con mayores de edad. Entonces creo que, a la par de que tenemos que profundizar lo que hacemos, tenemos que iniciar el camino de la transparencia y tenemos que abrirnos a la sociedad.
La universidad argentina se organiza en el sistema de claustros. También es un viejo resabio del orden monástico, como dijo la proclama de Córdoba de 1918. Inclusive la denominación de claustros ya te da la imagen de algo cerrado, ¿no? Tenemos que abrirnos. De ahí que nosotros profundicemos lo que hacemos: aulas, laboratorios, talleres, conocimientos. A medida que profundicemos la transparencia y que podamos comunicar, dialogar con la sociedad, parece que es la garantía de que la universidad no solo subsista, sino que se fortalezca y crezca.
Nosotros tenemos algo muy valioso y es el desarrollo científico y tecnológico. Eso se hace en la universidad. En otros países, la investigación corre por otros carriles: solamente las universidades hacen docencia. Nosotros hacemos docencia, investigación y extensión. Un tercio de las patentes que tiene el país se hacen en la universidad pública. Es decir, el progreso científico-tecnológico se hace desde las universidades.

— ¿Cuánto representan los sueldos docentes en el presupuesto universitario?
— Como en todas las universidades, van desde el 90, 95, 96%. Nosotros pagamos los sueldos y, aparte, todos los meses tenemos que rendir cuentas. Ahora, vuelvo a lo de recién: nosotros tuvimos que hacer rendiciones de cuentas desde el año 2013. O sea, en un acto de fe nos vamos 12 años para atrás y estamos saldando cuentas.
Entonces, yo creo que ahí es donde nosotros también tenemos que hacer hincapié en aquella idea de, como en mayo de 1810, “el pueblo quiere saber de qué se trata”. También tenemos que hacerlo en la universidad.
Yo, como rector, tengo que garantizar pocas cosas: la libertad de cátedra, la autonomía, el buen gobierno, el cogobierno de la universidad, la gratuidad y, diríamos, como quizás un contenido nuevo, la transparencia.
Como una cuestión muy destacada de nuestra gestión es que, hasta ahora, cuando un alumno terminaba de rendir y ya pedía su título, se le cobraba un canon. Nosotros dejamos de hacerlo, porque así, si cobramos un peso, estaríamos violentando el principio de la gratuidad.
Entonces, para cerrar, cualquier posibilidad… eso a nosotros nos obliga, más que nunca, a ser fieles a los principios de la universidad pública argentina. Consagrados, quizás, o esbozados en la Reforma, en la proclama universitaria de Córdoba de 1918, pero también en la gratuidad del 49, o en la federalización a partir de los movimientos.
Creo que debemos ser fieles a nuestros principios: esa es la garantía de que sigamos siendo aquellos tan prodigiosos que somos.

— ¿Qué “dicen” de la UNViMe las figuras que han sido destacadas, premiadas, distinguidas en tu gestión?
— Yo creo que nosotros distinguimos, con el Doctor Honoris Causa, en primer lugar, al doctor Miguel Ángel Santos Guerra, uno de los pedagogos más eximios de lengua española, y recientemente al doctor Ángel Díaz Barriga, que es de México. Miguel Ángel es de España y Díaz Barriga de México.

— ¿Ambos fueron una propuesta suya, independientemente de que tuvo la aprobación del Consejo?
— Sí, fue una propuesta del rector, y en este caso también compartí una propuesta con la Federación de Docentes de las Universidades. Como también recientemente al gobernador de la provincia, a quien le dimos la distinción como Profesor Honorario de la universidad. Sienten mucho prestigio.
Primero, son personas prestigiosas que a su vez nos prestigian, y nosotros también otorgamos algo del prestigio que tiene la universidad argentina, y eso para nosotros nos hace sentir orgullosos, porque es como que crecimos todos, ¿no?
Cuando dimos el primer Doctorado Honoris Causa, en este caso para el doctor Santos Guerra, o que a partir de ese momento —porque él tiene más de cien obras escritas, viaja por el mundo— ya el nombre de la Universidad Nacional de Villa Mercedes resuena en el mundo, lo mismo que Díaz Barriga también. Lo propio con el del gobernador de la provincia.
Yo creo que esto también es conteste con algo que yo escucho, y es que se la reconoce a la UNViMe.
Ahora, el prestigio está dado por sus estudiantes, por sus docentes, y yo creo que contribuyo, porque también trato de hacer las cosas bien, trato de ser un buen rector, no me conformo con ser solamente rector. El estatuto de la universidad no pide que sea un buen rector, pero debo serlo, porque la Universidad de Villa Mercedes ha transcurrido por muchas etapas, muchos rectores, tuvo muchos problemas, y quizás la última etapa fue la más difícil; de hecho, me tocó suceder a mí en esa instancia.
Entonces, mi obligación es hacer las cosas muy bien, por dos razones: primero porque trato de ser un hombre íntegro, y segundo porque soy villamercedino. Acá vive mi familia, acá vive mi madre, mis hermanos, mis conocidos; entonces yo no puedo hacer las cosas mal porque tengo que estar conviviendo con eso. Creo que eso también me obliga y lo veo como una sana obligación para mí.

— Hablemos del papel de las universidades ante el desafío que les plantea la inteligencia artificial precisamente al conocimiento universitario. ¿Qué opinión tiene?
— Sí. Quizás en el volumen, en la administración del conocimiento sí, porque es inconmensurable: yo no puedo, ni ningún profesor. Ahora, creo que es en este cúmulo de información donde se exalta y resalta la figura del docente. Porque docente es el que le transmite las herramientas para el trabajo en equipo, la motivación, la escucha; lo humano, que solamente lo puede brindar un docente. Por ejemplo, si uno quiere, la inteligencia artificial genera patrones, pero se traba en uno, que es la poesía.
Es decir, aquella construcción estética, ética si se quiere, de la poesía, la inteligencia artificial no la puede hacer, porque ahí está lo humano trabajando.
Ahora, la universidad va a tomar una postura, por supuesto. Negarla es un sinsentido, ¿no? No vamos a eso. Ni tampoco vamos a decir: bueno, la incorporamos para que todos los exámenes salgan con IA, porque lo vemos también, ¿no?
Ahora, ¿qué vamos a hacer nosotros? Estamos ya trabajando en una suerte de decálogo de principios éticos sobre el uso de la inteligencia artificial en la Universidad Nacional de Villa Mercedes. Esto va a ilustrar, a iluminar, a marcar un poco la senda de cómo tenemos que aprovechar esta gran herramienta, que muchos dudan si hay que llamar inteligencia artificial o inteligencia ajena, ¿no? Yuval Harari o Byung-Chul Han también hablan de inteligencia ajena. Pero bueno, la definición que sea, la pregunta es: ¿qué hacemos los seres humanos con ese volumen de conocimiento? Bueno, yo creo que hay que aprovecharlo y tenemos que educar a los aprendices, a los nuevos, a los jóvenes, para que sepan administrar este tesoro del conocimiento que, bueno, lo ha probado la tecnología, ¿no?
Me parece que el desafío es descubrir la dimensión ética en el uso de la inteligencia artificial. Y lo otro tiene muchos otros componentes que han sido muy bien expresados en un documento que suscribió el papa Francisco en enero de este año, que se llama “Antiqua et nova”. ¿Qué dice el Papa? ¡Ojo con los recursos naturales que se utilizan en la inteligencia artificial! Él nos invita a redescubrir lo humano, la sensibilidad, lo propio, y eso lo hace un docente trabajando en educación, en el aula, en una universidad: lo hace un docente. Y esa cercanía es lo que nosotros tenemos que redescubrir. Y ahí no tenemos competencia: somos humanos.

— El año 2026 será el Año de la Educación, según la consigna del Gobierno provincial. ¿Cómo será para la UNViMe?
— Va a ser un gran año donde vamos a adherir a esa declaración y nos vamos a poner a disposición.
Creo que para la UNViMe la centralidad va a estar dada por el desarrollo de los posgrados, por las carreras a distancia y, por supuesto, la implementación de la facultad, de la Escuela de Medicina. Vamos a seguir colaborando con los diferentes niveles de Estado, aunque casi como una obsesión va a ser el campus para las aulas propias.
Nosotros vamos a tener una universidad consolidada, madura, plena, cuando tengamos una casa propia, por llamarle de algún modo, ¿no? Las aulas propias. Eso va a certificar la mayoría de edad de la Universidad Nacional de Villa Mercedes, de la cual soy su feliz director, transitando la mitad del mandato.

— La muerte de Eduardo Gargiulo, un periodista cuyo nombre también quedó asociado al nombre de la UNViMe, causó mucha tristeza entre quienes lo conocimos y compartimos oficio. ¿Cómo lo recuerda usted?
— Se nota la ausencia de una personalidad insustituible del mundo periodístico: un amigo franco, un profesional honesto y defensor de la universidad pública. Todavía me parece verlo entrar —sonriente— con un mate en su mano y con una nueva idea para seguir creciendo como universidad.

— Muchas gracias, rector.
— Gracias a vos.

***

Pipi” Alí renunció a la intendencia de La Toma y evitó un llamado a elecciones

Ernesto Nader «Pipi» Alí presentó este 10 de diciembre su renuncia formal a la intendencia de La Toma, decisión que comunicó mediante una nota dirigida a la vicepresidenta a cargo de la Presidencia del Concejo Deliberante, María Cristina Quevedo.
En el escrito, el dirigente enrolado en la bancada kirchnerista en la Cámara Baja de la Nación explicó que dejará el cargo para dedicarse de lleno a su rol como diputado nacional, banca desde la cual —según señaló— continuará defendiendo los intereses de los tomenses, los puntanos y los argentinos.

“Es tiempo de enfocar todo mi esfuerzo en la defensa del país y honrar el privilegio que me dieron”, expresó Alí, quien describió la decisión como “un paso al costado” necesario para acompañar desde otro lugar.
En ese marco, sostuvo que seguirá comprometido con la defensa de derechos y recordó su actuación parlamentaria, donde afirmó no haber faltado a sesiones ni a comisiones, incluso en contextos de fuerte tensión política.

«Mi ciudad querida»

En su mensaje, el ahora exjefe comunal agradeció especialmente a los vecinos de La Toma, que lo eligieron en dos oportunidades consecutivas para conducir el municipio. Reivindicó su identidad local y remarcó que continuará viviendo en la localidad, a la que definió como “mi ciudad querida”. “Buenos Aires solo me tendrá como visitante”, afirmó, al tiempo que subrayó que su casa seguirá siendo “de puertas abiertas”.
La carta también incluyó definiciones políticas más amplias, con críticas al actual contexto nacional. Alí habló de “tiempos de miseria y crueldad” y sostuvo que distintos sectores sociales —jubilados, trabajadores, personas con discapacidad, profesionales de la salud y universitarios— están siendo afectados por las políticas del Gobierno nacional. En ese sentido, reafirmó su adhesión a las banderas históricas del peronismo: independencia económica, soberanía política y justicia social.
Y cerró el mensaje con un agradecimiento a la comunidad de La Toma y a la provincia de San Luis.

Rosca política.

Un dato político no menor completa este escenario y ayuda a explicar una satisfacción de Alí de las últimas horas.

Alberto Rodríguez Saá padre dejó en manos de su hijo la definición de la presidencia del bloque de diputados del PJ en San Luis, desentendiéndose personalmente de la decisión. Según pudo reconstruir esta página, no atendió los llamados que recibió y, finalmente, hizo saber a través de su secretaria personal que el tema quedaba bajo la órbita de su hijo.

La definición derivó en la designación de Lucas Cayme como presidente del bloque justicialista, legislador por el departamento Pringles, el mismo al que pertenece Alí como vecino de La Toma. El acuerdo -Rodríguez Saá hijo y Alí- cerró la puerta a las voluntades de los diputados del departamento Pueyrredón, que también aspiraban a la conducción parlamentaria.

Asumió Díaz en Beazley, con el edificio municipal sin luz por falta de pago

Un dato sintetiza la situación en la que Nelson González –referente del albertismo– dejó la intendencia de Beazley, ahora en manos de Javier Díaz, ganador de las elecciones del 11 de mayo por el frente Ahora San Luis.

Aquella contienda dejó un resultado histórico: con un padrón finalmente depurado, fue la primera derrota del Partido Justicialista en la localidad desde el retorno de la democracia. Díaz se impuso con el 42,53% de los votos, frente al 36% obtenido por González, que buscaba su reelección.

La magnitud del deterioro municipal quedó expuesta incluso en el acto de asunción: debieron conectar el sonido a la electricidad de la casa de un vecino, ya que el edificio municipal tiene cortado el suministro por falta de pago.

González, el intendente que dejó el Municipio (sin luz).

Díaz, el flamante intendente comenzó su primer día de gestión en las oficinas de Edesal, donde se interiorizó sobre la deuda que el Municipio mantiene con la empresa —unos diez NIS a su nombre— con el objetivo de avanzar en un plan de pago.

En días previos, y antes de la llegada de la comitiva oficial encabezada por el gobernador Claudio Poggi en sus habituales recorridos por el interior, la postal era todavía más elocuente: vacas pastando en la plaza principal del pueblo. Una imagen que condensa el abandono y anticipa el desafío que deberá enfrentar el nuevo intendente.

La preocupación por el estancamiento de Beazley no es nueva. Ya en agosto de 2024, durante la firma del convenio Construyendo con tu Pueblo, Poggi había manifestado públicamente su inquietud: “Siempre en mi anterior mandato le dediqué mucho tiempo a Beazley porque no arrancaba. Hoy lo veo igual que hace diez años y me da tristeza, por eso me comprometo con los vecinos a ayudarlos para que progresen. Comenzamos con ‘Construyendo con tu Pueblo’ y en los próximos días se comenzarán a ejecutar las obras. La construcción genera trabajo”.
En esa misma ocasión, el Gobernador adelantó que también se iniciaría un plan de viviendas para “cumplir el sueño de muchas familias”.

Con este telón de fondo, Díaz inicia su gestión desde un punto de partida complejo, con la tarea urgente de reconstruir el municipio y devolverle a los vecinos un funcionamiento básico que hace tiempo no tienen.

Agosto de 2024. El gesto de Poggi lo dice todo sobre el estado del pueblo.

Tagliente y Olagaray: dos nuevos intendentes, dos diferentes puntos de partida

Las últimas horas dejaron dos imágenes similares —dos juras, dos intendentes jóvenes, dos gestiones que comienzan— pero detrás de esa coincidencia se abren rutas bien distintas en Juana Koslay y Potrero de los Funes.
Aunque ambos jefes comunales pertenecen al mismo espacio político, los puntos de partida no podrían ser más diferentes.

Tagliente en Juana Koslay: continuidad, orden y una vara alta

El Vicegobernador Endeiza junto a Tagliente y Videla.

Pedro Alejandro Tagliente asumió como intendente de Juana Koslay en un acto realizado en la Rotonda Cruz de Piedra, acompañado por el vicegobernador Ricardo Endeiza y por su antecesor, Jorge “Toti” Videla, quien deja la intendencia para ocupar una banca como diputado provincial.

La gestión de Videla —reconocida como una de las más innovadoras y eficientes de la provincia, incluso por intendentes de otros signos políticos— deja a Tagliente ante un desafío particular: mantener el estándar de una ciudad que funcionó bien, creció y fue administrada con solvencia.

“Hoy es un día que quedará grabado en mi memoria y en mi corazón”, dijo Tagliente.
Y agregó: “Voy a estar presente, escuchar, trabajar cada día con humildad y respeto, reconociendo que al gobernar no se puede estar solo”.

Con alrededor de 20 mil habitantes, Juana Koslay es un municipio ordenado, sin crisis de servicios y con una administración que llega al recambio en buenas condiciones financieras y operativas. Tagliente, además, conoce la estructura: fue parte del gabinete de Videla.

La continuidad aparece como hoja de ruta natural. El desafío, en este caso, es sostener una vara alta, no reconstruir.

Olagaray en Potrero: urgencias, servicios y crisis heredada

Olagaray sonríe al lado del Vicegobernador Endeiza. Atrás, una presencia que no pasó desapercibida: la ex presidenta del PJ, María Angélica Torrontegui, vecina de la localidad.

Muy distinta es la situación en Potrero de los Funes, donde Ignacio “Nacho” Olagaray asumió tras ganar la elección del 9 de noviembre por apenas diez votos, en la última contienda electoral del año.
Su victoria desplazó a Daniel Orlando —que había sido intendente y que también ganó una elección por un margen mínimo, de solo doce votos— y dejó atrás al actual intendente Damián Gómez, que terminó tercero.

Aquí el punto de partida es otro: un municipio con problemas económicos graves, servicios resentidos y un clima de deterioro administrativo.
Por eso, Olagaray abrió su discurso hablándole directamente a los trabajadores municipales:

“Les pido un poco de paciencia: son la prioridad para ordenar la situación administrativa y financiera del municipio”, afirmó.

También habló de la urgencia en recuperar servicios esenciales: mantenimiento de calles, limpieza del pueblo, normalización del funcionamiento cotidiano.

“Vamos a trabajar desde hoy; mañana continuamos, y en estos días van a notar un cambio contundente”, prometió.

Con la temporada turística a días de comenzar, Potrero necesita capacidad de respuesta inmediata. Por eso formalizó rápidamente dos designaciones clave:
Cecilia Anzulovich, al frente del área Hacienda;
Ignacio ‘Nacho’ Morris, responsable de Turismo, Cultura y Deporte.

El turismo no es solo un área de gestión: es la economía de Potrero, y la crisis del municipio impacta directamente en su principal actividad.

Dos imágenes, dos escenarios

Mientras Tagliente inicia su mandato con continuidad política, orden administrativo y una comunidad acostumbrada a una buena gestión, Olagaray empieza desde un lugar diametralmente opuesto: debe reconstruir, ordenar y reestructurar antes de poder proyectar.

Ambos asumieron con discursos basados en cercanía, trabajo y presencia territorial.
Pero la diferencia de contexto es la clave:
Juana Koslay exige sostener lo que funciona.
Potrero de los Funes exige recomponer lo que está roto.

Es, en definitiva, la fotografía política del recambio 2025 en el Gran San Luis: dos intendentes del mismo espacio, pero con realidades y exigencias completamente distintas.

El viaje del libro a través de la historia. Entrevista a Roger Chartier

Por Mariano Schuster.

Periodista. Es editor de la plataforma digital de Nueva Sociedad. Fue jefe de redacción de las publicaciones socialistas argentinas La Vanguardia y Nueva Revista Socialista. Colabora con medios como Letras Libres y Le Monde diplomatique, entre otros. Es coautor de Mario Bunge y Carlos Gabetta (comps.): ¿Tiene porvenir el socialismo? (Eudeba, Buenos Aires, 2013).

 

A mediados de la década de 1980, el historiador Roger Chartier comenzó a indagar de modo agudo y focalizado en diversos aspectos de la historia del libro. Heredero de la diversa y multifacética tradición de la Escuela de los Annales, Chartier impulsó, junto con otras historiadoras e historiadores, un «giro cultural» que, valiéndose de novedosas categorías, dio como resultado un marco analítico singular que permitió comprender mejor los diversos aspectos que hacen a la historia global de la cultura escrita.

 Su estudio pionero sobre los orígenes culturales de la Revolución Francesa y sus innovadores trabajos sobre la historia del libro y la lectura lo hicieron acreedor de una creciente notoriedad en el campo académico e intelectual. Decidido a escribir para lectores especializados, pero también para un público amplio, Roger Chartier ha combinado sus estudios académicos con intervenciones públicas sobre la historia de las prácticas lectoras, el papel de los libros en la historia y las transformaciones que ha supuesto, tanto para la lectura como para el libro, la emergencia de la «era digital».

Nacido en Lyon en 1945, Chartier realizó sus estudios universitarios en la École Normale Supérieure de Saint-Cloud. En 1970, comenzó su labor en la docencia como asistente en la cátedra de Historia Moderna en la Universidad de París 1. En 1975 ingresó como profesor asistente en la École des Hautes Études en Sciences Sociales y en 1984 se convirtió en director de estudios en la misma institución, de la que hoy es profesor emérito. Roger Chartier ha sido, además, profesor en el Collège de France, en la Universidad de Pensilvania y en la Universidad de Cornell. Entre 1990 y 1994 presidió el Consejo Científico de la Bibliothèque de France y entre 2000 y 2004 fue miembro del Comité Científico del Instituto Max Planck de Historia de la Ciencia.

Es autor de innumerables libros, muchos de los cuales han sido traducidos a diversos idiomas. Entre ellos se destacan Espacio público, crítica y desacralización en el siglo XVIII: los orígenes culturales de la Revolución Francesa (1990), El orden de los libros (1990), El mundo como representación (1992), Libros, lecturas y lectores en la Edad Moderna (1993), La cultura como apropiación (1995), Escribir las prácticas. Foucault, De Certeau, Marin (1996), Las revoluciones de la cultura escrita (1997), El juego de las reglas (2000), Inscribir y borrar: cultura escrita y literatura (2005), Escuchar a los muertos con los ojos (2008), El libro y sus poderes (2009), La mano del autor y el espíritu del impresor (2015), El pequeño Chartier ilustrado (2021) y Editar y traducir (2022). Chartier fue coordinador, junto con Henri-Jean Martin, de Histoire de l’édition française [Historia de la edición francesa] (1983) y, junto con Guglielmo Cavallo, de la imponente Historia de la lectura en el mundo occidental (2001). Fue, además, director del tercer tomo de la afamada Historia de la vida privada, editada por Philippe Ariès y Georges Duby.

En esta entrevista, el historiador francés dialoga con Nueva Sociedad sobre sus principales libros, indaga en la historia de la lectura y plantea los principales cambios que ha supuesto la era digital en términos de cultura escrita.

Profesor Chartier, usted ha escrito una obra extensa, dedicada sobre todo a la historia del libro y a la historia de la lectura. Ya a fines de la década de 1960, realizó su trabajo sobre la Academia de Lyon en el siglo XVIII, y en 1974 escribió junto a Daniel Roche en el famoso libro Faire de l’histoire [Hacer historia], publicado bajo la dirección de Jacques Le Goff y Pierre Nora. Su relación con ellos, su participación en la École des Hautes Études en Sciences Sociales, y su vínculo con historiadores como Philippe Ariès, llevó a que su obra fuera catalogada como parte de la Escuela de los Annales, en alusión a la revista fundada por Marc Bloch y Lucien Febvre, en la que, por supuesto, usted también escribió. Pero, además, su obra ha sido sindicada como parte de una «cuarta generación» de los Annales, es decir, aquella que, en la década de 1980, formó parte del llamado «giro cultural». Usted, sin embargo, nunca se ha mostrado muy favorable a la interpretación de una «cuarta generación» de los Annales y, de hecho, ha sugerido que nunca ha habido homogeneidad entre las diferentes generaciones que surgieron a partir de esa publicación. ¿Cómo ve, históricamente, el papel de esa revista y cuáles son las razones por las que descree de los marcos generacionales que se le han atribuido?

Aun cuando mi obra ha estado marcada por la tradición historiográfica asociada a la revista Annales, en la que participé y de la que no he dejado de sentirme parte, yo nunca he creído en la idea de generaciones homogéneas asociadas a esa publicación. De hecho, siempre he pensado que esa fue una invención de algunos historiadores franceses para posicionarse aprovechando la presencia internacional de la revista, fundada en 1929, y de una institución como la École des Hautes Études en Sciences Sociales, creada en 1947, y ligada directamente a ella. Es cierto que la primera generación de los Annales fue más concreta y compacta, en tanto para sus fundadores, Marc Bloch y Lucien Febvre, era necesario afirmar una forma de historia que se oponía a la que entonces era dominante. Lo que ambos buscaban era construir una perspectiva que, incluyendo dimensiones económicas, sociales y culturales que hasta entonces estaban ausentes en el campo académico, se diferenciara también de los enfoques que hacían un eje casi exclusivo en el individuo y en sucesos puramente políticos y militares. Luego, con la llegada de Fernand Braudel a la dirección de la revista, a mediados de la década de 1950, habría comenzado lo que algunos denominaron como la «segunda generación» de los Annales, marcada sobre todo por la aplicación del gran modelo de las temporalidades, ideado por el propio Braudel, y también por una aproximación histórica que era tanto económica como demográfica. Más tarde, ya en la década de 1960 y comienzos de la de 1970, se habría desarrollado una tercera generación de los Annales, identificada con lo que se conoció como «historia de las mentalidades».

Tiendo a pensar que hasta ese momento hubo ciertos criterios metodológicos, temáticos y de perspectiva que podrían permitirnos hablar de una cierta unidad, aunque no de homogeneidad; ya entonces resultaba evidente que había tonos y miradas distintas a la hora de hacer historia. Esto quedó muy claro cuando, en la década de 1980, apareció lo que algunos denominaron como la «cuarta generación» de los Annales, la de la «historia cultural», de la que yo formaría parte. En aquel contexto se hizo cada vez más visible que tanto en la revista como en la propia École se habían desarrollado formas muy diversas de interpretar y escribir la historia y que todos esos modos de interpretación presentes en los Annales habían logrado incidir fuera del propio círculo interno, por lo que aquello contra lo que se había luchado en un principio ya se había modificado.

Esa diversidad, que era cada vez mayor, se debía, entre otros aspectos, a la internacionalización del campo historiográfico y a la permeabilidad hacia corrientes que provenían de otros países y que eran absorbidas por distintos grupos. Por eso creo que, al menos desde esa época, se hizo imposible pensar en términos de generaciones, aunque a mí nunca me ha parecido que haya habido una identidad nítida e identificable dentro de los Annales. Fíjese, sin ir más lejos, que mi propia obra está inscripta en una «cuarta generación» asociada a la historia cultural, contraponiéndola a la perspectiva más cuantitativa y económica. Sin embargo, ya Marc Bloch, fundador de la revista Annales, había hecho historia cultural en toda regla al escribir un libro como Los reyes taumaturgos, en el que se destacaban criterios basados en las representaciones colectivas, los ritos y las creencias.

Lo que sucedió en realidad fue que, durante muchos años, distintos historiadores –o grupos de historiadores– intentaron aprovechar el prestigio de la revista, presentándose como «historiadores de la Escuela de los Annales», lo que daba la imagen de un grupo homogéneo que, en rigor, no era tal. Eso era una pura invención. En este sentido, debo decirle que yo, que provengo de ese mundo, me he sentido mucho más próximo al tipo de trabajo que han realizado colegas de Italia, Estados Unidos, España y América Latina que de otros colegas de la École, donde teóricamente estábamos los herederos de los Annales. Por supuesto, no pretendo destruir esta identificación con la revista y con la escuela, pero considero que es importante poner algunos matices. Reconozco que esa identificación fue muy provechosa, dado que muchos libros fueron traducidos porque en teoría pertenecían a la «escuela de los Annales», y que hubo un tiempo en el que nombrar a los Annales implicaba hacerse poseedor de un cierto capital simbólico. Pero para mí todo aquello de la primera, segunda, tercera y cuarta generación siempre ha sido una invención, una suerte de fábula.

Si quitamos del medio la idea de generaciones, es claro que, en la década de 1960, se impuso con mucha fuerza la perspectiva de la llamada «historia de las mentalidades», dentro de la cual se destacaron Philippe Ariès, Georges Duby y Robert Mandrou. ¿Cuáles son, a su entender, las principales contribuciones que hizo la historia de las mentalidades?

Creo que la historia de las mentalidades fue fundamental para pensar una serie de dinámicas y de fenómenos que habían ocupado un lugar secundario o subordinado en el campo historiográfico francés. Frente a las perspectivas socioeconómicas, la historia de las mentalidades se propuso hacer eje en las creencias y las formas de percepción que eran compartidas por diversas sociedades y grupos, estudiando los modos comunes de pensar, de ver y de sentir. Ese nuevo enfoque, que se desplegó desde la década de 1960, tuvo un gran impulso a partir de la obra de Jacques Le Goff, Robert Mandrou, Georges Duby y Emmanuel Le Roy Ladurie, así como de los sustanciales aportes de Philippe Ariès –quien era, en rigor, un outsider de la academia y de la École, a la que fue integrado uno o dos años antes de su muerte–. Si bien la perspectiva promovida por estos historiadores implicaba, sin dudas, una cierta ruptura con la historia dominante, incluso dentro de los Annales, también marcaba un cierto retorno a planteos que ya estaban presentes en la obra de Lucien Febvre, uno de los fundadores de la revista, en tanto había sido él quien, en su día, había utilizado el concepto de «herramientas mentales» para denominar las distintas creencias y categorías que eran compartidas por un grupo específico o una sociedad concreta. Así que, de un modo u otro, los historiadores de las mentalidades desarrollaron su concepto a partir de la categoría de Febvre y le dieron un nuevo dinamismo, construyendo una aproximación histórica que puede delinearse a partir de cuatro características centrales. Una de ellas era la de pensar que existía efectivamente una «mentalidad colectiva» en un momento dado o en un lugar dado. Hacer hincapié en lo común, en lo repetitivo y en lo compartido, ligaba ese enfoque a un tipo de historia cuantitativa, dado que si había fenómenos reiterados, debía ser posible reconstruir series y estadísticas que los mostraran. La segunda característica de la historia de las mentalidades era la de privilegiar las fuentes masivas –como las notariales, las demográficas, los catálogos e inventarios de bibliotecas–, que permitían el análisis de lo compartido y de lo común, al mismo tiempo que un tratamiento estadístico. El tercer rasgo distintivo era el de tomar el modelo de las temporalidades de Fernand Braudel para analizar las prácticas y los consumos culturales. Por un lado, se verificaba la larga duración de algunos fenómenos que resistían a las mutaciones y, por el otro, se examinaba, como lo hacía Michel Vovelle, el momento de ruptura, de desplazamiento de las creencias, de las transformaciones de las formas de pensar el mundo. La cuarta y última particularidad en el campo de la «historia de las mentalidades» era la de una tensión entre una perspectiva como la de Philippe Ariès, centrada en aquello que era común y compartido dentro de una sociedad, y otra, más cercana a la historia social francesa, que veía correspondencias entre las mentalidades y las clases sociales. Si para Ariès lo importante era el proceso que transformaba las creencias o los sentimientos de una época en parte de una «mentalidad común», para la corriente de la historia de las mentalidades más cercana a la historia social, que estaba representada sobre todo por Georges Duby y Robert Mandrou, lo trascendental era ver la mentalidad en relación con una clase social o a un medio profesional, o incluso las tensiones entre lo «popular» y lo «elitista». Pero lo cierto es que, pese a las diferencias que pudieran existir, la «historia de las mentalidades» constituía un paradigma dominante.

¿Cuáles eran los principales aspectos de la historia de las mentalidades que, a su juicio, resultaban problemáticos y requerían una revisión? ¿Cuáles eran las maneras en las que la nueva historia cultural, nacida durante la década de 1980 y de la que usted formaba parte, proponía superar los escollos que encontraba en la historia de las mentalidades, aun cuando en buena medida reconociera muchos de sus aportes?

La vertiente que se dio en llamar «nueva historia cultural» era deudora y heredera de la historia de las mentalidades, pero al mismo tiempo establecía críticas a esa tradición y marcaba lo que consideraba sus límites. En aquel momento, algunos investigadores considerábamos que el concepto de mentalidad era demasiado fijo y estático, y veíamos un problema en el hecho de que la historia de las mentalidades, al hacer tanto énfasis en aquello que era compartido y constante, dejara de lado no solo la idea de prácticas, sino también la diversidad de estas. Es por ello que, en lugar de buscar lo repetitivo, lo constante y lo sistemático, la nueva historia cultural se esforzó por trabajar con estudios de caso de situaciones particulares. De este modo, el marco analítico que se desplegó a fines de la década de 1980 a partir de obras como The New Cultural History1 [La nueva historia cultural] –un libro editado por Lynn Hunt en el que escribimos diversos historiadores e historiadoras– marcó una ruptura con un modelo de historia cuantitativa –que había sido adoptado por los historiadores de las mentalidades– e hizo hincapié en la particularidad de situaciones y procesos históricos específicos que también permitían sacar conclusiones amplias. En lugar de organizar la demostración histórica a partir de una división social ya establecida, la historia cultural pretendía pensar la construcción móvil, inestable y conflictiva del mundo social. Y esto implicaba la necesidad de acuñar nuevas ideas, como por ejemplo la de «luchas de representación» y la de «actos performativos de los discursos». A esto se añadió otra diferencia con la historia de las mentalidades y era la relación con los «vecinos» de las ciencias sociales. Mientras que la historia de las mentalidades había tenido cierta familiaridad con la sociología y la psicología, la historia cultural se sintió vecina de la antropología y de la crítica literaria. Por un lado, la historia cultural enfatizó la importancia del análisis de los textos –documentos, escritos, publicaciones– y, por el otro, marcó la necesidad de hacer hincapié en los ritos, las ceremonias y las prácticas que transmitían una serie de sentidos y símbolos. A partir de este horizonte se podía pensar una historia cultural que respetaba la herencia de la historia de las mentalidades, pero que a la vez ofrecía perspectivas nuevas y diferentes a ella.

Y dentro de la propia historia cultural parecía haber diferencias, aun cuando existiese un terreno común…

Por supuesto, porque siempre ha sido difícil definir o delimitar lo que constituirían los objetos propios de la historia cultural. Puede haber una perspectiva que marque una frontera y que divida, por ejemplo, la historia de la educación, la historia intelectual, la historia de los medios, la historia del arte, la historia de la literatura. Este tipo de lectura indica que hay unos objetos concretos que son culturales, pero que son analizados por disciplinas específicas, en tanto tienen características que no necesariamente comparten con el resto. Pero hay, por supuesto, una segunda perspectiva, que es la de considerar que toda historia es cultural. Este modelo rompe con el de las historias diferenciadas, en tanto sostiene que, como cada conducta y cada realidad objetiva es el resultado de significaciones que los individuos, las comunidades y las sociedades expresan en prácticas, ritos, y símbolos, la cultura es aquello que atraviesa toda la historia. Mientras que la primera perspectiva parte de un principio de delimitación de un corpus de textos y prácticas en relación con la estética, la intelectualidad y la literatura, definiendo la historia cultural en función de una serie de objetos propios, la segunda podría inscribirse en una relación con la antropología simbólica tal como la entendió Clifford Geertz, que considera que todas las conductas, los comportamientos y los rituales están investidos de un proceso de producción de sentido que es definido como cultural.

En 1989, usted publicó un ensayo que es ya un clásico de la nueva historia cultural. Me refiero a El mundo como representación. Quisiera preguntarle, en primer término, en qué medida buscaba, mediante ese concepto, producir una superación de la categoría de «mentalidad» sobre la que conversábamos anteriormente, y cuáles son, desde su punto de vista, las razones por las que el concepto de «representación», que tenía claras evocaciones de la obra de Émile Durkheim, pero también de la de Ernst Kantorowicz, tuvo un éxito tan nítido en el campo historiográfico y analítico en general.

Pienso que el éxito del concepto de representación se vincula con varios fenómenos. El primero es que se trata de una noción que ya era familiar en las sociedades de la Edad Media y, sobre todo, de la primera modernidad, y, al mismo tiempo, es un concepto analítico que fue utilizado por la sociología, la historia y la estética. A diferencia del concepto de «mentalidad», que es claramente una invención del siglo XIX, el de «representación» tiene una dimensión que es tanto histórica como metodológica. Si observamos los diccionarios de la lengua española podremos ver muy bien esta dimensión. Fíjese, por ejemplo, la definición de representación dada por el Tesoro de la lengua castellana o española de Covarrubias de 1611. Dice que «representar» es «hacernos presentes algunas cosas ausentes con palabras o figuras que se fijan en nuestra imaginación». En definitiva, la «representación» es «hacer presente lo ausente». Pero ya en el siglo XVIII, la categoría adquiere una complejidad mayor. En el Diccionario de autoridades, publicado entre 1726 y 1739, el acto de «representar» es definido, por un lado, como hacer presente lo ausente, pero también como la forma de «manifestar en lo exterior alguna cosa que lo hay o que lo parece». Según este diccionario, «representación significa también autoridad, dignidad, carácter o recomendación de la persona. Y así se dice, Fulano es hombre de representación». En definitiva, aparece una doble dimensión que alude, por un lado, a la de la representación de una ausencia y, por el otro, a la exhibición de una presencia. Un aporte fundamental en este sentido fue el que desarrolló Louis Marin, un autor que lamentablemente ha sido poco traducido al español. Marin afirmaba que la representación tiene un carácter transitivo (o transparente) y otro reflexivo (u opaco). El primero nos indica que una representación «representa algo», pero el segundo nos muestra que la propia representación se presenta a sí misma como «representación de algo». Es decir, la dimensión transitiva muestra a la representación como una operación de sustitución: hay un elemento que reemplaza a aquel que está ausente. Y la dimensión reflexiva nos muestra esa propia representación como la exhibición de una presencia.

En este sentido, diría que hay tres líneas que nos permiten pensar, en términos históricos, sobre la base de la idea de representación. Una de ellas es la que proviene de la gran tradición sociológica francesa asociada, fundamentalmente, a Durkheim y Marcel Mauss, para quienes las «representaciones colectivas» –como ellos las llamaban– constituían el cimiento de las distintas formas de percepción, clasificación y juicio. En el caso de Durkheim y Mauss, las representaciones colectivas mostraban los modos en que se internalizaban o se incorporaban las estructuras sociales, dando lugar a modos de percibir, pensar y actuar. En una segunda línea, podemos entender las representaciones como las formas a través de las cuales los individuos, los grupos, las comunidades y las sociedades exhiben y manifiestan su identidad. En esa dinámica, los individuos, pero también los distintos grupos y comunidades, se reconocen a sí mismos, y se dan a conocer a otros, a través de representaciones, de gestos, de formas específicas. Por último, podemos mencionar una tercera línea, que se vincula a la representación en un sentido delegativo, en tanto hay una persona o un grupo de personas que ejercen la representación de una colectividad, de un poder o de una identidad. Es la idea de los representantes políticos. Esas tres líneas nos permiten articular la representación incorporada, la representación exhibida y la representación delegada, haciendo de la idea de representación un instrumento analítico poderoso.

En su obra, ese concepto se vuelve especialmente potente en tanto se lo asocia a procesos de lucha con dimensiones performativas y simbólicas. ¿Hasta qué punto las «luchas de representación», tal como usted las ha denominado, forman parte de distintas estrategias de afirmación y/o rechazo de distintas identidades en el campo social? ¿En qué medida esas «luchas de representación» son sociales y políticas?

La idea fundamental es, precisamente, dejar en claro que las representaciones son parte del mundo social y, como tal, lo constituyen. Creo que, en este sentido, la obra de Pierre Bourdieu es muy importante, ya que muestra que el mundo social está constituido por una tensión entre la aceptación o el rechazo de diversas representaciones –simbólicas, del poder, de identidades–. Tal como lo expuso Norbert Elías en El proceso de la civilización2, la modernidad no consiste en la desaparición de la lucha violenta entre grupos e individuos, sino en la posibilidad de que esa violencia también se desplace, en virtud de la limitación de las pulsiones, al campo de lo simbólico. El hecho de que las luchas sociales, e incluso podríamos decir las luchas de clases, ya no se expresen única y exclusivamente a partir de la violencia física o de una guerra abierta y declarada, sino a través de combates en los modos de representar y de clasificar, lleva a que los distintos grupos e individuos proyecten sus identidades, sus perspectivas y sus discursos a través de representaciones. Y esas representaciones entran en pugna unas con otras.

Es en este sentido que las luchas de representación forman parte de los elementos que pueden asegurar una determinada dominación política, una dominación social o una dominación de género. Tanto la historia política que estudia las formas de ejercicio del poder a la manera de Kantorowicz, como las modalidades de análisis de la construcción de las desigualdades sociales a la manera de Bourdieu, o la propia historia de las mujeres en el marco analítico crítico que promovió, entre otras, Lynn Hunt, expresan permanentemente luchas de representaciones. Este último ejemplo, el de la representación de género, es muy claro, en tanto que la dominación simbólica hace aceptar como naturales las representaciones dominantes de «lo masculino» y «lo femenino» hasta el momento en que estas son rechazadas, como bien lo demuestran los diversos movimientos feministas.

 Como cualquier concepto renovador de la disciplina, el de «representación» ha tenido también sus críticas, como las que formularon el italiano Angelo Torre y el español Ricardo García Cárcel. ¿Cómo analiza y piensa esas objeciones?

Aunque son de orden diferente, considero que ambas críticas se encuentran unidas en la idea de que estudiar las representaciones constituiría una forma de alejarse de la realidad histórica y social. Por un lado, tenemos la crítica de García Cárcel, que consiste, fundamentalmente, en la idea de que hacer eje en las representaciones puede volvernos cómplices de los mitos del pasado. En su consideración, las representaciones no pueden más que distorsionar y ocultar la verdad histórica, los hechos tal y como sucedieron, por lo que, según su punto de vista, estudiar esas representaciones conduce directamente al relativismo. Lo que García Cárcel plantea es, en definitiva, la existencia de una verdad de la historia que se opone a la falsedad o las ilusiones de las representaciones. Si esta crítica es principalmente epistemológica, la que realizó Angelo Torre tiene un corte más metodológico. En un artículo, publicado en la revista italiana Quaderni Storici, Torre planteó que el estudio de las representaciones llevaba aparejado un abandono del estudio de lo que él definía como la «realidad», que consistiría en las prácticas sociales de los individuos y grupos del pasado.

Creo que estos argumentos críticos hacia la noción de representación y al estudio de las representaciones, en virtud de un supuesto alejamiento de la verdad histórica o de la realidad histórica, llevan, en primer lugar, a una pregunta: ¿qué son y para qué sirven, entonces, las fuentes históricas? Nosotros, como historiadores, no vivimos en el siglo XVI, por lo que todo lo que decimos sobre el siglo XVI surge a partir de documentos que enumeraron, narraron y comentaron las realidades de ese tiempo. Y esos documentos o esas fuentes no nos muestran lo que los críticos de la noción de representación denominan «la realidad» o «la verdad», sino justamente las representaciones de una realidad pasada. Por lo tanto, si los historiadores trabajamos con documentos, que constituyen representaciones de la realidad, la lógica nos indica que nuestro trabajo es descifrar los códigos internos de esas representaciones para llegar al conocimiento de las realidades efectivamente vividas.

En segundo lugar, considero que apelar a la categoría de representación y trabajar a partir de ella en el análisis histórico social no supone de ningún modo abandonar el terreno de las prácticas y las experiencias humanas en la realidad social. De hecho, los esquemas de representación se relacionan directamente con condiciones de posibilidad inscriptas en esa realidad, por lo que difícilmente puede verse el trabajo con las representaciones como una anulación de aquella. La representación no está escindida de aquello que representa o pretende representar. En este sentido, creo que algunas críticas a la noción de representación y al trabajo de los historiadores a partir de las representaciones tienen un problema añadido, que es el de considerar que las representaciones no constituyen, en sí mismas, una realidad. El punto es justamente que las representaciones también forman parte del terreno de lo real.

Permítame introducirme de lleno en la cuestión de la historia del libro. Es sabido que el campo específico comenzó a delinearse a partir de la publicación de La aparición del libro, de Lucien Febvre y Henri-Jean Martin3. ¿Cuál fue, para usted, la importancia del marco promovido por esa obra y por ambos autores?

Creo que el trabajo de Henri-Jean Martin y Lucien Febvre, publicado en 1958, plasmó una novedosa práctica historiográfica que abrió camino a un campo de estudios y, a partir del uso de herramientas estadísticas y de métodos de análisis social, permitió, entre otras muchas cosas, analizar la presencia de libros en distintos entornos sociales –haciendo jugar allí el poder adquisitivo y la pertenencia a una determinada clase–. Siempre he considerado que el título La aparición del libro era algo desafortunado, ya que el trabajo de Lucien Febvre y Henri-Jean Martin estaba enteramente dedicado a las consecuencias de la invención de la imprenta, y eso  impedía ver que había libros antes de la creación de Gutenberg.  Pese a ello, considero también que tanto los aportes que ambos realizaron, como la apertura del campo de la historia del libro fueron de un gran valor.

A partir del estudio de Febvre y Martin se desarrolló el que, durante muchos años, sería el paradigma dominante en la historia del libro. Ese paradigma hacía hincapié, en primer lugar, en la «gente del libro», es decir, en los impresores, los tipógrafos, los encuadernadores, los editores. Y al poner el foco en ellos acababa construyendo una historia social de las personas que participaban de ese universo. La segunda línea importante de este paradigma era la de poner énfasis en la coyuntura de la producción de los libros. Estos historiadores tomaban un modelo que la historia ya había utilizado para otras mercancías y, valiéndose de herramientas cuantitativas y estadísticas, indagaban en la producción de libros a escala nacional y local, durante un determinado periodo. La tercera línea de este enfoque se basaba en el desarrollo de una reflexión sobre el modo en que el libro se introducía en las sociedades: cómo se distribuía, cómo se accedía a él y cómo las bibliotecas hogareñas de libros –la clase de libros que tenía la gente– podían vincularse con una determinada identidad social. De ahí que este tipo de historia prestara tanta atención a los inventarios de libros que se encontraban en los testamentos o a los catálogos impresos de las librerías.

Si bien ese paradigma, tal como usted lo expresa, fue dominante, tuvo también una serie de modificaciones e incorporaciones a lo largo del tiempo. Sin ir más lejos, en la década de 1980 usted fue uno de los coordinadores, junto con el mismo Henri-Jean Martin, de la Histoire de l’édition française [Historia de la edición francesa]4, proponiendo algunos enfoques nuevos. Pero, además, en su propia obra es claramente visible la influencia de la sociología de los textos de Donald McKenzie y la de la paleografía de Armando Petrucci. ¿Cuáles fueron los principales aportes de esas tradiciones y de esas aproximaciones históricas e intelectuales para construir nuevas perspectivas en el campo de la historia del libro?

Es cierto que cuando publicamos la Histoire de l’édition française con Henri-Jean Martin emergieron una serie de perspectivas nuevas, pero creo que estas se asociaron, en buena medida, al tema de la investigación, que estaba más centrado en el proceso editorial que en la historia del libro. En ese sentido, uno de los principales puntos, que hasta entonces no había sido tratado en el campo de estudios dominante sobre los libros, fue el de pensar el modo en que los editores seleccionaban los textos en distintos periodos históricos construyendo una determinada «identidad editorial». Por otro lado, y tal como usted comentaba, comenzaron a desarrollarse, desde distintas latitudes, nuevos enfoques que desafiaban el paradigma francés de la historia del libro y que hacían hincapié en cuestiones como la de la materialidad. Esto fue muy claro con la aparición, en 1986, del libro Bibliografía y sociología de los textos del académico neozelandés Donald McKenzie5. La sociología de los textos propuesta por McKenzie, por la que muchos nos vimos atraídos, remarcaba que no todos los textos eran libros y que, por lo tanto, se debía prestar una atención particular a otras producciones escritas, lo que a muchos de nosotros nos llevó a pensar que era necesario unir en una misma perspectiva el análisis de la producción, la circulación y la apropiación de los textos impresos o manuscritos –fueran estos libros o no– y a considerar que la materialidad misma de los libros desempeñaba un papel fundamental en la recepción por parte de los lectores. Este tipo de planteo desafiaba, sin dudas, algunos de los rasgos de la tradición francesa de la historia del libro, en tanto esta no se ocupaba demasiado de la materialidad, sino que veía los libros casi como títulos que podían ser puestos en una serie estadística. La sociología de los textos propuesta por McKenzie permitió modificar ese enfoque, mostrando que las formas materiales de los libros constituyen una realización e incluso una encarnación de su sentido –en tanto se considera que el sentido de un texto depende también de la forma de su inscripción material–. Este planteo llevó a un análisis más detallado de los diversos elementos «no verbales» de los propios libros: el formato, el carácter tipográfico, la división del texto, la puntuación. Todos estos elementos forman un libro, pero no son estrictamente «el texto» que está publicado dentro de este libro.

A ese enfoque se le debe agregar otra referencia externa a la tradición francesa de la historia del libro, que fue igualmente fundamental para desarrollar nuevos análisis y perspectivas en torno de esta materia. Me refiero a la tradición italiana de la paleografía o de la codicología, cuyo exponente principal fue, sin dudas, Armando Petrucci. Fue Petrucci quien nos llamó a considerar la cultura escrita en su totalidad. Al tomar en cuenta las más diversas prácticas y producciones de lo escrito en una determinada sociedad, Petrucci amplió el marco y la perspectiva de análisis, porque situó el libro impreso dentro de una entidad más amplia: lo que él llamaba la «historia global de la cultura escrita», que incluía la historicidad de las normas, de los códigos y las competencias en el uso de la escritura, pero también la de las maneras de leer. Creo que, a partir de estas tradiciones, lo que podemos concluir es que progresivamente se fue transitando un camino que condujo de la historia del libro a una sociología de los textos y a una historia global de la cultura escrita.

En muchos de sus ensayos usted retoma la idea de Kant según la cual, por un lado, el libro puede ser considerado como un objeto –es decir, como un bien material que es producido por un editor y comprado o adquirido por un propietario que pasa a ser su poseedor y potencial lector–, y por otro, como una obra –es decir, como un texto que pretende transmitir un determinado discurso–. ¿Cómo se interrelacionan en el campo de la historia cultural estas dos dimensiones del libro? ¿Qué desafíos supone esa dualidad a la hora de producir una aproximación histórico-crítica?

La doble dimensión que marcaba Immanuel Kant en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres es una verdadera constante y es central para comprender algunos de los aspectos más importantes de la historia del libro y de la historia de la lectura. Lo que Kant vio, y que hoy es señalado por casi cualquier diccionario, es que el libro es, por un lado, un objeto material o, como él mismo lo llamaba, un opus mechanicum, que es producido a través de una determinada técnica que permite su distribución y su circulación, y cuyo propietario es quien lo adquiere. Pero por otro lado, y tal como lo manifestaba a la vez el mismo Kant, un libro es también un discurso, una obra que ha sido escrita por un autor –que es, en ese caso, su propietario–, y que ha tenido la mediación de editores y libreros, y cuyo propósito es dirigirse a un lector. Esa doble identidad o doble dimensión que marcaba el filósofo alemán adquiere un sentido importante en el siglo XVIII, porque es en ese momento cuando surge la idea misma de copyright, que estaba destinada a proteger el libro como discurso, como obra textual. No debemos olvidar que en el siglo XVII se solía afirmar que un libro tenía, por un lado, un cuerpo, y por el otro, un alma. ¿Cuál era el cuerpo? La materialidad. ¿Cuál era el alma? El discurso.

A la hora de hacer historia o sociología del libro, es necesario tener siempre en cuenta estas dos dimensiones, que están entrelazadas entre sí. Este es el modo en que, de hecho, han trabajado numerosos historiadores, sociólogos e investigadores de distintas disciplinas. Pero debo decirle que, lamentablemente, ha habido ciertas perspectivas que han tendido a olvidar esta doble dimensión. Algunos análisis desde la crítica literaria han tendido a estudiar los textos sin su materialidad, como si se pudieran considerar las obras independientemente de su forma de inscripción material. Esto fue muy claro en la tradición estructuralista de la crítica literaria y de la semiótica. Pero, al mismo tiempo, otros han querido estudiar la materialidad del libro sin prestar atención al texto y a su discurso, considerando que lo importante eran únicamente los procesos de fabricación y las intervenciones múltiples que transformaban el texto en un objeto. Gracias a Don McKenzie, a Armando Petrucci y a la tradición francesa de la historia del libro, creo que es posible establecer una relación y una aproximación histórica tanto a la materialidad del libro como a la crítica textual, pensándolas en su conjunto.

Permítame referirme a una de esas dos dimensiones: la de la materialidad. ¿En qué medida impacta sobre los lectores? ¿Por qué la inscripción material de las obras es un elemento central para la historia de la lectura?

La materialidad es un elemento esencial para entender las apropiaciones sucesivas de una misma obra y es por ello que la dualidad que usted mencionaba debe estudiarse históricamente. Al estudiar, por ejemplo, una determinada obra de Shakespeare, de Jorge Luis Borges o de Machado de Assis, debemos tener en cuenta que una determinada inscripción material de esa obra –entendida como discurso– condiciona también el modo en que la leemos y la percibimos. Pensemos en esto: todos hemos leído la misma obra –entendida nuevamente como discurso– en una edición concreta y particular, en un formato concreto y particular, en una lengua concreta y particular. Además, lo hemos hecho, como individuos, en una situación de lectura que es igualmente concreta y particular. Y esto implica que nuestra aproximación a esa obra está mediada por circunstancias singulares que han marcado nuestra lectura y nuestra apropiación de esa misma obra. Ahora bien, usted y yo podríamos, por ejemplo, comenzar a hablar de Hamlet o de Madame Bovary sin referirnos necesariamente a la edición específica en la que leímos esas obras, es decir, prescindiendo de la inscripción material. Esa transhistoricidad de algunas obras, decía Borges, tiene algo misterioso, en tanto parecería que son, siempre, idénticas a sí mismas. Con ellas adoptamos, como decía un crítico shakesperiano, una «perspectiva platónica», ya que al referirnos a ellas excluimos completamente su dimensión material, sus ediciones concretas. Eso mismo sucede cuando pensamos en términos de copyright. El copyright protege una obra, cualquiera sea su forma de publicación. No protege una edición particular, sino que protege la obra. Sin embargo, esa misma obra solo puede existir a través de una determinada materialidad, solo puede encarnarse en la forma de un objeto específico. En definitiva, el copyright profundiza y refuerza esa perspectiva platónica, colocando la materialidad en un segundo plano y el discurso textual en el primero. Sin embargo, como historiadores, sabemos que las obras, cualesquiera sean, aun aquellas que nos resultan transhistóricas, requieren del estudio de las circunstancias y de las materialidades que han hecho posible nuestro encuentro con ellas en situaciones bien concretas, bien específicas, bien particulares, bien singulares. Y es por ello que una historia del libro y una historia de la lectura atenta a las dinámicas de los sujetos, a los modos de apropiación de las obras, a las formas de recepción y movilidad de los textos, no puede prescindir nunca de la dimensión material.

En Historia de la lectura en el mundo occidental, libro que coordinó junto con el paleógrafo italiano Guglielmo Cavallo6, usted enfatiza que, al ejercer el acto de leer, el lector se enfrenta a toda la serie de mediaciones ya incorporadas en el libro, tanto en su carácter discursivo como en su propia materialidad. Si como usted afirmó, el lector transgrede las coacciones, pero desde una libertad condicionada, ¿es la historia de la lectura, en buena medida, el estudio de las formas en las que actúan los condicionamientos que el libro impone sobre el lector y los modos en los que este, de igual manera, ejerce su libertad?

 Lo que usted está marcando en su pregunta es una de las grandes paradojas de este campo de estudios. Por un lado, la historia de la lectura parte del supuesto de que el lector tiene libertad, capacidad de apropiación y de comprensión de aquello que lee. De hecho, la historia de la lectura solo puede existir si se establece una autonomía del lector en relación con lo que le es propuesto, tanto por el texto del autor como por el libro del editor. Pero, al mismo tiempo, la historia de la lectura afirma que esa libertad y esa capacidad de apropiación tienen condicionamientos, coacciones y constreñimientos. Esos condicionamientos son producto de los libros en su doble sentido, como obras/discursos y como objetos materiales. Por un lado, los modelos narrativos y retóricos le imponen al lector una serie de marcos de ubicación de aquello que lee, en tanto la lectura se ejerce dentro de una larga herencia de categorías literarias y estéticas. Por otro lado, y siguiendo nuevamente a Don McKenzie, todos los elementos no textuales del libro le imponen al lector una clasificación, un reconocimiento y una ubicación que se encuentra en el marco de una cultura impresa ya establecida. En este sentido, la historia de la lectura parte del reconocimiento de que el lector percibe y lee dentro de un marco de coacciones que, de un modo u otro, le imponen una cierta forma de recepción de las obras. Toda la historia de la lectura busca esta tensión entre la libertad del lector y las coacciones dentro de las que ejerce esa libertad. Es por ello que suelo utilizar la frase que usted menciona, y que hace referencia a un lector que transgrede coacciones, al tiempo que ejerce una libertad restringida. Esta es la idea que resume la relación entre la historia de los libros, la historia de los textos, la historia de las lecturas y de los lectores. El punto está, entonces, en cómo se moviliza, a partir de estudios particulares, esta relación que está sujeta a variaciones históricas, en tanto depende de momentos, de géneros, de espacios de libertad que se abren o se cierran.

Por otro lado, es importante destacar que la capacidad del lector depende siempre de su construcción sociocultural. El famoso ensayo de Michel de Certeau en el que identifica la lectura como una forma de «caza furtiva» muestra que el texto-libro o el libro-texto nunca se impone totalmente en la mente del lector, porque este sostiene siempre un espacio de invención, de apropiación y de creación. La lectura no es un mero consumo, es una actividad creadora y creativa. Al mismo tiempo, al abordar la historia de la lectura, es importante pensar en «lectores» en plural. Es cierto que hay posturas individuales de lectura, pero también hay sociedades de lectores, comunidades de lectores. Esas comunidades se definen a partir del entrecruzamiento de criterios sociales, generacionales, de género. Todo esto define los aspectos más interesantes y provocadores, pero también difíciles, de una historia de la lectura, de las lecturas, de los lectores.

¿En qué medida la imprenta desarrolló una revolución en términos de prácticas lectoras y en qué medida favoreció una que ya estaba produciéndose? ¿Cómo se conectaron los cambios en términos técnicos y de producción con las transformaciones en la lectura?

Creo que para pensar la revolución de la imprenta asociada a la historia de la lectura es necesario reflexionar sobre una serie de líneas diferentes que se encuentran en relación. En primer lugar, debemos considerar la cuestión técnica que es, en rigor, la verdadera revolución del invento de Gutenberg, en tanto antes de la imprenta la reproducción de los textos solo podía realizarse a través de la mano del copista o del escritor. Con la prensa de imprimir y los caracteres móviles esto se modificó, lo que dio lugar a una multiplicación de los textos. Además, el tiempo en que se fabricaban los libros se redujo, y lo mismo sucedió con los costos de producción. La consecuencia de este proceso fue una circulación cada vez mayor de los libros, que se expresó en dos vías: si por un lado cada libro podía llegar a más lectores, también cada lector podía hacerse de más libros. En esta misma línea de análisis, es decir, la vinculada a la técnica, se produjo otra revolución en el siglo XIX, con la industrialización de la impresión, que fue seguida en el siglo XX de la transformación digital. Sin embargo, cuando pensamos en la imprenta, creo que debemos referirnos, al mismo tiempo, a la cuestión asociada a la forma material del libro, es decir a su morfología. Al observar lo que sucedió con el invento de Gutenberg, nos percatamos de que este no modificó el carácter del libro, que siguió siendo fundamentalmente el mismo tipo de objeto. La forma material del libro, tal como la conocemos, se remonta al códex desarrollado durante los primeros siglos de la era cristiana. El códex ya nos muestra el libro como una serie de pliegos, hojas y páginas que cuentan con una encuadernación o algún tipo de cobertura, lo que se contrapone a su forma precedente de rollos o tabletas –como las de la región de Sumeria–. Este tipo de transformación, nítidamente morfológica, se mantuvo intacta con el desarrollo de la imprenta. Ahora bien, cuando vemos estos procesos en relación con la lectura, podemos identificar otros tres procesos que refieren a transformaciones sociológicas y culturales. Sin dudas, la primera gran transformación se produjo en los monasterios durante la Alta Edad Media, cuando comenzó a verificarse un paso de la lectura en voz alta a una de tipo silenciosa, por lo que, tal como usted sugería, el cambio en las prácticas de lectura comenzó a producirse antes de la invención de la imprenta. Una segunda revolución en términos de lectura tuvo lugar en el siglo XVIII, cuando se produjo una transición de un corpus de libros específico y limitado, que estaba dirigido sobre todo a los miembros de las elites –que ejercían una lectura intensiva–, a una producción más extensa de libros, que llegaron a manos de un público más amplio de lectores. Finalmente, en el siglo XIX tuvo lugar a una tercera transformación, con la aparición de nuevas categorías de lectores, producto, en buena medida, de los procesos de alfabetización. Los niños y las mujeres, pero también diversos sectores de las clases llamadas «populares» accedieron a la lectura. Y, al mismo tiempo, se profundizó el pasaje de la lectura intensiva a la extensiva. Los lectores multiplicaron, valga la redundancia, sus lecturas, comenzaron a leer más rápidamente y, al hacerlo, no siempre le dieron un peso o una autoridad a aquello que leían.

Recién hacía referencia a la transformación del mundo digital para las prácticas lectoras, pero también para la propia idea de lo que constituye un libro. ¿Cuáles son las principales modificaciones que ha supuesto, hasta ahora, la revolución digital? ¿Cómo se conjugan los cambios técnicos con los hábitos de lectura?

Sin lugar a dudas, la revolución digital ha supuesto una transformación técnica y una transformación morfológica. Por un lado, tenemos un cambio técnico que modifica la forma de transmisión de la textualidad. Por otro lado, tenemos un cambio morfológico, en tanto la pantalla, que es totalmente distinta de una página, cambia la forma de inscripción del texto. Lo llamativo es que ahora la técnica y la morfología han cambiado de forma simultánea. Pensemos en la invención de la imprenta, un caso sobre el que recién conversábamos. A través del invento de Gutenberg, un libro siguió siendo básicamente lo mismo que era desde la creación del códex: un objeto que consistía en hojas dobladas, pegadas y encuadernadas. Su gran revolución fue técnica, pero la morfología quedó intacta. Ahora pensemos en la invención del códex. ¿Qué fue lo que sucedió allí? Una transformación exclusivamente morfológica. Pero lo que sucede ahora es totalmente distinto porque las dos revoluciones se producen al mismo tiempo. Esta es, además, una revolución muy singular, en la medida en que se trata de la primera vez que el soporte técnico ya no se vincula a un contenido específico. Este no era el caso de las tablas de Sumeria, ni del manuscrito medieval ni del libro del siglo XIX. Fíjese que, a diferencia de la página, la pantalla no solo permite leer, sino que es el vehículo de cualquier tipo de producción simbólica. Sabemos que un libro está necesariamente vinculado con el contenido textual, pero ahora en la misma pantalla en la que podemos leer un libro, también podemos tener, como lo estamos haciendo ahora, una conversación. Apenas terminemos nuestro diálogo, cada uno de nosotros podría, si así lo quisiera, leer una noticia o mandar un correo en el mismo dispositivo en el que hemos conversado. Esta gran transformación da lugar a cambios importantes en las prácticas lectoras, en la medida en que ha favorecido lecturas más aceleradas, impacientes y fragmentarias. Y supone, al menos en mi perspectiva, un desafío: el de los criterios de lectura. El mundo de internet y de las redes se presta, como se ha verificado durante los últimos años, a la proliferación de noticias falsas y a diversas formas de falseamiento y de manipulación de la historia. Y, honestamente, no estoy convencido de que podamos distinguir bien las cosas, o al menos no todavía. Los criterios de lectura, los criterios de evaluación y juicio de aquello que leemos, también pueden modificarse. La frase «lo he leído en internet» como criterio de verdad es, lamentablemente, muy preocupante. Creo que, en este sentido, además de analizar las implicancias técnicas y morfológicas de los cambios que ha supuesto el mundo digital, es necesario que nos embarquemos en estudios sobre las prácticas lectoras en ese mismo universo.

Profesor Chartier, me gustaría preguntarle por uno de los asuntos más espinosos sobre los que ha trabajado en su obra: el de la llamada «cultura popular». Usted no solo escribió su famoso ensayo sobre la Biblioteca Azul, que reunía libros que algunos historiadores, como Robert Mandrou, definieron como destinados al «lector popular» –algo que usted discutió–, sino que también indagó en el concepto mismo de «cultura popular»7. De hecho, en un artículo publicado hace ya décadas afirmó que, en realidad, «la cultura popular es un concepto culto». Al mismo tiempo, usted ha valorado muy positivamente el trabajo de Carlo Ginzburg sobre el molinero Menocchio8, afirmando que mostró modos populares de lectura, incluso respecto de textos que provenían de la cultura hegemónica. ¿En qué medida la cultura popular supone un desafío para la historia del libro y la historia de la lectura? ¿De qué hablamos cuando nos referimos a los modos populares de leer?

La cuestión de la cultura popular siempre ha sido muy problemática, porque si bien podemos afirmar que existe algo que denominamos «pueblo», el conflicto comienza cuando pensamos en qué consiste exactamente. Y lo mismo sucede, lógicamente, cuando hablamos en términos de «cultura popular». Esto conduce a una multiplicidad de definiciones posibles, que no siempre tienen un punto en común. Por un lado, se puede adoptar una definición estrictamente social o socioprofesional, que lleva a que lo popular sea establecido en relación con ciertas clases sociales presentes en una sociedad concreta. Pero también se puede adoptar una definición mediática, en la que lo popular es lo exitoso, lo masivo, lo que trasciende las clases sociales o que parece, a priori, trascenderlas. Esto muestra que, conforme a las aproximaciones, el sentido de lo que llamamos pueblo y, por ende, de lo que consideramos como «popular» se modifica. Un segundo problema consiste en pensar esa cultura que ha sido definida como «popular» como un sistema autónomo y cerrado que tiene su propia lógica. Esta es la tentación del folclore, de la folclorización de lo popular. Pero también es problemático pensar la cultura popular en términos de carencia y de dependencia en relación con la cultura dominante, erudita. Si la primera perspectiva es la de una cultura popular carnavalesca, que es independiente del resto de la cultura, constituyéndose como un sistema cerrado, la segunda perspectiva piensa la cultura popular como desprovista de una cierta legitimidad. La tensión entre estas dos miradas ha sido esencial en los trabajos históricos, como lo muestra claramente la obra de Peter Burke.

Cuando avanzamos hacia el terreno de la historia de la lectura en relación con la cultura popular, considero que, en lugar de centrarnos en la identidad específica de un corpus –que sería el de la «literatura popular»–, debemos desplazar nuestra atención hacia los modos de apropiación de aquello que se lee. Usted mencionaba a Carlo Ginzburg, y justamente el caso de Menocchio nos muestra esos modos de apropiación9. Es decir, nos muestra la forma en que una serie de textos que no fueron producidos para un público integrado por campesinos, artesanos o pequeños mercaderes –es decir, para un público popular, en el sentido social del término– pudieron ser apropiados por esos sectores, a menudo gracias a su nueva forma de publicación, de circulación y de adquisición. Se trataba de textos que habían sido escritos originalmente para otro tipo de público, pero que pudieron ser apropiados por el mundo popular. Incluso en el caso de ciertos textos «impuestos», existe siempre un espacio posible para la apropiación a través de la lectura. Esa era, de hecho, la idea fundamental de Ginzburg cuando afirmaba que Menocchio leía textos de la cultura dominante de un modo muy particular. Un modo que Ginzburg identificaba como «popular», como un modo «popular» de lectura. Usted sabe que hay mucho debate sobre si un molinero como Menocchio podía ser realmente considerado como una encarnación de lo popular. Porque una cosa es encarnar a alguien que no está en las elites, pero otra distinta es encarnar algo que puede ser definido como popular. Pero cualquiera sea el diagnóstico sobre «lo popular» de Menocchio, para Ginzburg lo importante era mostrar que la lectura de Menocchio era la que tenía ese carácter popular. Y esa calificación no se vinculaba a que un molinero pudiera ser miembro de las clases populares, sino a que, tal como afirmaba el propio Ginzburg, la lectura que Menocchio hacía de ciertos textos implicaba la movilización de un sistema de pensamiento y de creencias que procedían de una tradición oral, que eran folclóricos, que pertenecían a una historia cultural primordial, campesina. Eso era lo popular de Mennocchio, más que su condición social.

Esta perspectiva abierta por Ginzburg me parece central para comenzar a resolver el problema de lo popular en términos de la historia de la lectura y la historia del libro. Cada vez que nos aproximamos a un corpus que es definido como «popular» debemos prestar mucha atención y verificar qué se está queriendo decir con ello. Pensemos en el caso que usted planteaba, el de la Biblioteca Azul10. Ese corpus no era popular en sí mismo ni había estado dirigido primariamente a un lector definido, socioprofesionalmente, como popular, tal como creía Robert Mandrou, en una interpretación que, quizás, estaba algo cargada de ideología. Sin embargo, el modo de circulación a través de la venta ambulante, y el modo de apropiación, a través de las formas de lectura, podían tener algún carácter popular. Pero dado que los lectores de los libros de esa Biblioteca Azul no han dejado diarios o memorias que nos permitan entender cómo los leían, debemos manejarnos con algunos indicios para sacar conclusiones provisorias.

Ya que hablamos de cultura popular en relación con la historia del libro, permítame preguntarle por su ensayo «Los libros, ¿hacen revoluciones?» que fue publicado en Espacio público, crítica y desacralización en el siglo XVIII11, donde usted analizó los orígenes culturales de la Revolución Francesa. Aquel texto daba cuenta de una polémica, por cierto muy amable, con su amigo y colega Robert Darnton. Leyendo el ensayo, y entrevistando luego a Darnton, he tenido la impresión de que, en rigor, no tenían tantas diferencias. Si bien para Darnton los libros de la Ilustración, y sobre todo los «libros filosóficos», habían contribuído en el desarrollo de un «temperamento revolucionario», no habían favorecido un paso mecánico a la propia revolución. ¿Cómo ve aquel debate, a la luz de los años?

Lo primero que me gustaría decirle es que es una alegría que The Revolutionary Temper: Paris, 1748-1789 [El temperamento revolucionario: París, 1748-1789], el último libro de Robert Darnton, haya sido traducido al francés. Es un libro interesantísimo, sobre el que recientemente he publicado una reseña en el periódico Le Monde. Recuerdo que cuando sostuvimos aquel debate, Darnton estaba muy involucrado en sus fantásticos estudios sobre la Sociedad Tipográfica de Neuchâtel (en Suiza). En esos trabajos, mostraba que a partir de 1740 o 1750 se había producido en Francia una fuerte circulación de aquello que los editores llamaban «libros filosóficos» y que eran, en rigor, libros que contenían una mezcla entre lo pornográfico y lo político y que, a la vez, realizaban denuncias contra los aristócratas y contra la misma monarquía. Darnton consideraba que la circulación amplia de esos libros ya había transformado la relación de los franceses con la autoridad monárquica, algo con lo que yo no estaba del todo de acuerdo. Sin embargo, más recientemente, Darnton matizó esta perspectiva y en su libro Piratería y edición, publicado hace tres años, retomó sus estudios sobre los archivos de la Société Typographique de Neuchâtel y mostró que lo esencial del negocio de esta casa editora estaba en las ediciones piratas, más que en los libros prohibidos12. Esas copias piratas estaban prohibidas en Francia por una razón puramente comercial, en tanto no respetaban los privilegios reales que habían obtenido los editores de esas obras, que eran introducidas en el país desde el exterior en ediciones más baratas. Era esa circulación ilegal de ediciones igualmente ilegales lo que estaba prohibido. Porque esos libros eran, digamos, bastante tradicionales, conservadores. De hecho, si habían recibido un privilegio real era porque no tocaban de ninguna manera a las autoridades y el sistema de creencias instalado. Y en este trabajo reciente, Piratería y edición, Darnton lo mostraba, equilibrando así la relación entre los libros realmente prohibidos –es decir, los que defendían y mostraban imágenes o ideas que iban en contra de la autoridad– y el negocio de las ediciones piratas. Ahora, en The Revolutionary Temper, Darnton desplaza más su atención a los panfletos y los libelos, indagando en el modo en que contribuyeron a una transformación del humor, de la sensibilidad y de las percepciones en el periodo previo a la Revolución Francesa. Y esto me parece muy interesante, en tanto marca una trayectoria en el pensamiento de Darnton: al principio más centrado en la idea de que la Revolución fue habilitada por la propia circulación de ese corpus «filosófico» –que incluía no solo de manera estricta la filosofía, sino los llamados «libros filosóficos» que contenían pornografía–, y ahora más focalizado en la conformación de una nueva sensibilidad, de una nueva percepción o, como él mismo dice en su libro, de un nuevo temperamento a partir de la circulación de rumores y noticias transmitidas, tanto de modo impreso, como de forma oral. Creo que, de este modo, Darnton se acercó a una perspectiva como la de la historiadora Arlette Farge, que siempre hizo hincapié en los rumores y en todo aquello que circulaba oralmente13. Pero en el caso de Darnton, y esto me parece muy acertado, esa perspectiva va de la mano de la circulación de los textos, cualquiera haya sido su formato. Así que creo que ahora nuestras posiciones sobre si los libros hacen o no revoluciones son más próximas que cuando tuvimos el debate.

 En su trabajo sobre los orígenes culturales de la Revolución Francesa usted planteaba, además, una discusión sobre la forma en que los actores del propio proceso revolucionario reconstruían los fundamentos históricos del acontecimiento, dando lugar a la constitución de un panteón selectivo de precursores. ¿En qué medida la categoría de «orígenes» utilizada para la comprensión del proceso entra en contradicción con la forma en que los actores mismos los pensaron?

En primer término, debo decirle que soy consciente de que hay quienes plantean objeciones a la categoría de «orígenes», en tanto esa noción es ambigua y paradójica porque, justamente, las revoluciones se reivindican a sí mismas como un momento de ruptura absoluta, como un momento sin prefiguraciones. Es lo que el mismo Darnton recuerda en el epílogo de su libro, cuando muestra que, en muy poco tiempo, la Revolución Francesa inauguró, por ejemplo, un nuevo calendario y hasta una nueva métrica. Pensemos, sin ir más lejos, que luego de la Revolución Francesa comenzó a hablarse del Año I de la República. Esto, por supuesto, no es privativo de esa revolución; lo mismo puede decirse respecto de la rusa o de la china, por nombrar solo dos. Al pensarse a sí mismas como rupturas radicales con todo lo previamente existente, se presentan primero como una absoluta novedad, aunque luego busquen sus propios precursores para justificar su causa. Uno de los principales críticos de la idea de «orígenes» fue el propio Michel Foucault, que consideraba que no se podía, de ningún modo, pensar que un evento existiera antes de su emergencia real como acontecimiento. Pensar en términos de orígenes, suponía, en el planteo de Foucault, eliminar u olvidar lo radical del acontecimiento. El problema es que esta perspectiva filosófica de corte nietzscheano es muy interesante pero hace difícil escribir la historia. Lo que debemos hacer, y esto es ciertamente lo que ha hecho Darnton en toda su obra, y muy particularmente en sus últimos libros, es detectar todo aquello que puede prefigurar u organizar los cambios de percepción y de mentalidad que se producen antes del acontecimiento revolucionario, de la ruptura radical que se muestra a sí misma como una pura novedad, como un hecho sin orígenes. No es necesario que utilicemos el concepto de «orígenes», del que yo ciertamente me valí en mi libro sobre la Revolución Francesa, pero sí es necesario que podamos ver las formas en que fue desarrollándose un cambio en la perspectiva de las personas. Esto nos permite encontrar otra dimensión de las revoluciones, porque estas revoluciones que se afirman como una ruptura radical son las mismas que luego van en busca de sus precursores para ubicarlos en su propio panteón. Todas, absolutamente todas las revoluciones –la francesa, la rusa, la china– han construido panteones en los que han ubicado a aquellos a quienes han considerado sus precursores. Y esto muestra que las revoluciones, en su propia radicalidad, no pueden borrar la presencia obsesiva de orígenes construidos a través de esos precursores. Las revoluciones mismas reescribieron su historia a través de ellos para mostrar que el proceso revolucionario estaba destinado a ocurrir.

En su ensayo «Descristianización y laicización», también publicado en su estudio sobre los orígenes culturales de la Revolución Francesa, usted desafía la tesis de un proceso de pura desacralización y, en consonancia con la tesis de Mona Ozouf, se refiere a una «transferencia de lo sagrado» del mundo propiamente religioso al naciente espacio secular. ¿En qué medida ese desplazamiento modificaba la relación de la ciudadanía con la religión? ¿Cómo se expresó esto en el mundo del libro?

Aquel capítulo de mi libro sobre los orígenes culturales de la Revolución Francesa tenía justamente el objetivo de mostrar esa transferencia de lo sagrado desde el espacio propiamente cristiano al nuevo universo secular. Evidentemente, el proceso de secularización dejaba en evidencia una distancia cada vez mayor entre las nuevas prácticas y aquellas que habían dominado a la Francia tradicionalmente católica, pero no necesariamente revelaba una desacralización, o al menos no en todos los terrenos. Lo que se producía era, más bien, una transferencia de lo sagrado. En ese sentido, me valí de los trabajos de Mona Ozouf y Michelle Vovelle, quienes intentaban demostrar que el alejamiento de lo «sagrado cristiano» implicaba la adopción de nuevas formas de sacralidad. Dado que mi intención era realizar un estudio cultural, traté de dejar en evidencia que, luego de la revolución, se establecieron cultos, ceremonias y ritos seculares que no estaban desprovistos de un carácter sacro. Tal como lo mostró el crítico e historiador Paul Bénichou con el caso de Víctor Hugo, que fue considerado el «gran escritor nacional» y fue elevado a una altura simbólica equivalente a la de un rey, los escritores mismos fueron parte de ese proceso. Ese caso, el de Víctor Hugo, es muy nítido: su figura se volvió portadora de una relación de respeto, de sacralización y de exaltación. Este tipo de indagación permite ver que la traslación de los ritos religiosos del cristianismo –y en el caso de Francia, del catolicismo– a espacios seculares acabó construyendo una suerte de religión laica, cívica. Lo que se sacralizó ya no fue más un misterio, sino una obra, una presencia, un discurso, una voz. Este tipo de sacralización llegó, como decía, hasta la misma literatura. Un ejemplo de ello es Éloge de Richardson [Elogio de Richardson] de Denis Diderot (1762), en el que se ensalza la obra del escritor británico, sacralizando las virtudes que esa obra tiene. Este proceso de sacralización de aquello que anteriormente no era considerado sagrado puede encontrarse en numerosos documentos de la revolución, y creo que se verifica también en el nuevo estatuto que se le confiere a la literatura y a la idea del autor nacional, al que se considera la encarnación de la nación o del pueblo.

Durante toda nuestra conversación nos hemos referido a sus principales libros, y en ellos no solo es visible su vocación de abrir nuevas preguntas, sino también la de asumir que en la escritura de la historia hay, también, herramientas narrativas. Esto me recuerda que en el prólogo a su libro El juego de las reglas14, José Emilio Burucúa afirma que el modo en que usted entiende la dimensión narrativa de la historia se contrapone al de Hayden White, para quien el discurso histórico no manifiesta diferencias con el de la ficción. ¿En qué medida afectó a la historia la homologación entre ambas formas discursivas? ¿Cuáles han sido sus principales puntos de desacuerdo con esa tradición que parecía contravenir la premisa de Michel de Certeau según la cual la historia, aun con todo su carácter narrativo, debe poder ser sometida a pruebas?

Creo que a partir de la obra de Hayden White, que hizo eje en las confluencias entre la escritura de la historia y la escritura de obras de ficción, se produjeron una serie de malentendidos. Y esos malentendidos llevaron a perspectivas relativistas que pusieron en duda la capacidad de la historia para producir saber y conocimiento. En su famoso libro Metahistoria15, Hayden White indicó, creo que correctamente, que el uso de formas narrativas y metafóricas es similar en la escritura de la historia y en la escritura literaria. Es lícito afirmar que un discurso del saber y del conocimiento no puede hacer otra cosa que valerse de recursos que también son movilizados por los discursos literarios. Esto es algo que Michel de Certeau ya había visto en su libro La escritura de la historia, en el que indicaba que la narrativa de ficción y la historia compartían figuras y formas retóricas16. Pero, a diferencia de White, De Certeau avanzaba en una explicación que marcaba lo que era propiamente específico de la escritura de la historia, destacando dos niveles: uno era el del discurso del historiador y el otro, el del discurso de las fuentes utilizadas por el historiador. Y esto le permitía diferenciar no solo los discursos, sino también las perspectivas epistemológicas. De este modo, en la obra de De Certeau, a diferencia de la de White, quedaba claro que la historia se reivindica como productora de saber y de verdad con relación con hechos del pasado, aun cuando utilice métodos narrativos que son también parte del mundo de la ficción. Esta postura, que comparto, implica asumir, de entrada, que la perspectiva epistemológica de la historia no se encuentra en la escritura de literatura. Lo que importa, en el campo de la historia, es el sometimiento del conocimiento y las hipótesis a una serie de técnicas de prueba. Y esto es algo que una novela no precisa, excepto que quiera imitar a un libro de historia. El trabajo del historiador o de la historiadora es construir un objeto de investigación, movilizar fuentes para responder a una serie de preguntas y, finalmente, someter su análisis a una serie de pruebas técnicas y a criterios establecidos por una comunidad de saber. Lógicamente, para la escritura de su trabajo de investigación pueden utilizarse herramientas literarias, pero estas no suplen la tarea analítica. Esto era, de hecho, lo que Carlo Ginzburg le decía a Hayden White cuando criticaba la homologación entre literatura e historia17.

Siendo uno de los más agudos críticos de la posición de Hayden White, Ginzburg buscaba mostrar que aquello que se debatía no era solo el estatuto de la historia como disciplina. Para él, y yo comparto esa posición, el relativismo de considerar que historia y ficción producen el mismo saber tenía implicancias cívicas, éticas y políticas. En el fondo, lo que Ginzburg estaba discutiendo era que la homologación entre historia y literatura podía dar lugar a toda una serie de reescrituras subjetivas de la historia que tomaban distancia de la comunidad científica. Fue así como Ginzburg alertó sobre el peligro del revisionismo que podía esconderse detrás de los postulados de White y reaccionó reafirmando la capacidad de generar conocimiento de la historia. Esta, lo sabemos muy bien, siempre está puesta en discusión y tiene una tensión interna, en tanto puede haber aproximaciones distintas a un mismo fenómeno. Pero es allí donde hay que distinguir interpretaciones diferentes pero fundamentadas de aquellas que no tienen fundamento en fuentes, pruebas y demostración de hipótesis. Porque, conviene recordarlo siempre, para hacer historia es necesario cumplir con exigencias epistemológicas. Y eso nos muestra que no todo es discutible. Cuando nos referimos a un fenómeno histórico, nosotros sabemos que existen verdades. Esto es lo que decía Carlo Ginzburg: las cámaras de gas existieron, la Shoah fue una realidad. Luego de asumir esa verdad puede haber interpretaciones, pero esas interpretaciones deben respetar las reglas epistemológicas del conocimiento histórico y la autenticidad del saber. De ahí que yo crea, al igual que Ginzburg, que este tema es absolutamente fundamental. Y, en este sentido, considero que pueden establecerse analogías lógicas entre la escritura de la historia y la escritura literaria, pero que se debe poner el mismo énfasis en distinguir la aproximación epistemológica particular de la historia y sus criterios de conocimiento y de saber. En definitiva, el punto está en pensar las dos dimensiones de la historia: la de la historia como escritura y la de la historia como conocimiento.

Profesor Chartier, he intentado mantener fuera de esta conversación toda una serie de apartados relativos a su propia trayectoria para evitarle un riesgo sobre el que usted ha advertido muchas veces: el de la «ilusión biográfica», tal como la denominaba Pierre Bourdieu. Permítame, sin embargo, una pregunta, que puede quizás rozar esa ilusión, aunque no tocarla de fondo. ¿En qué medida su interés por los libros, sobre los que ha trabajado toda la vida, deviene de su infancia? ¿Había libros en su hogar o su relación con los libros se produjo a través de la escuela? ¿Cómo piensa su propia relación con el mundo del libro a partir de sus vínculos primarios con ciertas lecturas?

En primer lugar, permítame agradecerle por evitarme las preguntas vinculadas a mi propia biografía; creo que, efectivamente, Bourdieu llevaba razón al plantear que estas cuestiones siempre entrañan el peligro de una cierta reescritura, en la cual el propio sujeto reordena su vida, dando a veces una imagen de sí mismo que es, al final, bastante ilusoria. Pero debo decirle, al mismo tiempo, que esta cuestión sobre el interés en los libros asociados a la infancia es algo sobre lo que tengo ciertas ideas. Fíjese que, en este tema, creo que hay dos modelos predominantes. Uno es el de aquellos que, como mi amigo Carlo Ginzburg, crecieron en un mundo saturado de libros. En ese tipo de situación, que podríamos definir como la de la «los herederos», para parafrasear a Bourdieu, suele producirse una rebelión contra las lecturas impuestas, las lecturas favorecidas por la escuela. La otra situación posible es aquella en la que el relato se construye a partir de la falta, de la carencia de libros en el hogar y el grupo familiar, por lo que el papel del libro es, justamente, cubierto por la escuela. En ese grupo de «conquistadores» de los libros, las lecturas impuestas superan, así, a las elegidas, y son los textos escolares los que se constituyen como la puerta de entrada al mundo del libro. Mi experiencia es la segunda. Por mi origen social y por mi universo familiar, casi no había libros, exceptuando aquellos que se recibían como regalos navideños. Esto hizo que la escuela desempeñara, para mí, un papel muy importante en el acceso a los libros y a la lectura. A tal punto esto fue así que todavía hoy disfruto leyendo los clásicos franceses que leía cuando era un niño, y recuerdo el placer que me producía hacerlo en ese momento. Me sucede, por ejemplo, con las obras de Molière. Pero si la escuela fue una puerta de entrada importante, lo mismo sucedió con la televisión, que en la Francia de la década de 1960 tenía una importante función educativa. Había programas que adaptaban los clásicos del siglo XIX, pero también documentales sobre libros, escritores y pintores. Hace algunos años escribí un brevísimo artículo sobre esta cuestión y dije que tal vez no sería historiador –y sobre todo historiador del libro y la lectura– de no haber sido por mis maestros y maestras de la escuela primaria, pero también por esos hombres hoy olvidados que, a través de la pantalla en blanco y negro del televisor, nos iniciaron en el mundo de la lectura. Reconozco que para responder a esta pregunta preciso ir al terreno personal, sucumbiendo a la «ilusión biográfica» de la que tanto hablaba Bourdieu y a la que usted hacía alusión porque sabe que siempre pretendo escapar de ella, y debo decirle que creo que, en mi caso, la carencia de libros fue decisiva. Creo que, en alguna medida, ha operado en mí la psicología de la compensación: me han interesado mucho los libros porque no tenía demasiados.

  • 1. University of California Press, Berkeley, 1989.
  • 2. [1939] FCE, México, 1987.
  • 3. [1958] Unión Tipográfica Editorial Hispano Americana, Ciudad de México, 1962.
  • 4. 4 vol., Promodis, París, 1982-1986.
  • 5. [1986] Akal, Madrid, 2005.
  • 6. [1995] Taurus, Madrid, 2001.
  • 7. «Cultura popular: retorno a un concepto historiográfico» en Manuscritos: Revista d’Història Moderna N° 12, 1994.
  • 8. C. Ginzburg: El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero del siglo XVI, Muchnik, Barcelona, 1991.
  • 9. El libro da voz a Domenico Scandella, un molinero del siglo XVI, a partir de las actas del proceso llevado en su contra por la Inquisición. En sus páginas se reconstruye la particular visión de Menocchio del nacimiento del mundo, adquirida a partir de algunas de sus lecturas y que resultaba herética para la Iglesia católica.
  • 10. La Biblioteca Azul fue una colección de libros publicada en Francia entre los siglos XVII y XIX. Reunía novelas, cuentos e historias caballerescas clásicas adaptadas y reescritas para un público amplio.
  • 11. Gedisa, Barcelona, 1995.
  • 12. [2021] FCE, Ciudad de México, 2024.
  • 13. Historiadora francesa, autora de libros como La vida frágil. Violencia, poderes y solidaridades en el París del siglo XVIII [1979], Instituto Mora, Ciudad de México, 1994, y Dire et mal dire. L’opinion publique au XVIIIe siècle [Decir y decir mal. La opinión pública en el siglo XVIII], Seuil, París, 1992.
  • 14. FCE, Ciudad de México, 2000.
  • 15. FCE, Ciudad de México, 1992.
  • 16. [1975] Universidad Iberoamericana, Ciudad de México, 1993.
  • 17. Ver C. Ginzburg: El hilo y las huellas. Lo verdadero, lo falso, lo ficticio, FCE, Buenos Aires, 2010.

San Luis 2025: Poggi consolidado, Alberto desmantelado

Un puñado de hechos marcaron el año político en San Luis. Y aunque quedaron inscriptos con exactitud en el calendario, la forma en que se gestaron —y lo que aún proyectan— parece desplazar su sentido en el tiempo, hacia atrás y hacia adelante.
Ocurrieron en fechas precisas: un 11 de mayo, un 26 de octubre, un 9 y un 28 de noviembre. Allí están, cargados de significaciones y abiertos a una lectura posible para este cierre —en clave editorial— del año político-electoral.

Pero antes de meternos de lleno en ese análisis, vamos a señalar dos hechos coyunturales. Digamos que mientras se va diciembre, el Gobierno lleva adelante una maratónica entrega de viviendas motivo de satisfacción para unos y otros.

Para los vecinos, que pasarán las fiestas en su propia casa, luego de bancarse casi una década de espera a la intemperie, por la discontinuidad de las políticas de viviendas durante el gobierno de Alberto Rodríguez Saá.

Claudio Poggi en un acto de gestión durante 2025 en San Luis.
Una de las imágenes que quedan de las entregas de viviendas en diciembre.

Cuenta el exintendente de Juana Koslay, Jorge “Toti” Videla que alguna vez el ex gobernador le explicó los porqué de esa decisión: “La gente quiere casas y cuando le hacés la casa y se la entregas, se creen que ya son de clase media y no te votan más”.

Los multitudinarios actos de entrega de llaves son también motivo de satisfacción para el propio gobernador Claudio Poggi, que habla del valor de la palabra, de que así está cumpliendo su palabra empeñada en la campaña electoral de 2023 cuando les dijo a esos vecinos que, si lo elegían gobernador, ellos serían los primeros en recibir sus casas luego de esos años de espera.

*

También por estas horas falleció Matilde Daract, una figura irrepetible en la película política de San Luis desde el retorno de la democracia.

Fue la mujer más importante en la gestión de Adolfo Rodríguez Saá, a quien acompañó como gobernador en sus cinco mandatos, como diputado nacional, como senador nacional y como presidente de la Nación. Estuvo a su lado en cuanta decisión, suceso o acontecimiento político e histórico se recuerde.

Todos los personajes que pasaron por San Luis y por la Casa de Gobierno de calle 9 de Julio, desde los expresidentes que pisaron la provincia hasta cualquiera que accediera a la antesala del Gobernador, hablaron con Matilde Daract.

El propio Adolfo, visiblemente conmovido y con la voz entrecortada en la sala velatoria, recordó anécdotas que retratan la capacidad de trabajo de Matilde. Contó que podía quedarse hasta las dos de la madrugada si la situación lo exigía y, a las ocho, ya estaba nuevamente firme para seguir trabajando a su lado. Evocó también otra escena que graficó su eficacia: durante su Presidencia de la Nación, fue Matilde quien lo conectó por teléfono con los presidentes del mundo con los que necesitaba hablar, y lo hizo —dijo— con una eficiencia superior a la de la propia Cancillería.

Adolfo le agradeció todo lo que hizo por él y por San Luis: con humildad y trabajo, con inteligencia, con lealtad e incondicionalidad. “Matilde, hiciste todo por San Luis; ahora descansá en paz”.

También los hijos y nietos del exgobernador la despidieron compartiendo las mismas y afectuosas palabras en sus redes sociales.

Matilde Daract, compañera ruta de Adolfo Rodríguez Saá, en los festejos por los 30 años de democracia.

Ahora sí entremos de lleno en la primera de esas fechas que han marcado el año político:

1.

11 de mayo.
El gobierno enfrentaba su primer test en las urnas desde que Claudio Poggi asumió en diciembre de 2023. El triunfo del frente “Ahora San Luis”, por 21 puntos de diferencia sobre el Frente Justicialista, confirmó un respaldo contundente al cambio de rumbo que Poggi imprimió en la gestión.

Entonces estaba en pleno despliegue un paquete de políticas sostenido sobre cuatro ejes: la reconstrucción del tejido social; el combate a la inseguridad y al narcotráfico; el acompañamiento al sector privado como motor de empleo genuino; y la recuperación de la institucionalidad. Con el tiempo sumaría un quinto: la educación como columna vertebral de toda política pública. Ese énfasis educativo, materializado en acciones concretas, le valió un reconocimiento inédito en la historia provincial: ser distinguido como “profesor extraordinario honorario” por la UNViMe, primera vez para un gobernador puntano.

En la elección de mayo, el oficialismo ganó 12 de las 22 bancas en juego en la Cámara de Diputados -asumieron este viernes-, con lo que aseguró una mayoría holgada —el Justicialismo apenas roza las 14 bancas sobre un total de 43—. Y obtuvo también las cuatro senadurías en disputa (Ayacucho, Belgrano, Pedernera y San Martín), consolidando mayoría y quórum propio en la Cámara Alta, con 6 de sus 9 integrantes.

Pero los números, aunque elocuentes, no alcanzan por sí solos para dimensionar el peso político de esos triunfos departamentales. En Ayacucho y Belgrano significaron la ratificación de dos senadores que fueron claves para la gobernabilidad del oficialismo durante el período en que Alberto Rodríguez Saá enviaba a su tropa legislativa a romper todo.

El triunfo del oficialismo en San Martín también tiene un enorme impacto político si se piensa en la historia de ese departamento y el peronismo puntano. Mientras que en Pedernera no se podía esperar otra cosa: Alberto Rodríguez Saá lleva una seguidilla de caídas electorales que lo acercan a las 10 derrotas.

Poggi celebra junto a Endeiza y tres actores políticos clave de Pueyrredón: Videla, Hissa y Olivero.

2.

Vamos a la segunda fecha: el 26 de octubre, día en que el país elegía.
El factor Poggi amplificó en San Luis el volumen de la ola libertaria nacional. Esa fue la frase con la que esta página tituló para explicar el resultado de la legislativa nacional, donde se confirmó la sintonía de gran parte de la sociedad puntana con el presidente Javier Milei, lista que recibió el apoyo explícito del gobernador.

A pocos días de la elección, Poggi había adelantado su intención de voto por la lista que encabezaba Mónica Becerra al decir que “no podía olvidar el daño que el kirchnerismo hizo a nivel nacional y provincial”.

La Libertad Avanza obtuvo un triunfo contundente, asegurándose las bancas para la ex ministra Mónica Becerra y para el dirigente del departamento Junín, Carlos Almena. Jorge “Gato” Fernández logró para la minoría la tercera banca en juego. La diferencia volvió a ser muy amplia: alrededor de 20 puntos, muy similar a la registrada en mayo.

Becerra junto a Almena, con la senadora -ex ministra de Seguridad de la Nación- Patricia Bullrich.

Hay un hecho que no pasó desapercibido en la asunción de Fernández y que, para algunos, refleja la ambivalencia del PJ puntano en relación al posicionamiento ideológico de sus referentes y dirigentes.

Como sea, fue notorio que el exintendente de Tilisarao, ex integrante del Superior Tribunal de Justicia, y ex candidato a gobernador, asumiera como diputado nacional y conformara un bloque unipersonal llamado Partido Justicialista, en tanto el diputado Ernesto “Pipi” Alí -con mandato hasta 2027- forma parte del bloque kirchnerista.

Contradictorio. El lugar que Rodríguez Saá le asigna a Fernández en la Cámara de Diputados, le favorece a Milei cuyo espacio tiene 95 legisladores mientras que Unión por la Patria 93.

«Por supuesto que sabía que mi salida del bloque le daba la primera minoría a La Libertad Avanza» reconoció Fernández ante El Destape, sostuvo que «hay que discutir las cosas, no ser una oposición a libro cerrado» y que en su decisión «pesó que el kirchnerismo -en San Luis- haya armado una lista aparte para las elecciones».

El posicionamiento de Fernández en un bloque unipersonal generó interés periodístico por su implicancia en el tablero político.

Con estos movimientos vale preguntarse ¿dónde están los legisladores de San Luis?:

  • Becerra y Almena en el bloque de La Libertad Avanza.
  • Carlos Alvarez –entró por La Libertad Avanza- está en el bloque Coherencia.
  • Ernesto “Pipi” Alí, en el bloque Unión por la Patria.
  • Jorge “Gato” Fernández en el bloque unipersonal Partido Justicialista.

 

3.

La tercera fecha es el 9 de noviembre. Potrero de los Funes como escenario de una carrera electoral.
Fue la más reñida de las tres contiendas para el oficialismo. “Nacho” Olagaray se impuso por un margen mínimo sobre el ex intendente Daniel Orlando —que alguna vez ganó por 12 votos y ahora perdió por 10—. Y otra vez Rodríguez Saá quedó relegado: el candidato del Frente Justicialista, el intendente saliente Damián Gómez, terminó tercero.

También en esa elección se observó una marcada participación del gobernador Poggi, que pidió a los vecinos de Potrero la oportunidad para Olagaray y lo acompañó en diversas actividades, incluida la presentación del plan de gobierno para la localidad turística.

Olagaray intendente. El festejo electoral que cerró el año.

4.

La última fecha que ponemos bajo la lupa es el 28 de noviembre. El día en que la Corte Suprema de Justicia ratificó la condena contra Sergio Freixes, acaso el nombre que simboliza como ningún otro, el poder de Alberto Rodríguez Saá, y que terminó preso.

Freixes fue tan Rodríguez Saá como alguien pudiera serlo. Difícilmente haya otro nombre de un dirigente tan ligado al nombre del exgobernador como el de este hombre del sur, hoy preso por invitar a los jueces a firmar renuncias anticipadas.

Esta consideración es fácil de comprobar: alcanza con mirar quiénes firman la solicitada, de la que hablaremos más abajo.

Festival El Caldén, una foto anual confirmaba que los vínculos entre sus principales actores iban más allá del rol institucional.

El día de la sentencia judicial final que lo puso entre rejas tiene fecha. El 28 de noviembre. Pero su origen, el de los hechos que motivaron la valiente intervención de la fiscal Gretel Diamante, data de hace 20 años atrás.  Y si su ingreso a prisión se dilató tanto tiempo es también porque su defensa estiró la ejecución de esa condena cuanto pudo, y como hace cualquier defensa.

Pero no fue una sorpresa. En 2019, Alberto Rodríguez Saá –que puede ser todo, menos desprevenido- se encargó de armarle un blindaje con la llamada Ley de Parajes, que preveía la posibilidad de que condenados pudieran cumplir –evadir, algunos- su pena en un paraje en tanto se dedicaran a algún emprendimiento productivo.

Su destino entonces parecía ser el Pueblo Ranquel, que había conseguido estatus municipal, y del que el propio Freixes y el hijo del ex gobernador luego se hacían nombrar “lonkos”. Sin embargo, esa red de contención se rompió en junio de 2024 ya en el gobierno de Poggi, cuando la ley fue derogada.

Así que cuestionar la oportunidad del fallo es un argumento muy pobre para una sentencia que, desde 2018, se fue robusteciendo a lo largo de estos años con el rechazo a cada uno de los planteos de la defensa.

Sin embargo, varios días después de que incluso esta página señalara el vacío en que parece haber quedado lanzado Freixes, apareció una solicitada en la página web del ex gobernador que repudió la viralización de un video en el que se ve a Freixes en los pasillos del Servicio Penitenciario. Digamos todo: hay quienes consideran que el verdadero escándalo era que estuviera libre pese al cúmulo de pruebas en su contra.

La última vez que la página web del ex gobernador publicó una lista con nombres de dirigentes, las desmentidas llegaron en cadena. Varios de los aludidos aparecían como autoridades partidarias sin haber sido consultados —y, mucho menos, sin avalar esos cargos—.
Cabe imaginar que esta vez no ocurrirá lo mismo, dado el contexto que rodea la nueva nómina. Sin embargo, un nombre ya encendió sospechas: ¿hay un menor entre los firmantes?.

Es lo que advierte un mensaje que circula, destacado con un subrayado. El nombre aparece allí entre tantos, ni al comienzo, ni al final, en el medio.

Nos conviene imaginar que sólo se trata del homónimo de un menor de edad, un nene, hijo de una ex funcionaria, también ella mencionada en complicados expedientes judiciales. Nadie podría creer que una criatura firme una solicitada. Tampoco que a alguien se le haya ocurrido ponerlo sin más.

Como sea, la lista de nombres no es más que una ratificación de lo que significa Freixes para Alberto Rodríguez Saá –aunque él no firme-, clave en la lectura que ensaya esta página. Su hijo Albertito es uno de los firmantes. Cosa de lonkos.

*

El año político cierra entonces con un oficialismo invicto, ganó todas las elecciones en disputa, con un Poggi fortalecido desde la gestión y en términos políticos electorales.

Como contrapartida, el ex gobernador Alberto Rodríguez Saá —que, como Mitre, quiso blindar sus espaldas con un diario, aunque el suyo duró apenas unos meses— cayó derrotado en las cinco elecciones que atravesaron el calendario 2025: las provinciales, las nacionales, la municipal de Potrero de los Funes, la del Colegio de Abogados y la del Colegio de Magistrados.

En su nombre se cifra el del gran perdedor del año.

Un postal del abandono. Así están hoy las oficinas de redacción del ex diario sobre Avenida Lafinur, desmanteladas.

***

Cómo quedó conformado el Senado

El Senado provincial quedó conformado este martes de cara al período legislativo 2026 con la asunción de cuatro nuevos representantes departamentales. El vicegobernador Ricardo Endeiza fue el encargado de tomar juramento a los legisladores electos en los comicios de mayo pasado en los que se impuso el oficialismo con una ventaja de 21 puntos sobre el Frente Justicialista:

  • Diego García, por Ayacucho.

  • Carlos García, por Belgrano.

  • Adolfo Castro Luna, por Pedernera.

  • Federico Trombotto, por San Martín.

Con esta incorporación, se consolida una particularidad histórica: es la primera vez que los seis senadores oficialistas fueron electos por los frentes que lideró o lidera Claudio Poggi —en su momento Cambia San Luis y actualmente Ahora San Luis.

Mesa Directiva: continuidad y alineamiento

Luego de la toma de juramento, el cuerpo definió la nueva Mesa Directiva que conducirá la Cámara Alta durante el período 2026:

  • Presidente Provisional: Sergio Guardia.

  • Vicepresidente 1°: Diego García.

  • Vicepresidente 2°: Carlos García.

El esquema confirma el predominio del oficialismo en las principales posiciones de conducción, en un Senado que inicia su ciclo con clara gravitación del frente gobernante.

Autoridades administrativas

También juraron las autoridades administrativas que acompañarán el funcionamiento institucional del cuerpo:

  • Secretario Legislativo: Said Alume.

  • Prosecretario Legislativo: Mauro Chiatti.

  • Secretaria Administrativa: Soledad Giboin.

  • Prosecretario Administrativo: Daniel Camilli.

Cómo queda conformado el Senado hasta 2027

A los legisladores que asumieron este martes se suman los cinco senadores que mantienen mandato hasta 2027. Con ellos, la composición completa del Senado provincial es la siguiente:

  • Pueyrredón: Martín Olivero – Ahora San Luis.

  • Junín: Sergio Guardia – Ahora San Luis.

  • Chacabuco: Hugo Olguín – Frente Justicialista.

  • Pringles: Alejandro Torres – Frente Justicialista.

  • Dupuy: Sergio Moreyra – Frente Justicialista.

La distribución confirma un tablero político donde el oficialismo retiene la mayoría y el control de la conducción parlamentaria, configurando un escenario clave para el tratamiento de la agenda legislativa del próximo año.

La crisis del Estado de Bienestar y su impacto en las democracias

Por Karim Alume.
Abogado. Diputado Nacional (MC) del MID por San Luis.

 

¿Hacia dónde caminan las democracias de occidente?.

Estamos frente a una crisis del rol histórico de los estados occidentales, en virtud de que un importante sector de la sociedad apoya el abandono o la transformación del eje de su sistema que es el Estado de Bienestar y los derechos de segunda generación que se desprenden del mismo.

Esta crisis se ha manifestado en muchas ocasiones en los procesos electorales triunfando en algunas ocasiones, creciendo en su peso político en otras. No es un fenómeno local, atraviesa con mayor o menor profundidad a todas las democracias occidentales.

No se trata de una necesidad de fortalecer el contrato social de los estados occidentales, sino que un importante sector de la sociedad plantea una redefinición de las prioridades de sus cláusulas.

En el eje del cuestionamiento está ese modelo socioeconómico donde se estructura la base del Estado de Bienestar, en donde el Estado organiza el acceso de los ciudadanos a servicios básicos buscando a su vez corregir desequilibrios socioeconómicos y promoviendo la igualdad de oportunidades. Quienes no logran ver la real dimensión del fenómeno creen que este concepto sigue firme en el conjunto de las sociedades occidentales, pero día tras día, una visión distinta del rol del Estado se fortalece por diferentes motivos que no parecen comprender.

Desde el alto costo de los servicios comunes a todos los ciudadanos que deriva casualmente en una percepción de alta presión fiscal; la eficacia propia de dichos servicios, desde el costo a sus destinatarios;  la crítica al carácter sistémico de las prestaciones y su contrapartida de limitarlas a casos extremos, perdiendo terreno la equidad frente a la beneficencia; y tantos otros cuestionamientos a un sistema que ha permitido con aciertos y errores consolidar durante un largo tiempo las democracias occidentales en base a un concepto de lo común por sobre lo individual.

Parece que el bienestar social ha dejado de depender de la búsqueda simultánea del bienestar común y colectivo y en cierto sector de la sociedad se percibe como más realista que la suma de los comportamientos individuales y egoístas de las personas redunde en un beneficio o bienestar general. Perdiendo terreno en el pensamiento de las democracias occidentales John Nash frente a Adam Smith.

Son múltiples los análisis que han tratado de explicar este fenómeno.

Algunos desestimando la economía nos dicen es la moral la que explica muchos fenómenos en occidente, percibiendo a las ineficiencias de las políticas derivadas del Estado de Bienestar como el motor que impulsa el deterioro moral del sistema.

Observando a su vez que el deterioro en la calidad de vida lejos de generar procesos de resistencia colectiva pasa a transformarse en una búsqueda de salidas individuales o previas al Estado de Bienestar.

Ello debido a que las sociedades no son agentes pasivos, resignifican y reinterpretan los discursos según sus propias realidades, triunfando la fantasía de lo individual por sobre la realidad de lo colectivo, nublando la visualización de los intereses compartidos.

Erróneamente, como si fuera un fenómeno pasajero más vinculado al concepto de crisis que de transformación algunos asocian a una ruptura entre la sociedad y la política.

Pero el voto en democracia siempre ha representado un fenómeno sociológico complejo que resulta imposible de explicar por análisis diluidos en sesgos.

La ruptura está entre un sector de las sociedades occidentales y las plataformas nacidas y desarrolladas en el siglo XX por diferentes sectores políticos y el rol que las mismas le otorgan al Estado. Lo que no sólo no es una ruptura con la política sino que dio nacimiento a nuevos espacios políticos que forman parte de un movimiento que traspasa las fronteras abarcando gran parte del mundo occidental.

Por ello cuando hablamos de ineficiencia de un sistema como el Estado de Bienestar manifestado en un sector de la clase dirigente, vemos que determinado sector social lo identifica con la falta de legitimidad, haciendo migrar el pensamiento social hacia figuras o esquemas de gobierno que proponen la transformación radical del sistema.

De esta manera la frustración de las expectativas sociales comunes ha vuelto cuestionable la representatividad de la organización actual del Estado en occidente.

Es una crisis seguramente no querida pero inevitable, se percibe al Estado como ineficiente para dar respuestas al descontento social, presentándose como respuesta a esta realidad una rebeldía frente al rol social que hasta ahora cumple el Estado en las democracias occidentales.

Otros plantean como determinante del deterioro del sistema a la corrupción. Pero si algo ha quedado claro en estos tiempos es que la corrupción es un fenómeno transversal a la política que solo es percibido respecto del ideológicamente contrario. En las diferentes elecciones a lo largo y ancho del planeta se ha demostrado que no parece ser un ítem que condicione o afecte los desempeños electorales.

Quienes plantean la necesidad de la transformación de algo están convencidos, el Estado no va a desaparecer, “tiene que ser eficiente”, de manera de “no ser una carga insoportablemente gravosa para los contribuyentes que deben financiarla”. Ahora, todo suena racional, pero el gran problema es ¿qué entendemos o qué entienden por eficiente? Es uno de las grandes contradicciones de esta discusión, es entendible que reclamen eficiencia aquellos ciudadanos que conviven con un Estado ineficiente, pero los que viven en las democracias del desarrollo, ¿qué pueden alegar contra el nivel de eficiencia? Por ello debemos preguntarnos; ¿en qué coinciden ambas manifestaciones del mismo fenómeno? La respuesta es clara, al final no se trata de la ineficiencia o eficiencia de un gobierno, de una política pública ni del Estado en sí, sino que el eje del cuestionamiento es a quien beneficia esa ineficiencia o quien es el destinatario de esa eficiencia, es un cuestionamiento a lo colectivo desde lo individual.

Por lo que cada pregunta se conjuga con una respuesta: ¿Crisis de representatividad? Ya encontraron quien representa sus ideas; ¿Corrupción? Sólo en el ojo ajeno; ¿Falta de eficiencia? Nunca se puede lograr la eficiencia cuando los fines son percibidos como ineficientes.

Porqué la crisis del estado de bienestar afecta a las democracias occidentales

Democracias que creíamos consolidadas han sufrido fuertes embates por impulsos de esta transformación. Si el vínculo simbiótico entre la democracia como sistema de gobierno de occidente y los fines del Estado de Bienestar se resquebraja el sistema que ha definido la vida de occidente de los últimos 200 años se ve debilitado luego de un largo proceso evolutivo.

La paz social es un derivado del Estado de Bienestar y es una de las razones por lo cual la crisis del mismo y sus cuestionamientos terminan siendo propios de la democracia occidental.

Pero otra razón más condicionante del sistema democrático es que un gran sector de las sociedades occidentales reclama una transformación garantizada sin cuestionar el tipo de régimen que la lleve adelante, democrático o no.

Pero hay un modelo que aún resiste, y parte de la búsqueda de un camino para hacer frente a esta realidad tan compleja es visualizarlo y ver en que basan sus fortalezas.

Este modelo de Estado de Bienestar consolidado son los países nórdicos. Tienen una característica en común: instituciones sólidas en los social como en lo político. Para lograrlo cuentan con una herramienta fundamental: la educación, que les ha dado un desarrollo humano que permite que la sociedad conscientemente perciba al destino común como un inevitable de la vida de sus naciones.

Si las clases sociales logran reconocer que su destino está interconectado ya no se luchará por discontinuar las políticas derivadas del Estado de Bienestar, sino que se buscará hacerlas realmente eficientes.

Artículo originalmente publicado en https://visiondesarrollista.org/el-estado-de-bienestar-en-crisis-y-su-impacto-en-las-democracias/

El nuevo escenario legislativo: asumen los diputados y senadores provinciales

La provincia de San Luis se prepara para el recambio institucional que derivó de las elecciones del 11 de mayo pasado, cuando se eligieron senadores y diputados provinciales en los departamentos que renovaban representación este año. Las ceremonias se realizarán en dos etapas: el martes 2 de diciembre asumirán los senadores, mientras que el viernes 5 será el turno de los diputados.

El resultado electoral reconfiguró por completo el mapa legislativo. En la Cámara de Senadores, el frente oficialista Ahora San Luis se quedó con las cuatro bancas en juego, correspondientes a los departamentos Ayacucho, Belgrano, Pedernera y San Martín.

Entre los senadores electos, volverán a ocupar sus lugares dos dirigentes que fueron clave para la gobernabilidad del oficialismo en la Cámara Alta: los representantes de Ayacucho y Belgrano, que renovarán sus mandatos.

Con esta performance (quedarán seis senadores del frente Ahora San Luis y sólo tres de la oposición), el oficialismo alcanzará mayoría y quórum propio, un elemento determinante para la agenda política del 2026.

En la Cámara de Diputados, donde se renovaron 22 bancas, Ahora San Luis logró 12 escaños, consolidando también allí una amplia mayoría. El reparto por departamento muestra el poder territorial del oficialismo: ganó 6 de las 10 bancas en Pueyrredón, 2 en Junín, 2 en Dupuy, 1 en Pringles y 1 en Belgrano.

A continuación, el detalle completo de los legisladores que asumirán por departamento.

 

Diputados provinciales que asumen (por departamento)

Pueyrredón – Renueva 10 bancas

Frente Ahora San Luis: Jorge “Toti” Videla, Eugenia Gallardo, Víctor Moriñigo, Luciana Perano, Charly Pereira, Marisa Patafio.

Frente Justicialista: Silvia Sosa Araujo, José Darío Neira, María José Zanglá.

Partido Tercera Posición: Carlos D’Alessandro

 

Belgrano – Renueva 3 bancas

Frente Ahora San Luis: Alberto Leyes.

Frente Justicialista: Cristian Alcaraz.

Partido Tercera Posición: Walter Córdoba.

 

Dupuy – Renueva 3 bancas

Frente Ahora San Luis: Marcos Espósito, Marisa Lucero.

Frente Justicialista: Fernando Larraudé.

 

Junín – Renueva 3 bancas

Frente Ahora San Luis: María Gabriela Mancilla, Bruno Mini.

Frente Justicialista: Walter Pollo.

 

Pringles – Renueva 3 bancas

Frente Justicialista: Maika Garoglio, Lucas Caymes

Frente Ahora San Luis: Maximiliano Valdeón

 

Senadores Provinciales que asumen (por departamento)

Ayacucho

  • Diego García (Frente Ahora San Luis)

Belgrano

  • Juan Carlos García (Frente Ahora San Luis)

Pedernera

  • Adolfo Castro Luna (Frente Ahora San Luis)

San Martín

  • Federico Trombotto (Frente Ahora San Luis)

 

La conformación del Senado se completa con los siguientes legisladores que tiene mandato hasta 2027:

Pueyrredón: Martín Olivero –Ahora San Luis.

Junín: Sergio Guardia –Ahora San Luis.

Chacabuco: Hugo Olguín –Frente Justicialista.

Pringles: Alejandro Torres –Frente Justicialista.

Dupuy: Sergio Moreyra –Frente Justicialista.

El silencio que envuelve las primeras horas de Freixes en prisión

Ninguno de los 204 dirigentes que hoy ocupan cargos formales en la estructura del Partido Justicialista emitió una sola palabra sobre la detención y el encarcelamiento de Sergio Freixes, luego de que la Corte Suprema de Justicia dejara firme la condena por coacción agravada: presionar a funcionarios judiciales para que firmaran renuncias anticipadas antes de asumir.

El dirigente que durante décadas le garantizó al Justicialismo victorias consecutivas y contundentes en el departamento Dupuy atraviesa sus primeras horas en prisión sin ningún respaldo público.
Dicen que ingresó al Servicio Penitenciario un par de horas después de la medianoche, vestido de jean y camisa. La fuerza de esa imagen vuelve a poner en el centro a Alberto Rodríguez Saá: el silencio que lo rodea también es una declaración.

Que el exgobernador imaginó hace años este desenlace no es una hipótesis descabellada. Esta página reconstruyó cómo se ideó la llamada “Ley de Parajes”, rápidamente bautizada en los pasillos de la Legislatura como “ley Freixes”, pensada —entre otras cosas— para ofrecer(le) una vía de escape ante una eventual condena.

Hoy, con la peor pesadilla hecha realidad, la pregunta es inevitable: ¿qué piensa Rodríguez Saá sobre el destino de su alter ego, desde anoche en prisión? No lo sabemos. Y por ahora, su silencio es la única respuesta.

Pero no es el único. Tampoco hablaron los 24 integrantes del Consejo Provincial, ni los 11 miembros de la Mesa Ejecutiva del Congreso Provincial. No se conoce ningún pronunciamiento público.
Ninguno de los 21 congresales nacionales emitió opinión, pese a que el caso tuvo una fuerte repercusión en medios nacionales.
Mucho menos los 108 dirigentes que presiden los consejos departamentales. Y ni hablar de los 40 que integran las conducciones partidarias de San Luis, Juana Koslay, Merlo, La Punta y Justo Daract.

Si este silencio y olvido será definitivo o apenas un repliegue táctico, lo sabremos cuando el peronismo vuelva a hablar.

Cómo se gestó la denuncia: la trama secreta que investigó la fiscal Gretel Diamante sobre la coacción a jueces en San Luis

La génesis: una reforma judicial y un mecanismo de presión

Todo comenzó en junio de 2004, cuando una reforma sancionada por la Legislatura provincial amplió la estructura del Poder Judicial de San Luis y creó nuevas Cámaras, Fiscalías y Juzgados. Esa reconfiguración estructural desencadenó concursos públicos y una oleada de designaciones.

Pero, según la investigación que entonces llevó adelante la Agente Fiscal de Primer Instancia N°3 de Villa Mercedes, Gretel Diamante de Ponce, detrás de esas designaciones operaba un mecanismo paralelo: la exigencia de renuncias en blanco —sin fecha— como condición para acceder o mantener cargos judiciales.

Aquella presentación de Diamante ante el Procurador General de la Nación, Esteban Righi, que tuvo el patrocinio de los abogados Hugo Wortman Jofré, Juan Manuel Aleman y Federico Pinto, sostenía que esa práctica de pedir las renuncias anticipadas no era aislada, sino “sistemática, masiva y coactiva”, impulsada por altos funcionarios del Poder Ejecutivo provincial.

El método: renuncias sin fecha, reuniones en el Ministerio y amenazas veladas

De acuerdo con los testimonios que la fiscal recogió —y que elevó en ese documento a la Procuración General de la Nación— la metodología incluía tres pasos:

  1. Citación informal –a los postulantes que eran “propuestos”- al Ministerio de Legalidad (Sergio Freixes) o al despacho del Vice Ministro (Mario Zavala), en donde se hacían las reuniones.
  2. Entrega de un texto ya elaborado que los candidatos debían firmar como renuncia anticipada.
  3. Advertencia indirecta o directa de que su designación dependía de ese gesto.

En algunos casos, según relata el expediente, se mencionaban supuestas “reestructuraciones necesarias”, la posibilidad de “sanear el Poder Judicial” y el argumento de evitar una eventual intervención federal a ese Poder muy cuestionado incluso por la Corte Suprema, luego de un fallo que le puso fin a la doble intendencia de la ciudad de San Luis.

Pero para la fiscal Diamante, lo que realmente se consolidaba era una relación de subordinación política incompatible con la independencia judicial.

Los casos que detonaron la denuncia

A lo largo de más de veinte páginas, la fiscal relató entrevistas personales y testimonios de jueces, camaristas y funcionarios que dijeron haber sido presionados.

Entre los casos más relevantes:

1. Marina Zilliotto
  • Defensora de Pobres y Encausados.
  • Fue designada camarista a comienzos de 2005.
  • Aseguró que la obligaron a firmar su renuncia sin fecha en el despacho del Vice Ministro Mario Zavala.
  • Intentó recuperar el documento, pero el Ejecutivo la consideró formalmente renunciada.
  • Perdió su trabajo y quedó afuera de la estructura judicial.
2. Viviana Oste
  • Jueza del Juzgado Civil N°3 de Villa Mercedes.
  • Reconoció que también presentó su renuncia a disposición del Ejecutivo.
  • Afirmó que lo hizo “para evitar una intervención federal sobre el Poder Judicial”.
  • Admitió que firmó la renuncia sin copia y sin fecha.
3. Gabriel Marcelo Leonhardt
  • Juez de Paz Letrado.
  • Declaró que al mes de asumir —tras concurso— fue citado por el Vice Ministro, quien le dictó el texto de renuncia.
  • Dijo que se trataba de “una cuestión política”.
4. Martha Vallica de Figari
  • Integrante de la Cámara Penal II.
  • Confirmó que entregó su renuncia por temor a que se promoviera un jury en su contra.

En todos los casos, según la fiscal, los funcionarios renunciantes actuaron bajo temor fundado, y algunos declararon que temían represalias contra sus familias si denunciaban.

 

Una cronología de los hechos

Junio 2004

  • Se aprueba la reforma judicial que crea nuevas Cámaras, Fiscalías y Juzgados.

Octubre 2004

  • Comienzan a surgir los primeros nombres para cubrir vacantes.
  • Los candidatos propuestos son citados al Ministerio de Legalidad.
  • Allí se los insta a firmar renuncias anticipadas.

Diciembre 2004

  • El Senado provincial acuerda las designaciones.
  • Algunos funcionarios ya habían entregado renuncias en blanco como condición.

Febrero 2005

  • Continúan los concursos para cubrir cargos restantes.
  • La Corte Suprema de la Nación resuelve un conflicto entre intendencias, cuestionando duramente al Poder Judicial puntano.
  • El clima institucional se vuelve tenso.

Marzo 2005

  • Tres miembros del Superior Tribunal presentan su renuncia.
  • El Ministro Sergio Freixes anuncia en televisión que varios jueces han puesto sus renuncias “a disposición del Ejecutivo”.
  • Zilliotto, Oste, Leonhardt, Vallica y otros funcionarios confirman —ante la fiscal— que habían entregado renuncias presionadas o sin fecha.

Abril 2005

  • Gretel Diamante formaliza su denuncia ante la Procuración General de la Nación.
  • Esteban Righi deriva el caso a la Fiscalía General ante la Cámara Federal de Mendoza para profundizar la investigación.

 

La gravedad institucional señalada por la fiscal

Para Diamante, los hechos que documentó configuraban un cuadro de coacción agravada, previsto en el artículo 149 ter del Código Penal. En su presentación sostuvo que existía una estrategia sistémica del Poder Ejecutivo destinada a condicionar la independencia judicial, articulada a través del uso de renuncias sin fecha que, en la práctica, garantizaban la “sumisión total” del magistrado involucrado.

Señaló además que los mecanismos locales para denunciar o impugnar estas presiones podían resultar ineficaces, debido a que distintos órganos jurisdiccionales estaban “sometidos o influenciados”, lo que hacía inviable obtener protección institucional dentro de la propia provincia.

Por eso planteó que la única vía posible era la intervención de la Justicia Federal, acompañada de medidas probatorias urgentes, la preservación de testigos y un análisis del caso bajo los estándares de imparcialidad e independencia establecidos por el derecho internacional de los derechos humanos.

En la parte final de su escrito, Diamante subrayó que dar este paso tenía para ella un costo personal y profesional muy alto: vivía y trabajaba en San Luis, temía posibles represalias que pudieran afectar su futuro y consideraba que los hechos denunciados marcaban el límite entre aquello que puede ser tolerado y aquello que no. Aun así, decidió avanzar y solicitar formalmente que se tuviera por presentada la denuncia y que se dispusieran de inmediato las medidas probatorias necesarias para acreditar los hechos.

 

Un documento que regresa al centro de la escena 20 años después

El expediente muestra, con nombres, fechas y declaraciones, cómo funcionaba un mecanismo de presión institucional que afectó la estructura judicial de San Luis en 2004–2005.

Hoy, a la luz del fallo reciente de la Corte Suprema que confirma las condenas por coacción agravada contra Sergio Freixes y Mario Zavala, este documento adquiere un valor histórico y probatorio decisivo, porque relata los hechos en primera persona, en tiempo real y con testimonios que anticiparon —20 años antes— la resolución judicial que finalmente los sancionó.

Alumnos del Causay ganaron una expociencias internacional

El Centro Educativo Causay obtuvo este viernes el Primer Lugar en la categoría Educación Media de la IX Expociencias Nacional Chile 2025, un certamen internacional que reunió a estudiantes y proyectos científicos de distintos países de la región.

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El encuentro se desarrolló del 25 al 28 de noviembre en el Edificio Vicente Kovacevic II de la Universidad Central de Chile, en Santiago, donde los equipos finalistas expusieron ante un jurado especializado.

Anteriormente, los alumnos del Causay habían ganado la Feria Nacional de Educación, Artes, Ciencias y Tecnología que se disputó en la provincia de Misiones.

Representando a la Argentina y a la provincia de San Luis, el grupo de estudiantes puntanos alcanzó la máxima distinción tras obtener la aprobación unánime del jurado, que evaluó originalidad, rigor científico y aplicación social de los proyectos.

 

El trabajo premiado, denominado “CardioInsight”, propone un modelo capaz de detectar cardiomegalias mediante el uso de inteligencia artificial discriminativa. La iniciativa integra contenidos de estadística, matemática, tecnología, biología y lengua, y se presenta como una herramienta educativa aplicada a problemas reales del ámbito sanitario.

El reconocimiento posiciona al Causay entre las instituciones educativas de la región con mayor impulso innovador, destacando su apuesta por la investigación escolar y por la formación de estudiantes críticos y creativos.

El pasado 24 de octubre, el gobernador Poggi recibió a la directora del Instituto, a docentes, y a los alumnos que viajarían a Chile.

Además, el galardón abre nuevas oportunidades académicas y profesionales para los jóvenes que participaron del proyecto, al tratarse de una competencia con proyección internacional.

Desde la institución celebraron el resultado y subrayaron que el premio refleja el nivel de trabajo docente y el compromiso estudiantil, así como el crecimiento de la provincia de San Luis en materia de proyectos científicos escolares.

 

La Corte manda a prisión a Freixes, sin el blindaje de la «Ley de parajes» que le pensó Rodríguez Saá

 En menos de una semana, Sergio Freixes —el ex “superministro” del primer gobierno de Alberto Rodríguez Saá— deberá presentarse en el Servicio Penitenciario de San Luis para comenzar a cumplir la pena de seis años de prisión que la Corte Suprema de Justicia de la Nación dejó definitivamente firme. La condena es por coacción agravada: presionar a postulantes a cargos judiciales para que firmaran su renuncia anticipada como condición para asumir.

El escenario que hoy enfrenta Freixes no era completamente inesperado para su jefe político que miraba con atención como se desarrollaba ese proceso judicial. Cinco años atrás, Rodríguez Saá impulsó e hizo aprobar en la Legislatura la llamada Ley de Parajes —rebautizada en los pasillos como la “Ley Freixes”—, un régimen que permitía a personas condenadas evitar la cárcel si desarrollaban proyectos productivos en parajes del interior provincial.

Aquella norma, derogada en junio de 2024 por la gestión de Claudio Poggi, hubiera operado como un salvataje a medida del propio Freixes. En paralelo, Rodríguez Saá le otorgó rango municipal al Pueblo Ranquel, un gesto que también fue interpretado como parte de una estrategia de blindaje político.

Un expediente que vuelve desde 2004 y 2005

La Corte Suprema dejó firme la condena a seis años de prisión contra Freixes, exministro de Legalidad de San Luis, por el delito de coacción agravada. El fallo cierra definitivamente un expediente que se originó en 2004 y 2005, cuando surgieron denuncias sobre presiones a jueces y funcionarios judiciales durante la primera gestión de Rodríguez Saá.

La causa comenzó tras la denuncia de la fiscal Gretel Diamante, a partir de que Marina Ziliotto -quien había concursado y obtenido un cargo como jueza de Cámara- declaró que al notificarle su designación se le exigió firmar una renuncia anticipada como requisito para asumir. Esa práctica, indicó, alcanzaba a otros magistrados y funcionarios.

Las acusaciones señalaban que, desde el Ministerio de Legalidad, se impulsaba un mecanismo mediante el cual los jueces debían firmar sus renuncias por adelantado, lo que dejaba sus cargos sujetos a presiones políticas. La situación derivó en un escándalo institucional de alcance nacional y abrió el debate sobre una posible intervención federal al Poder Judicial de San Luis.

La condena y el camino judicial

En 2018, el Tribunal Oral Federal condenó a Freixes por amenazas coactivas y amenazas agravadas, fijando una pena de seis años de prisión e inhabilitación absoluta para ocupar cargos públicos.

Posteriormente, la Cámara Federal confirmó la sentencia. La defensa presentó recursos extraordinarios, pero todos fueron rechazados en instancias inferiores. Eso llevó el expediente a la Corte Suprema.

El fallo definitivo y la ejecución de la pena

El máximo tribunal desestimó el recurso de queja presentado por la defensa y ratificó la validez de todo lo actuado en las instancias anteriores. Con esa decisión, la condena quedó firme y ya no admite nuevas apelaciones.

A veinte años de los hechos investigados, el fallo cierra un proceso judicial extenso y confirma la responsabilidad penal del exfuncionario en las maniobras denunciadas.

Con la sentencia firme, corresponde ejecutar la pena impuesta a Freixes, quien había permanecido en libertad durante el proceso. La inhabilitación para ejercer cargos públicos también queda consolidada.

El Municipio cerró el censo de manteros y avanza en la normalización de espacios para su reubicación

El Municipio de San Luis finalizó el censo de manteros luego de ocho jornadas de trabajo en las zonas más afectadas del microcentro. El operativo arrojó un total de 77 puestos de venta ambulante, un número que confirma la magnitud del fenómeno en el área comercial más transitada de la ciudad.

Durante el relevamiento, 15 vendedores aceptaron su traslado a la Galería Chacabuco. Allí, el Municipio recuperó locales vacíos o utilizados como depósito —usos que no se ajustaban a la normativa— y los pondrá a disposición en comodato para quienes inicien allí su actividad.

La secretaria General a cargo de Hacienda, Fabiana Malamud, destacó que el proceso apunta a ordenar el espacio público sin afectar el sustento de los trabajadores: “Buscamos darles un espacio adecuado para vender sus productos, de ninguna manera es para dejar sin trabajo a nadie”, señaló.

El espacio público del centro obstaculizado por la presencia de manteros. Foto: Nico Varvara.

Un plan que articula legalidad, urbanismo y competencia leal

La culminación del censo se inscribe en un plan municipal de ordenamiento comercial que busca recuperar la transitabilidad, restablecer la legalidad y atender un reclamo histórico del comercio formal.
La iniciativa cuenta con respaldo normativo —la ordenanza que regula la venta ambulante y un oficio del Juzgado de Faltas— y con el acompañamiento explícito de la Cámara de Comercio, que definió el plan como “estratégico e impostergable” para proteger la convivencia, la seguridad y el equilibrio competitivo.

Operativo en Galería Chacabuco

Como parte del proceso, este jueves se realizó un operativo en la Galería Chacabuco para relevar locales cerrados, desocupados o usados como depósitos. El procedimiento incluyó el retiro de mercadería y la recuperación de espacios que ahora serán asignados a los vendedores que ya aceptaron reubicarse allí.

En paralelo, el Municipio avanza en la puesta en valor del predio al aire libre ubicado en Bolívar y Lafinur, que funcionará como un segundo sitio habilitado para la actividad.
El espacio ya fue limpiado, cercado y equipado con luminarias, y contará con:

  • puestos delimitados,

  • baños químicos,

  • electricidad,

  • supervisión bromatológica,

  • acompañamiento para procesos de formalización.

Con relación al resto de los manteros que no han expresado su deseo de instalarse en ese predio acondicionado por el Municipio, se entiende que su situación dependerá de etapas posteriores del proceso.

Con el censo concluido, el relevamiento validado y los predios en proceso de acondicionamiento, el Ejecutivo avanza en la siguiente etapa del plan: ordenar la actividad, garantizar condiciones de higiene y seguridad y restituir la convivencia urbana en las calles más transitadas de la capital.