Las últimas horas dejaron dos imágenes similares —dos juras, dos intendentes jóvenes, dos gestiones que comienzan— pero detrás de esa coincidencia se abren rutas bien distintas en Juana Koslay y Potrero de los Funes.
Aunque ambos jefes comunales pertenecen al mismo espacio político, los puntos de partida no podrían ser más diferentes.
Tagliente en Juana Koslay: continuidad, orden y una vara alta

Pedro Alejandro Tagliente asumió como intendente de Juana Koslay en un acto realizado en la Rotonda Cruz de Piedra, acompañado por el vicegobernador Ricardo Endeiza y por su antecesor, Jorge “Toti” Videla, quien deja la intendencia para ocupar una banca como diputado provincial.
La gestión de Videla —reconocida como una de las más innovadoras y eficientes de la provincia, incluso por intendentes de otros signos políticos— deja a Tagliente ante un desafío particular: mantener el estándar de una ciudad que funcionó bien, creció y fue administrada con solvencia.
“Hoy es un día que quedará grabado en mi memoria y en mi corazón”, dijo Tagliente.
Y agregó: “Voy a estar presente, escuchar, trabajar cada día con humildad y respeto, reconociendo que al gobernar no se puede estar solo”.
Con alrededor de 20 mil habitantes, Juana Koslay es un municipio ordenado, sin crisis de servicios y con una administración que llega al recambio en buenas condiciones financieras y operativas. Tagliente, además, conoce la estructura: fue parte del gabinete de Videla.
La continuidad aparece como hoja de ruta natural. El desafío, en este caso, es sostener una vara alta, no reconstruir.
Olagaray en Potrero: urgencias, servicios y crisis heredada

Muy distinta es la situación en Potrero de los Funes, donde Ignacio “Nacho” Olagaray asumió tras ganar la elección del 9 de noviembre por apenas diez votos, en la última contienda electoral del año.
Su victoria desplazó a Daniel Orlando —que había sido intendente y que también ganó una elección por un margen mínimo, de solo doce votos— y dejó atrás al actual intendente Damián Gómez, que terminó tercero.
Aquí el punto de partida es otro: un municipio con problemas económicos graves, servicios resentidos y un clima de deterioro administrativo.
Por eso, Olagaray abrió su discurso hablándole directamente a los trabajadores municipales:
“Les pido un poco de paciencia: son la prioridad para ordenar la situación administrativa y financiera del municipio”, afirmó.
También habló de la urgencia en recuperar servicios esenciales: mantenimiento de calles, limpieza del pueblo, normalización del funcionamiento cotidiano.
“Vamos a trabajar desde hoy; mañana continuamos, y en estos días van a notar un cambio contundente”, prometió.
Con la temporada turística a días de comenzar, Potrero necesita capacidad de respuesta inmediata. Por eso formalizó rápidamente dos designaciones clave:
– Cecilia Anzulovich, al frente del área Hacienda;
– Ignacio ‘Nacho’ Morris, responsable de Turismo, Cultura y Deporte.
El turismo no es solo un área de gestión: es la economía de Potrero, y la crisis del municipio impacta directamente en su principal actividad.
Dos imágenes, dos escenarios
Mientras Tagliente inicia su mandato con continuidad política, orden administrativo y una comunidad acostumbrada a una buena gestión, Olagaray empieza desde un lugar diametralmente opuesto: debe reconstruir, ordenar y reestructurar antes de poder proyectar.
Ambos asumieron con discursos basados en cercanía, trabajo y presencia territorial.
Pero la diferencia de contexto es la clave:
– Juana Koslay exige sostener lo que funciona.
– Potrero de los Funes exige recomponer lo que está roto.
Es, en definitiva, la fotografía política del recambio 2025 en el Gran San Luis: dos intendentes del mismo espacio, pero con realidades y exigencias completamente distintas.
