¿Querés ser el pasado?

La pregunta que interpela a la dirigencia política de San Luis.
9 de mayo de 2026
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El gobernador Poggi ante la Asamblea Legislativa.

La pregunta está flotando en el aire político de San Luis como algo más que una frase de circunstancia. Funciona, en realidad, como una pregunta que cada dirigente podría hacerse ante su propia imagen frente al espejo.

¿Quiero ser parte del pasado?

Claro que esa pregunta también funciona como una delimitación de pertenencias dentro del frente que llevó a Claudio Poggi al poder en 2023.

¿Quién quiere seguir siendo parte del futuro político del oficialismo y quién empieza a quedar atrapado en la lógica del pasado? Esa parece ser la discusión que comenzó a ordenar la nueva etapa del Gobierno provincial.

La reforma del gabinete impulsada esta semana por Poggi puede leerse en clave administrativa, pero también en política.

Veamos la primera de esas lecturas. La reducción de cargos políticos, la eliminación de estructuras y la reconfiguración ministerial tienen una dimensión económica evidente, marcada por la caída de los fondos coparticipables y la necesidad de ajustar un Estado que se heredó sobredimensionado, fundido y con déficit fiscal después de la fiesta populista que desplegó Alberto Rodríguez.

Ese despliegue de carnaval carioca hoy se traduce en dos condenas judiciales, no menos de quince causas y unos 20 exfuncionarios denunciados ante la parsimoniosa Justicia.

La segunda lectura corresponde a la clave política: el oficialismo entró en una fase de depuración interna.

En apenas días, el Gobernador eliminó tres secretarías con rango ministerial: Ciencia y Tecnología, Actividades Logísticas y Ambiente y Desarrollo Sustentable. Detrás de esa decisión no sólo parece haber una redefinición funcional del Estado, sino también un movimiento sobre los equilibrios internos del frente oficialista.

No pasó inadvertido que dos de esas áreas estaban vinculadas a dirigentes de Todos Unidos, el espacio referenciado en Adolfo Rodríguez Saá y conducido partidariamente por Delfor Sergnese. La reacción posterior dejó al descubierto tensiones que ya venían acumulándose desde hace tiempo.

Los ruidos comenzaron mucho antes. Tal vez uno de los primeros episodios visibles haya sido, en el temprano 2024, el conflicto partidario y judicial, que terminó con la salida de Hugo Murgo de Todos Unidos y del gabinete provincial. Con el tiempo habría otros nombres: Harold Bridger, Sergio Pansa, Alicia Arrieta, Alfonso Vergés y Pedro Canali.

El propio presidente del partido, Delfor Sergnese, cuya renuncia fue aceptada inmediatamente después de un acto en Fraga, había quedado en el centro de las miradas tras la presentación de un programa de gobierno llamado “Pequeños Futuristas”, una exposición que dejó una sensación de improvisación difícil de disimular. Aún hoy puede verse en la página de la Agencia de Noticias un recorte de 57 segundos de aquella intervención, suficiente para entender por qué el episodio siguió resonando puertas adentro del oficialismo.

Con todo esto, y como lo sostuvo DePolítica en publicaciones anteriores, ningún otro sector interno acumuló semejante nivel de fricción con el núcleo político del Gobierno en tan poco tiempo.

Esta semana, la declaración del exdirector de Estadísticas y Censos, Adolfo Romero Alaniz tras quedar afuera del gabinete terminó de exponer esa crisis partidaria. Al responsabilizar a la conducción de Todos Unidos de alimentar un clima de “confabulación” contra el Gobierno, pareció exponer públicamente un juego a dos puntas que hasta ahora se mantenía contenido.

Horas después Poggi decidió poner en palabras la clave de este tiempo político. “Todos los que somos parte del gobierno (…) no queremos volver para atrás”, dijo en Villa Mercedes. Y enseguida agregó: “el que esté mirando para atrás no va a ser parte de lo que resta”.

La frase tuvo destinatarios múltiples. Incluyó a sectores de la UCR, pero sobre todo pareció apuntar al universo político vinculado a Adolfo Rodríguez Saá, con sus mensajes en las redes sociales pasados de café.

Porque el problema de fondo no es únicamente la tensión administrativa o partidaria. Lo que empieza a emerger, y se fundamenta en los hechos, es una sospecha política más profunda: la posibilidad de que algunos sectores estén intentando reconstruir puentes con el pasado reciente.

A mitad de abril pasado, el propio Adolfo  Rodríguez Saás sorprendió con declaraciones en las que intentó dejar abierta la puerta a un eventual diálogo político con su hermano, Alberto Rodríguez Saá. ¿Qué tuvieron de sorpresivas esas palabras? El contraste respecto de los últimos años de confrontación pública, durante los cuales Adolfo responsabilizó reiteradamente a su hermano Alberto por el deterioro político, económico e institucional de la provincia.

El rechazo inmediato de Alberto era imaginable para muchos. Desde su página web descartaron cualquier reunión o acercamiento y desactivaron la idea de una reunificación peronista que algunos dirigentes comenzaban a insinuar. Alberto pateó la olla del locro de la unidad peronista. Y Toro Negro ya es un destino lejano.

Aquí aparece otra pregunta interesante: ¿hasta dónde algunos sectores del frente oficialista mantienen un pie dentro del proyecto de cambio de 2023 y hasta dónde conservan expectativas de reconstrucción con expresiones del pasado?

El Gobernador parece decidido a consolidar un oficialismo más compacto, sin ambigüedades. Y ahí es donde la pregunta inicial cobra dimensión estratégica. “¿Querés ser el pasado?” no aparece entonces solamente como una consigna de campaña anticipada, sino también como criterio de selección interna. Como una frontera política. Es una pregunta que convierte al pasado en una categoría política de exclusión.

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