Las ideas de Alberdi, su estatura como uno de los padres fundadores de la Argentina y su personalidad multifacética —intelectual, músico, escritor, pensador político y económico, diplomático y abogado— estuvieron presentes en la exposición de Daniel S. Pereyra, autor del libro Alberdi. La indómita luz, presentado ante un nutrido auditorio en uno de los salones del Hotel Visit de la ciudad de San Luis, este viernes al mediodía.
La obra, que cuenta con prólogo del presidente Javier Milei, es “una invitación a redescubrir al padre de la Constitución de 1853 y a uno de los pensadores más lúcidos que tuvo la Argentina”. A lo largo de casi 300 páginas, propone un recorrido que sintetiza de manera clara la exuberante obra alberdiana: unas 8.531 páginas reunidas en 24 tomos.

La presentación fue moderada por el escribano Juan José Laborda Ibarra, quien destacó tres vínculos particulares de Alberdi con la historia de la provincia de San Luis.
El primero, su influencia sobre el texto constitucional puntano, por lo que lo definió como “el padre de la Constitución provincial”.
El segundo, la influencia que ejerció sobre Alberdi el filósofo Diego Alcorta, su profesor en el Colegio de Ciencias Morales, donde el tucumano estudió en 1824. Alcorta había sido alumno del puntano Juan Crisóstomo Lafinur.
El tercero, su vínculo con un puntano en Francia: durante su exilio en tiempos de Rosas —que se extendió por 41 años— Alberdi conoció al militar y exgobernador de San Luis Juan Saá, a quien elogiaba como el verdadero triunfador de la batalla de Pavón.
Pero ¿cómo se gestó la posibilidad de que el presidente Milei prologue su libro? fue la inquietud de DePolítica, y esta la respuesta de su autor.
Pereyra: —Este es un proyecto impulsado por diversas instituciones, encabezadas por la editorial Grupo Unión. Una de ellas acercó el borrador al Presidente y, a partir de allí, surgió su interés en participar con el prólogo.
Hubo, además, un motivo puntual que despertó su atención: la discusión pública generada cuando el presidente afirmó que la Argentina había sido, en algún momento, un país próspero. Muchos intelectuales, historiadores y periodistas cuestionaron esa afirmación sin aportar datos concretos. El libro aborda específicamente ese debate.

Pereyra: —Uno de los capítulos se apoya en investigaciones de la Universidad de Groningen, en los Países Bajos, que desarrolló el Proyecto Maddison, un centro de estudios dedicado a medir la riqueza mundial desde el siglo XIX a partir del ingreso per cápita. En un estudio publicado en 2018 —referencia utilizada por organismos como Naciones Unidas y el Banco Mundial— se concluyó que hacia 1896 la Argentina había sido el país más rico del mundo. Posteriormente, con cambios metodológicos, el país pasó a ubicarse sexto, pero siempre dentro del grupo de economías más prósperas.
El libro -relata su autor- también recoge trabajos de historiadores como Ezequiel Gallo, Armando Riva y Vicente Vázquez Presedo, que documentan el crecimiento explosivo de la economía argentina. A ello se suma un estudio de la Academia Nacional de la Historia, encabezado por Roberto Cortés Conde y Gerardo della Paolera, que concluye que, en vísperas de la Primera Guerra Mundial, la Argentina no solo era el país más próspero del subcontinente, sino también el más industrializado, pese a no contar con una tradición manufacturera previa como México o Brasil.
La participación del Presidente -agrega Pereyra- se interpreta así como un reconocimiento al enfoque del libro: una obra pensada como herramienta para entender de dónde venimos y como brújula para pensar hacia dónde queremos ir. La propuesta no busca ser un ejercicio de nostalgia, sino un compromiso con el futuro: que las nuevas generaciones no tengan que irse del país por falta de oportunidades económicas o problemas de seguridad.

