Un certificado de pobreza: ¡Qué opinaría Ramón Carrillo!

Es paradójica la relación entre el Hospital “Ramón Carrillo” y el Gobernador Alberto Rodríguez Saá. Tiene algo de fetiche.

Cada vez que alguien visita la provincia de San Luis es llevado a conocer el edificio, casi como una atracción turística ineludible. El propio Rodríguez Saá lo colma de elogios cada vez que puede, como en su discurso en la Legislatura. Dijo entonces que los puntanos repiten con orgullo “yo me atendí en el Ramón Carrillo”.

Ojalá así fuera. Por ahora hay una considerable distancia entra esa “realidad” que proyecta el Gobernador y la “realidad” que les toca en suerte a los puntanos que buscan atención médica en ese gigante.

La Asociación de Profesionales y Técnicos de la Salud APTS se encarga de señalarlo con suficiente frecuencia como para que alguien aún no se haya enterado.
La semana pasada hizo pública una carta abierta dirigida al Gobernador planteando una serie de reclamos relacionados con la falta de personal humano y las condiciones de precariedad laboral reinantes.

En el consultorio particular de cualquier médico puntano se escuchan argumentos en ese sentido. Es una estructura sobredimensionada para el uso que se le está dando y, lejos de ser aprovechada a la brevedad, en tanto se sostengan las actuales condiciones de prestación de servicios, se irá deteriorando paulatina y rápidamente, como todo edificio que no tiene el uso adecuado.

Claramente se requiere de un equipo de profesionales multidisciplinario, los mejores en su materia, para orientar un mejor uso de todas sus instalaciones y potencialidades, una guía de acción que el Gabinete de Rodríguez Saá no está en condiciones de brindar.

Una barrera entre las necesidades de los sectores más humildes y la imponencia de ese edificio se hizo evidente días pasados porque la burocracia tiene mil maneras de ganar la batalla.
Cientos de pacientes -por definición lo que tienen paciencia- tuvieron que peregrinar hasta el centro de San Luis a buscar un “certificado de pobreza” con el que presentarse para ser atendidos en el Hospital. ¡Qué opinaría Ramón Carrillo!.
Desde el Hospital hasta el centro de la ciudad para retirar en la Superintendencia de San Luis un comprobante que acredite que no tiene ningún tipo de cobertura médica y que debe ser atendido en forma gratuita.
Así visto, parece un sistema no pensado para atender la salud de los ciudadanos más humildes, sino con una prioridad recaudatoria. El Gobierno que hace alarde de su política de inclusión digital no es capaz de conectar en línea con una computadora que certifique on line la condición del paciente.

El desatino le ganó a la presidenta de la Sociedad del Estado que administra el Hospital, María José Zanglá. No tuvo días fáciles después de aquellos diez días como diputada nacional.
Su esposo, médico de ese Hospital quedó envuelto en una denuncia por supuesta mala praxis, también por malos tratos; y ella fue señalada como responsable de acelerar atenciones médicas cuando el paciente es un funcionario de Terrazas.

“Que esto no se convierta en un shopping donde vengo y saco turno a diestra y siniestra” dijo esta semana para reclamarle puntualidad a los pacientes que sacan turno y luego -habrá que ver los motivos- no concurren a la cita médica.
Mientras, un televisor en la sala de espera del Hospital enfrenta a puntanos con puntanos. El mensaje de la pantalla dice: “Faltaron 93 paciente. Si hubieran reprogramado su turno usted podría haber sido atendido antes”.

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