Pringles visto por su Comandante Rudecindo Alvarado

24 de marzo de 2024
Juan Pascual Pringles y Rudecindo Alvarado.

El célebre militar salteño Rudecindo Alvarado fue un protagonista principal de muchos episodios notables de las guerras por la Independencia en América. Compartió innumerables campamentos, marchas y combates con los más destacados jefes y oficiales de las tropas revolucionarias: Manuel Belgrano, José Rondeau, Gregorio Las Heras, Antonio Sucre. Entre ellos se destaca su participación en las campañas de Chile y Perú bajo el mando del General José de San Martín.

Su figura se vio presente en las batallas de Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú, además de haber encabezado como comandante distintas operaciones y combates durante la Campaña de Chile como en la sangrienta Batalla del Biobío en enero de 1819 al mando del Batallón de Cazadores de los Andes. Tras regresar a Cuyo por orden de San Martín para reorganizar parte del Ejército de los Andes, Alvarado logró retornar a Chile en enero de 1820 con las tropas que habían podido ser preservadas bajo obediencia frente a la sublevación que protagonizaron los Cazadores de los Andes en San Juan. Tras cruzar la Cordillera de los Andes por el paso de Portillo con dirección a Rancagua en Chile, San Martín lo nombró Jefe del Regimiento de Granaderos a Caballos. En esta condición fue Comandante del Oficial Juan Pascual Pringles, quien se sumó como granadero en noviembre de 1819 en San Luis.

Alvarado escribió parte de sus memorias posiblemente en 1824 cuando pudo reposar de una vida agitada donde se mezclaron victorias y derrotas en los campos de batalla, además de una zigzagueante actuación política que lo llevó a ocupar las gobernaciones de Puno, Mendoza y Salta. Estas memorias fueron publicadas por primera vez por Museo Histórico Nacional, con el título de Autobiografía en 1910 y posteriormente como Memoria histórico-biográfica en la Biblioteca de Mayo en 1960.

En este escrito personal relata sus experiencias al frente del Regimiento de Granaderos a Caballos en la campaña peruana. En ella se presenta su valoración sobre la actuación bajo su mando del Teniente Pringles, hecho poco conocido en la historiografía argentina y local. A continuación reproducimos los pasajes más notables de sus recuerdos sobre Pringles centrados en el encuentro de Pescadores y las proyecciones en el Perú de la Sublevación de los prisioneros realistas en San Luis:

“Apoyaron mi pensamiento [de lograr el pase del Batallón de Numancia a las filas sanmartinianas], y aunque muy avanzada ya la noche, volví hacia el General [San Martín] insistiendo en mi idea hasta que con notable fastidio me dijo: «Haga usted lo que quiera, mas no olvide que deben inutilizarse muchos caballos que no tenemos como reemplazar».

Con aprobación tan poco satisfactoria de parte del General regresé a Huacho, llevando conmigo un joven peruano que me proporcionó el doctor Monteagudo y que había sido el intermediario de las relaciones con el batallón Numancia, muy práctico de aquellas localidades, vivo e inteligente y de la entera confianza de los patriotas oficiales de dicho batallón. A las cuatro de la tarde del día siguiente despaché dicho joven con comunicaciones para los oficiales numánticos, y le hice acompañar con una partida de dieciocho granaderos a caballo, hasta el punto de Pescadores, distante tres leguas de Chancay, donde debía separarse para entregar mis comunicaciones. Esta partida, a cuyo frente estaba el teniente Pringles, debía conservarse en otro punto de Pescadores hasta que regresara el enviado con la contestación; pero si por cualquiera circunstancia se retardasen las contestaciones, o se presentasen fuerzas enemigas, se retirará por el mismo camino que había llevado sin comprometer choque alguno. Marché en el mismo día con los regimientos de granaderos y cazadores a caballo; en el camino recibí el primer aviso de haber pasado el joven peruano a Chancay. Continué mi marcha y cuando llegué a Pescadores con mis fuerzas encontré las huellas de un combate, que impresas en aquel inmenso medanal, me probaron la pérdida completa de Pringles y la partida de su mando”.

A esta primera mención le siguen otras donde Alvarado relata, tras haber logrado el pase del batallón Numancia, el destino de Pringles en manos del Comandante Jerónimo Valdés: “Por los oficiales del Numancia supe que el joven peruano, que les llevó mis comunicaciones, lo habían hecho pasar inmediatamente a Lima a llamar al capitán don Tomás Heres, que era quien debía encabezar la revolución, y había quedado enfermo, razón porque no regresó a Pescadores. Fui igualmente instruido, que avisado Valdés de existir en dicho punto una partida de tropa patriota, marchó él mismo, con dos escuadrones a tomarla, como lo logró; no por sorpresa, sino porque el imprudente y temerario arrojo de Pringles así lo quiso, pues recibió oportunamente aviso de un centinela, colocado en una altura, que por el camino directo de la playa venía un escuadrón, y otro por un flanco a cortar la retirada, pero Pringles contestó: «Batiremos a los dos». Con sus dieciséis granaderos cayó sobre el escuadrón de su frente, y, rechazado, cargó el de retaguardia, que le dio igual lección; tiróse entonces al mar, de donde Valdés logró hacerle salir con generosos ofrecimientos. Me indigné contra Pringles al conocer estos detalles, y le habría sometido a juicio, cuando fue canjeado, si no se hubiera interpuesto a evitarlo el General”.

Sin duda que la descripción de Alvarado resalta el incumplimiento de sus órdenes por parte de Pringles, hecho que fue considerado por San Martín al momento de realizar una ponderación de su actuación. Igualmente destaca la notable actitud del jefe realista de salvar la vida del puntano y sus hombres sobrevivientes.

El pase del Numancia agitó las fuerzas realistas que propusieron un armisticio para realizar tratativas de tregua. Alvarado y Valdés formaron parte de los comisionados de dialogar y en estas circunstancias el nombre del Teniente Pringles volvió  se mencionado por Alvarado:

“Tocó Valdés otros puntos, como el de manifestar una sorpresa porque el Coronel Dupuy tuviera un puesto en nuestro estado mayor, siendo el asesino de los prisioneros españoles, en la época que gobernó en San Luis, a lo que contesté que se hallaba muy equivocado en su juicio, pues los asesinos aleves habían sido los prisioneros, que tratados generosamente por Dupuy tenían entrada franca a toda hora en su casa, y alguno de ellos hasta era su huésped. Allí fue sorprendido Dupuy, ultrajado y aun herido y habría sido muerto si el asalto que simultáneamente ejecutaban sobre las guardias de la cárcel y el cuartel, no hubiesen sido rechazados, circunstancia que conmovió al pueblo que se arrojó en protección de su gobernador y exterminó a los jefes españoles sin que aquél pudiera estorbarlo y terminé mi alocución diciendo a Valdés: «Tiene usted prisionero al Teniente Pringles, que siéndolo de una compañía de milicias y viviendo en una casa inmediata a la del gobernador, fue el primero que por los techos penetró en dicha casa y abrió la puerta de la calle, cerrada intencionalmente por los conspiradores» y concluí diciendo: «Coronel Valdés, su prisionero puede dar a usted más detalles».

Esta última mención de Alvarado sobre Pringles dista notablemente sobre lo que se sabe de la conducta del puntano en manos españolas, pues se afirma que para no ser vinculado con la sublevación de los jefes realistas confinados en San Luis, dijo ser oriundo de Córdoba.

En todo caso el testimonio de Alvarado nos permite vislumbrar cómo se conocía ese episodio sucedido el 8 de febrero de 1819 en el Perú tanto en su versión dada por los revolucionarios como por los realistas. Sin embargo, cabe resaltar que Alvarado destaca la actuación de Pringles en ese trágico evento de San Luis, identificándolo como el primero en ingresar a la casa de los Osorio a rescatar al Teniente Gobernador Vicente Dupuy. Por otra parte, tal vez por causa de la ofuscación contra la actitud que había tenido Pringles en Pescadores, Alvarado puso en peligro la vida del puntano al señalar a Valdés su identidad, hecho que aparentemente no tuvo consecuencias inmediatas en su condición de prisionero.

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Fuente: Colección Documental de la Independencia del Perú, Memorias, diarios y crónicas, tomo 26, volumen 2. Lima, Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú, 1971

Bibliografía: Gutiérrez, Gabriel Gustavo, San Luis: caliente febrero de 1819. La sublevación de los prisioneros y confinados españoles del 8 de febrero de 1819. San Luis, Consejo Deliberante de la ciudad de San Luis, 2023.

 

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