Histórico: la bandera de San Luis flamea por primera vez en Barranco Yaco

16 de febrero de 2026
Justicia histórica. La bandera de San Luis flamea en Barranca Yaco.
Estamos en WhatsApp: Podés seguirnos acá

Por primera vez en la historia, la bandera de la provincia de San Luis flamea junto a las de Córdoba, La Rioja y la enseña patria en Barranca Yaco, esa posta del norte cordobés, sobre el antiguo Camino Real al Norte, entre Sinsacate y Villa del Totoral, en donde el 16 de febrero de 1835 fue asesinado José Santos Ortiz (50), el primer gobernador de la provincia de San Luis entre 1820 y 1829.

Aquella emboscada encabezada por el capitán Santos Pérez por órdenes de los hermanos Reinafé, por entonces gobernantes de la provincia de Córdoba y en la que también murió Facundo Quiroga (46), truncó la vida del puntano nacido en Renca que pudo haber sido presidente de aquella nación entonces ensangrentada en luchas intestinas.

Este lunes 16 de febrero, en Barranca Yaco y bajo un aguacero intermitente, se realizó un acto organizado de manera conjunta por los municipios de Sinsacate, Villa del Totoral y Sarmiento, del que participaron el chozno de Ortiz, el exembajador Juan Eduardo Fleming, y, en representación del Gobierno de la provincia de San Luis, el escribano general de Gobierno, Juan José Laborda Ibarra.

Juan Eduardo Fleming, descendiente de Ortiz, homenajeado en Barranca Yaco.

“El asesinato de Barranca Yaco fue la primera masacre de la historia argentina. No solo mataron al caudillo federal sino a quien iba a ser el primer presidente de la confederación, Ortiz” le dijo Fleming al diario La Nación.

Y fue Laborda Ibarra quien habló de la “lección histórica” que ese hecho debería dejarle a los argentinos.

“Barranca Yaco, a casi dos siglos del 16 de febrero de 1835, ya no es solo un episodio trágico de la historia argentina: hoy representa memoria, leyenda e imaginación. A esa tríada quiso sumarle una dimensión más: la de la lección histórica que este hecho debería dejar a los argentinos” comenzó diciendo Laborra Ibarra.

En su reflexión, ubicó la tragedia dentro del largo proceso de organización nacional que se extendió entre 1820 y 1880, desde las guerras civiles hasta la federalización de Buenos Aires. Fue, dijo, un camino de debates y confrontación de ideas —propios de toda sociedad plural—, pero también atravesado por una violencia extrema. Barranca Yaco simboliza precisamente ese costado oscuro: la transformación del adversario en enemigo y la lógica cruel de que el mejor enemigo es el enemigo muerto.

Barranca Yaco como lección histórica, en las palabras de Laborda Ibarra.

Recordó que la historia argentina está marcada por episodios de brutalidad y evocó, con especial conmoción, el asesinato del niño José Luis Basualdo, degollado durante la emboscada. Ese grito final —“mamita”—, sostuvo, debería interpelar todavía hoy a la sociedad argentina. A partir de esa imagen, utilizó una metáfora: la de un “río subterráneo de violencia, odio e intolerancia” que atraviesa la historia nacional y que, cada tanto, emerge. Advirtió que las dirigencias políticas deben estar atentas para que esa semilla no vuelva a brotar.

La enseñanza, insistió, es clara: aprender de la historia para construir convivencia. Citó a Cervantes —“la historia es la escuela de la vida”— para subrayar que la democracia no elimina los conflictos, sino que los civiliza. Las disputas deben resolverse por vías pacíficas y electorales, nunca mediante la violencia.

En el tramo final evocó la noche previa al asesinato de Quiroga y Ortiz, cuando ambos fueron advertidos del peligro y, aun así, decidieron avanzar. Ese episodio fue inmortalizado por Jorge Luis Borges en El general Quiroga va en coche al muere, donde se retrata la obstinación del caudillo y la voz prudente de Ortiz, consciente de que el odio podía no tener límites.

El orador cerró retomando el preámbulo de la Constitución nacional y su llamado a “consolidar la paz interior” y “asegurar los beneficios de la libertad”. Si la tragedia de Barranca Yaco sirve para reafirmar ese camino de convivencia y respeto, concluyó, entonces la muerte de Quiroga, de José Santos Ortiz, de quienes los acompañaban y del niño Basualdo habrá tenido un sentido: contribuir a que los argentinos construyan un país mejor.

Si te interesen más artículos sobre José Santos Ortiz publicados en esta página por otros autores podés leer a:

1. Gustavo Luna: Ver artículo

2. Marcelo Sosa: Ver artículo

3. Guillero Genini: Ver artículo

Dejar una respuesta

No te pierdas...