Un manuscrito perdido, una promesa y dos amigos que ya no están: la historia del libro de Eduardo Gargiulo

La Feria del Libro de Villa Mercedes será escenario de una presentación cargada de emoción. "Historias de suspenso" reúne once cuentos policiales escritos por el recordado periodista Eduardo Gargiulo, fallecido en abril de 2025. José Giraudo rescató el manuscrito que su autor creía perdido y cumplirá la promesa de publicarlo. La obra lleva un prólogo de Alfredo Salinas, otro reconocido periodista que murió cuando el libro estaba a punto de llegar a la imprenta.
11 de octubre de 2026
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Durante catorce años, un manuscrito permaneció guardado en la biblioteca de José Giraudo. Su autor, Eduardo Gargiulo, estaba convencido de que lo había perdido para siempre. Ninguno de los dos imaginaba entonces que aquellas páginas terminarían convirtiéndose en una historia de amistad, literatura y promesas que sobreviven a la muerte.

Todo había comenzado en 2010, cuando Gargiulo le entregó a Giraudo el primer borrador de Historias de suspenso, una colección de once cuentos que había escrito entre fines de 2007 y ese año. Eran relatos de ficción policial, algunos próximos al género clásico y otros construidos alrededor del enigma, en la tradición de Arthur Conan Doyle.

Gargiulo era conocido en toda la provincia de San Luis por su trayectoria periodística y también política. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, había dedicado buena parte de su vida al ejercicio del periodismo y a la enseñanza. Pero detrás de esa actividad pública cultivaba otra pasión, bastante menos conocida: la literatura.

Los años pasaron y el libro nunca llegó a publicarse.

Hasta que una conversación entre amigos, en 2024, cambió el destino de aquellos cuentos.

Giraudo le preguntó a Gargiulo qué había sucedido con el libro. La respuesta fue desalentadora. Su computadora se había roto, había guardado una copia en un CD y ya no sabía dónde encontrarlo. Creía que todo aquel trabajo estaba perdido.

Pero Giraudo conservaba el original.

José Giraudo y Eduardo Gargiulo.

Cuando se lo contó, aquella obra que parecía condenada al olvido recuperó inesperadamente su futuro. Y entonces llegó una promesa: Giraudo se ocuparía de publicarla.

Los dos amigos comenzaron a trabajar para convertir el viejo manuscrito en un libro. Gargiulo, además, quiso que otro colega muy cercano participara del proyecto. En febrero de 2025 le pidió a Alfredo Salinas que escribiera el prólogo.

Salinas aceptó. Según recuerda Giraudo, lo terminó alrededor del 16 de febrero de aquel año. Parecía que, después de tantos años, Historias de suspenso finalmente encontraría a sus lectores. Pero el 6 de abril de 2025 Eduardo Gargiulo murió.

La publicación quedó inconclusa. Y Giraudo, que hasta entonces había acompañado el proyecto como amigo, decidió asumir personalmente la tarea de editarlo. Ya no se trataba solamente de publicar once cuentos. Había una palabra empeñada que quería cumplir. El libro siguió avanzando hasta quedar prácticamente listo para la imprenta.

Entonces ocurrió otro episodio que hoy le agrega una dimensión profundamente emotiva a esta historia.

Giraudo llamó a Alfredo Salinas para consultarle si quería corregir, quitar o agregar algo a su prólogo. El texto estaba terminado, pero todavía existía la posibilidad de introducir alguna modificación.

Salinas le respondió que no necesitaba cambiar nada. Solo le pidió que incorporara la fecha en que lo había escrito. Giraudo cumplió con ese último pedido.

Una semana después, Alfredo Salinas falleció.

Alfredo Salinas.

De ese modo, Historias de suspenso terminó reuniendo, sin que ninguno de sus protagonistas lo hubiera previsto, las últimas voluntades literarias de dos periodistas que compartieron una época y una profunda vinculación con la vida cultural de Villa Mercedes.

Pero el valor del libro no se agota en las circunstancias de su publicación.

Los once cuentos permiten descubrir a un Eduardo Gargiulo diferente del que conocían sus lectores habituales de su sitio periodístico. Un narrador interesado en construir personajes, desarrollar intrigas y explorar los mecanismos del suspenso. Entre sus influencias aparece la tradición del relato policial de enigma, aquella que convirtió a Arthur Conan Doyle en uno de los grandes referentes del género.

También hay un detalle que establece un puente entre la ficción y la biografía de su autor. Gargiulo solía firmar algunas de sus notas periodísticas con el seudónimo de Jorge Roca Mora. Ese mismo nombre aparece en dos de los once cuentos, convertido en un periodista que cubre acontecimientos policiales. Es difícil no reconocer allí un juego literario con su propia identidad. El periodista que durante años narró acontecimientos reales ingresa, a través de su seudónimo, en las historias imaginadas por el escritor.

Giraudo conserva otros recuerdos que ayudan a comprender esa inclinación literaria de su amigo.

Una tarde, Gargiulo llegó a su casa con un cuento de Gabriel García Márquez. Giraudo había leído varias novelas del escritor colombiano, pero nunca sus relatos breves. Eduardo quería que lo leyera y le diera su opinión porque pensaba trabajarlo con sus alumnos de la escuela industrial, donde enseñaba Comunicación.

Aquel gesto aparentemente sencillo retrata una faceta de Gargiulo: la de un lector entusiasta que disfrutaba compartiendo sus descubrimientos y acercando la literatura a los demás.

También era un apasionado del cine, otra forma de narrar historias que ocupaba un lugar importante entre sus intereses culturales.

Ahora, tantos años después de haber sido escritos, aquellos cuentos finalmente llegarán al público.

La portada, contratapa y solapas del libro de Gargiulo.

La edición digital de Historias de suspenso ya se encuentra a la venta y la versión impresa estará disponible desde el jueves en la Feria del Libro de Villa Mercedes, donde tendrá presencia durante el jueves y el viernes.

Para la cultura mercedina, la publicación representa la posibilidad de incorporar una obra hasta ahora desconocida a la producción literaria de la ciudad. Y también de recuperar una dimensión creativa de un periodista cuya trayectoria estuvo asociada principalmente a los medios de comunicación.

Para José Giraudo, en cambio, el significado es todavía más personal. Durante años guardó, sin saberlo, el único original que su amigo creía haber perdido. Después asumió el compromiso de publicarlo. Y cuando la muerte interrumpió el proyecto, decidió continuarlo.

El libro que Eduardo Gargiulo no alcanzó a ver impreso llegará finalmente a manos de los lectores con sus once cuentos intactos y con las palabras que Alfredo Salinas escribió para presentarlos. El diseño de tapa y contratapa corrió por cuenta de Iván Rubio, un diseñador con el que también trabajaron durante muchos años.

Hay algo profundamente literario en el destino de ese manuscrito. Durante catorce años permaneció en una biblioteca mientras su autor lo creía perdido. Reapareció gracias a una conversación entre amigos y sobrevivió a la muerte de dos de sus protagonistas.

Esta semana, en Villa Mercedes, aquella promesa encontrará finalmente su cumplimiento.

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