La realidad más allá del relato

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Rodríguez Saá, en modo cuenta regresiva. El tramo final de su gobierno está signado por la desintegración del tejido social.

La seguidilla de hechos de violencia de género, ataques sexuales, y el aparente suicidio de un joven, ocurridos en la última semana en San Luis, revelan que las políticas que implementa el Gobierno de Rodríguez Saá son, sino erróneas, cuanto menos insuficientes.

Esa realidad es irrefutable, más allá de los discursos.

Lo que se vive a diario en las calles va a contramano de la euforia oficialista desatada por la asunción de Ayelén Mazzina, como ministra de la Mujer en el Gobierno de Alberto Fernández y celebrada por Rodríguez Saá como un hecho histórico.

Que quede esto grabado -dijo el Gobernador Rodríguez Saá-, (Ayelén Mazzina) tiene muchas convicciones, como en el caso de Milagro Salas, el tema mapuche, en su elección sexual”.

No incluyó Rodríguez Saá -porque no la hubo- mención alguna de Mazzina sobre Florencia Magalí Morales, la joven madre que murió en una comisaría de Santa Rosa, por violar el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio que dispuso el Gobernador. Sobre ella en cambio se pronunció Naciones Unidas, que consideró su muerte como un femicidio.

La construcción de ese relato imbuido de una épica revolucionaria y de un supuesto carácter histórico no se corresponde con los resultados que se ven a diario, y que sufren mujeres, niños y otras identidades.

Algo en relación a esa violencia ya era señalada por los docentes. Y esta semana en las redes sociales se multiplicaron las voces con reclamos por la indefinición o falta de contundencia en las comunicaciones oficiales de la secretaría de la Mujer del gobierno provincial.

Pero antes de darle lugar a esas apreciaciones, vale este repaso por el espiral de violencia que se vivió en la última semana:

Lunes: Un joven abusó sexualmente y apuñaló 43 veces a una compañera de escuela en la ciudad de San Luis.

Martes: Un hombre baleó a su ex pareja dentro de una escuela en Juana Koslay. Pudo haber sido una tragedia, con niños en riesgo.

Miércoles: Un hombre intentó matar a su ex pareja de un disparo, en Merlo. La golpeó dándole dos culatazos en la cabeza.

Miércoles: Un joven de 25 apareció muerto a la vera de un camino en construcción. Aparentemente se suicidó.

Jueves: Un profesor de equinoterapia fue acusado de abusar sexualmente de sus alumnos.

La realidad como única verdad.

 

En su microclima, Rodríguez Saá tira «el paso prohibido»; afuera el tejido social se descompone por un Estado ausente o que «llega tarde», una imagen sintomática, como aquella que dejó el ex presidente Carlos Menem cuando bailaba con odaliscas mientras el país caía al precipicio. «Pizza y Champagne» le decían.

La titular de Aquelarre Colectivo feminista, Alejandra Rizzo habló sobre la necesidad de revisar la situación que se vive en San Luis. “Esto es lamentable, nos asusta, nos indigna y tenemos que definir toda esta situación porque el Estado llega tarde” dijo en declaraciones citadas por medios puntanos.

“El Ministerio de Educación no hace nada para que se cumpla la Ley de Educación Sexual Integral y necesitamos que se cumpla” reclamó Rizzo.

“Nos preocupa. Nos preocupa porque sentimos que no hay política públicas que realmente estén abocadas a la violencia de género que venimos sufriendo y denunciando” señaló.

Los gremios docentes venían advirtiendo sobre esta escalada de violencia que también impregna a las aulas desde hace tiempo.

Venimos diciendo que las escuelas están haciendo eclosión con las problemáticas que aparecen todos los días y que a los educadores les cuesta trabajar”, repitió el Secretario General de la Asociación Sanluiseña de Docentes Estatales (ASDE), Daniel Gozayni, en setiembre pasado.

Lo dijeron con todas las letras, preocupados por “la permisividad del gobierno ante el avance del consumo de droga en las escuelas y la creciente violencia, la falta de designación de supervisores y la necesidad de crear gabinetes psico-pedagógigos” puntos sobresalientes de la agenda docente, y cuyos ojos penetran con su mirada en el tejido social de San Luis en todas sus capas.

Las estadísticas de casos de suicidios de adolescentes y jóvenes, sobre cuyo tratamiento en los medios hay recomendaciones para evitar que su difusión se convierta en un factor de multiplicación, no pueden ser leídas solamente como una advertencia de que algo está mal en la sociedad.

Tiene el Estado una responsabilidad y una tarea enorme que no se resuelve pagándole a los chicos sus fiestas de egresados o dándoles becas.

Si en numerosos sectores de la sociedad el Estado sólo aparece en el formato de un patrullero, en otros, su tardanza en llegar equivale a una muerte.