A un día de que se cumplan 43 años del llamado electoral que significaría el retorno de la democracia en San Luis —ley 4.463 del 3 de agosto de 1983—, los hermanos Adolfo y Alberto Rodríguez Saá siguen dando vueltas en la arena política provincial.
Sobrevivientes de una forma de ejercer el poder que los emparentó con los Saadi en Catamarca, los Juárez en Santiago del Estero, los Sapag en Neuquén o los Romero Feris en Corrientes, los Rodríguez Saá vuelven a insinuar un regreso. Eso dicen, mientras se cruzan acusaciones públicas y fijan condiciones, porque las cosas ya no son como hace 43 años atrás.
Y si de volver se trata —al menos al PJ—, esta semana, el fundador del PUL y de Compromiso Federal, Alberto Rodríguez Saá, empotrado en el sillón del Justicialismo desde que, Policía de por medio impidió el ingreso de su hermano al partido en el verano de 2019, volvió a acusarlo de mentiroso y le recriminó la creación de Todos Unidos, partido que sumaría al frente electoral que llevó a Claudio Poggi a la gobernación provincial.
“Estás mintiendo, nadie te ha echado del partido peronista Adolfo, nadie te ha echado” le dijo Alberto en un acto en Justo Daract para responderle a uno de los argumentos que Adolfo repite en cada entrevista: que fue echado del partido, por su hermano, y con la Policía de por medio.
“Te fuiste solo, te fuiste enfrentando, hiciste un partido aparte, te presentaste como gobernador contra nosotros —aquella vez lo votaron sólo 2 de cada 10 electores—, dialogaste con Macri, te arrodillaste con Milei, con la Vicepresidenta -Victoria Villarruel cenó en su vivienda en Potrero de los Funes-, con el Poggi, después fuiste funcionario de Poggi, y perseguiste a los compañeros, igual que los traidores…”, le reclamó Alberto. “Esta es la cruda verdad”.
“¿Quieren volver? ningún problema. Pueden volver los que quieran, lo que quieran pueden volver. Aclaren cómo son las cosas. Que vuelva el que quiera con las explicaciones que tenemos que escuchar, alguna explicación, alguna justificación de lo que han hecho. Por lo menos un yo no fui, qué sé yo. Pero no echarnos la culpa a nosotros de la desgracia” le dijo. Más que un gesto de reconciliación, el mensaje sonó como una rendición exigida.
Mientras tanto, dirigentes de Todos Unidos publican mensajes que revelan la ansiedad por reconstruir ese vínculo. «¿Hasta cuándo tenemos que arrodillarnos para que Adolfo vuelva a ser gobernador?», se escuchó en un planteo que deja al descubierto el deseo de regresar a la sede de calle Héroes de Malvinas, de la que se alejaron en el traumático verano de 2019.
Como esta página sostuvo oportunamente (ver: Un mensaje brutal en medio de una lógica política agotada), el discurso de Alberto parece volver siempre al mismo punto: desligarse de toda responsabilidad política por la corrupción que marcó los últimos años de su gestión.
A 20 días de los anunciados congresos partidarios del PJ y Todos Unidos, Alberto le reclama a Adolfo que se desdiga de sus acusaciones públicas, que respalde públicamente a los funcionarios que terminaron condenados por la Justicia por hechos de corrupción, y que le saque de encima la responsabilidad por el estado calamitoso en que dejó a la provincia de San Luis en 2023.
Ese parece ser, hoy, el precio del regreso.