Setiembre se despidió con dos hechos que sacudieron la agenda política provincial.
El primero de ellos fue la decisión del Gobernador Rodríguez Saá de disponer la utilización de un sistema contrario a la simple pluralidad de sufragios, con lemas y sub-lemas, para la elección del próximo gobernador en 2023.
El martes pasado DePolítica informó con carácter de primicia el ingreso del proyecto de ley en el sumario administrativo de la Cámara de Diputados, iniciativa que será aprobada por el oficialismo provincial.
El segundo golpe en la mesa política lo dio el Presidente Alberto Fernández, con una escurridiza visita a San Luis, que sin embargo dejó marcas imborrables en el oficialismo. Una actividad, en la previa silenciada al periodismo, que dejó muchos análisis y un par de conclusiones que intentaremos sintetizar en esta columna.
Empecemos:
1. Nadie que va ganando cambia las reglas.
Lo aprendimos de chicos, jugando a la pelota en la calle. A nadie que fuera ganando se le ocurría cambiar las reglas del juego. Por lo contrario, sólo aquel que iba perdiendo intentaba introducir alguna modificación en las reglas para ver si así era posible ganar. No vale, pasó por arriba del travesaño; los goles se hacen en el área chica, y así… una serie de cambios hasta graciosos que proponía solamente quien iba perdiendo.
2. Así como está, se pierde.
Aún desconectado de la realidad cotidiana, Rodríguez Saá sabe por su propia capacidad política, su experiencia y lo que le muestran las mediciones, que las cosas para el Gobierno no están bien en la consideración pública.
Ya recibió dos cachetazos en las urnas en setiembre y noviembre del año pasado, y la verdad es que nada de aquel escenario social ha mejorado. Por lo contrario, los problemas se han agudizado tanto por el contexto general como por la propia tozudez del Gobierno.
La realidad incontratable que reflejan las estadísticas oficiales mata al relato. Y a esta altura de su vida política, Rodríguez Saá prefiere usar otra herramienta electoral antes que ponerse a torcer el rumbo del gobierno en manos de su juventud maravillosa.
3. No tiene candidato.
Quien él quisiera, no quiere para sí esa responsabilidad, y no ve la hora de liberarse de esta atadura coyuntural.
Ninguno de los nombres -con fórceps- que se han ido mencionando despega, porque tampoco Rodríguez Saá cultivó ni dejó crecer ningún dirigente político en la incubadora de Terrazas.
Mientras la hegemonía tenía carretera no había ningún problema en el ejercicio de ese liderazgo personalísimo. Ahora que se ven las luces del final de pista, no hay piloto para levantar vuelo. Con lo cual, quien se siente en la butaca de candidato no habrá tenido tiempo ni de consolidar su imagen como sucesor, ni de practicar con el tablero de comando en pleno vuelo.
4. La ficción de “el candidato es el modelo”.
El modelo no existe, porque no hay modelo desde hace años. Lo prueba el deterioro incesante de todos los indicadores sociales.
En todo caso la frase es apenas un recurso retórico que usa Rodríguez Saá para dilatar una definición en un tema que no tiene solución, por lo argumentado en relación a las formas de concebir el ejercicio del poder.
No hay modelo en el ejercicio de gobierno, ni en el ejercicio de los derechos civiles, ni en la cultura política provincial. Por caso, el vicegobernador no fue invitado a participar del acto institucional de la visita del Presidente. Ese destrato fue disimulado mientras la gestión daba frutos, sucede que ahora, en el invierno político, las ramas están peladas.
Estamos más cerca de “Costa Pobre” que de Noruega.
5. Una unánime sensación de trampa.
Todo el arco político coincidió en esa observación: la idea de un cambio de reglas tramposo.
Los espacios políticos que se referencian en Claudio Poggi, Adolfo Rodríguez Saá, el radicalismo en todas sus expresiones, el PRO, el GEN, el Partido Demócrata, Libres del Sur, y hasta la mesa nacional de Juntos x el Cambio repudiaron la iniciativa de utilizar el sistema de lemas, no sólo porque es un verdadero atraso en el ejercicio democrático, sino además por su evidente intencionalidad de sacar ventaja ante un panorama complicado para el Gobierno en términos electorales.
El discurso de la dirigencia penetró en la sociedad que, si bien en líneas generales puede confundirse con el sistema de lemas y sub-lemas, también lo interpretó como una trampa del Gobierno. Basta con leer los comentarios en las redes sociales de cualquier medio que haya dado la noticia.
6. Un don y un látigo para Poggi.
Si camino a la elección 2021 Rodríguez Saá cambió las reglas introduciendo la obligatoriedad de que las listas fueran encabezadas por una mujer, fue por el temor a las figuras políticas masculinas de la oposición.
Ahora, este nuevo cambio, obedece otra vez a una figura en particular, con nombre y apellido: Claudio Poggi, muy arriba en la foto política del momento según los sondeos.
Para el oficialismo Poggi es el rival a vencer, y ese contexto le otorga al líder de Avanzar un don y un látigo, al decir de Truman Capote.
El don, es la centralidad política que le adjudica el oficialismo, cada vez que lo nombra y cada vez que lo calla. Y el látigo, es convertirlo en el mayor responsable para liderar y demostrar que es capaz de llevar adelante un proceso de construcción que aglutine a toda la oposición sin fisuras, sin dejar escapar un voto.
7. Funcionarios, a los botes.
Los propios y pocos funcionarios que salieron a defender la idea del Gobernador, aún en un contexto mediático favorable, lo hicieron con argumentos débiles y no pudieron ocultar que la duda los corroe.
Los funcionarios tripulantes del barco de Terrazas ya venían desconcertados, no saben cuál era el rumbo, más ahora las señales de su capitán se leen como mal augurio.
Digámoslo con una imagen náutica: están todos mirando los botes, contando cuántos salvavidas quedan. Sabemos que los naufragios suelen dejar imágenes horrorosas.
8. “Alberto y yo estamos en el mismo barco”.
Fue la frase que sintetizó la visita del Presidente Fernández, admirador de Lito Nebbia, autor de “La Balsa” con la que se iría a naufragar. Y admirador también de las pinturas y la sensibilidad artística del Gobernador Rodríguez Saá (¿hay algo de Basquiat en esas telas?.
Para que quede claro de que están en el mismo barco, el Presidente le regaló al Gobernador no menos de diez elogios.
Pero además le trajo obras, más dinero, le dijo que es un gran gobernador, que lo admira, le dio un abrazo fuerte como un oso, y se fue.
«Es que la gente de San Luis no nos entiende todavía del todo» lo sintetizó Rodríguez Saá. Y se puso a bailar, a lo John Travolta en Pulp Fiction, la película de Tarantino cuyo nombre es un homenaje a las novelas baratas, de mala calidad, ya viejas, y que cuentan historias truculentas y hedonistas.