Un petitorio y silencio

El pasado domingo, 1°de Mayo, se produjo un hecho político que fue mirado con curiosidad por buena parte de la dirigencia política, con las más diversas lentes y capaces de enfocar en las más insólitas lecturas.

El hecho concreto fue que un grupo de dirigentes llegó hasta la sede del Partido Justicialista a presentar un petitorio reclamando el regreso de Adolfo Rodríguez Saá, como así también un redireccionamiento de las políticas públicas que lleva adelante el Gobierno provincial.

Frente a la sede se congregaron unos cien militantes, entre los que destacaron Alicia Arrieta, Carmelo Mirábile, Aníbal Gómez, Daniel Ferreyra y los ex intendentes, Alfonso Vergés y Enrique Ponce.
Seguramente había muchos más dirigentes siguiendo las transmisiones en vivo que se hicieron en las redes sociales, con curiosidad por ver qué era lo que pasaba y tratando de conjeturar futuros escenarios.

Sobre el mediodía del domingo, Ignacio Muñoz, Juliana Lucero y Facundo Rodríguez Ianello fueron encomendados a recibir este petitorio, en las puertas de la sede justicialista. Luego Rodríguez Ianello denunciaría que fueron tratados con prepotencia y agresividad por algunos de los manifestantes.

Tres miradas aporta esta página de lo que pasó esa mañana de domingo:
1. Para los organizadores fue una actividad que cumplió cabalmente su objetivo. Les recibieron el petitorio y entienden que la pelota está en el campo de juego.

2. La convocatoria dirigencial sigue exhibiendo el desorden interno de “Todos Unidos”, por caso hubo ausencias muy notorias, y la propia presidenta del partido, Lucrecia Soria dijo que no todos quieren volver al PJ; entre ellos, ella.

3. Terrazas del Portezuelo tuvo un gesto por mínimo que sea. Ordenó abrir las puertas del Partido un domingo, feriado, y dispuso a tres jóvenes dirigentes para que recibieran el petitorio. Pudo, conforme sus modos, no haber siquiera hecho eso. A una semana de esa presentación, el Partido Justicialista no ha emitido una sola palabra.

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