El desorden político de Terrazas

9 de abril de 2022

El desorden político en el oficialismo es total. Inédito.

La decisión del vicegobernador Eduardo Mones Ruiz de no aceptar la postulación que le hizo el Gobernador Alberto Rodríguez Saá para que pasase a formar parte del Superior Tribunal de Justicia fue de un impacto brutal en el vértice de la pirámide política de Terrazas.

El tema es que hoy nadie podría arriesgar hasta dónde llegarán sus efectos, qué consecuencias traerá, qué cimientos hasta ayer adormecidos acusaron ese golpe. Nadie puede calibrar la magnitud de ese sacudón, que se sintió con especial sensibilidad en Pedernera.

La frase “no acepto” tomó por sorpresa a todos. Ni el Gobernador -que siete días atrás defendió su postulación ante la Asamblea Legislativa-, ni los funcionarios, ni los senadores sabían lo que pensaba decir. Sólo lo sabía el propio Mones Ruiz. Y lo sabía desde hace unos veinte días.

No lo sabían porque el Gobierno no tiene operadores políticos. Esta página pudo confirmar que Mones Ruiz estuvo reunido con el ministro de Gobierno, Fabián Filomena en su despacho, esta misma semana. Y sin embargo el ministro no se dio por enterado de lo que iba a pasar.

Se nota, como esta página lo ha señalado varias veces, que no hay interlocutores políticos, y en cambio lo que sobran son funcionarios que intentan imponer lo que les ordena Rodríguez Saá por el propio peso de su palabra. No hay compromiso personal. Nadie negocia. Nadie hace política. Y luego le dicen al Gobernador que hicieron las gestiones necesarias. No es verdad.

Están rotos los circuitos políticos que deben conectar lo que pasa en el territorio con la cabina de mando. Lo que tampoco pone a salvo al propio Alberto, que así se maneja cómodo. De allí que ni el Partido Justicialista, ni los Senadores, ni los diputados, ni los intendentes, ni lo concejales, ningún dirigente del Justicialismo puntano u organismo partidario de ningún lugar de la provincia se haya expresado públicamente, con una declaración, solicitada, o documento sobre este escándalo político. Están todos esperando órdenes.

En cambio, tal vez algo intuían unas veinte personas que lo esperaron a Mones Ruiz a la salida del recinto de la Cámara Alta para abrazarlo en silencio y hasta con emoción, como advirtiendo el significado de lo que acababa de hacer.

Al fin de cuentas estaba rechazando una propuesta que, en algunas familias políticas y también en otras, no se puede rechazar.

El suyo fue un mensaje que tiene destinatarios políticos precisos: Alberto Rodríguez Saá hijo, María Angélica Torrontegui, Fabián Filomena y Anabela Lucero. Ellos integran la mesa chica que le endilga a Mones Ruiz toda la responsabilidad por las derrotas electorales de 2021 en Pedernera.

Sin embargo, esa es una lectura muy interesada y muy superficial. El escenario que enfrenta Alberto Rodríguez Saá es cada vez más complicado y desde hace muchos años: desde 2015 a la fecha sólo ganó una de ocho elecciones en Villa Mercedes. Perdió dos en 2015, ganó una de dos en 2017, perdió dos en 2019 y perdió las últimas dos en 2021.

Con esos datos pareciera exagerado culpar a Mones Ruiz como exclusivo responsable de las derrotas de Alberto Rodríguez Saá en Villa Mercedes, mucho más luego de que su propio hijo fue quien decidió hacerse cargo del armado político departamental de Pedernera una vez que se diluyó el dominio territorial de Mario Raúl Merlo.

Claro que más allá de esos destinatarios directos, hubo uno que quedó más expuesto, y es el propio Rodríguez Saá que imaginó una posible salida de Mones Ruiz en la Justicia, para desactivarlo políticamente como ya ha hecho con otros dirigentes.

El Gobernador quedó públicamente desautorizado. Y no tardó en interpretar las palabras de Mones Ruiz como un quiebre político definitivo. De allí al pedido de renuncia, en llamados que no fueron atendidos.

Entonces el aturdimiento luego de la explosión se fue disipando y empezó a ganar lugar la idea de un contrataque implacable: un juicio político, que algunos interpretan como otro posible error no forzado del Gobierno sobre un Mones Ruiz fortalecido desde la victimización.

Hay quienes en el oficialismo creen que los mejor es hacerle un vacío “al estilo Cobos” -tras su voto disidente con la entonces presidenta Cristina Kirchner-. Convertirlo en una suerte de “zombie político” sin destino, al que no le responda ni el servicio de cafetería del Senado.

Es que sobrevuela una duda en Terrazas: hasta dónde está dispuesto a llegar Mones Ruiz. Temen la apertura de una línea interna en Pedernera, que complique aún más las chances del oficialismo en 2023.

Por las dudas, el teléfono rojo de Agencia de Noticias volvió a hacer lo que sabe; esto es llamar “a medios amigos” para bajarle línea en el sentido de que la decisión de Mones Ruiz debía ser interpretada como una traición al Gobierno. Mientras tanto no hay una línea escrita oficial sobre lo sucedido. La nueva vieja comunicación.

Abogados que suelen enriquecer con sus miradas algunas publicaciones de DePolítica celebraron el desplante de Mones Ruiz interpretándolo, como lo ha hecho el poggismo en sus medios, como un triunfo de la sociedad que reaccionó generando suficiente rechazo para que el propio Vicegobernador diera un paso atrás argumentando que no quería ser utilizado para profundizar la grieta.

Sería reconfortante compartir plenamente ese razonamiento si bien hubo una reacción institucional también inédita, como los rechazos de los colegios de profesionales que repudiaron la postulación de la figura de un vicegobernador para integrar el Superior Tribunal de Justicia.

Sin embargo, no es esa la lectura que hace DePolítica de lo que pasó ante los ojos de la sociedad el jueves pasado. El rechazo de Mones Ruiz es una cachetada política que se da el propio oficialismo, y sobre cuyas consecuencias es muy apresurado hablar.

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