Sergio Finelli tiene 57 años, lleva más de tres décadas vinculado a la industria del hormigón y desde 2001 es gerente de HORPAS, una empresa de San Luis dedicada a la producción de hormigón elaborado y cuyos productos se utilizan en la construcción de viviendas, obras de infraestructura y desarrollos privados.
La semana pasada fue elegido vicepresidente primero de la Cámara Argentina del Hormigón Elaborado (CADHE), una entidad nacional que reúne a alrededor de 110 empresas, entre ellas grandes compañías de Buenos Aires y Córdoba. Su designación tiene una particularidad que él mismo destaca: llega a ese lugar desde una empresa relativamente pequeña, radicada en el interior del país.
Nacido en General Pinto, provincia de Buenos Aires, Finelli se instaló en San Luis entre 1989 y 1990. Aquí desarrolló buena parte de su carrera profesional y formó su familia. Tiene tres hijos y se considera puntano. En esta entrevista con DePolítica habla del camino que lo llevó a la conducción nacional de la industria, explica cómo funciona un sector cuya actividad está estrechamente relacionada con la marcha de la economía y plantea una preocupación central de su nueva gestión: establecer controles y responsabilidades profesionales que garanticen la calidad del hormigón utilizado en las construcciones.
—¿Cómo fueron los comienzos en la industria del hormigón y cuándo se produjo la llegada a San Luis?
—Tengo 57 años y soy gerente de HORPAS desde 2001. Ya llevo 25 años acá. Antes trabajaba en otra empresa, así que tengo más de treinta años en el rubro del hormigón. Soy de General Pinto, provincia de Buenos Aires, y entre 1989 y 1990 me vine a San Luis. Tengo tres hijos. Soy puntano ya.
—¿A qué se dedica HORPAS y dónde desarrolla sus actividades?
—HORPAS se dedica esencialmente al hormigón elaborado. También hacemos algunas obras, pero en este caso lo que nos interesa es la elaboración de hormigón. Tenemos una planta aquí en San Luis, donde estamos ahora, otra en Villa Mercedes y una más pequeña en la provincia de Córdoba.
Esas son las tres plantas que operamos y, eventualmente, hacemos una planta móvil que se instala para alguna obra en particular. Por ejemplo, cuando se construyó la ciudad de La Punta, pusimos una planta allí, en 2001 o 2002. Instalás una planta y operás en ese lugar por una cuestión logística, para facilitar todo.

—¿El hormigón que produce la empresa se comercializa fundamentalmente en San Luis o también llega a otras provincias?
—El hormigón elaborado es local. No podés alejarte más de una hora de tu destino, unos 40 o 50 kilómetros. Tengamos en cuenta que es una mezcla fresca que va a fraguar cuando llegue a la obra. No la puedo llevar a Mendoza.
Entonces, en cada localidad de la Argentina siempre hay una planta más o menos ubicada en lugares equidistantes de donde están las obras. Por eso tenemos una planta en San Luis y otra en Villa Mercedes.
—¿Cómo se produjo la designación en la vicepresidencia primera de la Cámara Argentina del Hormigón Elaborado? ¿Qué importancia tuvieron la experiencia profesional y la trayectoria institucional?
—La Cámara existe como tal desde hace un año. Antes era la Asociación Argentina del Hormigón Elaborado, que tiene 45 años. La transformamos en Cámara para tener un poco más de fuerza como sector.
Yo hace unos doce o trece años que estoy en la mesa directiva, ocupando distintos cargos, como prosecretario, entre otros.
Para estos próximos dos años tuve la suerte o, mejor dicho, recibí la consideración de mis colegas. Porque nosotros somos una empresa chica y del interior. Y en la Cámara hay grandes empresarios de Buenos Aires, de Córdoba; están Loma Negra, Cemento Avellaneda, todos participan.
Traer a HORPAS y a San Luis este cargo que me han dado es, para mí, primero una satisfacción personal, pero también traigo algo a San Luis.
La Cámara tiene un director ejecutivo, que es el gerente que trabaja en Buenos Aires, y después una comisión de hormigoneros que participamos ad honorem. Nuestro presidente Pablo Siciliano, es de Córdoba, de la empresa Hormiblock; yo ocupo la vicepresidencia, también hay una empresa de Neuquén que opera en Vaca Muerta y representantes de Entre Ríos y Santa Fe. Es una conducción bien federal. Se llama mesa directiva.
—¿Cuántas empresas forman parte de la Cámara?
—Alrededor de 110. Pero en el país hay unas 500 hormigoneras. Para ser miembro de la Cámara tenés que cumplir ciertos estándares. Por ejemplo, contar con laboratorio. No es que tenés un camión y ya sos miembro.
Hay muchas empresas que sí cumplen esos estándares y queremos incorporarlas a la Cámara para tener más fuerza. Básicamente, cuanto más seamos, mejor.
—¿Cuál es el papel de la Cámara? ¿Qué funciones cumple para las empresas que forman parte de ella?
—Sobre todo, la calidad. Apuntalar a los socios, brindar cursos y capacitaciones. Después, la Cámara interviene en las negociaciones paritarias con la UOCRA, porque los hormigoneros tenemos una paritaria particular, distinta de la UOCRA común. Entonces, la Cámara se sienta con la UOCRA y negocia los acuerdos paritarios.
También buscamos difundir el buen uso del hormigón elaborado, porque el hormigón es un negocio de confianza.
Vos me hacés una compra y yo te mando a tu casa un camión con un tambor de mezcla. Te digo que es H21 y que eso te va a servir para una viga de determinadas características. O el ingeniero te dice que pidas H21.
Si vos no confiás en el proveedor, puede llegar otro hormigón de menor resistencia, ya sea por error o por picardía, como se lo quiera llamar.
Entonces, es un negocio de confianza. Uno tiene que confiar en el proveedor y el proveedor tiene que confiar en el cliente para que haga un buen uso de ese hormigón. Yo te lo mando y vos le agregás agua porque estaba muy duro. Lo arruinaste. No se le agrega agua al hormigón, por ejemplo.
Es toda una cadena de valor para que el producto final, por ejemplo, una calle ya fraguada, sea de calidad. Pero las cosas no salen de casualidad. Hay que trabajarlas.
—¿Qué cantidad de empleo genera esta industria? ¿Cuál es la dimensión de esa actividad en una empresa como HORPAS?
—Para que tengas una dimensión, San Luis es un mercado chico comparado con el resto del país. HORPAS debe tener unas 50 personas vinculadas directamente al hormigón. Somos más, pero los otros trabajadores están vinculados a otras unidades de la empresa.
Así que imagínate, en una empresa chica como la nuestra hay 50 personas trabajando directamente en esta actividad. Hay un universo importante de empleo en el sector.
Esta es una oportunidad para San Luis. Para que la Provincia avance como referencia en calidad y formalización de hormigón, articulando empresas, Estado, universidades y colegios profesionales.
—La industria del hormigón también permite observar de cerca, una suerte de mirada privilegiada de lo que sucede con la actividad económica. ¿Qué posibilidades ofrece para conocer las distintas realidades del país?
—No sé si es un privilegio, pero sí te permite conocer distintas realidades. Por ejemplo, la semana pasada estuvimos en Iguazú, en la convención anual, — Horpas fue la única empresa de San Luis presente en ese encuentro— y poder hablar con los actores de diferentes lugares del país es súper rico.
Primero, porque más o menos todos tenemos los mismos inconvenientes. Pero escuchar cómo uno logró sortearlos, por ejemplo, en Buenos Aires, que es un mercado grandísimo, resulta muy interesante.
Son empresas muy grandes, con otra realidad. Porque acá en San Luis vos me llamás, me encargás hormigón y yo sé que, si son las nueve o las nueve y diez, a las nueve y cuarto puedo estar en Las Chacras, en Juana Koslay, con el camión.
En Buenos Aires no sabés a qué hora vas a llegar, por el tráfico, la complejidad y las distancias. Entonces, son desafíos logísticos importantes que tiene la industria hormigonera para llegar a tiempo.
Te hago una comparación simple: suponé que somos el delivery de una pizzería. Vos me llamás, yo tengo que preparar la pizza y llevártela caliente. Acá es lo mismo. Vos me llamás, yo tengo que preparar el hormigón y llevártelo a tiempo a tu obra. Esa logística es clave.
La calidad por un lado, y el servicio y la logística por otro. El cliente valora muchísimo eso.
Nosotros, aquí en HORPAS, tenemos certificación ISO 9000 desde 2008. En San Luis somos solamente dos las empresas que certificamos normas ISO. Después hay alguna empresa más, pero no tiene certificación.
Hacemos encuestas de satisfacción a los clientes y el cliente valora muchísimo la llegada a tiempo. El justo a tiempo. Imaginate que estás con una obra y tenés diez personas esperando el hormigón y no llega. Eso significa plata, recursos y gastos.
Así que el justo a tiempo también es parte fundamental de nuestro negocio.

—En la convención de Iguazú se compartieron distintas problemáticas. ¿La logística es una preocupación común para las empresas de todo el país?
—Sí, aunque hoy, por suerte, con la tecnología tenemos seguimiento satelital de los camiones. Entonces, uno le puede ir diciendo al cliente cuándo está saliendo el camión. Algunas empresas incluso le comparten un enlace y el cliente va viendo dónde está el camioncito, como si fuera una aplicación de Uber.
Eso simplificó muchísimo las cosas. Hace unos años usábamos Nextel: «Va saliendo, va llegando, esperalo». Hoy el cliente puede ver dónde está el camión. Es fundamental.
Pero la calidad también es fundamental. Justamente, desde la Cámara queremos que haya formalidad.
Imaginate que hoy dos personas se asocian, ponen un millón de dólares, porque tampoco se hace con dos pesos, y con ese millón compran cinco camiones, una planta y una pala. Y ya son hormigoneros.
Solamente pusieron el capital. La industria no les va a exigir que tengan un profesional que se haga cargo del producto.
¿Me entendés? Vos estás haciendo una casa y llamás al gasista, que tiene que estar matriculado. Y está perfecto. Pero el hormigón te lo puede llevar cualquiera.
Entonces, tenemos que trabajar en eso, en establecer un estándar mínimo, que la empresa tenga controles y que haya un empresario o una empresa responsable de esa calidad.
—¿Qué profesionales intervienen en el proceso de elaboración del hormigón en HORPAS?
—Tenemos ingenieros y técnicos de laboratorio. El laboratorio es muy importante. Ahí se analiza la materia prima que ingresa: cemento, arena, ripio y aditivos.
El cemento viene de las fábricas, que son cuatro en el país, y ya viene normalizado, con sus protocolos y demás. Los áridos no. A veces vienen sucios, el grano de piedra es más grande o más chico. Entonces, todo eso también se controla en el laboratorio.
Y cuando va saliendo el camión se le saca una muestra. Se hacen las probetas, se ensayan a los 28 días y eso te da la resistencia del hormigón. Es autocontrol. El cliente puede venir a verificar, por supuesto, pero generalmente no viene.
Por eso te digo que uno tiene que ser confiable. El cliente no viene a ver su probeta porque confía en que hicimos las cosas bien y en que el hormigón va a dar la resistencia que corresponde.
—¿El hormigón que se produce en cualquier planta de la Argentina tiene las mismas características y debe cumplir los mismos estándares?
—Si lo hacen bien, sí.
El hormigón se mide por resistencia. H20, H25, H30. Son mega-pascales de resistencia a la compresión, equivalentes a determinados valores de resistencia en kilos.
Y hay un reglamento, llamado CIRSOC, que establece cómo se hace el hormigón. No es que cada uno lo prepara como quiere. Marca cómo se prepara un metro cúbico, con qué proporciones, qué contenido mínimo de cemento y cuáles son los estándares de elaboración.
Si el empresario es responsable y lo hace como corresponde, le va a salir bien.
Si lo hace como tiene ganas, y no quiero decir que lo haga mal por mala fe, pero si no pone los controles necesarios, le va a salir como le salga. Puede salir mal, puede salir regular. Y el hormigón tiene que salir siempre bien.
Pensando, por ejemplo, en las obras del Estado: San Luis ya tiene sus años y es lógico que se haya deteriorado la autopista, que ahora se está reparando.
Tiene que utilizarse un buen hormigón. Porque si reparás con un hormigón malo, se va a volver a romper y el Estado va a gastar el doble. Si no lo hacés bien dentro de tres o cuatro años va a tener que volver a reparar esas losas de la autopista.
La idea es que un hormigón dure como mínimo 25 años. Es lo que duró la autopista. En general, habrá faltado mantenimiento o no, no lo sé. Pero la idea es que sea durable.
—¿Qué tipo de hormigón se utiliza en una autopista?
—Uno de 35 megapascales. Es un hormigón muy especial, de alta resistencia. Se necesita alta resistencia por el peso y por la durabilidad, porque tenés mucho desgaste por el tránsito.
—¿Qué panorama encontraron entre los empresarios de todo el país durante la convención de Iguazú? ¿Qué está pasando con la producción y la demanda de hormigón?
—No es el mejor momento. Sabemos que la obra pública nacional está casi paralizada desde 2023, cuando asumió el nuevo gobierno y se detuvieron las obras nacionales de infraestructura.
Y los hormigoneros vivimos mucho de eso, de las grandes obras. Más allá de que se le vende al particular, una parte importante de nuestra actividad viene de la gran obra, de la obra pública.
En San Luis tenemos obra pública. Entonces, particularmente en HORPAS, y también entre los demás colegas, estamos en un momento regular. No es el mejor momento, pero tampoco es como a nivel nacional, justamente porque acá tenemos obra pública provincial.
—En el caso de las obras públicas, ¿la provisión de hormigón se realiza directamente al Estado o a las empresas constructoras?
—Al Estado no. Les vendemos a las empresas que construyen para el Estado.
Mi responsabilidad en la Cámara es una oportunidad para aportar desde San Luis: acercar conocimiento, impulsar mejores prácticas y trabajar con las autoridades para que construyamos cada vez mejor.
—¿Para qué partes de una vivienda se utiliza el hormigón elaborado?
—Para las plateas, las losas, las veredas y los cordones. Una casa de barrio lleva más o menos 30 metros cúbicos de hormigón, considerando todo: el pedacito de vereda, el cordón, la platea y la losa.
Son aproximadamente 30 metros cúbicos por casa. Es una cantidad importante, porque no se hace una sola vivienda: se hacen cantidades grandes, 400 por ejemplo.
—¿Qué sucede con la demanda del sector privado? ¿Qué tipo de obras están impulsando actualmente la actividad?
—Está el desarrollo inmobiliario, por ejemplo. Pero últimamente no se están haciendo edificios en San Luis. No sé si habrás prestado atención. Hay uno o dos edificios en altura construyéndose.
Hasta hace unos años se estaban haciendo más. Hay varios desarrolladores, pero el mercado inmobiliario tiene otra realidad. Parece que hoy no les resulta conveniente invertir en eso. Entonces está un poco frenado.
Después le vendemos al particular. El cliente llama, se lo asesora, se le pregunta qué producto necesita y qué uso le va a dar. Porque no puede llegar el camión con la mezcla a tu obra y que vos no estés preparado porque no sabías qué esperar.
Si yo voy con bolsas de cemento, te las dejo ahí y después las acomodás. Pero el hormigón tenés que usarlo ya. No lo podés dejar esperando.
Entonces, desde nuestra oficina comercial, los chicos brindan mucho asesoramiento. Hay clientes que desconocen las características del producto y necesitan orientación para elegir el hormigón adecuado.
—La tecnología está transformando prácticamente todas las actividades económicas. ¿Qué impacto tiene en la industria del hormigón y qué posibilidades ofrece la inteligencia artificial?
—Sí, muchísimo. Justamente la semana pasada, en Iguazú, hubo dos personas que hablaron específicamente del uso de la inteligencia artificial, en general y en particular para nuestro sector.
La inteligencia artificial puede aplicarse a los programas que usamos para controlar y llevar adelante la actividad. También a la logística. Hoy te ayuda muchísimo a armar un programa de entregas para el día siguiente.
Yo particularmente estoy re embalado con la inteligencia artificial, así que estoy tratando de contagiar al equipo. La semana que viene vamos a tener una charla con una persona que nos ofrece un curso.
Hay que estar, hay que subirse a este tren, porque vino para quedarse y realmente facilita muchísimo las cosas. Es una gran herramienta.
—¿Cuánto dura el mandato de las nuevas autoridades de la Cámara?
—Dos años. Cada dos años se renuevan las autoridades.
—¿Cuáles son los principales desafíos que se plantea la Cámara para esta nueva gestión?
—El más importante que queremos lograr es que alguna autoridad nacional o provincial nos escuche para poder generar, no una regulación, porque quizás no sea esa la palabra, sino una formalización de las plantas.
Queremos que todas las plantas hormigoneras tengan un registro formal, que haya un control de las plantas, que se sepa quiénes son y qué profesional responde por ese producto.
Es como una farmacia. No podés abrir una farmacia sin tener un farmacéutico responsable.
En cambio, hoy se puede abrir una hormigonera sin que necesariamente haya un ingeniero detrás. Y un ingeniero no va a permitir que se haga cualquier cosa. Va a controlar la elaboración para que el producto salga bien.
Entonces, nuestro objetivo principal es que alguna autoridad nacional o provincial, por lo menos en las distintas provincias, nos escuche. Queremos brindar nuestra ayuda y nuestro conocimiento para que se pueda implementar algún sistema de control. No sé si se nota, pero me gusta mucho todo lo relacionado con mi actividad.

—¿Actualmente existe alguna legislación que establezca esas responsabilidades profesionales y esos controles?
—No hay legislación. Están los reglamentos que te mencionaba, pero son reglamentos técnicos.
Volvemos al ejemplo que te puse antes: juntás unos buenos pesos, comprás los equipos y ya sos hormigonero. Sin más que eso. ¿Y te va a salir bien el hormigón? Seguramente. O a lo mejor no. Pero nadie te va a controlar.
—Entonces, ¿una de las iniciativas que se podría impulsar es una legislación específica para esta actividad?
—Sí, seguramente. Puede ser un tema de legislación.
Lo que necesitamos es que las autoridades nos reciban. No solamente a mí, sino a los representantes de la Cámara o a nuestro presidente, para contarles de qué se trata. Queremos que sepan que estamos tratando de ayudar, no de restringir la competencia ni de limitar a nadie.
Todo el que quiera trabajar, bienvenido. Pero tiene que haber un piso mínimo de calidad y responsabilidad. De ese piso para arriba, todo lo que quieran hacer, bienvenido.