Las causas judiciales que involucran a una veintena de exfuncionarios de la gestión anterior reaparecieron en el centro de la escena a partir de declaraciones públicas cruzadas entre Alberto y Adolfo Rodríguez Saá en los últimos días.
El primer movimiento llegó de la mano de Alberto Rodríguez Saá, quien difundió un video en el que acusó a su hermano de integrar el grupo de dirigentes que, según su visión, acompañan la persecución política contra exintegrantes de su gobierno.
“Este señor Poggi persigue a nuestros compañeros utilizando la Justicia para eso. Y este grupo que plantea la unidad —por el partido de su hermano Adolfo Rodríguez Saá—, supuestamente, está entre los que nos persiguen a nosotros. ¿Qué somos nosotros? ¿Tontos? ¿Qué vamos a hablar de unidad con los que nos persiguen?”, expresó.
La respuesta llegó poco después en una entrevista concedida por Adolfo Rodríguez Saá, quien atribuyó los dichos de su hermano a la ignorancia y la mala fe, y utilizó como ejemplo una causa de su profundo interés personal.
“Lo dice de ignorancia y de malo”, afirmó Adolfo, antes de agregar: “La principal víctima de este gobierno se llamó Cintia Ramírez”.
Ramírez fue condenada el pasado 20 de marzo a un año y seis meses de prisión en suspenso e inhabilitación especial perpetua para ejercer cargos públicos, tras ser hallada culpable de los delitos de negociaciones incompatibles con la función pública y violación de los deberes de funcionaria pública.
Durante esa entrevista, Adolfo incorporó un argumento personal para rechazar las acusaciones de su hermano.
“Cintia Ramírez es la madre de mi nieta Emilia. ¿Vos creés que yo no voy a defender a la madre de mi nieta?”, señaló. Y enseguida volvió a cuestionar a Alberto: “Él le negó la ayuda hasta quince días antes. A ver, ¿quién pagó los abogados? Mi hijo, porque mi hijo, Adolfo Rodríguez Saá, es el padre de Emilia, la hija de Cintia Ramírez. Entonces, por favor, respeto”.
Mientras ellos liman asperezas en público, dirigentes que los conocen de primera mano aseguran que un eventual reencuentro político entre ambos ya dejó de ser una especulación para ingresar en el terreno de los hechos concretos, aunque las conversaciones permanezcan, por ahora, lejos de la luz pública.
Quienes sostienen esa hipótesis proponen una lectura sencilla del escenario: el rechazo compartido entre ellos hacia el gobernador Claudio Poggi es hoy más fuerte que las diferencias acumuladas entre los propios hermanos Rodríguez Saá, pese a todo lo que la sociedad les vio decirse y hacerse en los últimos ocho años.
Bajo esa lógica, afirman que Adolfo buscará avanzar hacia una instancia de unidad opositora para evitar que una eventual división del peronismo termine favoreciendo políticamente a Poggi. Aunque advierten que esa unidad tendrá un solo conductor que impondrá todas las condiciones: Alberto.
Fue el exdiputado nacional y exintendente de Juana Koslay, Andrés Vallone quien le encontró una lógica utilitaria a ese posible encuentro. Dijo en una entrevista en un programa de streaming que Alberto, que tiene la estructura del partido Justicialista, quiere que Adolfo haga el trabajo de delivery, esto es “salir a la calle y hablar con la gente, algo que a Alberto no le gusta”.