Alberto mueve los peones

Los Albertos hablaron esta semana más de una hora, toda una pausa entre las urgencias que enfrentan ambos como gobernantes.

La charla pasó básicamente por “dos ejes bien puntanos” según la versión oficial del Gobierno. El cine y el mundo digital.

Sin embargo, pese a que la reunión se hizo en el despacho presidencial, nadie puede negarle una significación y lectura política muy fuerte. ¿Cuándo Alberto Rodríguez Saá visitó en sus mandatos anteriores a un presidente de la Nación en su despacho?.

Todo indica que Rodríguez Saá extenderá en el tiempo ese vínculo político institucional hasta exprimirle la última gota, o en todo caso, hasta sacar el último billete que le permita seguir armando caja para la elección 2023.

“Están sentados sobre una pirámide de plata, y la van a sacar cuando la necesiten para la elección”, opina un dirigente que habla con DePolítica. “La pobreza que se ve en las calles es el combo perfecto para el plan de Rodríguez Saá” dice otro, para tratar de entender ese vínculo inédito entre Rodríguez Saá y un presidente.

Esa relación entonces es importante en esa lógica. Esta semana se cumplieron tres años de su último triunfo electoral, y la cuenta regresiva está en marcha. Los movimientos son obvios.

Rodríguez Saá ya no maneja la fecha de realización de las elecciones. Si bien será el encargado de comunicarla, la decisión ya no es “hago la elección cuando quiero”. El concepto es otro.

Esta vez esa decisión se toma en función de qué tan influyente puede ser el escenario nacional.

De todas maneras, claramente las posibilidades no son muchas. Por un lado, están quienes opinan que difícilmente Rodríguez Saá unifique el calendario electoral provincial con el de Nación, con lo cual habrá un momento de despegue para adelantar la elección provincial.

Ir juntos podría permitir que su figura traccione a la boleta de gobernador postulándose como Senador nacional y fabricar otras ofertas “opositoras” para romper la polarización. Sin embargo otros advierten que sería un suicidio político considerando la mala imagen que tiene el kirchnerismo en San Luis.

Si entonces decidiera adelantarlas, se anticipan los tiempos.

Claro que la lectura de ese calendario depende de las gafas que se utilicen.  A los ojos de los ciudadanos, un año es una eternidad; si apenas se puede pensar en cómo llegan los hogares a fin de mes.

Con los anteojos de la política, esa mirada cambia. Es cierto también que en Argentina un año es tiempo para todo, pero también pasa rápido. Y cuando uno mira el calendario 2022 observa qué poco falta: julio, agosto, setiembre, octubre; el Mundial en noviembre, las fiestas de fin de año, y el receso de vacaciones. En marzo ya debieran estar firmes los candidatos, si se repitiera el adelantamiento electoral a junio como fue en 2019. Más el candidato o candidata debe posicionarse.

Es difícil imaginar que Rodríguez Saá le preste atención a las encuestas que manejan dirigentes de la oposición. Hará las suyas cuando lo considere. No obstante, esas mediciones que esos dirigentes no muestran, son toda una señal de la muy mala consideración que hay sobre la gestión del gobierno provincial. Es una foto, dicen, una instantánea; y saben que la elección se gana el día de la elección y no un año antes. Experimentan las ansias de los hinchas de la Scaloneta que quieren jugar el Mundial ya.

Conocedor o no de esa percepción social, Rodríguez Saá acaba de mover los peones, activó su reloj político, y bajó instrucciones precisas.

Por un lado, él personalmente se encargará de mantener el vínculo con la Nación. A esta altura no le preocupa que se lo reconozca como un kirchnerista hecho y derecho. Mientras lleguen fondos, los billetes no tienen color.

A la par hizo instruir a algunos de sus ministros para que recorran distintos departamentos de la provincia y hablen con dirigentes. Es cierto que otros hombres y mujeres que hoy se desempeñan en cargos muy significativos, no tienen línea telefónica. Hace meses que no saben de él. Están en una nebulosa, permaneciendo. No obstante, esos movimientos por el interior provincial están a la vista.

Y por otro lado volvió a echar mano a una vieja receta con la que entiende ataca directamente al voto de los sectores de clase media. El operativo quinchos está en marcha.

La orden es comer asados y en esas mesas defender el “proyecto 2023”. Claro que la propuesta deja a todos en la sobremesa con mucha incertidumbre, porque lo que todos preguntan es: -¿Quién va a ser el candidato a gobernador?. La respuesta es siempre la misma: -No importa, vamos a hacer las cosas tan bien, que cualquier de nosotros podría ser.

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