Racionalidad o desestabilización

11 de enero de 2024

Cuatro sentencias de enseñanza moral abren las voluminosas memorias que el primer ministro inglés Winston S. Churchill escribió para dejarnos narrados en primera persona los días de la Segunda Guerra Mundial, en un relato que le valió en 1953 el Nobel de Literatura, porque el de la Paz ya era como demasiado.

Que escribía bien no lo define el premio, alcanza con su lectura. Ahora que sabía liderar, qué duda cabe.

Dice Churchill ni bien se abre el primero de esos libros: En la guerra, determinación; en la derrota, desafío; en la victoria, magnanimidad; en la paz, buena voluntad.

Le siguen más de 4200 arduas páginas que allí están para quien las quiera, con todo lo que él recuerda, o lo que sólo quiso recordar.

Todo esto a cuenta de una derrota y un desafío. Que ni de lejos tiene la magnitud de aquel suceso histórico, pero que es una derrota electoral, por cierto con algo de histórica, e implica un desafío particular para esos derrotados en las urnas.

En los próximos días los legisladores de la provincia de San Luis tendrán que votar si autorizan al Poder Ejecutivo provincial a acceder a una línea de crédito de adelanto transitorio de fondos para el pago de los sueldos del personal de la administración pública que cobra por cuentas sueldos abiertas en el Banco de la Nación Argentina, agente financiero de la provincia.

El monto del préstamo no supera el total del dinero que la administración provincial necesita, lisa y llanamente, para pagar los sueldos.

Esto es así por el consabido cuadro financiero que dejó Alberto Rodríguez Saá, padre de la derrota, padre del rencor, que dicho en cuadros de Excel como les gusta a los contadores se vuelve fórmula mágica, pero que en lenguaje coloquial se entiende en un decir: la provincia está fundida. Y el dinero está robado, agregan los carteles.

Así es que los legisladores provinciales -algunos recién llegados de sus vacaciones- tendrán en sus manos una decisión crucial para que más de 40 mil trabajadores de planes sociales y 26 mil estatales -censados, sin contar docentes, judiciales y legislativos-, puedan cobrar su sueldo en forma íntegra, en un solo pago.

Dependerá de ellos. De los legisladores. En particular del bloque del espacio político que fue derrotado, y el que tiene por delante un gran desafío. Si votan a favor del préstamo, los trabajadores cobrarán en un solo pago; si votan en contra, harán que el pago se desdoble.

Los diputados saben lo que está pasando en sus pueblos, y saben también que con su voto se meterán puertas adentro de la economía familiar en los hogares de sus vecinos. Ante ellos tendrán que dar la cara en una esquina cualquiera.

¿Qué actitud tomará entonces el grupo de legisladores de Unión por San Luis, espacio en el que emergen los liderazgos de Federico Berardo y Fernanda Spinuzza, más allá de Silvia Sosa Araujo, aún presidenta de la Cámara?.

Tendrán que elegir entre dos caminos.

La vía de la racionalidad, por la que transitan los intendentes de las cinco ciudades más grandes de la provincia que comparten agenda de trabajo con el Ejecutivo sin importar el signo político.

Ello implicaría autorizar el préstamo para que los trabajadores cobren en un solo pago y ponerle punto final a un tema urticante que, en gran medida, digamos todo, sólo irrita al universo estatal porque de esto, de andar a los saltos, vaya si hay experiencia en el sector privado.

O, contumaces, seguirán la traza que les indica Alberto Rodríguez Saá, padre de la derrota, padre del rencor, ahora en su rol de nervioso editor periodístico. Esa traza es un último camino custodiado por los guardianes judiciales que alistó con anticipación para escoltar su salida de la vida pública y hacia las aguas del remanso.

Si siguen el primero irán con Gastón Hissa en San Luis, Maximiliano Frontera en Villa Mercedes, Juan Alvarez Pinto en Merlo, Jorge “Toti” Videla en Juana Koslay y Luciano Ayala en La Punta, dirigentes de uno y otro signo político, que en su relación con el Ejecutivo provincial siembran racionalidad y cosechan los frutos políticos más sabrosos para la sociedad: líderes que actúan con prudencia, que dialogan, abiertos, que trabajan en conjunto, que garantizan gobernabilidad.

Si eligen el segundo -la negativa por la negativa, el daño por el daño- confirmarán su fe en el plan de desestabilización que lleva adelante Alberto Rodríguez Saá, padre de la derrota, padre del rencor, y que explicó con lujo de detalles el periodista Daniel Miranda en un artículo en El Chorrillero que vale la pena volver a leer.

El desafío está planteado para los legisladores a los ojos de la sociedad cuando recién van 31 días de los 1461 días de gobierno que tiene por delante Claudio Poggi, poquito más del dos por ciento de su mandato.

El interrogante abre el año político: ¿Votarán con racionalidad o se van a inmolar detrás del plan de desestabilización urdido por el dirigente con peor imagen hoy en San Luis, Alberto Rodríguez Saá, padre de la derrota, padre del rencor?.

Está por verse.

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