Enriqueta Lucio Lucero y la primera huelga docente – Especial

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Dra. María Martha Garro   

Dra. Sonia E. Riveros

Presentamos en este artículo un avance de una investigación mayor sistemática y rigurosa sobre las mujeres formadoras de la provincia de San Luis, (Proyecto Hacer la historia, construir la memoria, su impacto en las ciencias humanas radicado en la UNSL- FCH). En este caso nos hemos explayado sobre una de ellas, Enriqueta Lucio Lucero, mujer de su tiempo, maestra y directora cuyos aportes se destacan en la educación del siglo XIX.

Si bien Enriqueta es conocida en la historiografía de la historia de la educación por el suceso que encabezó en la primera huelga docente, en algunos casos ha circulado información errónea en diferentes ámbitos de divulgación de conocimiento, reduciendo a la directora de la Escuela Normal Superior, Enriqueta Lucio Lucero sólo a la primera huelga sin profundizar en las condiciones de posibilidad histórica del dispositivo político, cultural y social del San Luis de fines del siglo XIX. Y lo que es más grave aún, el desconocimiento de su trayectoria como educadora, su biografía, sus atravesamientos afectivos y subjetivos que seguramente la tensionaron y la problematizaron como mujer en su tiempo. En algunas enciclopedias de soporte y divulgación de información la confunden con una pariente nacida en Tucumán, exhibiendo una fotografía de esta Enriqueta que nada tiene que ver con la mujer que protagonizó la huelga en San Luis noviembre de 1881.Lamentablemente también vemos esa foto en espacios públicos y blogs oficiales, situación que nos obliga a realizar algunas aclaraciones sobre “nuestra Enriqueta”.

Varias de las hermanas Lucio Lucero participaron en la educación que se testimonian a través de las nacientes escuelas particulares que fundaron en la provincia, improvisando aulas en los salones de sus casonas (1860- 1870) convocando a las niñas a integrarse a esos espacios donde oraban, leían, bordaban y aprendían los principios de las buenas costumbres y el comportamiento de la mujer cristiana. Las Lucio Lucero dejaron marcas que hoy podemos relevar no sólo en las fuentes documentales recuperadas en el Archivo Histórico de la Provincia de San Luis, sino a través del nombre de tradicionales instituciones educativas de la capital de San Luis, tales como el Jardín Maestras Lucio Lucero ( 1939),  el Centro Educativo N° 8 Maestras Lucio Lucero (Ciudad de San Luis) y la Escuela Francisquita Lucio Lucero ubicada en la localidad de Merlo, que fue absorbida  por el Centro Educativo N° 27 Gob. Santiago Besso.

Enriqueta fue la penúltima de 7 hermanas pertenecientes a una familia reconocida en la historia de la provincia de San Luis por su participación en la gesta de la independencia, en la esfera social, política y religiosa. Hija del teniente Sebastián Lucio Lucero y Tomasa Funes, ambos criollos, (Sosa Reboyras, 1972).

No encontramos hasta hoy información certera sobre la fecha de su nacimiento, pero deducimos entre 1825 y 1830 aproximadamente, en La Carolina donde los Lucio Lucero vivieron algunos años. Creció en la ciudad de San Luis en un período de grandes penurias económicas que afectaba el pago a las tropas que defendían las fronteras, a los empleados civiles, a las maestras y maestros y a los diferentes abastecedores de alimentos, armas, ganado y otros elementos necesarios para subsistir. La falta de recursos, de instituciones, de leyes que reglamenten el funcionamiento interno ubicaba a San Luis en una situación de desorganización militar, civil y eclesiástica. Recién en los años 50 pudimos constatar la emergencia de algunas organizaciones relevantes que contribuyeron en el orden de San Luis con vistas al progreso del país tales como la Sociedad de Beneficencia, fundada en 1857 que actuó en la caridad, la salud y la educación y en el sostenimiento de las bibliotecas populares y constituyó un importante espacio de visibilización de las mujeres en San Luis y en el país.  Enriqueta apoyó la obra de Paula Domínguez de Bazán, fundadora y presidenta de esta Sociedad de Beneficencia (1857) ocupando diversos cargos en el tiempo en que funcionó. En esta institución sin una formación específica, estas mujeres con sus propios recursos se dedicaban a los niños, enfermos o marginados, generalmente de sexo femenino. También atendieron a la educación de las niñas, constituyendo un verdadero espacio de formación hasta la intervención de Sarmiento en 1876, cuando la totalidad de acciones educativas pasó a la jurisdicción del Estado ( Morgade, 1996).

Debió educarse en las primeras letras bajo la tutela de sus hermanas y primas mayores que venían dedicándose a la enseñanza como lo fueron Tomasa y Josefa Lucio Lucero (1856). La joven completó su formación en la escuela de Gramática del Dr. Peregrino en Mendoza y de regreso acompañó a su hermana Rosario, casada con el General Juan Saá, a conducir una escuela particular de importante concurrencia en el Morro y otra en la ciudad de San Luis.

Los subsidios enviados por el gobierno nacional a la provincia no alcanzaban para pagar a las maestras y maestros a quienes la deuda y el retraso del salario era una práctica constante. Estas dificultades llevaron a la creación del impuesto al ganado para solventar las escuelas particulares que se iban abriendo en diferentes localidades.

La organización e institucionalización de la educación a nivel país fue prosperando dando oportunidad a que los jóvenes obtuvieron becas para estudiar en otras provincias tales como la Escuela Normal de Tucumán y la de Paraná.

A fines de los años 60 luego de la adquisición de una imprenta, las comunicaciones y la prensa fueron tornándose relevantes a través de diversos periódicos puntanos como La Actualidad. Posteriormente se sumó El Porvenir (1864) El Oasis, El Telégrafo y La Independencia.

La provincia gradualmente fue ordenando sus límites, el alumbrado público, mejorando el aseo de la ciudad. La provisión de agua era un gran problema, por eso la construcción de los primeros diques además de mejorar las condiciones mencionadas, dio trabajo a los pobladores y la contratación de profesionales de otras provincias y del extranjero. Durante varios lustros las pujas y conflictos entre unitarios y federales impactaron en el territorio nacional y provincial de diversos modos, generando marchas y contramarchas en el anhelado progreso. Sin embargo, la dependencia económica y política con la Confederación y luego con Buenos Aires condicionaron en varios aspectos la prosperidad de San Luis, particularmente en la educación.

La instalación de sucursales bancarias y luego del Banco San Luis posibilitó diversas inversiones y mejoras en la industria. Décadas más tarde, la minería fue adquiriendo relevancia a través de publicaciones en revistas europeas que daban a conocer las riquezas de la tierra puntana. En este punto, la llegada del científico, político, educador y marxista Germán Ave Lallemant desde Alemania, fue de gran relevancia ya que clasificó y realizó inspecciones en este rubro, en la flora y fauna (1873) y en los límites topográficos. Además, formó parte del Departamento Topográfico y de Obras Públicas y en la oficina de Estadísticas (Pastore, 1947 en Otero Alric, 2001).

En la juventud de Enriqueta, epidemias de viruela (1855) y cólera causaron estragos en la población; la carencia de médicos y boticarios, de establecimientos hospitalarios sumado a la precariedad de las viviendas y calles, falta de agua y normas de higiene convertía a la ciudad en un paisaje desolador: En días sucumbieron las primeras víctimas del cólera, que era más temida que la indiada salvaje, o la guerra, o el vandalismo de los gauchos alzados (Otero Alric, 2001).

La instalación de oficinas de correo nacional fue vinculando el interior de la provincia beneficiando a sus habitantes en el intercambio no sólo de correspondencia sino de diversos productos. En este sentido el trazado del ferrocarril facilitó considerablemente las comunicaciones entre San Luis y las provincias colindantes.

En el año 1871 funcionaban varias escuelas de niñas y de varones en la ciudad capital y en el interior de la provincia, entre ellas el Colegio Nacional y la escuela de maestros anexa a este; sin embargo, la creación de la Escuela Gradual, Elemental Superior y Normal de mujeres (1872) fue un acontecimiento clave ya que la provincia contaría con maestras formadas en una institución específica. Acompañó a su primera directora Feliciana Jofré de Adaro, una de las hermanas Lucio Lucero. La Sociedad de Beneficencia participó en la recaudación de fondos para la construcción de un edificio acorde a su relevancia.

En esas condiciones de posibilidad históricas, Germán Ave Lallemant contrajo matrimonio el 27 de julio de 1872 con la Señorita Enriqueta Lucio Lucero. “Por desigualdad de religión” con la “dispensa” del obispo de Cuyo Fray Wenceslao Achábal (Otero Alric, 2001) se consumó la unión ya que Lallemant era protestante y Enriqueta pertenecía a una familia católica. Su matrimonio sin duda constituyó una transgresión para las singularidades que marcaban el destino de la mujer en la época. La educación para ambos fue el pivot desde el cual pensar, aportar y contribuir al proyecto civilizatorio provincial y nacional.

 

La primera huelga docente. Mandatos y trasgresiones

Doña Enriqueta Lucio Lucero fue designada como directora de la mencionada Escuela Normal por decreto de fecha 28 de agosto de 1874. La falta de cumplimiento en la regularidad del pago de su sueldo y el de sus maestras por parte del gobierno provincial fue el motor que desató la escritura del documento, dirigido al gobernador Zoilo Concha y al Superintendente de escuelas D. Faustino Sarmiento. Como hemos adelantado, estas desprolijidades al igual que la firma de recibos por un monto de dinero que no coincidía con la realidad, eran una práctica común, pero lo que llama la atención es la huelga. Recordemos que en esos tiempos las “educacionistas”, como las nombra el diario El OASIS, estaban sujetas a varios controles. Por un lado, la enseñanza a cargo de las mujeres era considerada un apostolado en el cual el salario no era lo fundamental. Vista más bien como un privilegio el hecho de formar parte del conjunto de maestras que encarnaban la lucha contra la ignorancia, considerada “miseria moral”. Por otro lado, las directoras, estaban controladas por el Consejo Nacional de Educación, órgano de máxima autoridad que examinaba a través de inspecciones, el progreso de la escuela como “dueña de casa” y finalmente, sujetas al patriarcado, representado en el padre, marido o hermano, que autorizaba los espacios que les estaban permitidos ocupar, sin salirse de los límites impuestos. Por ello podemos afirmar la triple resistencia de Enriqueta al plantear en la carta escrita de puño y letra, la decisión de suspender las actividades escolares. Sobre este singular acontecimiento, el historiador Nuñez afirma que fue su esposo Lallemant el que “hizo firmar a su esposa Doña Enriqueta Lucero una queja dirigida a las autoridades nacionales, documento que desagradó al gobierno puntano que vio en su contexto intenciones políticas” (1980: 546). Sin posibilidad de constatar efectivamente cómo sucedieron los hechos ni quienes estuvieron detrás, consideramos que la firma de Enriqueta y de las ocho maestras que la acompañaron constituye un dato que da cuenta de la conformidad. Además, la sola mención de la queja, nos obliga a hacer visible otros aspectos de la carta, negándonos a reducir la impecable escritura en la que va narrando las condiciones en las que se llevaba adelante la enseñanza y las dificultades atravesadas en la dirección de la escuela en esos tiempos caracterizados por edificios en mal estado, carencia de útiles escolares, de libros e imposición de deberes y obligaciones por parte del Estado.

En uno de los párrafos Enriqueta expone que decide suspender las tareas escolares porque “no nos queda otro remedio” (El Monitor de la Educación, 1881). Esta inusual práctica de resistencia produjo varios efectos en el medio local y en el gobierno provincial y nacional; por una parte, ella y las maestras fueron destituidas del cargo y criticadas públicamente por el periódico local el OASIS que consideró “la poca cordura con la que ha procedido por las señoras Profesoras en un paso trascendental, cuyo alcance indudablemente no ha podido ser por ellas ni soñado ni entrevisto” (Domingo 27 de noviembre de 1881).

Las burlas y comentarios siguieron durante varios días en la prensa local, que nos remite a las expectativas que la sociedad y el gobierno tenían sobre la mujer/maestra/directora  en cuanto al derecho de “salirse del control” y  manifestar una queja ante una situación de injusticia. Tal fue la conmoción que por decreto N°116 del 25 de noviembre de 1881, las nueve mujeres fueron destituidas de sus cargos, quedando interrumpidas las clases ya que recién en 1884 el gobierno nacional decidió instalar una Escuela Normal nacional, designando a Adela Horney egresada de una Escuela Normal Nacional, que llegó a San Luis para cumplir con esta tarea educativa y cultural.

Además de la destitución, el acontecimiento derivó en la visita desde Buenos Aires a San Luis del Inspector José Hernández quien debió, entre otras tareas encomendadas por sus superiores, constatar la marcha de la educación en San Luis. El funcionario entrevistó a algunas de las maestras firmantes quienes, según narra, se desdijeron de la situación descripta en la carta aduciendo que cobraban con normalidad. Estas maestras entre las que no figura Enriqueta, fueron luego reincorporadas a la Escuela.

Por su parte, Sarmiento también publicó una carta en El Monitor de la Educación en la que repudia el atraso del pago de los sueldos. Allí expone “(…) hemos de corregir los abusos, y hacer llegar a quien de derecho pertenecen las sumas del presupuesto de cada Provincia”. En otro párrafo aconseja “(…) a los maestros que quieran imitar tal ejemplo, debe recomendárseles que no salgan de este terreno, á fin de obtener justicia, sin desmoralizar la enseñanza”. Domingo F. Sarmiento (1881).

Sin quitarle méritos a ninguna de las partes, consideramos la necesidad de analizar toda la situación en su complejidad. En otras palabras, no es nuestra intención ubicarnos a favor o en contra del gobernador Zoilo Concha que administraba la provincia con todas las penurias y presiones efecto de las condiciones de la época, sino entender la situación para identificar las posiciones de quienes se desempeñaban en el dispositivo educativo a partir del cual el propósito era resolver el urgente problema de falta de instrucción de la población condición necesaria para construir una nación.

 

Fuentes consultadas

Gatica de Montiveros, M. D. (1988). Rescatando la memoria de la Mujer Puntana. Mendoza. Ed Inca.

Gez, J. W. (1889, 1910, 1914, 1915, 1992). Historia de la Provincia de San Luis. Tomo 2. Disponible en https://biblioteca.culturasanluis.com/wp-content/uploads/2020/11/Historia-de-la-Provincia-de-San-Luis-Tomo-II.pdf

Menéndez, N. (2021). Enriqueta Lucio Lucero y la primera huelga docente del país. San Luis 1881.ISBN 978-987-86-9222-7.

Morgade, G. (1997). (Comp.) Mujeres en la educación. Género y docencia en Argentina.

Nuñez, U. J. (1980). Historia de San Luis. Buenos Aires. Plus Ultra.

Otero Alric, J. M. (2001). Perfiles del terruño Germán Ave Lallemant. Estudio preliminar del Dr. Rodolfo Follari. Junta de Historiadores de San Luis.

Sarmiento, D. F. (1881), “De las maestras de la Escuela Graduada de San Luis”. El Monitor de la Educación Común. Buenos Aires.

Decreto de fecha 28 de agosto de 1874

Decreto N°116 del 25 de noviembre de 1881

El Monitor de la Educación común. (1882). Año 1. Buenos Aires.13.