San Luis y su situación social a menos de un mes para las PASO

22 de agosto de 2021

Opina Ariel Braverman
Director del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana ISEPCi – San Luis
Candidato a Diputado Nacional por Libres del Sur

Faltando tres semanas para la elección primaria del 12 de Setiembre, es necesario parar la pelota de esta inusual campaña en medio de la pandemia y observar el panorama social y político previo a los comicios. Intentar aproximarnos a las claves para observar críticamente el escenario preelectoral para los distintos sectores que componen la sociedad sanluiseña. Y dejar sentadas algunas bases y propuestas para los debates que nos cruzarán, tanto a los activismos como al conjunto de nuestro pueblo, en el corto y mediano plazo.

San Luis… ¿otro país?
Mucho se ha repetido que nuestra provincia es algo así como una burbuja. Ya sea por slogan turístico, ya sea por intentar diferenciar al gobierno provincial de algún oficialismo nacional, ya sea por un intento de reforzar un tipo de discriminación a inmigrantes de otras provincias que nunca estuvo extendido en nuestra sociedad (un «San Luis para los Sanluiseños» al mejor estilo de Donald Trump, intentando excluir de las oportunidades laborales a los compatriotas de otras provincias que deciden transitar su vida en estas tierras como se intentó desde el gobierno provincial en el 2016 con la Ley de Empleo Puntano). Tanto así, que al cruzarnos con gente de las provincias vecinas y hasta del resto del país, es común escuchar este slogan. «San Luis es otro país». Como si fuésemos la joya del desarrollo, escondida en una Argentina que viene en decadencia desde los años 70. Además, se suma a esta idea el recorrido visual para que los turistas refuercen esas percepciones cuando ingresan a la ciudad capital: tenemos una terminal moderna, nuestra casa de gobierno está compuesta por tres pirámides de cristal y ahora contamos también con un inmenso hospital que brilla ante la mirada atónita del visitante que va llegando por la avenida Santos Ortiz.
Toda esta construcción simbólica y discursiva, siempre criticada por quienes no nos encontramos en la vereda de la gestión provincial (por ser esencialmente un intento de maquillar graves problemas que en mayor o menor medida tenemos en San Luis a la par de cualquier otra provincia), tuvo dos fuertes golpes en el año 2017 y en el 2020.

La pobreza en San Luis
La gestión de Alberto Rodríguez Saá al frente del ejecutivo provincial a partir de diciembre de 2015 ya había marcado, a pocos meses de empezar, el fin de políticas de estado incuestionables como la promoción industrial y la construcción masiva de viviendas sociales. A pesar de contar con menores restricciones presupuestarias que gobiernos anteriores (pasamos de recibir 1,5 veces lo que aportábamos en impuestos coparticipables a percibir casi el doble), desapareció la política de beneficios y protección a las fábricas radicadas en nuestro territorio y se frenaron los planes provinciales que permitían a las jóvenes familias acceder a una vivienda propia con costos asequibles. Todo esto sumado a la pésima gestión económica del macrismo, generó un palpable y acelerado empobrecimiento de grandes capas de los sectores populares, que en la mayoría de los casos perdieron el único empleo formal con que contaban la mayoría de las familias. Estos sectores fueron los más golpeados, ya que veían mermado poco a poco su poder adquisitivo por la inflación y el estancamiento económico desde la crisis internacional del 2008 y su impacto en la macroeconomía nacional, que destruyó el superávit fiscal y el superávit comercial del lustro anterior.
Fue gestándose entonces un fuerte reclamo, a veces con mayor visibilidad de la mano de las organizaciones sociales, y a veces como un grito ahogado por el control hegemónico de los medios de comunicación locales: en San Luis también hay hambre.
Y no fue hasta la derrota del oficialismo en las elecciones primarias del 2017, que el propio gobernador tuvo que reconocer que aquí también tenemos pobreza. Se vio en la obligación, para revertir el mal resultado electoral, de salir a contener esa fuerte demanda de los sectores populares con más de 60.000 planes de emergencia y 5.000 merenderos «22AG». La realidad que marcaban indicadores como nuestro Indicador Barrial de Situación Nutricional, era que cuatro de cada diez menores de edad en los barrios populares sufría algún tipo de malnutrición, la misma proporción que en el conurbano bonaerense. Se ve que San Luis ya no era otro país.

La pandemia, la salud pública y el mega cascarón vacío
El segundo hito que puso en jaque el relato oficial fue el comienzo de la trágica pandemia mundial que transitamos desde el año pasado. Quedó develado, con resultados escalofriantes, el tremendo atraso y precarización de la salud pública provincial. No hay más que escuchar a los y las representantes del gremio de profesionales y técnicos de la salud: falta de insumos, sueldos cuatro veces inferiores a los que se pagan nacionalmente, contratos basura, y fundamentalmente escasez de profesionales (reconocida por la misma Jefa de Recursos Humanos del Ministerio de Salud en una comisión de la Cámara de Diputados) siguieron siendo moneda corriente. Pésimos resultados de un gobierno que no logró esconderlos con una buena ejecución de la campaña de vacunación. Menos aún, con un nuevo mega hospital vacío que todavía no abre sus puertas.
Una vez más quedó manifestada la realidad por sobre el relato. San Luis lejos estuvo de hacer una gestión de la pandemia diferente del resto del país.

La coyuntura municipal
Un párrafo aparte merece la situación de la comuna capitalina. Con un intendente oficialista después de ocho años, mucho se ha retrocedido en tan sólo dos. Tamayo ha convertido al sillón de San Martin y Belgrano en una inoperante escribanía del poder provincial.
Pero sin limitarse a ello, los ciudadanos y ciudadanas nos hemos encontrado con una gestión sin conciencia ambiental (con tala indiscriminada de árboles y la instalación de un crematorio resistido por los habitantes del barrio Estrella del Sur), sin conciencia social (aumentando las tasas por encima de la inflación, congelando los sueldos municipales todo el año 2020, recortando el acceso universal al Boleto Estudiantil Gratuito y de Jubilados y expulsando a su suerte a los trabajadores del Paseo del Padre) y sin un proyecto de crecimiento para San Luis. Gestión que ha dejando olvidada desde la asistencia para la instalación de los servicios públicos a los barrios surgidos de asentamientos como La República o La Vecindad, hasta lo más básico como el alumbrado, barrido y limpieza y el mantenimiento de las plazas y los espacios verdes.
La falta de un poder ejecutivo municipal cercano a las necesidades del pueblo agrava todavía más la crisis económica y sanitaria que seguiremos sufriendo, por lo menos, hasta principios del año que viene.

El escenario político hacia las P.A.S.O.
Con todos estos elementos llegamos al inicio de la campaña electoral para las elecciones legislativas distritales de este año. No es una campaña más, ya que se desarrolla en medio de la peor crisis económica, social y sanitaria de la que tengamos memoria.
Por un lado, el oficialismo intenta despegarse de su alineación con el gobierno nacional y la mala imagen que los y las principales dirigentes del Frente de Todos tienen en San Luis. Intentan vincular su campaña con el operativo de vacunación, y adoptaron como nombre de su frente electoral el slogan repetido incontables veces por el gobernador en los reportes de los peores momentos de la pandemia emitidos por cadena provincial. Parados en ese perfil, postulan en sus listas a las principales ministras del gobierno en búsqueda de su electorado propio. Hacen campaña con los recursos oficiales, pero no pisan los barrios.
Parte de la oposición se empecina por nacionalizar la elección, disputándose el voto de Juntos por el Cambio que le permitió a Macri ganar la elección en el 2019.
Con este panorama, queda abierto el escenario para la irrupción de nuevas opciones electorales, que por fuera de los partidos tradicionales se planteen como una alternativa que pueda representar a amplios sectores de la sociedad que no se ven reflejados por ninguno de los dos lados de la «grieta» de la política nacional. Sectores que, descreídos de las disputas entre dirigentes que carecen de un proyecto colectivo, demandan soluciones concretas para sus problemas reales de cada día.
Los resultados dirán qué opciones se posicionarán mejor de cara a las elecciones generales del 14 de noviembre.

Un aporte ante la necesidad de discutir propuestas
El devenir de la campaña nos encuentra en un escenario donde pocas son las fuerzas políticas que exponen con claridad sus propuestas frente a la sociedad. Empero, serán justamente los y las legisladoras surgidas de estos comicios quienes tendrán la responsabilidad de proponer soluciones de consenso para recuperarnos del desastre que nos habrá dejado la pandemia. Es por ello necesario puntualizar tres problemáticas urgentes, para debatir y llegar a los acuerdos de políticas públicas que demanda la sociedad sanluiseña en los tiempos por venir.
1. La problemática de la vivienda y las tomas de tierras. Ya desde el año 2016 comenzamos a observar en San Luis tomas de tierras como respuesta natural a la falta de políticas de viviendas provinciales y nacionales. Además de la urbanización de barrios como La República (donde habitan más de tres mil familias sin servicios públicos), es necesaria la implementación de nuevos programas de viviendas pero también de autoconstrucción, como han sido las exitosas experiencias de Bancos de Tierras en otras provincias.
2. La problemática de los ingresos familiares. Ante una crisis de la magnitud que nos toca atravesar, es lamentablemente y en gran medida el Estado quien termina reproduciendo las desigualdades. Debe discutirse en San Luis (y en todo el país) un piso para que ninguna persona perciba un plan social por debajo de la línea de indigencia ni un salario estatal o privado por debajo de la línea de la pobreza.
3. La problemática alimentaria. En un país y una provincia productora de alimentos, es inmoral que tengamos una generación que no podrá crecer con la salud necesaria para desarrollarse plenamente. Es necesario que se aborde esta cuestión de manera integral, realizando un mapa de la malnutrición y reforzando desde el Estado, en los segmentos más vulnerables, una fuerte intervención con comedores escolares supervisados por nutricionistas. Así como también, asistiendo a los comedores de organizaciones sociales, iglesias y ONGs con mercadería de calidad y educación nutricional.
Con el convencimiento de que un San Luis mejor se construye con disputa de ideas y en el marco de la democracia que nos ha costado tanto conseguir, es apremiante fortalecer nuestras instituciones legislativas con mayor diversidad política en esta elección. Con más debate y menos aprietes, con más participación de la ciudadanía y menos soluciones mágicas, con más poder popular y menos feudalismo moderno. Con mucha humildad pero también con mucha convicción, es con la lucha política que más temprano que tarde lograremos tener una provincia que le brinde oportunidades y un futuro digno a nuestro querido pueblo.

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